<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224</id><updated>2011-11-14T12:11:30.807-03:00</updated><category term='Albert Camus'/><category term='Claudio Magris'/><category term='Alvaro Mutis'/><category term='Rodolfo Fogwill'/><category term='Cesare Pavese'/><category term='Macedonio Fernández'/><category term='Gioconda Belli'/><category term='J. Rodolfo Wilcock'/><category term='C. E. 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Entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era yo el segundo de tres hermanos, pero me separaban de cada uno de los dos cinco años, y apenas vi a mi padre hasta que tuve ocho. Por ésta y otras razones me hallaba solitario, y pronto fui adquiriendo desagradables hábitos que me hicieron impopular en mis años escolares. Tenía la costumbre de chiquillo solitario de inventar historias y sostener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio se mezclaron mis ambiciones literarias con la sensación de estar aislado y de ser menospreciado. Sabía que las palabras se me daban bien, así como que podía enfrentarme con hechos desagradables creándome una especie de mundo privado en el que podía obtener ventajas a cambio de mi fracaso en la vida cotidiana. Sin embargo, el volumen de escritos serios, es decir, realizados con intención seria, que produje en toda mi niñez y en mis años adolescentes, no llegó a una docena de páginas. Escribí mi primer poema a la edad de cuatro o cinco años (se lo dicté a mi madre). Tan sólo recuerdo de esa "creación" que trataba de un tigre y que el tigre tenía "dientes como de carne", frase bastante buena, aunque imagino que el poema sería un plagio de "Tigre, tigre", de Blake. A mis once años, cuando estalló la guerra de 1914-1918, escribí un poema patriótico que publicó el periódico local, lo mismo que otro, de dos años después, sobre la muerte de Kitchener. De vez en cuando, cuando ya era un poco mayor, escribí malos e inacabados "poemas de la naturaleza" en estilo georgiano. También, unas dos veces, intenté escribir una novela corta que fue un impresionante fracaso. Ésa fue toda la obra con aspiraciones que pasé al papel durante todos aquellos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, en ese tiempo me lancé de algún modo a las actividades literarias. Por lo pronto, con material de encargo que produje con facilidad, rapidez y sin que me gustara mucho. Aparte de los ejercicios escolares, escribí vers d'occasion, poemas semicómicos que me salían en lo que me parece ahora una asombrosa velocidad -a los catorce escribí toda una obra teatral rimada, una imitación de Aristófanes, en una semana aproximadamente- y ayudé en la redacción de revistas escolares, tanto en los manuscritos como en la impresión. Esas revistas eran de lo más lamentablemente burlesco que pueda imaginarse, y me molestaba menos en ellas de lo que ahora haría en el más barato periodismo. Pero junto a todo esto, durante quince años o más, llevé a cabo un ejercicio literario: ir imaginando una "historia" continua de mí mismo, una especie de diario que sólo existía en la mente. Creo que ésta es una costumbre en los niños y adolescentes. Siendo todavía muy pequeño, me figuraba que era, por ejemplo, Robin Hood, y me representaba a mí mismo como héroe de emocionantes aventuras, pero pronto dejó mi "narración" de ser groseramente narcisista y se hizo cada vez más la descripción de lo que yo estaba haciendo y de las cosas que veía. Durante algunos minutos fluían por mi cabeza cosas como estas: "Empujo la puerta y entró en la habitación. Un rayo amarillo de luz solar, filtrándose por las cortinas de muselina, caía sobre la mesa, donde una caja de fósforos, medio abierta, estaba junto al tintero. Con la mano derecha en el bolsillo, avanzó hacia la ventana. Abajo, en la calle, un gato con piel de concha perseguía una hoja seca", etc., etc. Este hábito continuó hasta que tuve unos veinticinco años, cuando ya entré en mis años no literarios. Aunque tenía que buscar, y buscaba las palabras adecuadas, daba la impresión de estar haciendo contra mi voluntad ese esfuerzo descriptivo bajo una especie de coacción que me llegaba del exterior. Supongo que la "narración" reflejaría los estilos de los varios escritores que admiré en diferentes edades, pero recuerdo que siempre tuve la misma meticulosa calidad descriptiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando tuve unos dieciséis años descubrí de repente la alegría de las palabras; por ejemplo, los sonidos v las asociaciones de palabras. Unos versos de Paraíso perdido, que ahora no me parecen tan maravillosos, me producían escalofríos. En cuanto a la necesidad de describir cosas, ya sabía a qué atenerme. Así, está claro qué clase de libros quería yo escribir, si puede decirse que entonces deseara yo escribir libros. Lo que más me apetecía era escribir enormes novelas naturalistas con final desgraciado, llenas de detalladas descripciones y símiles impresionantes,  y también llenas de trozos brillantes en los cuales serían utilizadas las Palabras, en parte, por su sonido. Y la verdad es que la primera novela que llegué a terminar, Días de Birmania, escrita a mis treinta años pero que había proyectado mucho antes, es más bien esa clase de libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doy toda esta información de fondo porque no creo que se puedan captar los motivos de un escritor sin saber antes su desarrollo al principio. Sus  temas estarán determinados por la época en que vive -por lo menos esto es cierto en tiempos tumultuosos y revolucionarios como el nuestro-, pero antes de empezar a escribir habrá adquirido una actitud emotiva de la que nunca se librará por completo. Su tarea, sin duda, consistirá en disciplinar su temperamento y evitar atascarse en una edad inmadura, o en algún perverso estado de ánimo: pero si escapa de todas sus primeras influencias, habrá matado su impulso de escribir. Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concretamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.&lt;br /&gt;Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede verse ahora cómo estos varios impulsos luchan unos contra otros y cómo fluctúan de una persona a otra y de una a otra época. Por naturaleza -tomando "naturaleza" como el estado al que se llega cuando se empieza a ser adulto- soy una persona en la que los tres primeros motivos pesan más que el cuarto. En una época pacífica podría haber escrito libros ornamentales o simplemente descriptivos y casi no habría tenido en cuenta mis lealtades políticas. Pero me he visto obligado a convertirme en una especie de panfletista. Primero estuve cinco años en una profesión que no me sentaba bien (la Policía Imperial India, en Birmania), y luego pasé pobreza y tuve la impresión de haber fracasado. Esto aumentó mi aversión natural contra la autoridad y me hizo darme cuenta por primera vez de la existencia de las clases trabajadoras, así como mi tarea en Birmania me había hecho entender algo de la naturaleza del imperialismo: pero estas experiencias no fueron suficientes para proporcionarme una orientación política exacta. Luego llegaron Hitler, la guerra civil española, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éstos y otros acontecimientos de 1936-1937 habían de hacerme ver claramente dónde estaba. Cada línea seria que he escrito desde 1936 lo ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo. Me parece una tontería, en un periodo como el nuestro, creer que puede uno evitar escribir sobre esos temas. Todos escriben sobre ellos de un modo u otro. Es sencillamente cuestión del bando que uno toma y de cómo se entra en él. Y cuanto más consciente es uno de su propia tendencia política, más probabilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar la propia integridad estética e intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que más he querido hacer durante los diez años pasados es convertir los escritos políticos en un arte. Mi punto de partida siempre es de partidismo contra la injusticia. Cuando me siento a escribir un libro no me digo: "Voy a hacer un libro de arte". Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es lograr que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética. El que repase mi obra verá que aunque es propaganda directa contiene mucho de lo que un político profesional consideraría inmaterial. No soy capaz, ni me apetece, de abandonar por completo la visión del mundo que adquirí en mi infancia. Mientras siga vivo y con buena salud seguiré concediéndole mucha importancia al estilo en prosa, amando la superficie de la Tierra. Y complaciéndome en objetos sólidos y trozos de información inútil. De nada me serviría intentar suprimir ese aspecto mío. Mi tarea consiste en reconciliar mis arraigados gustos y aversiones con las actividades públicas, no individuales, que esta época nos obliga a todos a realizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es fácil. Suscita problemas de construcción y de lenguaje e implica de un modo nuevo el problema de la veracidad. He aquí un ejemplo de la clase de dificultad que surge. Mi libro sobre la guerra civil española, Homenaje a Cataluña, es, desde luego, un libro decididamente político, pero está escrito en su mayor parte con cierta atención a la forma y bastante objetividad. Procuré decir en él toda la verdad sin violentar mi instinto literario. Pero entre otras cosas contiene un largo capítulo lleno de citas de periódicos y cosas así, defendiendo a los trotskistas acusados de conspirar con Franco. Indudablemente, ese capítulo, que después de un año o dos perdería su interés para cualquier lector corriente, tenía que estropear el libro. Un crítico al que respeto me reprendió por esas páginas: "¿Por qué ha metido usted todo eso?", me dijo. "Ha convertido lo que podía haber sido un buen libro en periodismo." Lo que decía era verdad, pero tuve que hacerlo. Yo sabía que muy poca gente en Inglaterra había podido enterarse de que hombres inocentes estaban siendo falsamente acusados. Y si esto no me hubiera irritado, nunca habría escrito el libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De una u otra forma este problema vuelve a presentarse. El problema del lenguaje es más sutil y llevaría más tiempo discutirlo. Sólo diré que en los últimos años he tratado de escribir menos pintorescamente y con más exactitud. En todo caso, descubro que cuando ha perfeccionado uno su estilo, ya ha entrado en otra fase estilística. Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, de fundir el propósito político y el artístico. No he escrito una novela desde hace siete años, aunque espero escribir otra enseguida.&lt;br /&gt;Seguramente será un fracaso -todo libro lo es-, pero sé con cierta claridad qué clase de libro quiero escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirando la última página, o las dos últimas, veo que he hecho parecer que mis motivos al escribir han estado inspirados sólo por el espíritu público. No quiero dejar que esa impresión sea la última. Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el mismo fondo de sus motivos hay un misterio. Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender. Por lo que uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un bebé lloriquear para llamar la atención. Y, sin embargo, es también cierto que nada legible puede escribir uno si no lucha constantemente por borrar la propia personalidad. La buena prosa es como un cristal de ventana. No puedo decir con certeza cuál de mis motivos es el más fuerte, pero sé cuáles de ellos merecen ser seguidos. Y volviendo la vista a lo que llevo escrito hasta ahora, veo que cuando me ha faltado un propósito político es invariablemente cuando he escrito libros sin vida y me he visto traicionado al escribir trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-5209028105466888169?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/5209028105466888169/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=5209028105466888169&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/5209028105466888169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/5209028105466888169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2008/07/por-qu-escribo.html' title='Por qué escribo'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-6273590604566708637</id><published>2008-01-23T08:47:00.000-02:00</published><updated>2008-01-23T08:48:20.334-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Levrero'/><title type='text'>Mario Levrero :: Ella</title><content type='html'>&lt;p class="Jorge"&gt;1.III.87 Me ha sucedido, este verano, de perderme en el tiempo. He llegado a sentir que había vivido siempre en este verano húmedo, demasiado caluroso y demasiado húmedo, y que siempre habría de vivir en él. Por momentos, y para mí, ha llegado a ser como una indeseada eternidad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="Jorge"&gt;Nunca como en este tiempo de espera desahuciada me había fabricado ilusiones para entretener la ansiedad; casi he llegado a la alucinación. Y me he enamorado, de una manera indecente, obsesiva, adolescente; esta obsesión rellenó innumerables insomnios. En cierta forma me alegra haber rescatado la posibilidad de amar, que creía perdida en medio de la edad y el cinismo de la edad, aunque he sentido el pecho bullente de esa angustia amorosa, dolorido, maltrecho, como castigado por puños, he percibido la dulzura escondida en puertas misteriosas vueltas de ese dolor, lo que más de una vez me llevó a buscar ciegamente el dolor para conseguir algo de esa dulzura. He vivido, en fin, como borracho, entre los efectos del calor, la humedad, el amor, los ensueños, el dolor y la dulzura, tambaleando por las calles, o pegado a la seguridad de las paredes, o con la vista fija no muy lejos de la punta de los zapatos, temeroso del engaño de los sentidos y de la precariedad del equilibrio. He visto a la ciudad como a través de un vidrio empañado o con las dos dimensiones de un filme o con la lejanía imprecisa de un recuerdo. El tiempo es una masa cálida girando en torno de sí misma, conteniéndolo todo, sin soltar nada; que aparenta nacer, ya era, una y otra vez, cada acto, cada gesto, cada cosa, todo tiene el sabor de lo ya vivido muchas veces.&lt;/p&gt;  &lt;p class="Jorge"&gt;En ningún momento pensé conseguirla; no traté de envolverla en ninguna historia amena y complicada; no traté de rescatarla de su propio ensueño. Me fue suficiente, en un asalto verbal, la concesión fugaz de su rubor. Sé que hay algo tremendamente perverso en esta satisfacción pero, después de todo, es por completo vano hablar de perversión y de moral en un verano como éste, en el que el clima mismo es una obscenidad mayúscula; lo mío es una pobre imitación, un vago reflejo de la perversión de la tierra.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-6273590604566708637?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/6273590604566708637/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=6273590604566708637&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/6273590604566708637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/6273590604566708637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2008/01/mario-levrero-ella.html' title='Mario Levrero :: Ella'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-6829244422960444511</id><published>2008-01-14T18:28:00.000-02:00</published><updated>2008-01-23T08:48:51.936-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amy Hempel'/><title type='text'>Amy Hempel :: La cosecha</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Amy Hempel&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;traducción de Maori Pérez&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El año en que comencé a decir cigarrillo en vez de cigarro, un hombre que apenas conocía casi me mata por accidente.&lt;br /&gt;El hombre no estaba herido cuando el otro auto impactó con el nuestro. El hombre que había conocido por una semana me llevó en brazos por la calle de una manera que implicaba que no podía ver mis piernas. Recuerdo haber sabido que no debía ver, y sabiendo que me habría encantado ver si no fuera porque no podía.&lt;br /&gt;Mi sangre estaba sobre la ropa de este hombre.&lt;br /&gt;Dijo, “estarás bien, pero este suéter está arruinado”.&lt;br /&gt;Grité por miedo al dolor. Pero yo no sentía dolor alguno. En el hospital, después de inyecciones, sabía que había dolor en el cuarto – sólo que no sabía de quién era.&lt;br /&gt;Lo que le pasó a una de mis piernas requirió cuatrocientos puntos, los cuales, cuando me tocó contar la historia, se volvieron quinientos puntos, porque nada es tan malo como podría ser.&lt;br /&gt;Los cinco días en que no sabían si podrían salvar mi pierna o no aumenté dos tallas.&lt;br /&gt;El abogado fue el que usó la palabra. Pero no llegaré a eso hasta un par de párrafos más.&lt;br /&gt;Estábamos teniendo esa conversación sobre las apariencias – cuán importantes son. Cruciales es lo que yo dije. Pienso que las apariencias son cruciales.&lt;br /&gt;Pero este tipo era un abogado. Se sentó en una silla de vinilo acuoso cerca de mi cama. A lo que se refería con apariencias fue cuánto de mi pérdida de ellas valía en una corte.&lt;br /&gt;Pude discernir que al abogado le gustaba decir corte. Me dijo que había tomado tres veces la prueba final antes de graduarse. Dijo que sus amigos le habían dado tarjetas de negocio con un bonito relieve, pero estas adorables tarjetas se suponía que dirían Abogado-afiliado, cuando en realidad decían Abogado-al-fin.&lt;br /&gt;El ya había cubierto la pérdida de nuestros capitales.&lt;br /&gt;“Hay otra cosa” dijo. “Tenemos que hablar de matrimonialidad”.&lt;br /&gt;La tendencia era decir ¿matrimo-qué?, aunque ya sabía qué significaba al primer momento de escucharlo.&lt;br /&gt;Yo tenía dieciocho años. Dije, “primero, ¿por qué no hablamos de citalidad?”&lt;br /&gt;El hombre de una semana ya se había ido, el accidente lo llevó de vuelta a su esposa.&lt;br /&gt;“¿Piensas que las apariencias son importantes?”, le pregunté al hombre antes de que se fuera.&lt;br /&gt;“No al principio” dijo.&lt;br /&gt;En mi barrio hay un tipo que era un maestro de química hasta que una explosión se llevó su cara y dejó lo que había detrás. El resto de él se viste impecablemente de trajes negros y zapatos lustrados. Lleva un maletín al campus universitario. Qué acogedora – su familia, dijo la gente – hasta que la esposa se llevó a los niños y se mudó de la casa.&lt;br /&gt;En el solarium, una mujer me enseñó una foto. Dijo, “así es como mi hijo solía verse”.&lt;br /&gt;Pasé mis tardes en Diálisis. Les daba igual cuando una silla reclinable estaba libre. Tenían televisores pantalla ancha de color, mejores que los que hay en Rehabilitación. Los miércoles por la noche veíamos un show donde mujeres en ropas caras aparecían en espléndidos sets y prometían arruinarse las unas a las otras.&lt;br /&gt;A uno de mis lados había un hombre que sólo hablaba en números telefónicos. Le preguntarías como se siente y el diría “924-3130”. O diría “757-1366”. Tratamos de adivinar que era lo que significaban estos números, pero nadie lo daría por seguro. Hubo a veces, al otro lado, un niño de 12 años. Sus pestañas estaban gruesas y oscurecidas por medicación de presión arterial. Él era el siguiente en la lista de trasplantes, tan pronto como – la palabra que usaban era cosecha – tan pronto como el riñón fuera cosechado.&lt;br /&gt;La madre del niño rezaba por conductores ebrios.&lt;br /&gt;Yo rezaba por hombres que no fueran discriminadores.&lt;br /&gt;¿No somos todos, pensaba, la cosecha de alguien?&lt;br /&gt;La hora terminaría, y una enfermera de piso me llevaría en ruedas hasta mi cuarto. Ella diría, “¿por qué ver esa basura? ¿Por qué no mejor me preguntan cómo estuvo mi día?”.&lt;br /&gt;Pasé quince minutos antes de irme a la cama apretando horquillas de goma. Uno de los medicamentos estaba haciendo que mis dedos se endureciesen. El doctor dijo que me lo daría hasta que no pudiera abotonarme la blusa – un modo de expresarse con alguien en un vestido largo de algodón.&lt;br /&gt;El abogado dijo, “trabajo de caridad”.&lt;br /&gt;Se abrió la camisa y me mostró donde una acupunturista le había aplicado jarabe de cola, enterrado cuatro agujas y dicho que la verdadera cura era el trabajo de caridad.&lt;br /&gt;Dije, “¿Cura para qué?”.&lt;br /&gt;El abogado dijo, “Inmaterial”.&lt;br /&gt;Tan pronto como supe que estaría bien, me sentí segura de que estaba muerta y no lo sabía. Me movía a través del tiempo como una cabeza cortada que termina una oración. Esperaba el momento que me despertara de mi vida aparente. El accidente ocurrió al atardecer, así que en ese momento era cuando más me sentía así. El hombre que conocí la semana pasada me llevaba a cenar cuando sucedió. El lugar fue en la playa, una playa en una bahía en la que puedes mirar las luces de la ciudad, un lugar donde puedes observarlo todo sin tener que ponerle atención.&lt;br /&gt;Un buen tiempo después fui finalmente a esa playa. Yo conduje el auto. Era el primer buen día de playa; vestí pantalones cortos.&lt;br /&gt;Al borde de la arena me desaté las vendas elásticas y vadeé hacia la espuma. Un chico en un traje mojado miró mi pierna. Me preguntó si un tiburón lo había hecho; había vistazos de grandes blancos por esa parte de la costa.&lt;br /&gt;Le dije que sí, que un tiburón lo había hecho.&lt;br /&gt;“¿Y vas a volver a entrar?” preguntó el chico.&lt;br /&gt;Yo dije “Y voy a volver a entrar”.&lt;br /&gt;Dejo mucho afuera cuando digo la verdad. Lo mismo pasa cuando escribo una historia. Voy a empezar ahora a contarte qué es lo que he dejado fuera de “La Cosecha” y quizás empiece a preguntarme porque tuve que dejarlo fuera.&lt;br /&gt;No hubo otro auto. Sólo hubo un auto, el que me impactó estando en la parte de atrás de la motocicleta del hombre. Pero piensa en las incómodas sílabas cuando dices motocicleta.&lt;br /&gt;El conductor del auto era un periodista. Trabajaba para un periódico local. Era joven, un graduado reciente, e iba en camino a una reunión para cubrir una protesta. Cuando digo que en ese entonces yo era una estudiante de periodismo, es algo que podrías no haber aceptado en “La Cosecha”.&lt;br /&gt;En los años que siguieron, esperé por el nombre del reportero. Él rompió con la historia del templo en People que resultó en el viaje de Jim Jones a Guyana. Luego, cubrió a Jonestown. En el cuarto ciudadano del San Francisco Chronicle, mientras el número de víctimas mortales ascendía a novecientos, los números fueron posteados como donaciones en una noche de promesas. En algún lugar de los cientos, un letrero fue pegado a la puerta que decía JUAN CORONA, CHÚPATE ESA.&lt;br /&gt;En la sala de emergencias, lo que le ocurrió a mi pierna no requirió cuatrocientos puntos sino un poco más de trescientos. Exageré incluso antes de empezar a exagerar, porque es cierto – nada es nunca tan malo como podría serlo.&lt;br /&gt;Mi abogado no era ningún afiliado. Era uno de los socios en una de las firmas más viejas de la ciudad. Él nunca se habría abierto la camisa para revelar el sitio de la acupuntura, que es algo que él nunca habría tenido.&lt;br /&gt;Matrimonialidad era el título original de “La Cosecha”.&lt;br /&gt;El daño hecho a mi pierna fue considerado cosmético aunque aún, después de quince años, me cuesta arrodillarme. En un arreglo fuera de corte antes del juicio, me dieron cien mil dólares. El seguro del auto del reportero subió doce dólares por mes.&lt;br /&gt;Se había sugerido que me frotara la pierna con hielo, para resaltar las cicatrices, antes de que me subiera la falda tres años después para la corte. Pero no había hielo en los cuartos del juzgado, así que no tuve oportunidad de pasar o fallar esa prueba de ética.&lt;br /&gt;El hombre de una semana, a quien pertenecía la motocicleta, no era un hombre casado. Pero cuando pensaste que tenía una esposa, ¿no era yo responsable de lo que sucedía? ¿Y no se me venía encima?&lt;br /&gt;Después del accidente, el hombre se casó. La chica con la que se casó era una modelo de pasarela. (“¿Piensas que las apariencias son importantes? Le pregunté al hombre antes de que se fuera. “No en un principio”, dijo).&lt;br /&gt;Aparte de ser una belleza, la chica valía millones de dólares. ¿Habrías aceptado esto en “La Cosecha” – que la modelo fuera también una heredera?&lt;br /&gt;Es cierto que íbamos camino a comer cuando ocurrió. Pero el lugar donde podías observarlo todo sin tener que prestarle atención no era una playa en una bahía; fue en la cima del Monte Tamalpais. Teníamos la cena con nosotros al aproximarnos por el ondulante camino montañoso. Esta es la versión que tiene cabida para una ironía perfecta, así que no te incomodes cuando diga que por los próximos meses, desde mi cama de hospital, tuve una espectacular vista de la mismísima montaña.&lt;br /&gt;Habría escrito la siguiente parte en el cuento si alguien la hubiera creído. ¿Pero quién lo habría hecho? Yo estuve ahí y no lo creí.&lt;br /&gt;En el día de mi tercera operación, hubo un intento de escape en el Centro de Ajustamiento de Seguridad Máxima, adyacente a la Sentencia Perpetua, en la prisión de San Quentin. “Hermano Soledad” George Jackson, un hombre negro de veintinueve años, sacó una pistola calibre .38, gritó “¡Hasta aquí!” y abrió fuego. Jackson fue asesinado; también lo fueron tres guardias y dos “otorgadores de escalón social”, presos que les llevan a otros prisioneros sus comidas.&lt;br /&gt;Otros tres guardias fueron apuñalados en el cuello. La prisión está a un paseo de cinco minutos en auto del hospital Marin General, así que ahí es donde los guardias heridos fueron llevados. La gente que los llevó eran tres tipos de policías, incluyendo Patrulleros de Carretera de California y Sheriffs del Condado de Marin, altamente armados.&lt;br /&gt;Habían policías en el techo del hospital con rifles; estaban en los pasillos, invitando a pacientes y visitantes a volver a sus cuartos.&lt;br /&gt;Cuando fui llevada en silla de ruedas hacia fuera de Recuperación más tarde ese día, vendada de la cintura a los tobillos, tres oficiales y un sheriff armado me registraron.&lt;br /&gt;En las noticias esa noche, hubo un seguimiento del disturbio. Mostraron a mi cirujano hablándole a reporteros, indicando, con un dedo en la garganta, cómo había salvado a un guardia cosiendo de oreja a oreja.&lt;br /&gt;Esto lo vi en televisión, y porque era mi doctor, y porque los pacientes de hospitales son ensimismados, y porque estaba dopada, pensaba que el cirujano estaba hablando de mí. Pensé que estaba diciendo, “Bueno, está muerta. Se lo estoy anunciando a ella en su cama”.&lt;br /&gt;El psiquiatra que vi por derivación del cirujano dijo que el sentimiento era bastante común. Ella dijo que las víctimas de traumas que aún no han asimilado el trauma creen que están muertas y que no lo saben.&lt;br /&gt;Los grandes tiburones blancos en las aguas cerca de mi casa atacan de una a siete personas al año. Su principal víctima es el buzo de abalón. Con los bistecs de abalón en treinta y cinco dólares el kilo y subiendo, el Departamento de Pesca y Juego espera que los tiburones no muestren ni un rastro de disminución.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-6829244422960444511?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/6829244422960444511/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=6829244422960444511&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/6829244422960444511'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/6829244422960444511'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2008/01/la-cosecha.html' title='Amy Hempel :: La cosecha'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-7366869712321699113</id><published>2007-07-15T11:08:00.000-03:00</published><updated>2008-01-23T08:49:22.501-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='António Lobo Antunes'/><title type='text'>António Lobo Antunes :: La mejor es la única buena</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;António Lobo Antunes&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;El País, 22/07/2006&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Pensándolo bien, no soy un escritor, porque lo que hago no es escribir, es oír más intensamente. Me siento y espero hasta que las voces comiencen. Andan a mi alrededor, más fuertes, más tenues, más distantes, más próximas, hablando sin sonido y no obstante diciendo, diciendo.&lt;br /&gt;Aunque piense que está leyendo no está leyendo nada, tiene todas las edades al mismo tiempo y todos los tiempos de su vida&lt;br /&gt;El problema es elegir cuál de ellas es la verdadera, porque todas las demás mienten. A veces lleva semanas, lleva meses entenderla. Casi nunca se trata de la más nítida. Casi nunca, no: nunca se trata de la más nítida, ni de la más seductora, ni de la más inteligente. En general se apaga, recomienza, vuelve a apagarse, se distrae de mí y yo de ella, intento encontrarla entre las restantes, no lo consigo, lo consigo, no lo consigo, recomienzo, la descubro a lo lejos, creo descubrir&lt;br /&gt;-Es ésta&lt;br /&gt;me desilusiono&lt;br /&gt;-No es ésta&lt;br /&gt;pues lo que cuenta no tiene sentido y no obstante existe algo en el sinsentido que me persigue, la atraigo hacia mí o me empujo hacia ella, no la atraigo hacia mí, me empujo hacia ella, comienzo a probarla despacito, una palabra dispersa, una segunda palabra al azar, una frase entera, las voces que quedan se empeñan en desviarme&lt;br /&gt;-¿Qué interés hay en eso?&lt;br /&gt;-¿A qué te lleva ese discurso?&lt;br /&gt;-Estás equivocado&lt;br /&gt;me entregan personajes, episodios, historias y yo no quiero saber nada de personajes, episodios, historias, eso es para quien hace novelas y yo me cago en las novelas, quiero un hilo que me conduzca al centro de la vida y traer a la superficie todo lo que existe ahí dentro, quiero el corazón del mundo, no quiero entretener a los que las compran, no quiero divertirlos, no quiero divertirme, quiero lo que reside en el interior de lo interior, donde están las personas y nosotros con ellas, transformar en letras lo que no tiene letra alguna, quiero seguir un pasito leve en un corredor que no sé dónde queda, no exactamente un pasito, el eco de un pasito que ha de volverse pasito si continúo con él, que ha de ganar carne y ojos y llevarme consigo, quiero respirar con él, quiero que nos quedemos juntos, quiero que el pasito sea mi pasito y el corredor mi corredor, que la carne y los ojos se conviertan en mi carne y en mis ojos, quiero ese libro que aún no ha comenzado, pero que a fuerza de obstinación y orgullo y paciencia se volverá mío, sin escribirlos, claro, ya no caigo en esa trampa, dejándolo salir como el agua que se derrama y encuentra su curso en las junturas de las tablas del suelo y no es mi libro, dado que no me pertenece ningún libro con mi nombre, los libros deberían llevar el nombre del lector, no del autor, en la cubierta, es el lector quien le da sentido a medida que lee, es al lector a quien le pertenece la voz, y no sólo la voz, la carne y los ojos y el corredor y el paso, y el lector está solo y es inmenso, el lector contiene en sí el mundo entero desde el principio del mundo, y su pasado y su presente y su futuro, y se escucha a sí mismo y siente el peso de cada víscera, de cada célula, de cada íntimo rumor, el lector no para de crecer y ya no necesita ni el libro ni a mí, y al acabar el libro comienza, y al guardar el libro en el estante el libro continúa y el lector continúa con él, cada célula se divide en millares de células y el lector es muchos, y el lector deja de leer porque no está leyendo, aunque piense que está leyendo no está leyendo nada en absoluto, tiene todas las edades al mismo tiempo y todos los tiempos de su vida aunque el libro esté cerrado en algún rincón de la casa y el lector no lo necesite para continuar con él y ahora me vienen a la cabeza las semillitas sin peso que en el verano de cuando éramos pequeños entraban volando por la ventana, volvían a salir, desaparecían y, aun desaparecidas, seguían con nosotros llevando de la mano recuerdos y esperanzas y alguien que cantaba&lt;br /&gt;(¿qué mujer?)&lt;br /&gt;junto al lavadero una melodía&lt;br /&gt;(a veces ni una melodía siquiera: dos o tres notas solamente)&lt;br /&gt;que son las únicas que oiremos cuando caiga la noche y las sombras que nos rodean piensen&lt;br /&gt;(más que pensar: tengan la certidumbre, ellas y el médico y el señor de los ataúdes)&lt;br /&gt;de que no oímos nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-7366869712321699113?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/7366869712321699113/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=7366869712321699113&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/7366869712321699113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/7366869712321699113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/07/la-mejor-es-la-nica-buena.html' title='António Lobo Antunes :: La mejor es la única buena'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-3497016368013712248</id><published>2007-07-13T17:59:00.000-03:00</published><updated>2008-01-23T08:49:52.062-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marguerite Yourcenar'/><title type='text'>Marguerite Yourcenar :: Hospes Comesque</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Marguerite Yourcenar&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;Versión de Silvia Barón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Cuerpo llevando el alma, siempre vanamente&lt;br /&gt;Vuelvo a pensar en ti y te vuelvo a olvidar;&lt;br /&gt;Corazón infinito en el cáliz naciente;&lt;br /&gt;Boca que busca el nuevo verbo de besar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mares de navegar, fuentes para beber;&lt;br /&gt;Trigo y vino ritual en la mesa mezclados;&lt;br /&gt;Refugio de dulzura el vago adormecer;&lt;br /&gt;Tierra que se despliega en los pasos alados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aire que me llenas de espacio y de equilibrio;&lt;br /&gt;Nervios por donde viaja el cóncavo delirio;&lt;br /&gt;Mirada interrumpida en el vasto universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuerpo, compañero, juntos nos moriremos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-3497016368013712248?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/3497016368013712248/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=3497016368013712248&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/3497016368013712248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/3497016368013712248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/07/hospes-comesque.html' title='Marguerite Yourcenar :: Hospes Comesque'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-6002245010510134520</id><published>2007-07-11T14:20:00.000-03:00</published><updated>2007-07-11T14:42:51.683-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Scott Fitzgerald'/><title type='text'>Scott Fitzgerald bajo el umbral</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;Entrevista de Michel Mok&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;publicada el 25/12/1936&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;en el New York Post&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho, cuando era un hombre joven y se sentía seguro de sí mismo, ebrio por su repentino éxito, F. Scott Fitzgerald le dijo a un periodista que nadie debería vivir más allá de los treinta.&lt;br /&gt;Eso ocurría en 1921, poco después de que la publicación de su primera novela. A este lado del paraíso, alumbrara los cielos de la literatura como una encendida explosión de fuegos artificiales.&lt;br /&gt;El poeta-profeta de la neurosis posbélica se enfrentaba ayer a su 40 cumpleaños en su habitación del Gove Park Inn. Pasó el día igual que pasa todos los días: intentando volver desde el otro lado del paraíso, salir del infierno del abatimiento en que se retuerce desde hace un par de años.&lt;br /&gt;Su única compañía fuimos su maternal y complaciente enfermera de dulce acento sureño y el periodista que esto suscribe. Con la muchacha intercambió las chanzas típicas entre enfermera y paciente. Con su visitante mostró entereza, como comenta su próxima reaparición estelar un actor consumido por el miedo a que su nombre no vuelva a aparecer jamás en las luminarias.&lt;br /&gt;No engañaba a nadie. Era obvio que en el fondo de su corazón albergaba tan pocas esperanzas como sol había en el lloroso cielo, cubierto de nubes, que velaban la vista de Subset Mountain.&lt;br /&gt;Físicamente sufría las secuelas de un accidente ocurrido ocho semanas antes, en el que se había fracturado el hombro al zambullirse desde un trampolín de cinco metros de altura.&lt;br /&gt;Con todo, aún cuando la fractura le causara alguna molestia, no explicaba su continuo y nervioso entrar y salir de la cama, su desasosegado deambular, sus manos temblorosas y la penosa expresión de niño cruelmente apaleado que se dibujaba en su rostro crispado.&lt;br /&gt;Tampoco se podía responsabilizar al dolor de sus frecuentes visitas a una cómoda en uno de cuyos cajones había una botella. Cada vez que se servía un trago en el vaso medidor de cristal que tenía en la mesilla de noche miraba implorante a la enfermera y le preguntaba: ¿Una onza más?&lt;br /&gt;Una y otra vez, la enfermera bajaba la mirada sin darle respuesta alguna.&lt;br /&gt;A fuerza de ser sinceros, no puedo por menos que reconocer que Fitzgerald no intentaba convertir su lesión en una excusa para justificar su sed.&lt;br /&gt;–A papaíto le ha pasado una serie de cosas –dijo con burlona jovialidad–. Por eso está deprimido y ha empezado a beber un poquito.&lt;br /&gt;Se negó a explicar cuáles eran esas cosas.&lt;br /&gt;–Una desgracia tras otra –replicó–, y al fin al se me rompió algo.&lt;br /&gt;Sin embargo antes de viajar a Carolina del Norte, este visitante había tenido oportunidad de averiguar algunos detalles sobre la historia reciente de Fitzgerald a través de unos amigos de Baltimore, donde había vivido hasta el mes de julio. Al parecer la señora Fitzgerald se había tirado a la vía del tren delante de un expreso. A pesar de su delicado estado, el propio Fitzgerald se había lanzado a rescatarla, salvándole la vida de milagro.&lt;br /&gt;También había habido otros contratiempos. La señora Fitzgerald había sido finalmente internada en un sanatorio cerca de la ciudad y su marido la había seguido hasta allí, instalándose en una habitación del edificio de piedra del Grove Park Inn, uno de los hoteles de recreo más grandes y populares de los Estados Unidos.&lt;br /&gt;Sean cuales fueren las causas de las crisis nerviosas de Fitzgerald, resultan menos importantes que sus efectos sobre el escritor. Fue en un trabajo titulado Pasting it Together (Uniendo las piezas), uno de los tres artículos autobiográficos publicados en Esquirre, donde habló de sí mismo como un plato rajado.&lt;br /&gt;Con todo escribía:&lt;br /&gt;A veces hay que guardar el plato agrietado en la despensa, mantenerlo en servicio como necesidad doméstica. No será posible volver a calentarlo sobre el fogón o meterlo en el fregadero con los demás platos. No sería conveniente utilizarlo para servir a las visitas, pero sí usarlo para poner en él unas galletas por la noche o para meter las sobras en la heladera.&lt;br /&gt;Hoy, el remedio habitual para alguien que está hundido es pensar en aquellos están en la indigencia o sufren padecimientos físicos. Tiene una acción balsámica contra la melancolía en general y es un consejo razonablemente saludable para cualquiera en el transcurso del día, pero a las tres de la madrugada la cura no sirve para nada. Y en una noche realmente oscura del alma son siempre las tres de la madrugada, día tras día. A esas horas, la tendencia es negarnos a hacer frente a las cosas durante tanto tiempo como sea posible, retirándonos a un sueño infantil del que continuamente nos arranca, sobresaltados, el contacto con el mundo.&lt;br /&gt;Nos enfrentamos a esas situaciones tan rápida y descuidadamente como nos es posible, y luego nos refugiamos de nuevo en el sueño, confiando en que todo vuelva a recomponerse por sí mismo merced a alguna milagrosa material o espiritual… pero cuando el repliegue persiste y cada vez hay menos esperanza de que se produzca dicha bonanza, ya no aspiramos a que se desvanezca un único pesar, sino que más bien nos convertimos en testigos involuntarios de una ejecución, de la desintegración de nuestra propiedad personal.&lt;br /&gt;Ayer, al final de una larga, digresiva e inconexa conversación. Fitzgerald expresó lo mismo con diferentes palabras, no tan poéticas, pero no por ello menos emocionantes:&lt;br /&gt;–Un escritor como yo –dijo– ha de tener una profunda confianza en sí mismo, una inmensa fe en su buena estrella. Se trata de un sentimiento casi místico, una sensación de que nada puede ocurrirle, nada puede dañarlo, nada puede afectarlo. Thomas Wolfe lo tiene, y Ernest Hemingway lo tenía. Yo lo tuve una vez, pero después de una serie de desastres, muchos de ellos responsabilidad mía, algo le ocurrió a mi sentimiento de inmunidad y perdí pie.&lt;br /&gt;A modo de ilustración, me contó una historia acerca de su padre.&lt;br /&gt;–Durante mi infancia, mi padre vivía en Montgomery County, en Maryland. Nuestra familia ha estado bastante involucrada en la historia de América. El hermano de mi bisabuelo fue Francis Scott Key, el autor de The Star-Spangled Banner. A mí me llamaron así por él. La señora Surrat que murió ahorcada tras el asesinato de Lincoln porque Booth había planeado el atentado en su casa, era tía de mi padre. Recordará que ejecutaron a tres hombres y una mujer.&lt;br /&gt;Cuando tenía 9 años, mi padre cruzaba el río a espías en un bote de remos. Al cumplir los doce, pensó que la vida había acabado para él. Tan pronto como pudo se marchó al Oeste, tan lejos del escenario de la guerra civil como le fue posible, puso en marcha una fábrica de muebles de mimbre en St. Paul. Sufrió el impacto del pánico financiero de los años 90 y fracasó.&lt;br /&gt;Regresamos al Este y mi padre consiguió trabajo como vendedor de jabón en Búfalo. Conservó ese puesto durante varios años. Una tarde, cuando yo tenía 10 u 11 años, sonó el teléfono y lo tomó mi madre. No entendí lo que decía, pero percibí que nos había alcanzado algún desastre. Poco antes, mi madre me había dado 25 centavos para que fuese a nadar. Le devolví el dinero. Sabía que había ocurrido algo terrible y decidí que en ese momento no podía malgastar el dinero.&lt;br /&gt;Luego me puse a rezar: Dios mío, por favor, no permitas que vayamos al asilo. Poco después mi padre regresó a casa. Yo había estado en lo cierto. Había perdido el trabajo. Al salir de casa esa mañana era un hombre relativamente joven, lleno de fortaleza, de confianza. Cuando regresó por la noche era un anciano, un hombre totalmente destrozado. Había perdido su energía vital, su inmaculada pureza. Fue un fracasado el resto de sus días.&lt;br /&gt;Fitzgerald se frotó los ojos, la boca. Recorrió de un lado a otro la habitación con paso rápido.&lt;br /&gt;–Por cierto, recuerdo algo más –dijo–. Recuerdo que cuando mi padre regresó a casa mi madre me dijo: Dile algo a tu padre, Scott. Yo no sabía qué decirle. Me acerqué a él y le pregunté: Padre, ¿quién cree que será el próximo presidente? Él estaba mirando por la ventana. No movió ni un músculo. Luego contestó: Creo que será Taft.&lt;br /&gt;A mi padre se le había abierto el suelo bajo los pies y a mí me ha ocurrido lo mismo. Pero ahora estoy haciendo lo posible por empezar otra vez. Comencé escribiendo unas colaboraciones Esquire. Quizás haya sido una equivocación. Demasiado de profundis... Mi mejor amigo, un gran escritor norteamericano al que llamo mi conciencia artística en uno de los artículos de Esquirre, me escribió una carta muy enfurecido. En ella me decía que era estúpido escribir acerca de cosas tan personales y sombrías.&lt;br /&gt;–¿Cuáles son sus planes en este momento señor Fitzgerald? ¿En qué está trabajando ahora?&lt;br /&gt;–En todo tipo de cosas, pero no hablemos de planes. Cuando se habla de proyectos se pierde algo de ellos.&lt;br /&gt;Fitzgerald abandonó la habitación.&lt;br /&gt;–Desesperación, desesperación y desesperación –dijo la enfermera– Desesperación día y noche. Intente no hablarle de su trabajo o su futuro. Trabaja, pero muy poco, puede que tres o cuatro horas a la semana.&lt;br /&gt;No tardó en regresar.&lt;br /&gt;–Debemos celebrar el cumpleaños del autor –dijo alegremente–. Mataremos el ternero cebado a tal efecto, o al menos cortaremos el pastel con velitas.&lt;br /&gt;Se sirvió otra copa.&lt;br /&gt;–Sé que esto va muy en contra de su sensato criterio, querida –le dijo a la muchacha con una sonrisa.&lt;br /&gt;Atendiendo al consejo de la enfermera, este visitante desvió la conversación hacia los primeros días de la carrera del escritor y Fitzgerald le explicó cómo había dado en escribir A este lado del paraíso.&lt;br /&gt;–Lo escribí cuando estaba en el ejército –dijo– Tenía 19 años. Rescribí todo el libro un año después. También le cambié el título. Originalmente se llamaba El egoísta romántico.&lt;br /&gt;A este lado del paraíso es un título precioso, ¿verdad? Se me dan bien los títulos. He publicado cuatro novelas y cuatro volúmenes de relatos cortos. Todas las novelas tienen buenos títulos: El gran Gatsby, Hermosos y condenados, Suave es la noche. Ese es mi libro más reciente. Trabajé en él durante cuatro años.&lt;br /&gt;Sí, escribí A este del paraíso cuando estaba en el ejército. No fui a Europa. Mi experiencia bélica se redujo casi exclusivamente a enamorarme de una chica en cada ciudad por la que pasaba. Estuve a punto de cruzar el charco. De hecho nos subieron a un transporte y después nos hicieron bajar de nuevo. Fue por una epidemia de gripe o algo por el estilo. Eso ocurrió alrededor de una semana antes de la firma del armisticio.&lt;br /&gt;Estábamos acuartelados en Camp Mills, en Long Island. Me escapé a hurtadillas del campamento y llegué a Nueva York, territorio prohibido. Sin duda debía de haber alguna chica por medio. Perdí el tren de regreso a Camp Sheridan, Alabama, donde habíamos hecho la instrucción.&lt;br /&gt;Total me fui a la estación de Pensilvania y requisé una máquina y un vagón para que me llevase a Washington y poder unirme a las tropas. Le dije al personal del ferrocarril que llevaba conmigo documentos secretos de guerra para el presidente Wilson. No podía perder ni un minuto. No podía confiárselo al correo. Se lo creyeron. Estoy seguro que es la única vez en la historia del ejército de los Estados Unidos en la que un teniente ha requisado una locomotora. Me uní al regimiento en Washington. No, no me castigaron.&lt;br /&gt;–¿Qué fue de A ese lado del paraíso?&lt;br /&gt;–Es verdad, estoy divagando. Una vez que nos licenciaron viajé a Nueva York. Scribners rechazó mi libro. Entonces intenté conseguir trabajo en un periódico. Recorrí todos y cada uno de los diarios con las partituras y las letras de los espectáculos del Triangle de los dos o tres años anteriores bajo el brazo. Había sido un personaje importante en el Triangle Club de Princenton y pensé que eso me serviría de ayuda. A aquellos tipos no lo impresionó.&lt;br /&gt;Un día Fitzgerald se dio de manos a boca con un publicista que le dijo que se olvidase de la prensa. Lo ayudó a conseguir un empleo en la agencia Barron Coolier y durante algunos meses escribió eslóganes para los carteles publicitarios de los tranvías.&lt;br /&gt;–Recuerdo el éxito que tuvo un eslogan que escribí para la lavandería Muscatini Steam de Muscatine, Iowa. Con Muscatini irá como un pincel. Me subieron el sueldo por aquello. Puede que sea un poco demasiado imaginativo, me dijo el jefe, pero está claro que usted tiene futuro en este negocio. Dentro de poco, esta oficina no será lo bastante grande para retenerlo.&lt;br /&gt;Y así fue, en efecto. No pasó mucho tiempo antes de que Fitzgerald se aburriese hasta la extenuación y alzó el vuelo. Volvió a St. Paul, donde aún vivían sus padres, y le propuso a su madre que le cediese el tercer piso de la casa durante un tiempo y lo abasteciese de cigarrillos.&lt;br /&gt;–Así lo hizo, y en tres meses reescribí completamente mi libro. Scribners aceptó el manuscrito revisado en 1919 y el libro fue publicado en la primavera de 1920.&lt;br /&gt;En A este lado del paraíso. Fitzgerald hace que uno de sus principales personajes lance una pulla contra los autores más populares de la época, algunos de los cuales son aún conocidos, con estas palabras: ¡Cincuenta mil dólares al año! Dios mío, míralos, pero míralos... Edna Feber, Gouverneur Morris, Fannie Hurts, Mary Roberts Rinehart... Entre todos ellos no han escrito una sola novela o relato que vaya a sobrevivir diez años. El tipo ese, Cobb, no me parece ni inteligente ni divertido. Lo que es más, no creo que se lo parezca a demasiada gente, salvo a los editores. Simplemente está medio sonado con tanta publicidad. Harold Bell Wright, Zane Grey, Ernest Poole, y Dorothy Canfield hacen lo que pueden, pero cargan con el pesado lastre de su absoluta falta de sentido del humor.&lt;br /&gt;El muchacho concluía afirmando que no era de extrañar que escritores ingleses como Wells, Conrad, Galsworthy, Shaw y Benett obtuvieran en América más de la mitad de sus ganancias por venta de libros.&lt;br /&gt;–¿Qué opina Fitzgerald acerca de la situación literaria del país hoy?&lt;br /&gt;–Ha mejorado mucho –dijo. Todo empezó con Calle principal. En mi opinión Ernest Hemingway es el mejor escritor en lengua inglesa vivo. Ocupó ese puesto a la muerte de Kipling. Luego está Thomas Wolfe y después Faulkner y Dos Passos. A Erskine Caldwell y a unos cuantos más que llegaron poco después de nuestra generación no les ha ido tan bien... nosotros fuimos producto de la prosperidad. El mejor arte se genera en periodos de riqueza. Los hombres que llegaron unos años más tarde no tuvieron tanta suerte como nosotros.&lt;br /&gt;–¿Ha cambiado de opinión respecto de los temas económicos? Amory Blaine, el héroe de A este lado del paraíso, predecía el éxito del experimento bolchevique en Rusia y la eventual nacionalización de todas las industrias de este país.&lt;br /&gt;–Cielos, aquello fue una auténtica metedura de pata –respondió Fitzgerald–, ¿Recuerda que dije que la publicidad acabaría por destruir a Lenin? Menuda profecía. Se convirtió en un santo. ¿Mis convicciones? Bueno, si me pone entre la espada y la pared, diría que siguen siendo bastante de izquierda.&lt;br /&gt;Seguidamente, el periodista quiso saber qué opinaba ahora acerca de la generación loca por el jazz y la ginebra de cuyas febriles andanzas hizo la crónica en A este lado del paraíso. ¿Qué había sido de ellos? ¿Qué lugar habían llegado a ocupar en el mundo?&lt;br /&gt;–Por qué iba a preocuparme por ellos? –me preguntó–. ¿Acaso no tengo ya bastantes problemas propios? Sabe usted tan bien como yo qué ha sido de ellos. Algunos se hicieron especuladores y saltaron por la ventana. Otros se convirtieron en banqueros y se pegaron un tiro. Otros se hicieron periodistas. Y unos pocos llegaron a ser autores de éxito.&lt;br /&gt;Su rostro se contrajo.&lt;br /&gt;–¡Autores de éxito! –exclamó– ¡Oh, Dios mío, autores de éxito!&lt;br /&gt;Se tambaleó hasta la cómoda y se sirvió una copa más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-6002245010510134520?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/6002245010510134520/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=6002245010510134520&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/6002245010510134520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/6002245010510134520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/07/scott-fitzgerald-bajo-el-umbral.html' title='Scott Fitzgerald bajo el umbral'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-7055509093727233128</id><published>2007-07-11T13:42:00.000-03:00</published><updated>2007-07-11T13:45:59.564-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='W. H. Auden'/><title type='text'>Parad los relojes</title><content type='html'>de W. H. Auden&lt;br /&gt;(versión de PPG)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parad los relojes y descolgad los teléfonos,&lt;br /&gt;dadle un hueso jugoso al perro para que no ladre,&lt;br /&gt;Silenciad los pianos, tocad tambores con sordina,&lt;br /&gt;sacad el féretro y llamad a las plañideras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que los aviones giman y den vueltas en señal de luto&lt;br /&gt;y escriban en el cielo el mensaje: "Mi amigo ha muerto",&lt;br /&gt;Ponedles crespones en el cuello a las palomas callejeras,&lt;br /&gt;que los agentes de tráfico lleven guantes negros de algodón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste,&lt;br /&gt;mi semana de trabajo y mi descanso dominical,&lt;br /&gt;mi día y mi noche, palabras y canciones.&lt;br /&gt;Pensé que el amor era eterno: estaba equivocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no hacen falta estrellas: haced negra la noche,&lt;br /&gt;guardad la luna y desmontad el sol,&lt;br /&gt;tirad el mar por el desagüe y talad los bosques,&lt;br /&gt;porque ahora ya nada puede tener utilidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-7055509093727233128?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/7055509093727233128/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=7055509093727233128&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/7055509093727233128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/7055509093727233128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/07/parad-los-relojes.html' title='Parad los relojes'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-5394208999244917229</id><published>2007-07-10T15:38:00.000-03:00</published><updated>2007-07-10T15:44:41.367-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Onetti'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Louis-Ferdinand Céline'/><title type='text'></title><content type='html'>Para Destouches, para Céline&lt;br /&gt;por Juan Carlos Onetti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un tiempo –y buenos tiempos eran aquellos- tuvimos un amigo, el mejor recordable, con el que tropezamos sin método aquí y en Baires. Era pobre, casi de profesión, casi menesteroso. Tal vez exagerara: no usaba camisa, prefería las alpargatas. Estaba, exigencias de la edad, descubriendo el mundo. Se encontró entre otras cosas, con Viaje al fin de la noche, novela de un tal Dr. Destouches, médico de barrio en París, que prefería firmarse Luis Ferdinando Céline. Aquel perdido –tal vez no para siempre- amigo, al que llamaremos Robinson por comodidad, se excitaba en veladas caseras o de boliche y llegaba a recitar, más o menos, con frases que sólo adolecían de la improbabilidad de estar demasiado bien construidas:&lt;br /&gt;-Fue en vísperas de la guerra, de la segunda, que logramos atrapar este libro. O él estaba destinado a atraparme a mí. Viaje era feroz y fue escrito para mostrarme y confirmar la ferocidad del mundo. Puede ser que se trate de una gran mentira, armada con talento. La gente no es egoísta ni miserable, no envejece, no se muere de golpe ni aullando, no engendra hijos que padezcan lo mismo. Los objetos, los amores, los días, los simples entusiasmos, no están destinados a la mugre y la carcoma. Céline miente, entonces; vivió en el paraíso y fue incapaz de comprenderlo. Pero existe algo llamado literatura, un oficio, una manía, un arte. Y Viaje es, en este terreno, una de las mejores cosas hechas en este siglo.&lt;br /&gt;Aquel Robinson le sacó horas al trabajo, al sueño, a la comida y al amor. Tradujo Viaje y recorrió editoriales ofreciendo gratuitamente lo que él creía una admirable versión del argot al semi lunfardo.&lt;br /&gt;Siempre le dijeron que no. El libro, el resultado, era impublicable por razones de moral. A pesar de que los porteños no contaban aun con un cretino siquiera comparable al Fiscal de la Riestra. Del que gozan hoy con toda justicia.&lt;br /&gt;Acaso la traducción de Robinson fuera mala, simplemente, y las excusas de los editores no pasaran de eso. Robinson terminó por resignarse y es posible que hoy se dedique a escribir novelitas inspiradas en Céline. A fin de cuentas se encuentra bien acompañado. Algo semejante le ocurrió con J.P.Sartre (lo confiesa) y con sus epígonos de la literatura o charla existencial. Se les ve Viaje a través de la ropa, a través de los simulacros de violencia y cinismo.&lt;br /&gt;Como el Buen Dios cree que los zapateros deben dedicarse a los zapatos, nos ha prohibido y preservado de la crítica literaria. Se trata, pues, de divagar un poco con motivo de la segunda –tercera- edición en español que conocemos de Viaje al fin de la noche. Acaba de publicarla la Fabril Editora y la firma Armando Bazán. Es indudable que Bazán conoce más francés y español que el pobre Robinson. Pero prefirió -¿por qué?- olvidarse, apartar, amansar, adecentar, licuar a Luis Ferdinando Céline. Cualquier burgués progresista, cualquier buen padre de familia –de los que tienen amplitud de criterio, claro- puede comprar este Céline-Bazán, leerlo y darle permiso a su señora esposa para que lo haga. Pero el pobrecito Robinson ha de estar calculando cuánto tiene que ver el sucio perro rabioso llamado Destouches con este bien criado pomerania que ya ha comenzado a agotarse. En las librerías, claro.&lt;br /&gt;¿Por qué –otra vez- Viaje fue traducido a un correcto español (habíamos escrito gallego pero nos convencieron de que más vale no) en lugar de preferir el rioplatense, en lugar de preferir la grosería y el desaliño de un Roberto Arlt, por ejemplo? Y, se comprende, no estamos hablando de realismo sino de la verdad, cosa por entero distinta.&lt;br /&gt;El cada vez más humilde Robinson objetaría –no tiene talento pero sí memoria- que el miserable doctor Destouches rehizo nocturnamente su obra una exacta docena de veces antes de jugar a la lotería de enviarla a los editores.&lt;br /&gt;Han pasado muchos años desde la primera edición de Viaje. Parece absurdo comentar o decir la novela. Y el único motivo de estas líneas es que Ángel Rama nos pidió una ayuda para las páginas literarias de Marcha y se la estamos dando con analfabetismo y buena voluntad.&lt;br /&gt;Ya se ha dicho que esto no pasa de una nota periodística. Como se trata de distraer al lector, agregaremos algunas precisiones o leyendas. Tanto da.&lt;br /&gt;-Cuando el doctor Destouches –que deseaba y logró romperle el espinazo a la sintaxis francesa- se sintió satisfecho o harto de su docena de versiones, repartió por correo varias copias entre las editoriales. Esto ya se dijo. Pero el medicucho olvidó agregar nombre y dirección. El único editor que comprendió su grandeza sólo pudo ubicarlo gracias a que entre las hojas del mamotreto se había deslizado una cuenta de lavandera.&lt;br /&gt;-Céline, hombre de un solo libro, a pesar del resto, hombre de un solo tema (Destouches), escribió varias tonterías. Entre ellas, un pésimo panfleto antisemita (inexplicablemente editado por Sur) que lo obligó a disparar de Francia cuando la caída del nazismo. Consiguió asilo en casa de un admirador (Copenhague). Pero impuso una condición: viviría en la casilla del perro. Sus biógrafos no dicen una sola palabra respecto al desalojado.&lt;br /&gt;-El mencionado panfleto había despertado la simpatía de Otto Abetz, embajador de Alemania en Francia. Y al defenderse de la acusación de nazismo, Céline se presentó al tribunal de depuración diciendo por escrito y con escándalo: «¿Yo antisemita? Abetz me ofreció encargarme del problema judío en Francia y no acepté. Si hubiera dicho que sí, a esta hora no quedaría un solo judío vivo en Francia».&lt;br /&gt;Y algo para terminar. En Viaje Céline eligió la ferocidad, la mugre y el regusto por la bazofia con singular entusiasmo. Sin embargo un artista se parece a una mujer porque tarde o temprano acaba por aceptar fisuras y confesarse. En este caso hablamos del amor y la ternura. Hay que copiar la despedida entre Ferdinando y Molly, la prostituta que lo mantenía en los Estados:&lt;br /&gt;«-Ya vas a encontrarte lejos, Ferdinand. Ya estás haciendo, ¿no es cierto amigo mío? lo que más te gusta. Y esto es en realidad lo más importante... Esto es lo único que cuenta en este mundo...&lt;br /&gt;El tren entraba en la estación. Yo no me sentí muy contento con mi nueva aventura cuando vi la locomotora. Molly estaba allí, mirándome. Yo la besé con todo el valor que aún me quedaba en el esqueleto. Tenía pena, pena verdadera, por una sola vez, por todo el mundo, por mí, por ella, por todos los hombres.&lt;br /&gt;Y esto es quizá lo que se busca a través de la vida; nada más que esto: el más grande sufrimiento posible a fin de llegar a ser uno mismo antes de morir.&lt;br /&gt;Muchos años han transcurrido ya desde el día de aquel viaje, años y años... Yo he escrito frecuentemente a Detroit y también a otros sitios, a todas las direcciones que yo podía recordar, a todos los lugares donde podían conocerla, o darme razón de ella. Nunca recibía la anhelada respuesta.&lt;br /&gt;En la actualidad aquella casa está clausurada. Es todo lo que yo he podido saber. ¡Nobilísima, encantadora Molly! Yo quiero que si ella puede leer alguna vez esto que escribo en un lugar cualquiera, desconocido para mí, sepa con toda evidencia que yo no he cambiado para ella; que la amo todavía y para siempre, a mi manera; que ella puede venir hacia mí cuando quiera a participar de mi techo y de mi furtivo destino. Si ella no es ya bonita, como era, pues bien: eso no tiene la menor importancia. Ya nos arreglaremos. Yo he podido guardar tanta belleza de ella en mí mismo, tan vívida, tan cálida, que tengo bastante para los dos y por lo menos para veinte años aún; el tiempo de acabar para siempre...&lt;br /&gt;Tuve que haber estado del todo loco y poseído de una inmunda frialdad, ciertamente, para haber podido abandonarla. Sin embargo, he defendido mi alma hasta el presente, y si la muerte viniera a tomarme mañana mismo, yo no estaré, lo afirmo con toda seguridad, ni tan frío, ni tan horrible, ni tan pesado como los otros: tanta dulzura y tanta sustancia de sueño puso Molly en mi ser durante aquellos contados meses de mi estada en América.»&lt;br /&gt;Y, finalmente para tranquilidad del lector, la frase que cierra el libro luego de la muerte de Robinson, luego de tan prodigiosa acumulación de excrementos y retenidas lágrimas:&lt;br /&gt;«Un remolcador silbó a lo lejos: su llamamiento atravesó el puente, la esclusa, un trecho más y el otro puente, lejos, más lejos. Llamaba a todas las barcas del río, llamaba a la ciudad entera, al cielo y al campo, nos llamaba a nosotros también, a todo lo que el Sena conducía, a todo... Y que no se diga más.»&lt;br /&gt;Pero estábamos mintiendo. Falta una sola cosa, una adivinanza cuyo premio sólo puede encontrar en sí mismo el lector de Viaje al fin de la noche: ¿por qué el doctor Destouches eligió llamarse Louis Ferdinand Céline?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-5394208999244917229?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/5394208999244917229/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=5394208999244917229&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/5394208999244917229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/5394208999244917229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/07/en-un-tiempo-y-buenos-tiempos-eran.html' title=''/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-117046431594894764</id><published>2007-02-02T21:43:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:50:27.710-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='James Joyce'/><title type='text'>Giacomo Joyce</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;James Joyce&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;¿Quién? Un pálido rostro rodeado de pesadas pieles olorosas. Sus movimientos son tímidos y nerviosos. Usa impertinentes. Sí: una breve sílaba. Una breve risa. Un breve batir de pestañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caligrafía de telaraña, trazada larga y finamente con silencioso desdén y resignación: una joven de calidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo en una fácil ola de tibio discurso: Swedenborg, el seudo Areopagita, Miguel de Molinos, Joaquín Abbas. La ola se extingue. Su condiscípula, retorciendo su torcido cuerpo, ronronea en deshuesado italiano-vienés: &lt;em&gt;Che coltura!&lt;/em&gt; Las largas pestañas baten y se elevan: una aguja candente pincha, pica y tiembla en el iris aterciopelado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tacones altos, hueco taconeo en las resonantes escaleras de piedra. Aire helado en el castillo, cotas de malla patibularias, candelabros de rudo hierro sobre las torceduras de la torcida escalera de la torrecilla. Tacones repiqueteantes, un alto y hueco ruido. Hay alguien abajo que desea hablar con su señoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca se suena la nariz. Una manera de discurso: lo menor para lo más grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Redondeada y madurada: redondeada por el torno del matrimonio consanguíneo y madurada en el invernadero de la reclusión de su raza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un arrozal cerca de Vercelli bajo un halo cremoso de verano. Las alas caídas de su sombrero oscurecen su falsa sonrisa. Las sombras trazan líneas sobre su falsa cara sonriente, manchada por la caliente luz cremosa, grises sombras de suero bajo la mandíbula, líneas de yemas amarillas en las humedecidas cejas, rancio humor amarillo acechando entre la blanda pulpa de los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una flor dada por ella a mi hija. Frágil regalo, frágil dador, frágil niña veteada de azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padua más allá del mar. La silenciosa edad media, noche, la oscuridad de la historia duerme en la Piazza delle Erbe bajo la luna. La ciudad duerme. Bajo los arcos en las oscuras calles cerca del río, los ojos de las putas espían en busca de fornicadores. &lt;em&gt;Cinque servizi per cinque franchi&lt;/em&gt;. Una ola negra de sentidos, otra vez, y otra, y otra. &lt;em&gt;Mis ojos fallan en la oscuridad, mis ojos fallan. Mis ojos fallan en la oscuridad, amada&lt;/em&gt;. Otra vez. No más. Amor oscuro, ansiedad oscura. No más. Oscuridad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atardecer. &lt;em&gt;Cruzando la piazza&lt;/em&gt;. Tarde gris descendiendo sobre anchas verdes salvias praderas, desprendiendo silenciosamente oscuridad y rocío. Sigue a su madre con torpe gracia, la yegua conduciendo a su potranca. El atardecer gris moldea suavemente las delgadas y bien formadas ancas el cuello apacible flexible tendoroso, el cráneo de hueso fino. Tarde, paz, la penumbra de lo maravilloso… ¡Arre! ¡Arre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Papá y las niñas resbalando colina abajo, a horcajadas en un tobogán: el gran Turco y su harén. Sombreros y chaquetas ajustados, botas abrochadas con diestros cruzados sobre la lengua de carne-cálida, la falda corta tiesa por los nudos redondos de las rodillas. Un blanco destello: un copo, un copo de nieve:&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y cuando ella vuelva a partir&lt;br /&gt;¡Que esté yo allí para verlo!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Salgo apresuradamente de la tabaquería y la llamo. Se vuelve y se detiene a escuchar mis confusas palabras sobre lecciones, horas, lecciones, horas: y lentamente sus pálidas mejillas se ruborizan con una encendida luz de ópalo. ¡No, no, no tengas miedo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mio padre&lt;/em&gt;: ella ejecuta los actos más simples con distinción. &lt;em&gt;Unde derivatur? Mia figlia ha una grandissima ammirazione per il suo maestro inglese&lt;/em&gt;. La cara del viejo, hermosa, sonrojada, de fuertes rasgos judíos y largos bigotes blancos, se voltea hacia mí mientras descendemos la colina juntos, ¡Oh! Perfectamente dicho: cortesía, benevolencia, curiosidad, confianza, sospecha, naturalidad, impotencia senil, confidencia, franqueza, urbanidad, sinceridad, aviso, pathos, compasión: una mezcla perfecta. ¡Ignacio de Loyola date prisa para ayudarme!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este corazón está afligido y triste. ¿Un desengaño amoroso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Largos labios lascivos que apuntan de soslayo: sangre oscura de moluscos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neblina en movimiento sobre la colina mientras miro hacia arriba desde la noche y el fango. Neblinas colgantes sobre los húmedos árboles. Una luz en la habitación alta. Ella se viste para ir al teatro, Hay fantasmas en el espejo... ¡Velas! ¡Velas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una criatura gentil&lt;/em&gt;. A medianoche, después de la música, todo el camino calle San Michele arriba, estas palabras se dijeron calladamente. ¡Cuidado, James! ¿Anduviste alguna vez por Dublín en la noche sollozando otro nombre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuerpos de judíos yacen a mi alrededor pudriéndose en el molde de su tierra santa. Aquí está la tumba de su gente, piedra negra, silencio sin esperanza... Meissel el granujoso me trajo. Está más allá de esos árboles parado con la cabeza cubierta ante la tumba de su esposa suicida, preguntándose por qué la mujer que dormía en su misma cama ha terminado así... La tumba de su gente y la suya: piedra negra, silencio sin esperanza: y todo está listo. ¡No mueras!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella levanta los brazos en un esfuerzo por abrochar en la nuca de su cuello una túnica negra transparente. No puede: no, no puede. Retrocede hacia mí, muda. Levanto mis brazos para ayudarla: sus brazos caen. Sostengo las orillas de su túnica, suaves-como-telarañas y separándolas para abrocharlas veo a través de la apertura del velo negro su cuerpo ágil envuelto en una camisa naranja. Esta desprende sus lazos de las amarras en los hombros y cae lentamente: un ágil suave cuerpo desnudo temblando con escamas plateadas. Resbala lentamente por sus nalgas delgadas de suave plata pulida y por su surco, una sombra de plata mancillada... Dedos, fríos y calmos y moviéndose... Un toque, un toque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pequeño insensato desvalido y delgado aliento. Pero inclínate y escucha: una voz. Un gorrión bajo las ruedas de Juggernaut, tembloroso temblador de la tierra, ¡Por favor, señor Dios, gran señor Dios! ¡Adiós, gran mundo!... &lt;em&gt;Aber das ist eine Schweinerei&lt;/em&gt;!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grandes reverencias en sus delgados zapatos de bronce: espuelas de un ave consentida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La dama va aprisa, aprisa, aprisa&lt;/em&gt;... Aire puro en la carretera de terreno elevado. Trieste camina en carne viva: luz cruda sobre sus confusos techos de teja marrón, testudoformes; una multitud de insectos postrados esperan una liberación nacional. Belluomo se levanta de la cama de la esposa del amante de su esposa: la ocupada ama de casa está activa, ojo endrino, un platillo de ácido acético en las manos... Aire puro y silencio en la carretera de terreno elevado: y cascos. Una niña a caballo. ¡Hedda! ¡Hedda Gabler!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los vendedores ofrecen en sus altares las primeras frutas: limones veteados de verde, cerezas enjoyadas, vergonzosos duraznos de hojas partidas. El carruaje pasa por las callejuelas entre los puestos de lona, sus ruedas de rayos girando en la resolana. ¡Paso! Su padre y su hijo van en el carruaje. Tienen ojos de búho y sabiduría de búho. Sabiduría de búho brota desde sus ojos meditando la ciencia de su &lt;em&gt;Summa contra gentiles&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella piensa que los caballeros italianos tuvieron razón de expulsar a Ettore Albini, el crítico del Secolo, de las butacas por no haberse puesto de pie cuando la orquesta tocó la Marcha Real. Lo escuchó mientras cenaba. Ay. Aman a su país cuando ellos están bien seguros de qué país se trata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella escucha: virgen prudentísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una falda recogida por la rodilla que súbitamente se mueve; un blanco encaje en la orilla de un fondo alzado sin discreción; una red de media estirada por la pierna. &lt;em&gt;Si poi&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toco ligeramente, suavemente cantando, una canción lánguida de John Dowland, &lt;em&gt;Loth to depart&lt;/em&gt;: yo también odio la partida. Esa edad está aquí y ahora. Aquí, abriéndose desde la oscuridad del deseo, hay ojos que opacan el rompiente Este, su centelleo el centelleo de la espuma que cubre el pozo negro de la corte del baboso James. Aquí hay vinos ambarinos, lánguidas muertes de aires dulces, la pavana altiva, damas gentiles coqueteando desde sus balcones con bocas mamadoras, putas cubiertas de fétidas pústulas y jóvenes esposas que, alegremente complacientes ante sus violadores, abrazan y vuelven a abrazar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cruda velada mañana de primavera flotan tenues olores de la mañana parisina: anís, aserrín húmedo, masa caliente de pan: y mientras cruzo el Pont Saint Michel el azul acero de las aguas andariegas hielan mi corazón. Trepan y lamen la isla que los hombres han habitado desde la edad de piedra... Leonada lobreguez en la vasta iglesia de gárgolas. Hace frío como en aquella mañana: &lt;em&gt;quia frigus erat&lt;/em&gt;. Sobre las gradas del altar más alto, desnudos como el cuerpo del Señor, los clérigos yacen postrados en rezos débiles. La voz de un lector invisible se levanta, entonando la lección de Hosea. &lt;em&gt;Haec dicit Diminus: in tribulatione sua mane consurgent ad me. Venite et revertamur ad Dominum&lt;/em&gt;... Ella está junto a mí, pálida y helada vestida con las sombras de la nave oscura de pecado, su codo delgado sobre mi brazo. Su carne recuerda con emoción aquella cruda velada mañana de niebla, antorchas rápidas, ojos crueles. Su alma está apenada, tiembla y puede llorar. No llores por mí, ¡oh hija de Jerusalem!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le explicó Shakespeare al dócil Trieste: Hamlet, cito, quien es muy cortés con los simples y los gentiles, es rudo sólo con Polonio. Quizás, un idealista amargado, puede ver en los padres de su amada grotescos intentos de la naturaleza por reproducir en ellos la imagen de la hija... ¿Notaron eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camina delante de mí por el pasillo y mientras anda un rizo negro de su cabello se desprende lentamente y cae. Suavemente abriéndose, cayendo. Ella no lo sabe y camina delante de mí, simple y orgullosa. Así pasó ante Dante, con simple orgullo y así, inmaculada de sangre y violación, la hija de Cenci, Beatriz, hacia su muerte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                         &lt;em&gt;... Átame&lt;br /&gt;                este cinto y recoge este cabello&lt;br /&gt;                en un nudo sencillo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La sirvienta me dice que tuvieron que llevársela inmediatamente al hospital. &lt;em&gt;poveretta&lt;/em&gt;, sufrió mucho, mucho, &lt;em&gt;poveretta&lt;/em&gt;, es muy grave... Me alejo de su casa vacía. Siento que estoy apunto de llorar. ¡Ah, no! No será así, en un momento, sin una palabra, sin una mirada. ¡No, no! ¡La suerte del infierno no puede abandonarme!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Operada. El bisturí del cirujano ha violado sus entrañas y se ha retirado, dejando la cruda rasgadura, incisión de su paso por el vientre. Veo sus negros ojos plenos y sufrientes, hermosos como los ojos de un antílope. ¡Oh herida cruel! ¡Dios libidinoso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo en su silla cerca de la ventana, alegres palabras en su lengua, risa feliz. Un pájaro gorjeante después de la tormenta, feliz porque su pequeña y tonta vida ha escamoteado el alcance de las garras de un epiléptico dador de vida, gorjeando feliz, gorjeando y piando felizmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella dice que si &lt;em&gt;The Portrait of the Artist&lt;/em&gt; fuese franco sólo por franqueza y el hecho de serio, ella me habría preguntado, por qué se lo había dado a leer. ¿Oh, tu podrías, podrías? Una dama letrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella está de pie, vestida de negro junto al teléfono. Risitas tímidas, grititos, tímidas tiradas de palabras rotas súbitamente... &lt;em&gt;Parlero colla mamma&lt;/em&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ven! ¡Pío, pío! ¡Ven! La polla negra está asustada: carreritas interrumpidas de pronto, grititos tímidos: clama por su &lt;em&gt;mamma&lt;/em&gt;, la gallina majestuosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Loggione&lt;/em&gt;. Las empapadas paredes rezuman una humedad vaporosa. Una sinfonía de olores amalgama la masa de confusas figuras humanas: vaho rancio de axilas, narices anaranjadas, ungüentos de pecho que se derriten, agua de alfóncigo, el aliento de cenas de ajo sulfúrico, hediondos pedos fosforescentes, opopónaco, el franco sudor del mujerío casado y casable, el olor jabonoso de los hombres... Toda la noche la he observado, la veré toda la noche: trenzado cabello en pináculo y un rostro oval aceitunado y calmos ojos suaves. Un verde prendedor sobre el pelo y ciñendo su cuerpo una túnica bordada en verde: el matiz de la ilusión del vidrio vegetal de la naturaleza y de la yerba lozana, el cabello de las tumbas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis palabras en su mente: frías pulidas piedras naufragando en un cenegal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos helados dedos quietos han tocado las páginas, impuras e inmaculadas, en donde mi vergüenza resplandecerá para siempre. Quietos y fríos y dedos puros. ¿Se habrán equivocado alguna vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cuerpo no huele: una flor sin aroma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las escaleras. Una fría mano frágil: timidez, silencio: oscuros lánguidos ojos inundados: desgaste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arremolinadas guirnaldas de vapor gris sobre el brezal. Su rostro ¡qué grave y gris! Cabello húmedo enredado. Sus labios aprietan suavemente, su suspirante aliento me llega. Besada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi voz, agonizando en los ecos de sus palabras, muere como la cansada voz sabia del Eterno llamado a Abraham a través de colinas retumbantes. Se recarga en la pared acolchada: odalisca cincelada en la oscuridad lujuriosa. Sus ojos han bebido mis pensamientos: y en la mojada caliente bienvenida de su femineidad entregada, mi alma, disolviéndose, ha derramado y vertido e inundado una líquida y abundante simiente... ¡Que la posea ahora quien quiera!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salgo de la casa de Ralli me la encuentro súbitamente, mientras ambos le damos limosna a un pordiosero ciego. Ella contesta mi saludo repentino volviéndose y desviando sus ojos negros de basilisco. &lt;em&gt;E col suo vedere attosca ruomo quando lo vede&lt;/em&gt;. Gracias por la cita, messer Brunetto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extienden bajo mis pies alfombras para el hijo del hombre. Esperan mi paso. Ella está en la sombra amarilla del zaguán, una capa a cuadros escudando del frío sus hombros caídos: y mientras me detengo sorprendido y miro alrededor me saluda glacial y sube la escalera lanzando repetidamente por un instante desde sus perezosos ojos oblicuos un chorro de veneno líquido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pliegue suave verde claro cubre las colgaduras del canapé. Una estrecha habitación parisina. El peluquero estuvo reclinado aquí, pero ya no. Besé su media y el borde de su herrumbrosa negra y polvorienta falda. Es la otra. Ella. Gogarty vino ayer a ser presentado. La razón es Ulises. Símbolo de la conciencia intelectual... ¿Irlanda, entonces? ¿Y el marido? Andando de un lado a otro del corredor en sus alpargatas o jugando ajedrez contra sí mismo. ¿Por qué nos han dejado aquí? El peluquero estuvo reclinado aquí, pero ya no, apretó mi cabeza entre sus rodillas nudosas... Símbolo intelectual de mi raza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Escucha! Ha caído, penetrante la tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Escucha!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No estoy convencido acerca de esas actividades mentales y físicas consideradas como enfermizas –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella habla. Una débil voz desde las heladas estrellas. La voz sabia. ¡Dilo! ¡Oh, dilo de nuevo; hazme sabio! Nunca había oído esta voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se enrosca hacia mí a través de los pliegues del canapé. No puedo moverme ni hablar. Acercamiento enroscado de carne nacida-de-las-estrellas. Adulterio de la razón. No. Iré. Iré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Jim, amado! –&lt;br /&gt;Suaves labios mamantes besan mi axila izquierda: un beso sinuoso en millares de venas. ¡Ardo! ¡Me pliego como una hoja en llamas! En mi axila derecha un colmillo de fuego brota. Una serpiente centelleante me ha besado, una helada serpiente noche ¡Estoy perdido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Nora! –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jan Pieters Sweelink. El extraño nombre del viejo músico holandés hace que la belleza parezca extraña y lejana. Escucho sus variaciones para clavecín en una antigua tonada. Youth has an end. En la vaga niebla de viejos sonidos un punto de luz aparece, el discurso del alma va a ser escuchado. La juventud termina: el fin está aquí. Nunca será. Lo sabes bien. ¿Qué, entonces? ¡Escríbelo, maldito, escríbelo! ¿Es que sirves para otra cosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Porque de otro modo no podría verte, Deslizamiento - espacio - edades - follaje de estrellas - y&lt;br /&gt;cielo plomizo - inmovilidad - e inmovilidad más profunda - silencio de aniquilación - y su voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Non hunc sed Barabban!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desprevención. Un departamento desnudo. Luz perezosa. Un piano largo y negro: ataúd de música. Equilibrando el sombrero de una mujer, con flores rojas, un paraguas, plegado en la orilla del piano. Sus brazos: casco, gules y una lanza despuntada en un campo, sable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enviado: Ámame, ama mi paraguas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-117046431594894764?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/117046431594894764/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=117046431594894764&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/117046431594894764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/117046431594894764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/02/giacomo-joyce.html' title='Giacomo Joyce'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116854825950648181</id><published>2007-01-11T17:39:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:51:02.182-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rodolfo Fogwill'/><title type='text'>Llamándonos</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Fogwill&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Y nunca más volvimos a encontrarnos después de la famosa charla telefónica. Puse famosa porque durante mucho tiempo aquella charla fue famosa para nosotros, y porque aunque ahora ya no hablamos más de ella –porque no hablamos más– ahora siguen hablando de ella sus amigas y los novios de ella y de sus amigas. Todos hablan, la nombran; todos siguen imaginando aquella charla de mil maneras, con mil distintos desenlaces y por mucho tiempo más, pienso, seguirán charlando todos y comentándose la charla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquella charla es más famosa para mi corazón, porque desde entonces nunca más ella y yo volvimos a vernos. ¿En Buenos Aires? ¿Es posible que en Buenos Aires, dos, nunca más hayan vuelto a encontrarse? Sí: es posible. Ni nos vimos, ni yo la vi, ni creo que tampoco ella a mí me haya visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero desde hoy serán las dos famosas: la charla y ella. Voy a nombrarla, se llama Diana Rivera Posse y fue mi amante por un tiempo: tres meses. Es una mujer alta, de ojos notables y manos grandes y ahora va a ser famosa por esta historia de la charla telefónica que comienzo a contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diana: fuimos amantes por un tiempo. Nada serio. Nos encontrábamos algunos viernes. Salíamos a comer. Recuerdo que comimos en el antiguo restaurante japonés, en Bistró, en el griego de Córdoba y Montevideo y en la cantina El Viejo Pop de Mar del Plata. Dormimos juntos algunos de esos viernes –nada importante– y tres noches seguidas de aquel fin de semana largo de abril que nos fuimos al mar. Por lo demás, nos vimos poco. Algunas mañanas llamaba a mi oficina: "estoy libre", decía, y yo a veces arreglaba una cita, fingía un almuerzo de negocios y corría a abrazarla en mi piecita por unas horas. Era otoño: algunos mediodías de calor salimos apurados y sin bañarnos y al caer la tarde, en la oficina, yo sentía subir del saco olor a ella, olor a mí y olor a ensayo de bailarinas y perfumes mezclados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas veces la llamé yo. Atendía el padre o la madre y nos citábamos en un café después de la comida. Esas noches nos besábamos en el auto pero no nos acostábamos: ella debía levantarse temprano para sus clases y yo andaba arrastrando mis ganas de olvidarme de todo y sentarme a escribir. Llamo a esto escribir. Y ella ahora será famosa: todos sabrán desde hoy que en la fiesta de Caride nos acostamos en uno de los dormitorios del segundo piso con Equis –esa actriz peronista– y que enseguida se agregó a nuestro grupo Marcelo Siano, que trabaja en Wrigley's y puede atestiguarlo, y que más tarde se vino con nosotros Gonzalo Roca trayendo una botella, y que más tarde los tres hombres nos sentamos a beber directamente de la botella de Chandon, mirándolas a Diana Rivera y a la estrella peronista que jugaban a morderse y hacerse marcas como gatas mientras el novio (el que había sido su novio hasta poco antes y que me dicen que ahora ha vuelto a ser su novio) bailaba en el living de la planta baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé por qué, siempre los novios verdaderos bailan cuando las mejores cosas están sucediendo en la realidad. Me lo imagino ahora al novio bailando en algún otro lugar, musical, elástico, y sabiendo que desde hoy tiene una novia famosa: Diana. Dudo que ella lo ame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni a mí me amaba. Fuimos amantes, pero no nos amamos hasta la vez de aquella charla telefónica. Me había llamado ella. Era domingo; yo estaba trabajando, cansado, y necesitaba liquidar un informe para la edición de la tarde del lunes. Ella quería que le hablase. Conté qué estaba haciendo, qué había hecho la noche anterior y lo que pensaba serían mis planes para ese día y el siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisimos vernos. Casi acordamos una cita, pero después dije que no, que nos veríamos el martes, que fijaríamos la cita durante la mañana del martes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo hasta aquel domingo nunca la había amado, pero esa vez la amé:&lt;br /&gt;–¿Y si nos vemos en Fred's el martes?– sugería ella.&lt;br /&gt;–Sí –dije–. Puede ser. y si no, te llamo a la mañana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así comenzó todo: ella dijo que mis palabras la tocaban.&lt;br /&gt;–¿Cómo? –pregunté .&lt;br /&gt;–Me tocan –dijo ella–. Siento que me tocás: Me tocan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise saber, pregunté más.&lt;br /&gt;–¿Dónde te tocan?&lt;br /&gt;–Ahí –contestó–, me están tocando ahí...&lt;br /&gt;–Tocame vos –pedí y ella dijo que era "precioso".&lt;br /&gt;–No –le dije–. Eso no me toca.&lt;br /&gt;–¡Sos hermoso y precioso! –repitió.&lt;br /&gt;–Tampoco toca –dije.&lt;br /&gt;–¡Sos asqueroso! –probó ella.&lt;br /&gt;–¿Cómo asqueroso? –pregunté yo, sintiendo algo.&lt;br /&gt;–¡Como un sapo asqueroso y hermoso! -contestó.&lt;br /&gt;–Puta –le dije y averigué–: ¿Te toca si te digo puta?&lt;br /&gt;–Sí –dijo como un suspiro–. ¡Sí! Y cuando te hablo yo... ¿Te toco?&lt;br /&gt;–No, vos no. Me toco solo. Yo, me toco –anuncié–. ¿Te toca?&lt;br /&gt;–¡Baboso! –ella me dijo y:&lt;br /&gt;–Tortillera –le dije yo, sintiendo que respiraba fuerte, y más (pidió que le dijera más) y yo dije "baba", "rata", "gata", "tortillera" y también que la estaba tocando:&lt;br /&gt;–Te toco entre las piernas con un teléfono asqueroso negro –amenacé.&lt;br /&gt;–¿Sucio? ¿Enchastrado? –indicó ella.&lt;br /&gt;–Sí –le juré y entonces me di cuenta que ella estaba jadeando de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No entendía por qué; quise saber:&lt;br /&gt;–¿Te estás tocando, vos...?&lt;br /&gt;–No; vos me tocás. ¡Cuando hablás me tocás! –susurró ella.&lt;br /&gt;–¿Será porque me toco...? –Supuse y probé: –¿A ver?&lt;br /&gt;–Ahora sí –decía ella–. ¡Ahora no... ! ¡Ahora... sí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y acertaba siempre y jadeaba. Jadeaba más cuando decía que sí, y creo recordar que también acertaba siempre: si yo tocaba, ella decía que sí y sentía. Pero ¿dónde?&lt;br /&gt;–¿Dónde? –le volví a preguntar.&lt;br /&gt;–Ahí, te dije, ¡ahí...!&lt;br /&gt;–¿Cómo?&lt;br /&gt;–Como si yo tuviera un...&lt;br /&gt;–¿Y no tenés, acaso, un...?&lt;br /&gt;–Sí, pero uno igual a vos. ¡Uno igual...! –exclamó y entonces jadeó más y le dije que pronto cortaríamos la comunicación y ella dijo que también cortaría al mismo tiempo, y estoy casi seguro de que también esa primera vez cortamos juntos, al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces no volvimos a vernos; nunca la vi, y creo que ella a mí nunca me vio. El martes, cuando la llamé desde la oficina, dijo que no quería verme. "Nunca más", dijo. "Hablame". Entonces ese mediodía fui a mi piecita y desde ahí la llamé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y seguimos llamándonos muchas veces. Siempre juntos, al mismo tiempo, hablábamos. Adivinaba ella cada vez, decía "sí" al tocar, como suspirando y yo también sentía que sus palabras me tocaban y eso, –ahora puedo reconocerlo–, lo aprendí de ella, pero solamente me sucedió con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre hablábamos. Siempre llamaba ella, a veces yo. Me sucedía una cuestión de orgullo: esperar a que llamase. Siempre llamaba ella, y si yo pasaba lejos de la piecita varios días entonces calculaba que ella había estado tratando de llamarme, y la llamaba yo. "¿Llamaste?", preguntaba. "¡Sí!", decía ella, "...pero no contestabas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cuántas veces tomé el tubo del teléfono y dije: "hola" con el tono de voz que bien sabía que la tocaba y me sorprendía alguna voz distinta preguntando por mí, por "señor Fogwill", como si el que había pronunciado aquel "hola" no hubiera sido yo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuánto duró? Tres meses, cuatro. Para entonces, nuestra charla había comenzado a volverse famosa. Las amigas... Algunas me llamaban, decían un nombre falso, y me pedían que hablase, pero no era lo mismo. Sólo con ella –vuelvo a nombrarla– sólo con Diana, las cosas solían producirse de aquel modo. Y después todo se derrumbó. Una sola vez que nos falló, dejamos de llamarnos. Cuestión de orgullo, o miedo de que ya no pudiera tocarla con mi voz. Como ella no llamaba, tampoco llamé yo. La última vez que hablamos. sintió mi voz y dijo no, que ahora tampoco, que ya no sería más posible, que nada más valía la pena, y que ya todo se había terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Terminado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ahora que todos hablan, ahora que hasta han escrito una novela con nuestro tema, ahora que todos saben la historia de la famosa charla y ahora que ella también ha comenzado a ser famosa como la charla, dudo que algo haya terminado. Creo que algo comienza: pienso que escribo y que ahora todo lo escrito vuelve a tocarla a ella y entonces vuelve eso a tocarme a mí, como un reflejo, y siento que es mejor que hayamos dejado primero de vernos, y después de hablarnos, porque hay nuevas maneras de hacernos eso, contárnoslo, mostrando a todos la verdad de lo que es nuestro amor, esta nueva manera, el mejor modo de nuestro amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las amigas, a los novios de ella y de las amigas, y a todos los que escuchen en cualquier parte sus famosas grabaciones de nuestras charlas, se les formó una idea equivocada de nuestro amor. Nuestro amor no eran esas voces y ruidos que escucharon grabado tantas veces. Nuestro amor fue todo lo que hicimos y que ahora circula entre nosotros, entre todos los que en un mismo instante estaremos leyendo una vez, otra vez más, (¡más! ¡más!), la historia de la famosa charla, y a un mismo tiempo, en diferentes sitios y sobre diferentes hojas de papel, una vez más, muchas veces (más, más) de esa historia famosa de amor sintamos juntos el final.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116854825950648181?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116854825950648181/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116854825950648181&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854825950648181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854825950648181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/01/llamndonos.html' title='Llamándonos'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116854660588225831</id><published>2007-01-11T17:15:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:51:24.854-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Silvina Ocampo'/><title type='text'>Informe del cielo y del infierno</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Silvina Ocampo&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A ejemplo de las grandes casa de remate, el Cielo y el Infierno contienen en sus galerías hacinamientos de objetos que no asombrarán a nadie, porque son los que hay en las casas del mundo. Pero no es bastante claro hablar sólo de objetos: en esas galerías también hay ciudades, pueblos, jardines, montañas, valles, soles, lunas, vientos, mares, estrellas, reflejos, temperaturas, sabores, perfumes, sonidos, pues toda suerte de sensaciones y de espectáculos nos depara la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el viento ruge, para ti, como un tigre y la paloma angelical tiene, al mirar, ojos de hiena, si el hombre acicalado que cruza por la calle, está vestido de andrajos lascivos; si la rosa con títulos honoríficos, que te regalan, es un trapo desteñido y menos interesante que un gorrión; si la cara de tu mujer es un leño descascarado y furioso: tus ojos y no Dios, los creó así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando mueras, los demonios y los ángeles, que son parejamente ávidos, sabiendo que estás adormecido, un poco en este mundo y un poco en cualquier otro, llegarán disfrazados a tu lecho y, acariciando tu cabeza, te darán a elegir las cosas que preferiste a lo largo de tu vida. En una suerte de muestrario, al principio, te enseñarán las cosas elementales. Si te enseñan el sol, la luna o las estrellas, los verás en una esfera de cristal pintada, y creerás que esa esfera de cristal es el mundo; si te muestran el mar o las montañas, los verás en una piedra y creerás que esa piedra es el mar y las montañas; si te muestran un caballo, será una miniatura, pero creerás que ese caballo es un verdadero caballo. Los ángeles y los demonios distraerán tu ánimo con retratos de flores, de frutas abrillantadas y de bombones; haciéndote creer que eres todavía niño, te sentarán en una silla de manos, llamada también silla de reina o sillita de oro, y de ese modo te llevarán, con las manos entrelazadas, por aquellos corredores al centro de tu vida, donde moran tus preferencias. Ten cuidado. Si eliges más cosas del Infierno que del Cielo, irás tal vez al Cielo; de lo contrario, si eliges más cosas del Cielo que del Infierno, corres el riesgo de ir al Infierno, pues tu amor a las cosas celestiales denotará mera concupiscencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116854660588225831?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116854660588225831/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116854660588225831&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854660588225831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854660588225831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/01/informe-del-cielo-y-del-infierno.html' title='Informe del cielo y del infierno'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116854641572007636</id><published>2007-01-11T17:11:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:51:50.179-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Néstor Perlongher'/><title type='text'>Cadáveres</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Néstor Perlongher&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;a Flores &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Bajo las matas&lt;br /&gt;En los pajonales&lt;br /&gt;Sobre los puentes&lt;br /&gt;En los canales&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En la trilla de un tren que nunca se detiene&lt;br /&gt;En la estela de un barco que naufraga&lt;br /&gt;En una olilla, que se desvanece&lt;br /&gt;En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En las redes de los pescadores&lt;br /&gt;En el tropiezo de los cangrejales&lt;br /&gt;En la del pelo que se toma&lt;br /&gt;Con un prendedorcito descolgado&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En lo preciso de esta ausencia&lt;br /&gt;En lo que raya esa palabra&lt;br /&gt;En su divina presencia&lt;br /&gt;Comandante, en su raya&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja&lt;br /&gt;         por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas&lt;br /&gt;En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada&lt;br /&gt;En el garrapiñiero que se empana&lt;br /&gt;En la pana, en la paja, ahí&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Precisamente ahí, y en esa richa&lt;br /&gt;de la que deshilacha, y&lt;br /&gt;en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y&lt;br /&gt;en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso&lt;br /&gt;en la que no se dice que se sepa...&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al&lt;br /&gt;         espejuelo, en la&lt;br /&gt;correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas&lt;br /&gt;arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin&lt;br /&gt;embargo, en esa c... que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con&lt;br /&gt;         Todo&lt;br /&gt;Sobretodo&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la&lt;br /&gt;menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el&lt;br /&gt;despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un&lt;br /&gt;saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas&lt;br /&gt;pasadas como mejas muertas de las que&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:&lt;br /&gt;en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;&lt;br /&gt;en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa&lt;br /&gt;                           porque su novio ha&lt;br /&gt;….........................!&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En ese golpe bajo, en la bajez&lt;br /&gt;de esa mofleta, en el disfraz&lt;br /&gt;ambiguo de ese buitre, la zeta de&lt;br /&gt;esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las&lt;br /&gt;         campesinas&lt;br /&gt;agasajan sus fiolos, en los&lt;br /&gt;fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a&lt;br /&gt;         escondidas, con la bombacha llena; en la&lt;br /&gt;humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de&lt;br /&gt;         los de&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Parece remanido: en la manea&lt;br /&gt;de esos gauchos, en el pelaje de&lt;br /&gt;esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo&lt;br /&gt;de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Ay, en el quejido de esa corista que vendía "estrellas federales"&lt;br /&gt;Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,&lt;br /&gt;Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con&lt;br /&gt;una botella de whisky "Russo" llena de vidrio en los breteles, en ésos,&lt;br /&gt;tan delgados,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere&lt;br /&gt;En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza&lt;br /&gt;las uñas salitrosas, en las mismas&lt;br /&gt;cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan&lt;br /&gt;...indeciso..., que&lt;br /&gt;clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y&lt;br /&gt;en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza&lt;br /&gt;que se derrumba, oui&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa&lt;br /&gt;¡bonita profesora!&lt;br /&gt;Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo&lt;br /&gt;de ese incienso;&lt;br /&gt;Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón&lt;br /&gt;atravesado por un aro, enagua, en&lt;br /&gt;Ya&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En eso que empuja&lt;br /&gt;lo que se atraganta,&lt;br /&gt;En eso que traga&lt;br /&gt;lo que emputarra,&lt;br /&gt;En eso que amputa&lt;br /&gt;lo que empala,&lt;br /&gt;En eso que ¡puta!&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Ya no se puede sostener: el mango&lt;br /&gt;de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,&lt;br /&gt;el rosario&lt;br /&gt;de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,&lt;br /&gt;la corriente&lt;br /&gt;que sujeta a los juncos el pichido – tin, tin... – del son-&lt;br /&gt;ajero, en el gargajo que se esputa...&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también&lt;br /&gt;glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición&lt;br /&gt;porque guarda una orla de caca; en el escupitajo&lt;br /&gt;que se estampa como sobre en un pijo,&lt;br /&gt;en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de&lt;br /&gt;         la hormiga,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En la conchita de las pendejas&lt;br /&gt;En el pitín de un gladiador sureño, sueño&lt;br /&gt;En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas&lt;br /&gt;brechas, en el sudario del cliente&lt;br /&gt;que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,&lt;br /&gt;en el polvo&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En el desierto de los consultorios&lt;br /&gt;En la polvareda de los divanes "inconcientes"&lt;br /&gt;En lo incesante de ese trámite, de ese "proceso" en hospitales&lt;br /&gt;donde el muerto circula, en los pasillos&lt;br /&gt;donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,&lt;br /&gt;en los huecos&lt;br /&gt;de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos&lt;br /&gt;se travisten de ''hombre drapeado",&lt;br /&gt;laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea)&lt;br /&gt;un paladar, en tornos&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de&lt;br /&gt;esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese&lt;br /&gt;bies que ciñe – algo demás – esos corpiños, en el azul Iunado del cabe-&lt;br /&gt;llo, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el&lt;br /&gt;reclinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños...&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En esas circunstancias, cuando la madre se&lt;br /&gt;lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la&lt;br /&gt;hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que&lt;br /&gt;va “creciente”, o&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Ya no se puede enumerar: en la pequeña “riela” de ceniza&lt;br /&gt;que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por&lt;br /&gt;los haras, eh, harás de cuenta de que no&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Cuando el caballo pisa&lt;br /&gt;los embonchados pólderes,&lt;br /&gt;empenachado se hunde&lt;br /&gt;en los forrajes;&lt;br /&gt;cuando la golondrina, tera tera,&lt;br /&gt;vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola&lt;br /&gt;como una sierpe “leche de cobra” se&lt;br /&gt;disipa,&lt;br /&gt;los miradores llegan todos a la siguiente&lt;br /&gt;conclusión:&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Cuando los extranjeros, como crápulas, ("se les ha volado la&lt;br /&gt;papisa, y la manotean a dos cuerpos"), cómplices,&lt;br /&gt;arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta,&lt;br /&gt;y ella es devaluada!&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,&lt;br /&gt;ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un&lt;br /&gt;''palo borracho", la estirpe real de una azalea que ha florecido&lt;br /&gt;roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje&lt;br /&gt;la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo&lt;br /&gt;contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-&lt;br /&gt;ceso de su pica, más&lt;br /&gt;atornilla esa clava, cuando "mecha"&lt;br /&gt;en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza&lt;br /&gt;chueca, cuando la va dándola vuelta&lt;br /&gt;para que rase todos.. . los lunares, o&lt;br /&gt;Sitios,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin...&lt;br /&gt;acribilla, acrisola, ángeles miriados' de peces espadas, mirtas&lt;br /&gt;acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del&lt;br /&gt;dedo de un puntapié en las várices, torreja&lt;br /&gt;de ubre, percal crispado, romo clít ...&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En el país donde se yuga el molinero&lt;br /&gt;En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,&lt;br /&gt;y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….&lt;br /&gt;En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon,&lt;br /&gt;la huelen desde lejos, desde antaño&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En la provincia donde no se dice la verdad&lt;br /&gt;En los locales donde no se cuenta una mentira&lt;br /&gt;–Esto no sale de acá–&lt;br /&gt;En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en&lt;br /&gt;      la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los&lt;br /&gt;azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y&lt;br /&gt;Esmeraldas,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,&lt;br /&gt;los caciques le hacen un enema,&lt;br /&gt;le abren el c... para sacarle el chico,&lt;br /&gt;el marido se queda con la nena,&lt;br /&gt;pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada&lt;br /&gt;         de un camarín donde...&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella&lt;br /&gt;era una oveja hecha rabona, donde la perra&lt;br /&gt;lo cagó, donde la puerca&lt;br /&gt;dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos&lt;br /&gt;almizclados, lo sedujo,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre&lt;br /&gt;un bombachón de muñequera como en&lt;br /&gt;un cáliz borboteante - los retazos&lt;br /&gt;de argolla flotaban en la "Solución Humectante" (método agua por&lt;br /&gt;         agua),&lt;br /&gt;ella se lo tenía que contar&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,&lt;br /&gt;La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,&lt;br /&gt;La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,&lt;br /&gt;La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas&lt;br /&gt;La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una "calada"&lt;br /&gt;El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos&lt;br /&gt;Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de&lt;br /&gt;         una Kombi,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;La despeinada, cuyo rodete se ha raído&lt;br /&gt;por culpa de tanto "rayito de sol", tanto "clarito";&lt;br /&gt;La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;&lt;br /&gt;La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;&lt;br /&gt;La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse&lt;br /&gt;para no ver lo que veía:&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un&lt;br /&gt;         buen punto;&lt;br /&gt;la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien&lt;br /&gt;discreto que no mostrara nada&lt;br /&gt;– y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase –;&lt;br /&gt;la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse&lt;br /&gt;         táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada...&lt;br /&gt;                                    lila...&lt;br /&gt;La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;La que hace años que no ve una pija&lt;br /&gt;La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña)&lt;br /&gt;Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta&lt;br /&gt;         donde los&lt;br /&gt;vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le&lt;br /&gt;tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una&lt;br /&gt;         profesora…)&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Era ver contra toda evidencia&lt;br /&gt;Era callar contra todo silencio&lt;br /&gt;Era manifestarse contra todo acto&lt;br /&gt;Contra toda lambida era chupar&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Era: "No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan&lt;br /&gt;         cuenta"&lt;br /&gt;O: "No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a&lt;br /&gt;         pecho"&lt;br /&gt;Acaso: "No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta"&lt;br /&gt;Aún: "Hoy asaltaron a una vaca"&lt;br /&gt;"Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada&lt;br /&gt;...y listo"&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello&lt;br /&gt;Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas&lt;br /&gt;Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como&lt;br /&gt;una corbata se avizora, pinche de plata, así&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En        el campo&lt;br /&gt;En el campo&lt;br /&gt;En la casa&lt;br /&gt;En la caza&lt;br /&gt;Ahí&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;En el decaer de esta escritura&lt;br /&gt;En el borroneo de esas inscripciones&lt;br /&gt;En el difuminar de estas leyendas&lt;br /&gt;En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,&lt;br /&gt;En ese puño elástico,&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Decir "en" no es una maravilla?&lt;br /&gt;Una pretensión de centramiento?&lt;br /&gt;Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward&lt;br /&gt;muere al amanecer, y descompuesto de&lt;br /&gt;El Túnel&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Un área donde principales fosas?&lt;br /&gt;Un loro donde aristas enjauladas?&lt;br /&gt;Un pabellón de lolas pajareras?&lt;br /&gt;Una pepa, trincada, en el cubismo&lt;br /&gt;de superficie frívola...?&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste&lt;br /&gt;         a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo&lt;br /&gt;curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los&lt;br /&gt;carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,&lt;br /&gt;te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a&lt;br /&gt;dedetener, Fernando? Imaginá…&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Estamos hartas de esta reiteración, y llenas&lt;br /&gt;de esta reiteración estamos.&lt;br /&gt;Las damiselas italianas&lt;br /&gt;pierden la tapita del Luis XV en La Boca!&lt;br /&gt;Las ''modelos" –del partido polaco–&lt;br /&gt;no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!&lt;br /&gt;Cholas baratas y envidiosas – cuya catinga no compite – en Quilmes!&lt;br /&gt;Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!&lt;br /&gt;Barracas!&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es&lt;br /&gt;         colimba!&lt;br /&gt;Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!&lt;br /&gt;Y la que paya, si callase!&lt;br /&gt;La que bordona, arpona!&lt;br /&gt;Ni a la vitrolera, que es botona!&lt;br /&gt;Ni al lustrabotas, cachafaz!&lt;br /&gt;Ni a la que hace el género "volante"!&lt;br /&gt;NI&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Féretros alegóricos!&lt;br /&gt;Sótanos metafóricos!&lt;br /&gt;Pocillos metonímicos!&lt;br /&gt;Ex-plícito !&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Ejercicios&lt;br /&gt;Campañas&lt;br /&gt;Consorcios&lt;br /&gt;Condominios&lt;br /&gt;Contractus&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Yermos o Luengos&lt;br /&gt;Pozzis o Westerleys&lt;br /&gt;Rouges o Sombras&lt;br /&gt;Tablas o Pliegues&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;– Todo esto no viene así nomás&lt;br /&gt;– Por qué no?&lt;br /&gt;– No me digas que los vas a contar&lt;br /&gt;– No te parece?&lt;br /&gt;– Cuándo te recibiste?&lt;br /&gt;– Militaba?&lt;br /&gt;– Hay Cadáveres?&lt;br /&gt;Saliste Sola&lt;br /&gt;Con el Fresquito de la Noche&lt;br /&gt;Cuando te Sorprendieron los Relámpagos&lt;br /&gt;No Llevaste un Saquito&lt;br /&gt;Y&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Se entiende?&lt;br /&gt;Estaba claro?&lt;br /&gt;No era un poco demás para la época?&lt;br /&gt;Las uñas azuladas?&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;Yo soy aquél que ayer nomás...&lt;br /&gt;Ella es la que…&lt;br /&gt;Veíase el arpa...&lt;br /&gt;En alfombrada sala...&lt;br /&gt;Villegas o&lt;br /&gt;Hay Cadáveres&lt;br /&gt;..............................................&lt;br /&gt;..............................................&lt;br /&gt;..............................................&lt;br /&gt;..............................................&lt;br /&gt;No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.&lt;br /&gt;Respuesta: No hay cadáveres.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116854641572007636?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116854641572007636/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116854641572007636&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854641572007636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854641572007636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/01/cadveres.html' title='Cadáveres'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116854529771190271</id><published>2007-01-11T16:41:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:52:24.968-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Onetti'/><title type='text'>Decálogo</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Juan Carlos Onetti&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa en serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Este sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro. Silencioso o implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;7.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;8.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;No olviden la frase justamente famosa: Dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran cinco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;9.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si fuera necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;10.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Mientan siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;11.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo que un escritor en que un escritor puede caer”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116854529771190271?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116854529771190271/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116854529771190271&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854529771190271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116854529771190271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2007/01/declogo.html' title='Decálogo'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116744148858859033</id><published>2006-12-29T22:14:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:52:55.966-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Enrique Verástegui'/><title type='text'>Y Giordano Bruno</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Enrique Verástegui&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Follajes de Noli&lt;br /&gt;y aire suave de Labor,&lt;br /&gt;Nápoles –fábricas de Nápoles tan llenas de Gramsci&lt;br /&gt;y en Gramsci relampaguea&lt;br /&gt;el aura de Bruno:&lt;br /&gt;Giordano Bruno nacido en 1548, poeta,&lt;br /&gt;filósofo que en el temblor de la duda&lt;br /&gt;encontró la verdad&lt;br /&gt;tan delicado como sombras&lt;br /&gt;de lilas que el viento arrastra –el&lt;br /&gt;saber alejandrino brotó fresco&lt;br /&gt;en el jardín ya florido&lt;br /&gt;de una mente severa.&lt;br /&gt;Tuvo lo que su época le dio (fue clérigo intratable)&lt;br /&gt;mas convino que toda época está en retroceso&lt;br /&gt;y el pasado -¿donde está?&lt;br /&gt;que no esté arrumado&lt;br /&gt;entre murallas de prejuicio&lt;br /&gt;y largos trámites&lt;br /&gt;burocráticos, la represión,&lt;br /&gt;las relaciones mercantiles.&lt;br /&gt;Oh campo aún velado en nieve espesa&lt;br /&gt;y con ligeros brotes&lt;br /&gt;de verdor: núcleos semánticos&lt;br /&gt;núcleos de meditación&lt;br /&gt;entre pétalos no más desesperados que este abismo&lt;br /&gt;abierto entre el día&lt;br /&gt;y la noche mientras nuestro paso es un siglo&lt;br /&gt;tenuemente vacío levemente extraviado como hipótesis&lt;br /&gt;que van&lt;br /&gt;rechazándose y negándose en un texto que a lo a priori&lt;br /&gt;prefirió la luz de lo móvil&lt;br /&gt;y el soñar&lt;br /&gt;y errar en la vida&lt;br /&gt;buscando belleza&lt;br /&gt;y sabiduría = gramática de flores&lt;br /&gt;aunque penumbras del vivir&lt;br /&gt;sin más pobre lumbre&lt;br /&gt;que haber regado un poco&lt;br /&gt;este misterio del verdor&lt;br /&gt;hoy signos sólo&lt;br /&gt;y flores turbias&lt;br /&gt;de un muy viejo manuscrito: el tuyo,&lt;br /&gt;Giordano.&lt;br /&gt;Y 30 años tenías,&lt;br /&gt;vestidos trashumantes&lt;br /&gt;cabellera oscura&lt;br /&gt;y larga: hombrecillo&lt;br /&gt;de rostro moreno&lt;br /&gt;y oscura y rala barba –cuando&lt;br /&gt;insultado y desterrado&lt;br /&gt;vagó vagaste vagón perdido como chispa rápida&lt;br /&gt;de un detonante que ya&lt;br /&gt;en la mecha de tu propia expresión&lt;br /&gt;revienta los sentimientos de tu/mi éxodo poético&lt;br /&gt;al sueño –tierra de promisión inhollada.&lt;br /&gt;Milán, Venecia, Niza, compuertas de Génova&lt;br /&gt;que han recibido a tantos extranjeros&lt;br /&gt;te cerraban puertas y persianas&lt;br /&gt;-sus bandos&lt;br /&gt;bien claro (decían) que no debías&lt;br /&gt;pisar sus yerbas&lt;br /&gt;y has dormido al sereno&lt;br /&gt;contemplando la elíptica del cometa en tu estilo&lt;br /&gt;el cabello escarchado la materia infinita&lt;br /&gt;y algún texto de Sedulius Scottus&lt;br /&gt;te complace:&lt;br /&gt;Scriptor sum (fateor), sum Musicus et Orpheus,&lt;br /&gt;sum bos triturans, prospera quaeque volo,&lt;br /&gt;sum vester miles sophiae praeditus armis:&lt;br /&gt;pro nobis nostrum, Musa, rogato patrem...&lt;br /&gt;(y seguiste recordando más versos).&lt;br /&gt;Te amparaba&lt;br /&gt;tu propio desamparo&lt;br /&gt;y cielo infierno: suggetto – á doi contrarii eterno,&lt;br /&gt;Bandito son dal ciel, et dal infierno&lt;br /&gt;están lejos de ti&lt;br /&gt;ni te reciben&lt;br /&gt;vagabundo al llegar el día.&lt;br /&gt;En Londres y París&lt;br /&gt;en Wittemberg al dictar tus clases aprendías&lt;br /&gt;la pesada luz de tus alumnos.&lt;br /&gt;Y Praga te vio volar&lt;br /&gt;como una antorcha de Joan Huss,&lt;br /&gt;Caballería Roja,cerebro de flores en el sueño.&lt;br /&gt;¿Quién decidirá&lt;br /&gt;-pensabas-&lt;br /&gt;entre Aristóteles&lt;br /&gt;y Platón?&lt;br /&gt;¿Quién entre Tomás y Agustín?&lt;br /&gt;¿Entre la forma racional&lt;br /&gt;y la forma ideal&lt;br /&gt;de un mismo lenguaje represivo?&lt;br /&gt;Y ya habiamos decidido&lt;br /&gt;Giordano:&lt;br /&gt;contigo en tus escritos.&lt;br /&gt;No la verdad –no&lt;br /&gt;sino el conocimiento de la causa&lt;br /&gt;en el efecto&lt;br /&gt;y me crucé contigo&lt;br /&gt;en la penumbra&lt;br /&gt;de la antecámara materialista&lt;br /&gt;almácigos tiernos&lt;br /&gt;dialéctica aún suave&lt;br /&gt;como un crepúsculo.&lt;br /&gt;Tu Opera de ligar/ desligar&lt;br /&gt;los misterios&lt;br /&gt;y problemas de la física las leyes de la naturaleza&lt;br /&gt;que tu mnemotecnia&lt;br /&gt;dominaba (tu práctica analógica)&lt;br /&gt;te valió el lodo de tu nombre&lt;br /&gt;-ser el brillo&lt;br /&gt;que alumbra este pasado&lt;br /&gt;de hombres que pagaron caro&lt;br /&gt;su arrogante deseo de saber.&lt;br /&gt;Y en Venecia te llevaron al miserable tribunal&lt;br /&gt;del Santo Oficio y te juzgaron&lt;br /&gt;te desnudaron te maniataron te humillaron&lt;br /&gt;y el proceso penoso y largo&lt;br /&gt;duró años: Giordano Bruno&lt;br /&gt;ni transa ni se retracta - no pierde&lt;br /&gt;el nolano&lt;br /&gt;judío errante&lt;br /&gt;la altivez de su verdad.&lt;br /&gt;Lo declaran ateo impío corrompido –lo excomulgan&lt;br /&gt;y viene la condena:&lt;br /&gt;"que sea castigado&lt;br /&gt;con la mayor dulzura posible y sin efusión&lt;br /&gt;de sangre, sine ulla sanguinis effusione"&lt;br /&gt;que en maligna lengua eufemista represiva&lt;br /&gt;y clasicista dictaminaban los Inquisidores de siempre&lt;br /&gt;morir quemado vivo&lt;br /&gt;y entonces Bruno replica&lt;br /&gt;ya bellísimo su alto testamento: más os intimida&lt;br /&gt;pronunciar mi sentencia a vosotros&lt;br /&gt;que a mí el oírla&lt;br /&gt;y entró sereno en la brasa&lt;br /&gt;lúcido entre las ávidas llamas.&lt;br /&gt;Toda época está&lt;br /&gt;en retroceso y todo presente es pasado devorado&lt;br /&gt;en el futuro y aquel 9 de febrero 1600&lt;br /&gt;Giordano Bruno, poeta,&lt;br /&gt;loco y filósofo que en la duda encontró su verdad&lt;br /&gt;nació para todos&lt;br /&gt;y yo nací con él,&lt;br /&gt;yo soy Giordano Bruno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116744148858859033?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116744148858859033/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116744148858859033&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116744148858859033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116744148858859033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/12/y-giordano-bruno.html' title='Y Giordano Bruno'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116592365776454119</id><published>2006-12-12T08:38:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:53:29.536-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rafael Pinedo'/><title type='text'>Proverbio</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Rafa Pinedo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;em&gt;La felicidad es esa extraña bestia&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;que se come al pájaro que se agita&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;Proverbio incaico  &lt;/div&gt;&lt;p&gt;...Y mañana la extraña bestia se va a despertar dentro de mi pecho y va a empezar a masticar, a deglutir, a triturar a ese pájaro que se agita en mi interior.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y va a empezar desde mis labios, mis ojos, mis dientes. Y lo buscará por mis manos, mis brazos. Va a bajar hasta mi vientre, a mi entrepierna.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Va a recorrerme, en los momentos en que yo te recorra.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y mientras mi cuerpo te transite, la bestia va a ir detrás. Comiendo los restos de tu ausencia anterior.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Haciendo desaparecer eso que va a volver después, cuando te vayas.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y luego de haberte despedido, con un temblor muy tenue, apenas una vibración, el pájaro va a recomenzar.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y renacerá por los labios. Con el pasar de los días se instalará en el esternón, del lado de adentro. Y desde allí empezará a agitarse. Suave en las lágrimas. Fuerte en el sexo. Insoportable en la soledad.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Hasta que pasados cuatro o cinco atardeceres, crecerán en mí otras tonalidades, agridulces, amargas. En la que tu presencia y tu ausencia darán el matiz de todo lo que pasa. Y ya solo podré ver el mundo en los colores del pájaro: ocres, dorados, azules, nunca rojos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Porque los amarillos, los púrpuras, el rojo esperan en la bestia. Que se va despertando somnolienta cuando se acerca, otra vez, el momento de encontrarte, por fin. Otra vez.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116592365776454119?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116592365776454119/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116592365776454119&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116592365776454119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116592365776454119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/12/proverbio.html' title='Proverbio'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116592335382181321</id><published>2006-12-12T08:28:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:53:55.221-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Herodoto'/><title type='text'>El pudor de la reina</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Herodoto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Este monarca [N. de R: Candaules] perdió la corona y la vida por un capricho singular. Enamorado sobremanera de su esposa, y creyendo poseer la mujer más hermosa del mundo, tomó una resolución a la verdad bien impertinente. Tenía entre sus guardias un privado de toda su confianza llamado Gyges, hijo de Dáscylo, con quien solía comunicar los negocios más serios de Estado. Un día, muy de propósito se puso a encarecerle y levantar hasta las estrellas la belleza extremada de su mujer, y no pasó mucho tiempo sin que el apasionado Candaules (como que estaba decretada por el cielo su fatal ruina) hablase otra vez a Gyges en estos términos:&lt;br /&gt;-«Veo, amigo, que por más que te lo pondero, no quedas bien persuadido de cuán hermosa es mi mujer, y conozco que entre los hombres se da menos crédito a los oídos que a los ojos. Pues bien, yo haré de modo que ella se presente a tu vista con todas sus gracias, tal como Dios la hizo.»&lt;br /&gt;Al oír esto Gyges, exclama lleno de sorpresa:&lt;br /&gt;-«¿Qué discurso, señor, es este, tan poco cuerdo y tan desacertado? ¿me mandaréis por ventura que ponga los ojos en mi Soberana?&lt;br /&gt;No, señor; que la mujer que se despoja una vez de su vestido, se despoja con él de su recato y de su honor. Y bien sabéis que entre las leyes que introdujo el decoro público, y por las cuales nos debemos conducir, hay una que prescribe que, contento cada uno con lo suyo, no ponga los ojos en lo ajeno. Creo fijamente que la Reina es tan perfecta como me la pintáis, la más hermosa del mundo; y yo os pido encarecidamente que no exijáis de mí una cosa tan fuera de razón.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con tales expresiones se resistía Gyges, horrorizado de las consecuencias que el asunto pudiera tener; pero Candaules replicóle así:&lt;br /&gt;-«Anímate, amigo, y de nadie tengas recelo. No imagines que yo trate de hacer prueba de tu fidelidad y buena correspondencia, ni tampoco temas que mi mujer pueda causarte daño alguno, porque yo lo dispondré todo de manera que ni aun sospeche haber sido vista por ti. Yo mismo te llevaré al cuarto en que dormimos, te ocultaré detrás de la puerta, que estará abierta. No tardará mi mujer en venir a desnudarse, y en una gran silla, que hay inmediata a la puerta, irá poniendo uno por uno sus vestidos, dándote entre tanto lugar para que la mires muy despacio y a toda tu satisfacción. Luego que ella desde su asiento volviéndote las espaldas se venga conmigo a la cama, podrás tú escaparte silenciosamente y sin que te vea salir.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viendo, pues, Gyges que ya no podía huir del precepto, se mostró pronto a obedecer. Cuando Candaules juzga que ya es hora de irse a dormir, lleva consigo a Gyges a su mismo cuarto, y bien presto comparece la Reina. Gyges, al tiempo que ella entra y cuando va dejando después despacio sus vestidos, la contempla y la admira, hasta que vueltas las espaldas se dirige hacia la cama. Entonces se sale fuera, pero no tan a escondidas que ella no le eche de ver. Instruida de lo ejecutado por su marido, reprime la voz sin mostrarse avergonzada, y hace como que no repara en ello; pero se resuelve desde el momento mismo a vengarse de Candaules, porque no solamente entre los Lydios, sino entre casi todos los bárbaros, se tiene por grande infamia el que un hombre se deje ver desnudo, cuanto más una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, pues, sin darse por entendida, estúvose toda la noche quieta y sosegada; pero al amanecer del otro día, previniendo a ciertos criados, que sabía eran los más leales y adictos a su persona, hizo llamar a Gyges, el cual vino inmediatamente sin la menor sospecha de que la Reina hubiese descubierto nada de cuanto la noche antes había pasado, porque bien a menudo solía presentarse siendo llamado de orden suya. Luego que llegó, le habló de esta manera: -«No hay remedio, Gyges; es preciso que escojas, en los dos partidos que voy a proponerte, el que más quieras seguir. Una de dos: o me has de recibir por tu mujer, y apoderarte del imperio de los Lydios, dando muerte a Candaules, o será preciso que aquí mismo mueras al momento, no sea que en lo sucesivo le obedezcas ciegamente y vuelvas a contemplar lo que no te es lícito ver. No hay más alternativa que esta; es forzoso que muera quien tal ordenó, o aquel que, violando la majestad y el decoro, puso en mí los ojos estando desnuda.»&lt;br /&gt;Atónito Gyges, estuvo largo rato sin responder, y luego le suplicó del modo más enérgico no quisiese obligarle por la fuerza a escoger ninguno de los dos extremos. Pero viendo que era imposible disuadirla, y que se hallaba realmente en el terrible trance o de dar la muerte por su mano a su señor, o de recibirla él mismo de mano servil, quiso más matar que morir, y la preguntó de nuevo:&lt;br /&gt;-«Decidme, señora, ya que me obligáis contra toda mi voluntad a dar la muerte a vuestro esposo, ¿cómo podremos acometerle?&lt;br /&gt;-¿Cómo? le responde ella, en el mismo sitio que me prostituyó desnuda a tus ojos; allí quiero que le sorprendas dormido.»&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116592335382181321?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116592335382181321/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116592335382181321&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116592335382181321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116592335382181321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/12/el-pudor-de-la-reina.html' title='El pudor de la reina'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116025976558770466</id><published>2006-10-07T19:17:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:54:44.188-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rodolfo Walsh'/><title type='text'>Cuentos para tahures</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Rodolfo Walsh&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Salió no más el 10 -un 4 y un 6- cuando ya nadie lo creía. A mí qué me importaba, hacía rato que me habían dejado seco. Pero hubo un murmullo feo entre los jugadores acodados a la mesa del billar y los mirones que formaban rueda. Renato Flores palideció y se pasó el pañuelo a cuadros por la frente húmeda. Después juntó con pesado movimiento los billetes de la apuesta, los alisó uno a uno y, doblándolos en cuatro, a lo largo, los fue metiendo entre los dedos de la mano izquierda, donde quedaron como otra mano rugosa y sucia entrelazada perpendicularmente a la suya. Con estudiada lentitud puso los dados en el cubilete y empezó a sacudirlos. Un doble pliegue vertical le partía el entrecejo oscuro. Parecía barajar un problema que se le hacía cada vez más difícil. Por fin se encogió de hombros.&lt;br /&gt;  -Lo que quieran... -dijo.&lt;br /&gt;  Ya nadie se acordaba del tachito de la coima. Jiménez, el del negocio, presenciaba desde lejos sin animarse a recordarlo. Jesús Pereyra se levantó y echó sobre la mesa, sin contarlo, un montón de plata.&lt;br /&gt;  -La suerte es la suerte -dijo con una lucecita asesina en la mirada-. Habrá que irse a dormir.&lt;br /&gt;  Yo soy hombre tranquilo; en cuanto oí aquello, gané el rincón más cercano a la puerta. Pero Flores bajó la vista y se hizo el desentendido.&lt;br /&gt;  -Hay que saber perder -dijo Zúñiga sentenciosamente, poniendo un billetito de cinco en la mesa. Y añadió con retintín-: Total, venimos a divertirnos.&lt;br /&gt;  -¡Siete pases seguidos! -comentó, admirado, uno de los de afuera.&lt;br /&gt;   Flores lo midió de arriba abajo.&lt;br /&gt;  -¡Vos, siempre rezando! -dijo con desprecio.&lt;br /&gt;  Después he tratado de recordar el lugar que ocupaba cada uno antes de que empezara el alboroto. Flores estaba lejos de la puerta, contra la pared del fondo. A la izquierda, por donde venía la ronda, tenía a Zúñiga. Al frente, separado de él por el ancho de la mesa del billar, estaba Pereyra. Cuando Pereyra se levantó dos o tres más hicieron lo mismo. Yo me figuré que sería por el interés del juego, pero después vi que Pereyra tenía la vista clavada en las manos de Flores. Los demás miraban el paño verde donde iban a caer los dados, pero él sólo miraba las manos de Flores.&lt;br /&gt;  El montoncito de las apuestas fue creciendo: había billetes de todos tamaños y hasta algunas monedas que puso uno de los de afuera. Flores parecía vacilar. Por fin largó los dados. Pereyra no los miraba. Tenía siempre los ojos en las manos de Flores.&lt;br /&gt;  -El cuatro -cantó alguno.&lt;br /&gt;  En aquel momento, no sé por qué, recordé los pases que había echado Flores: el 4, el 8, el 10, el 9, el 8, el 6, el 10... Y ahora buscaba otra vez el 4.&lt;br /&gt;  El sótano estaba lleno del humo de los cigarrillos. Flores le pidió a Jiménez que le trajera un café, y el otro se marchó rezongando. Zúñiga sonreía maliciosamente mirando la cara de rabia de Pereyra. Pegado a la pared, un borracho despertaba de tanto en tanto y decía con voz pastosa:&lt;br /&gt;  -¡Voy diez a la contra! -Después se volvía a quedar dormido.&lt;br /&gt;  Los dados sonaban en el cubilete y rodaban sobre la mesa. Ocho pares de ojos rodaban tras ellos. Por fin alguien exclamó:&lt;br /&gt;  -¡El cuatro!&lt;br /&gt;  En aquel momento agaché la cabeza para encender un cigarrillo. Encima de la mesa había una lamparita eléctrica, con una pantalla verde. Yo no vi el brazo que la hizo añicos. El sótano quedó a oscuras. Después se oyó el balazo.&lt;br /&gt;  Yo me hice chiquito en mi rincón y pensé para mis adentros: "Pobre Flores, era demasiada suerte". Sentí que algo venía rodando y me tocaba en la mano. Era un dado. Tanteando en la oscuridad, encontré el compañero.&lt;br /&gt;  En medio del desbande, alguien se acordó de los tubos fluorescentes del techo. Pero cuando los encendieron, no era Flores el muerto. Renato Flores seguía parado con el cubilete en la mano, en la misma posición de antes. A su izquierda, doblado en su silla, Ismael Zúñiga tenía un balazo en el pecho.&lt;br /&gt;  "Le erraron a Flores", pensé en el primer momento, "y le pegaron al otro. No hay nada que hacerle, esta noche está de suerte."&lt;br /&gt;  Entre varios alzaron a Zúñiga y lo tendieron sobre tres sillas puestas en hilera. Jiménez (que había bajado con el café) no quiso que lo pusieran sobre la mesa de billar para que no le mancharan el paño. De todas maneras ya no había nada que hacer.&lt;br /&gt;  Me acerqué a la mesa y vi que los dados marcaban el 7. Entre ellos había un revólver 48.&lt;br /&gt;  Como quien no quiere la cosa, agarré para el lado de la puerta y subí despacio la escalera. Cuando salí a la calle había muchos curiosos y un milico que doblaba corriendo la esquina.&lt;br /&gt;   Aquella misma noche me acordé de los dados, que llevaba en el bolsillo -¡lo que es ser distraído!-, y me puse a jugar solo, por puro gusto. Estuve media hora sin sacar un 7. Los miré bien y vi que faltaban unos números y sobraban otros. Uno de los "chivos" tenía el 8, el 4 y el 5 repetidos en caras contrarias. El otro, el 5, el 6 y el 1. Con aquellos dados no se podía perder. No se podía perder en el primer tiro, porque no se podía formar el 2, el 3 y el 12, que en la primera mano son perdedores. Y no se podía perder en los demás porque no se podía sacar el 7, que es el número perdedor después de la primera mano. Recordé que Flores había echado siete pases seguidos, y casi todos con números difíciles: el 4, el 8, el 10, el 9, el 8, el 6, el 10... Y a lo último había sacado otra vez el 4. Ni una sola clavada. Ni una barraca. En cuarenta o cincuenta veces que habría tirado los dados no había sacado un solo 7, que es el número más salidor.&lt;br /&gt;  Y, sin embargo, cuando yo me fui, los dados de la mesa formaban el 7, en vez del 4, que era el último número que había sacado. Todavía lo estoy viendo, clarito: un 6 y un 1.&lt;br /&gt;  Al día siguiente extravié los dados y me establecí en otro barrio. Si me buscaron, no sé; por un tiempo no supe nada más del asunto. Una tarde me enteré por los diarios que Pereyra había confesado. Al parecer, se había dado cuenta de que Flores hacía trampa. Pereyra iba perdiendo mucho, porque acostumbraba jugar fuerte, y todo el mundo sabía que era mal perdedor. En aquella racha de Flores se le habían ido más de tres mil pesos. Apagó la luz de un manotazo. En la oscuridad erró el tiro, y en vez de matar a Flores mató a Zúñiga. Eso era lo que yo también había pensado en el primer momento.&lt;br /&gt;  Pero después tuvieron que soltarlo. Le dijo al juez que lo habían hecho confesar a la fuerza. Quedaban muchos puntos oscuros. Es fácil errar un tiro en la oscuridad, pero Flores estaba frente a él, mientras que Zúñiga estaba a un costado, y la distancia no habrá sido mayor de un metro. Un detalle lo favoreció: los vidrios rotos de la lamparita eléctrica del sótano estaban detrás de él. Si hubiera sido él quien dio el manotazo -dijeron- los vidrios habrían caído del otro lado de la mesa de billar, donde estaban Flores y Zúñiga.&lt;br /&gt;  El asunto quedó sin aclarar. Nadie vio al que pegó el manotazo a la lámpara, porque estaban todos inclinados sobre los dados. Y si alguien lo vio, no dijo nada. Yo, que podía haberlo visto, en aquel momento agaché la cabeza para encender un cigarrillo, que no llegué a encender. No se encontraron huellas en el revólver, ni se pudo averiguar quién era el dueño. Cualquiera de los que estaban alrededor de la mesa -y eran ocho o nueve- pudo pegarle el tiro a Zúñiga.&lt;br /&gt;  Yo no sé quién habrá sido el que lo mató. Quien más quien menos tenía alguna cuenta que cobrarle. Pero si yo quisiera jugarle sucio a alguien en una mesa de pase inglés, me sentaría a su izquierda, y al perder yo, cambiaría los dados legítimos por un par de aquellos que encontré en el suelo, los metería en el cubilete y se los pasaría al candidato. El hombre ganaría una vez y se pondría contento. Ganaría dos veces, tres veces... y seguiría ganando. Por difícil que fuera el número que sacara de entrada, lo repetiría siempre antes de que saliera el 7. Si lo dejaran, ganaría toda la noche, porque con esos dados no se puede perder.&lt;br /&gt;  Claro que yo no esperaría a ver el resultado. Me iría a dormir, y al día siguiente me enteraría por los diarios. ¡Vaya usted a echar diez o quince pases en semejante compañía! Es bueno tener un poco de suerte; tener demasiada no conviene, y ayudar a la suerte es peligroso...&lt;br /&gt;  Sí, yo creo que fue Flores no más el que lo mató a Zúñiga. Y en cierto modo lo mató en defensa propia. Lo mató para que Pereyra o cualquiera de los otros no lo mataran a él. Zúñiga -por algún antiguo rencor, tal vez- le había puesto los dados falsos en el cubilete, lo había condenado a ganar toda la noche, a hacer trampa sin saberlo, lo había condenado a que lo mataran, o a dar una explicación humillante en la que nadie creería.&lt;br /&gt;  Flores tardó en darse cuenta; al principio creyó que era pura suerte; después se intranquilizó; y cuando comprendió la treta de Zúñiga, cuando vio que Pereyra se paraba y no le quitaba la vista de las manos, para ver si volvía a cambiar los dados, comprendió que no le quedaba más que un camino. Para sacarse a Jiménez de encima, le pidió que le trajera un café. Esperó el momento. El momento era cuando volviera a salir el 4, como fatalmente tenía que salir, y cuando todos se inclinaran instintivamente sobre los dados.&lt;br /&gt;  Entonces rompió la bombita eléctrica con un golpe del cubilete, sacó el revólver con aquel pañuelo a cuadros y le pegó el tiro a Zúñiga. Dejó el revólver en la mesa, recobró los "chivos" y los tiró al suelo. No había tiempo para más. No le convenía que se comprobara que había estado haciendo trampa, aunque fuera sin saberlo. Después metió la mano en el bolsillo de Zúñiga, le buscó los dados legítimos, que el otro había sacado del cubilete, y cuando ya empezaban a parpadear los tubos fluorescentes, los tiró sobre la mesa.&lt;br /&gt;  Y esta vez sí echó clavada, un 7 grande como una casa, que es el número más salidor...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116025976558770466?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116025976558770466/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116025976558770466&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116025976558770466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116025976558770466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/10/cuentos-para-tahures.html' title='Cuentos para tahures'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116025940267657296</id><published>2006-10-07T19:15:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T08:55:23.318-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cesare Pavese'/><title type='text'>Años</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Cesare Pavese&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejara que probásemos de nuevo; estaba acostado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:&lt;br /&gt;-¿Con qué finalidad? -Hablábamos en voz baja, a oscuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego Silvia se durmió y yo tuve hasta la mañana una rodilla pegada a la suya. Apareció la mañana como había aparecido siempre, y hacía mucho frío; Silvia tenía el pelo sobre los ojos y no se movía. En la penumbra yo miraba pasar el tiempo, sabía que pasaba y corría, y que afuera había niebla. Todo el tiempo que había vivido con Silvia en aquella habitación era como un solo día y una noche, que ahora terminaba por la mañana. Entonces comprendí que nunca volvería a salir conmigo entre la niebla fresca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era mejor que me vistiera y me marchase sin despertarla. Pero ahora tenía en la cabeza una cosa que preguntarle. Esperé, intentando adormilarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estuvo despierta, Silvia me sonrió. Seguimos hablando. Ella dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es bonito ser sinceros, como nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, Silvia! -susurré-, ¿qué haré al salir de aquí? ¿Adónde iré?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era eso lo que tenía que preguntarle. Sin apartar la nuca del almohadón, ella sonrió de nuevo, beatífica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bobo -dijo-, irás a donde quieras. ¿No es hermoso ser libre? Conocerás a muchas chicas, harás todas las cosas que quieras. Te envidio, palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora la mañana llenaba el cuarto y sólo había un poco de calor en la cama. Silvia esperaba paciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú eres como una prostituta -le dije- y siempre lo has sido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia no abrió los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estás mejor ahora que lo has dicho? -me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces me quedé como si ella no estuviera, y miraba al techo y lloraba sin ruido. Las lágrimas me llenaban los ojos y corrían sobre la almohada. No valía la pena que se diera cuenta. Mucho tiempo ha pasado, y ahora sé que aquellas lágrimas mudas fueron la única cosa de hombre que hice con Silvia; sé que lloraba no por ella sino porque había entrevisto mi destino. De lo que era yo entonces no queda nada. Queda sólo que había comprendido quién sería en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego Silvia me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya basta. Tengo que levantarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos levantamos juntos, los dos. No la vi vestirse. Estuve pronto en pie, a la ventana; y miraba vislumbrarse las plantas. Detrás de la niebla estaba el sol, el sol que tantas veces había entibiado el cuarto. También Silvia se vistió pronto, y me preguntó si no me llevaba mis cosas. Le dije que primero quería calentar el café, y encendí el hornillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia, sentada al borde de la cama, se puso a arreglarse las uñas. En el pasado se las había arreglado siempre en la mesa. Parecía abstraída y el pelo le caía continuamente sobre los ojos. Entonces daba sacudidas con la cabeza y se liberaba. Yo deambulé por el cuarto y recogí mis cosas. Hice un montón sobre una silla y de repente Silvia saltó en pie y corrió a apagar el café que se derramaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego saqué la maleta y metí las cosas. Mientras tanto, por dentro me esforzaba por recoger todos los recuerdos desagradables que tenía de Silvia: sus futilidades, sus malos humores, sus frases irritantes, sus arrugas. Eso me llevaba de su cuarto. Lo que dejaba era una niebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hube acabado, el café estaba listo. Lo tomamos de pie, junto al hornillo. Silvia dijo algo, que ese día iría a ver a un tipo, a hablar de un asunto. Poco después dejé la taza y me marché con la maleta. Afuera la niebla y el sol cegaban.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116025940267657296?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116025940267657296/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116025940267657296&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116025940267657296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116025940267657296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/10/aos.html' title='Años'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116025923354751291</id><published>2006-10-07T19:11:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:17:54.911-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alberto Moravia'/><title type='text'>El amante rechazado</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Alberto Moravia&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La calle se mostraba como una especie de túnel bajo una bóveda de diminuto y plumoso follaje verde y amarillo. Sostenían esta nube de hojas otoñales determinados árboles cuyos troncos eran de una negrura violenta y como carbonizada, que parecían empapados por toda la lluvia de los días anteriores. Innumerables hojas verdes y amarillas derribadas por el agua sobre el pellejo negro y graso del asfalto habían quedado adheridas haciéndolo parecer manchado como la piel de la pantera. En un sitio se había formado un gran montón de esas hojas; el verde y el amarillo, mezclándose y reluciendo por el agua, daban la ilusión de un oro copioso vomitado por la rotura de un cofre; y era una extraña visión, casi digna de ser deplorada como una gran riqueza inexplicablemente abandonada y despreciada. Yo no padecía, pero sabía que si hubiese tenido un dolor aquellos colores tan fuertes me habrían hecho sufrir, como todo detalle de excesiva evidencia al que una sensibilidad herida atribuye inmediatamente un significado. Así, en cuanto salimos de la casa, le hice notar a Livio el color de esas hojas y de esos troncos. Pero él meneó la cabeza y contestó que no tenía la mente como para eso. A continuación, con un tono suplicante, me pidió que no lo dejara: quería estar conmigo algo más.&lt;br /&gt;Empezamos a caminar delante y atrás sobre aquellas hojas, a lo largo de aquellos troncos en el aire ahumado y azulado del crepúsculo otoñal.&lt;br /&gt;-En fin -dijo Livio con un furor contenido-, si me hubiese dicho: amo a Roberto y a ti ya no te amo, paciencia... Por lo menos ésta sería una razón clara... pero ¿por qué inventar todas esas mentiras? Roberto es un constructor, tú un destructor... Roberto un constructor... ja, ja... con esa cara de buey, esa frente estrecha, esos ojos redondos... Un bruto, eso es lo que es.&lt;br /&gt;Dulcemente le contesté, observando el bordado elegante de las hojas que sobre las aceras se aglomeraban alrededor de los árboles hasta formar una alfombra, que Silvia era una de esas mujeres que no saben reconocer la verdad y necesitan siempre creer que están justificadas por razones de orden moral. Me miró como si no hubiese entendido, y después prosiguió:&lt;br /&gt;-La verdad, en cambio, es que él es rico y yo soy pobre... constructor, si, claro que lo es, futuro constructor de su desprovisto guardarropa... constructor de vestidos, zapatos, joyas... ¿Has oído con qué tono ha dicho: estoy cansada de vivir entre estrecheces?&lt;br /&gt;Dije que lo había notado todo. Pero ¿qué le iba a hacer? Se había ilusionado acerca de esa mujer, eso era todo. Diciendo esto, con la punta del paraguas yo restregaba la tierra entre la hojarasca, que se acumulaba ante la punta en un montón resistente que yo sentía adherido al asfalto por una película adhesiva de agua de lluvia.&lt;br /&gt;Livio dijo:&lt;br /&gt;-Ella es una boba... o, mejor dicho, una persona muy simple... esos discursos sobre la construcción y destrucción no son cosa suya... son de Roberto... con esos discursos, en mi ausencia, la ha fascinado... porque él de veras cree ser un hombre positivo por los cuatro costados, un constructor, precisamente... y ella, en su pérfida ingenuidad, me los ha ofrecido tal cual... como un papagayo... tanto es así que, cuando la he interrumpido y le he preguntado qué entendía por constructor, se ha quedado con la boca abierta y no ha sabido decir nada... diantre... no podía contestarme que por constructor entendía un hombre rico y nada más...&lt;br /&gt;Le dije que razonar de esa manera era en vano; a menos que, más que dolerse por la forzada separación de la amante, le importase demostrar su propia superioridad y la poquedad de esos dos. Mientras tanto, aún discurriendo, habíamos llegado al final de la calle, allí donde desemboca en la avenida a lo largo del río.&lt;br /&gt;Livio me indicó que nos acercásemos al parapeto y después prosiguió:&lt;br /&gt;-¿Yo destructor?... ¿y qué destruía, por favor? Tal vez sus malas costumbres... Cuando la conocí ella creía que la vida fuese una cuestión de dinero, de automóviles, de vestidos, de excursiones, de cenitas y diversiones... lo creía con ingenuidad, como si no hubiese ni pudiese haber en el mundo nada más... la verdad es que ella andaba a cuatro patas... y yo, por algún tiempo, la he hecho caminar erguida... pero ahora ha vuelto a caer en cuatro patas, la cara en el comedero... y para siempre...&lt;br /&gt;Por encima de las defensas del río, en el gran espacio entre ambas orillas, se descubría el cielo pesado de nubes oscuras e inmóviles, parecido a una frente pensativa y fruncida. Como un rostro detrás de un brazo, la ciudad nos miraba desde detrás de la barrera de sus puentes, tendida y mortecina. A lo largo del parapeto se alineaban unos plátanos que habían crecido hasta gran altura, de manera que al pasear no se veía otra cosa que troncos y más troncos, inclinados o erguidos, con las ramas elevadas hacia lo alto. Pero desde la cima de las copas el viento arrancaba a puñados grandes hojas muertas que caían, desagradables y duras, una tras otra, hasta reunirse con sus compañeras esparcidas en abundancia sobre las aceras. Contesté a Livio que él no podía juzgar sobre cuántas patas había de caminar la hermosa mujer que no quería tener más nada que ver con él. Probablemente le había pedido demasiado; ella se había esforzado por seguirlo, después le habían fallado las fuerzas y había vuelto a su vieja vida.&lt;br /&gt;-Ah, ¿no se debería pedir nada a la gente? Yo sólo le había pedido que fuese una persona decente... en cambio ya has oído lo que ha dicho... que yo la hacía volverse fea... ¿has oído con qué tono de obstinada desolación lo ha dicho?&lt;br /&gt;Nadie pasaba por la avenida junto al río. En determinados puntos las hojas muertas formaban altos montones, verdaderas tribus que murmuraban y bullían según el viento.&lt;br /&gt;-Tal vez no la halagabas lo suficiente -dije.&lt;br /&gt;Livio repuso:&lt;br /&gt;-¿Para qué sirven los halagos? Yo quería que se convirtiese en una persona, eso es todo... y para lograrlo le dije que ante todo tenía que reconocer la verdad de sus propias condiciones... tenía que darse cuenta de que era pobre, ignorante, con la cabeza a pájaros, malcriada, que mentía constantemente ante sí misma y ante los demás... yo pensaba que la verdad, aunque amarga, hubiese de tener para ella más valor que los halagos que le prodigaban Roberto y sus demás pretendientes...&lt;br /&gt;Me eché a reír y le dije que las mujeres querían dulces frases y no sermones. [...]&lt;br /&gt;-Sin embargo -dijo Livio como acordándose-, al principio me amó precisamente porque le decía esas verdades... me explicaba que nadie la había hablado jamás de esa manera... me agradecía que lo hiciese... y ¿te acuerdas? Al principio conseguí que abandonase a ese Santoro...&lt;br /&gt;Yo volví a reír:&lt;br /&gt;-Probablemente, para abandonarlo le habrá repetido punto por punto las mismas frases que tú en aquel momento le ibas propinando... habrá hecho con aquel pobre Santoro lo que ha hecho hoy conmigo... le habrá dicho que tú eras un constructor y él un destructor... y entonces, como hoy, no era cosa de ella... ¿no crees que habrá sido así?&lt;br /&gt;Él dijo con estupor:&lt;br /&gt;-Así ha sido... pero era la verdad... yo era el único que podía hacerle bien... y ella lo sabe... y por eso está tan empecinada contra mí...&lt;br /&gt;De pronto nos encontramos en un remolino de viento, en una explanada de la cual bajaban dos escalinatas hacia el río. Las hojas se elevaban del suelo girando hacia lo alto. [...]&lt;br /&gt;Dije:&lt;br /&gt;-Tu error ha sido tomarte demasiado en serio tu papel de moralista, de constructor, como dice Silvia... Tenías que pensar que nada es más fácil que un moralista revele después ser inmoral, y que el constructor de ayer se vuelva el destructor de mañana... ¿Qué frenesí es el de ustedes? Esta Silvia me parece una mujer a la que no se acercan sino hombres que la quieren salvar... se comprende que termine por creerle sucesivamente a cada uno de ellos.&lt;br /&gt;Meneó la cabeza y contestó:&lt;br /&gt;-Será como dices tú... pero lo que hace que yo sea distinto de los demás es que durante todo el tiempo, mientras hacía toda clase de esfuerzos de cambiarla, sentía que era en vano... y que pese a todo, precisamente por eso, había que hacerlo... tal vez tú nunca hayas experimentado esa sensación... me parecía estar entregado a una empresa que no tenía ninguna posibilidad de éxito... pero esa sensación de fundamental vanidad era justamente lo que me hacía persistir y me hacía amar a Silvia... la sensación de hacer algo sin esperanza...&lt;br /&gt;El crepúsculo se había ya convertido en una penumbra casi nocturna. La masa gris de un autobús de rojos faroles encendidos, pasando y desapareciendo por una calle transversal, lo hizo hundirse con toda su bruma, y se hizo la noche. Caminando en la oscuridad, contesté:&lt;br /&gt;-Entonces no te quejes... has obtenido lo que deseabas... ella te ha inspirado la voluntad de cambiarla, que anhelabas de corazón, y, al mismo tiempo, no menos querida, la sensación de la imposibilidad de dicho cambio... De ella, más no podías esperar.&lt;br /&gt;Contestó:&lt;br /&gt;-Eso es verdad... pero no quita que perderla sea muy amargo...&lt;br /&gt;Me reí:&lt;br /&gt;-Cuántas cosas querrías -dije.&lt;br /&gt;Yo había entrado en un gran montón de hojas, sin verlas, y casi experimentaba placer moviendo los pies y haciendo el mayor ruido posible.&lt;br /&gt;-Acaba con eso -dijo Livio-, ¿qué te ha dado?&lt;br /&gt;Yo tenía las hojas hasta la mitad de la espinilla de tan altas y tupidas. Livio añadió:&lt;br /&gt;-Así que se acabó.&lt;br /&gt;-Eso, se acabó -dije como un eco arrastrando los pies entre las hojas. Me sentía incapaz de tomarme en serio el disgusto de mi amigo. Más aún, experimentaba una especie de sentimiento de hilaridad, como si todo se hubiese producido según un orden preestablecido y superior.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116025923354751291?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116025923354751291/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116025923354751291&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116025923354751291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116025923354751291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/10/el-amante-rechazado.html' title='El amante rechazado'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116008987500072702</id><published>2006-10-05T20:10:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:18:58.875-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='William Burroughs'/><title type='text'>Yonqui (Prólogo)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Williams Burroughs&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Nací en 1914 en una sólida casa de ladrillo de tres pisos, en una gran ciudad del Medio Oeste. Mis padres eran gente acomodada. Mi padre poseía y dirigía un negocio de maderas. La casa tenía un prado delante, un patio interior con jardín, un estanque y tina cerca muy alta de madera a todo su alrededor. Recuerdo al farolero encendiendo los faroles de gas de la calle y el inmenso y brillante Lincoln negro y los paseos por el parque los domingos. Todas las ventajas de una vida acomodada, segura, que ya se ha ido para siempre. Podría escribir sobre alguna de aquellas nostálgicas costumbres del viejo médico alemán que vivía en la puerta de al lado y sobre las ratas correteando por el patio interior y el coche eléctrico de mi tía y mi sapo favorito que vivía junto al estanque.&lt;br /&gt;En realidad mis primeros recuerdos están teñidos por un miedo de pesadilla. Me asustaba estar solo, y me asustaba la oscuridad, y me asustaba ir a dormir a causa de mis sueños, en los que un horror sobrenatural siempre parecía a punto de adquirir forma. Temía que cualquier día el sueño siguiera estando allí cuando me despertase.&lt;br /&gt;Me acuerdo de oír a una sirvienta hablando del opio y de cómo fumar opio proporcionaba sueños agradables, y me dije:&lt;br /&gt;—Cuando sea mayor fumaré opio.&lt;br /&gt;De niño tenía alucinaciones. Una vez me desperté con la primera luz de la mañana y vi a unos hombrecillos jugando dentro de una casa de bloques de madera que yo había construido. No tuve miedo, sólo sentí sosiego y sorpresa. Otra alucinación o pesadilla recurrente se refería a «animales en la pared», y comenzó con el delirio de una extraña fiebre no diagnosticada que tuve a los cuatro o cinco años de edad.&lt;br /&gt;Fui a un colegio progresista con los futuros ciudadanos honorables, los abogados, médicos y hombres de negocios de una gran ciudad del Medio Oeste. Con otros niños me mostraba tímido y me asustaba la violencia física. Había una pequeña lesbiana muy agresiva que quería arrancarme el pelo siempre que me veía. Ahora me gustaría romperle la cara, pero hace años que se partió el cuello al caerse de un caballo.&lt;br /&gt;Cuando tenía unos siete años mis padres decidieron trasladarse a las afueras «para apartarse de la gente». Construyeron una enorme casa con parque y bosque y un estanque donde había ardillas en lugar de ratas. Allí vivían en una confortable cápsula, con un hermoso jardín y sin mantener contacto con la vida de la ciudad.&lt;br /&gt;Fui a un colegio privado de las afueras. No era especialmente bueno ni malo en los deportes, ni tampoco brillante ni retrasado en los estudios. Tenía una evidente falta de visión para las matemáticas o las cosas mecánicas. Jamás me gustaron los juegos colectivos de competición y los evitaba siempre que podía. De hecho, me convertí en un enfermo imaginario crónico. Me gustaba pescar, cazar y caminar por el campo. Leía más de lo normal para un muchacho norteamericano de aquella época y lugar: Oscar Wilde, Anatole France, Baudelaire, incluso Gide. Mantuve una relación romántica con otro chico y pasábamos los domingos explorando antiguas canteras, andando por ahí en bicicleta y pescando en estanques y ríos.&lt;br /&gt;En esta época, quedé muy impresionado por la autobiografía de un ladrón, titulada No puedes ganar. El autor aseguraba haber pasado gran parte de su vida en la cárcel. Eso me sonaba bien comparado con la inercia de un lugar de las afueras de una ciudad del Medio Oeste en que cualquier contacto con la vida estaba cortado. Consideraba a mi amigo un aliado, un cómplice en el crimen. Encontramos una fábrica abandonada y rompimos todos los cristales y robamos un formón. Fuimos atrapados y nuestros padres tuvieron que pagar los daños. Después de esto mi amigo me dio pasaporte porque nuestra relación ponía en peligro su permanencia en el grupo. Comprendí que no existía compromiso posible entre el grupo, los otros y yo, y me encontré solo gran parte del tiempo.&lt;br /&gt;Los alrededores estaban vacíos, el enemigo oculto y yo me dediqué a solitarias aventuras. Mis actos criminales eran gestos, carecían de provecho y la mayor parte de las veces quedaban sin castigo. A veces entraba en las casas y las recorría sin llevarme nada. En realidad, no necesitaba dinero. Otras veces paseaba en coche por el campo con una carabina del 22 disparando a las gallinas. Recorría las carreteras conduciendo temerariamente hasta que tuve un accidente del que salí ileso de milagro. Esto me hizo ser más precavido.&lt;br /&gt;Fui a una de las tres grandes universidades, donde me matriculé en Literatura Inglesa, debido a mi falta de interés por cualquier otra materia. Odiaba la universidad y odiaba la ciudad donde estaba. Todo lo que se relacionaba con aquel lugar estaba muerto. La universidad tenía una falsa organización inglesa regentada por graduados en falsos colegios de pago ingleses. Estaba solc. No conocía a nadie y los extraños eran vistos con desagrado por la cerrada corporación de los deseables.&lt;br /&gt;Conocí por casualidad a algunos homosexuales ricos, pertenecientes a ese círculo internacional de locas que se extiende por el mundo, tropezándose unas con otras en los locales de maricas, de Nueva York a El Cairo. Encontré un modo de vida, un vocabulario, referencias, un sistema simbólico completo, como dicen los sociólogos. Pero aquellas personas eran en su mayor parte unos cursis y, tras un período inicial de fascinación, me aparté del círculo.&lt;br /&gt;Cuando me gradué, sin honores, me dieron una asignación de ciento cincuenta dólares mensuales. Eran los años de la depresión y no había trabajo y, en cualquier caso, no podía pensar en ningún trabajo que me gustara. Anduve por Europa durante un año o así. Los residuos de la posguerra aún se hacían sentir en Europa. Los dólares norteamericanos podían comprar gran cantidad de habitantes de Austria, machos o hembras. Esto era en 1936 y los nazis se echaban encima con rapidez. Volví a los Estados Unidos. Con mi asignación económica podía vivir sin trabajar o vagabundear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía separado de la vida como lo había estado en las afueras de aquella ciudad del Medio Oeste. Perdía el tiempo en cursos de psicología para postgraduados y recibiendo lecciones de jiu-jitsu. Decidí pasar por un psicoanálisis y lo continué durante tres años. El análisis eliminó inhibiciones y ansiedad y entonces pude vivir del modo que yo quería vivir. Gran parte de mis progresos en el análisis tuvieron lugar a pesar de mi analista, a quien no le gustaba mi «orientación», como él decía. Finalmente, abandonó la objetividad analítica y me consideró un «perfecto destructivo». Yo estaba más contento con los resultados que él.&lt;br /&gt;Tras ser rechazado en las pruebas físicas de cinco programas para entrenamiento de oficiales, fui alistado por el Ejército y recurrí a mi ficha de salud mental —en una ocasión había montado el truco de Van Gogh y me corté una falange del dedo para impresionar a alguien que me interesaba en aquel momento. Los médicos del manicomio donde me internaron nunca habían oído hablar de Van Gogh. Me consideraron esquizofrénico, añadiendo que además era del tipo paranoide para explicar el hecho asombroso de que supiera dónde me encontraba y quién era el presidente de los Estados Unidos. Cuando en el Ejército vieron el diagnóstico me licenciaron con la nota: «Este hombre nunca volverá a ser reclutado ni alistado.»&lt;br /&gt;Después de esta ruptura de relaciones con el Ejército desempeñé diversos oficios. En aquellos momentos podía conseguir el empleo que quisiera. Trabajé de detective privado, de exterminador, de tabernero. Trabajé en fábricas y oficinas. Anduve jugando en las fronteras del crimen. Pero mis ciento cincuenta dólares mensuales siempre estaban allí. No tenía que tener dinero. Parecía una extravagancia romántica poner en juego mi libertad mediante algún tipo de acto delictivo. Fue entonces y en esas circunstancias cuando entré en contacto con la droga, convirtiéndome en un adicto, y de ese modo conseguí la motivación, la auténtica necesidad de dinero que nunca había tenido antes.&lt;br /&gt;La pregunta se plantea con frecuencia: ¿Por qué un hombre se convierte en drogadicto?&lt;br /&gt;La respuesta es que normalmente uno no se propone convertirse en drogadicto. Por lo menos es necesario pincharse dos veces al día durante tres meses para adquirir el hábito. Y uno no sabe realmente lo que es la enfermedad de la droga hasta que ha tenido varios hábitos. Yo tardé casi seis meses en adquirir mi primer hábito, y aun entonces los síntomas de carencia eran leves. Creo que no es exagerado decir que fabricar un adicto lleva cerca de un año y varios cientos de pinchazos.&lt;br /&gt;Las preguntas, naturalmente, pueden responderse: ¿Por qué empieza uno a usar estupefacientes? ¿Por qué sigue uno usándolos lo bastante como para convertirse en un adicto? Uno se hace adicto a los narcóticos porque carece de motivaciones fuertes en cualquier otra dirección. La droga se impone por defecto. Yo empecé por cuestión de seguridad. Seguí pinchándome mientras pude conseguir droga. Terminé colgado de ella. La mayor parte de los adictos con los que he hablado cuentan una experiencia semejante. No empezaron a utilizar drogas por ninguna razón que sean capaces de recordar. Si uno nunca ha sido adicto, no tiene una idea clara de lo que significa necesitar droga con la especial necesidad del adicto.&lt;br /&gt;Nadie decide ser un adicto. Una mañana uno se despierta enfermo y ya es adicto.&lt;br /&gt;Jamás he lamentado mi experiencia con las drogas. Creo que tengo mejor salud en la actualidad como resultado de utilizar droga intermitentemente, de la que tendría si nunca hubiera sido adicto. Cuando uno deja de crecer empieza a morir. Un adicto nunca deja de crecer. Muchos adictos cortan el hábito periódicamente, lo que implica una contracción del organismo y el reemplazamiento de las células que dependen de la droga. Una persona que utiliza la droga está en un estado continuo de contracción y crecimiento en ese ciclo diario de necesitar el pinchazo y el pinchazo recibido.&lt;br /&gt;Muchos adictos parecen más jóvenes de lo que son. Los científicos hicieron recientemente experimentos con un gusano al que lograban contraer suprimiéndole la alimentación. Por contracción periódica el gusano estaba en crecimiento continuo, la vida del gusano era prolongada indefinidamente. Quizá si un yonqui pudiera mantenerse en un estado constante de tira y afloja podría vivir hasta una edad verdaderamente fenomenal.&lt;br /&gt;La droga es una ecuación celular que enseña al usuario hechos de validez general. Yo he aprendido muchísimo gracias al uso de la droga: he visto la vida medida por cuentagotas de solución de morfina. He experimentado la agonizante privación de la enfermedad de la droga, y el placer del alivio cuando las células sedientas de droga beben de la aguja. Quizá todo placer sea alivio. Yo he aprendido el estoicismo celular que la droga enseña al que la usa. He visto una celda llena de yonquis enfermos, silenciosos e inmóviles, en aislada miseria. Ellos conocían la inutilidad de quejarse o moverse. Ellos sabían que básicamente nadie puede ayudar a otro. No existe clave, no hay secreto que el otro tenga y que pueda comunicar. He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la yerba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116008987500072702?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116008987500072702/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116008987500072702&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116008987500072702'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116008987500072702'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/10/yonqui-prlogo.html' title='Yonqui (Prólogo)'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-116008949156950365</id><published>2006-10-05T19:59:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:19:23.810-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Raymond Carver'/><title type='text'>Tres rosas amarillas</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Raymond Carver&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Ale&amp;shy;xei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un self-made man cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en co&amp;shy;mún: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad, un antiguo palacete llamado L'Ermitage (es&amp;shy;tablecimiento en el que los comensales podían tar&amp;shy;dar horas -la mitad de la noche incluso- en dar cuenta de una cena de diez platos en la que, como es de rigor, no faltaban los vinos, los licores y el café). Chejov iba, como de costumbre, impecable&amp;shy;mente vestido: traje oscuro con chaleco. Llevaba, cómo no, sus eternos quevedos. Aquella noche tenía un aspecto muy similar al de sus fotografías de ese tiempo. Estaba relajado, jovial. Estrechó la mano del maitre, y echó una ojeada al vasto comedor. Las recargadas arañas anegaban la sala de un vivo ful&amp;shy;gor. Elegantes hombres y mujeres ocupaban las me&amp;shy;sas. Los camareros iban y venían sin cesar. Acababa de sentarse a la mesa, frente a Suvorin, cuando re&amp;shy;pentinamente, sin el menor aviso previo, empezó a brotarle sangre de la boca. Suvorin y dos camareros lo acompañaron al cuarto de baño y trataron de detener la hemorragia con bolsas de hielo. Suvorin lo llevó luego a su hotel, e hizo que le prepararan una cama en uno de los cuartos de su suite. Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones res&amp;shy;piratorias afines. Cuando Suvorin fue a visitarlo días después, Chejov se disculpó por el «escándalo» del restaurante tres noches atrás, pero siguió insis&amp;shy;tiendo en que su estado no era grave. «Reía y bromea&amp;shy;ba como de costumbre -escribe Suvorin en su diario-, mientras escupía sangre en un aguamanil.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maria Chejov, su hermana menor, fue a visitarlo a la clínica los últimos días de marzo. Hacía un tiempo de perros; una tormenta de aguanieve se abatía sobre Moscú, y las calles estaban llenas de montículos de nieve apelmazada. Maria consiguió a duras penas parar un coche de punto que la lle&amp;shy;vase al hospital. Y llegó llena de temor y de in&amp;shy;quietud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Anton Pavlovich yacía boca arriba -escribe Ma&amp;shy;ria en sus Memorias-. No le permitían hablar. Des&amp;shy;pués de saludarle, fui hasta la mesa a fin de ocultar mis emociones.» Sobre ella, entre botellas de cham&amp;shy;paña, tarros de caviar y ramos de flores enviados por amigos deseosos de su restablecimiento, Maria vio algo que la aterrorizó: un dibujo hecho a mano -obra de un especialista, era evidente- de los pul&amp;shy;mones de Chejov. (Era de este tipo de bosquejos que los médicos suelen trazar para que los pacien&amp;shy;tes puedan ver en qué consiste su dolencia.) El con&amp;shy;torno de los pulmones era azul, pero sus mitades superiores estaban coloreadas de rojo. «Me di cuenta de que eran ésas las zonas enfermas», escribe Maria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También Leon Tolstoi fue una vez a visitarlo. El personal del hospital mostró un temor reverente al verse en presencia del más eximio escritor del país. (¿El hombre más famoso de Rusia?) Pese a estar prohibidas las visitas de toda persona ajena al «nú&amp;shy;cleo de los allegados», ¿cómo no permitir que viera a Chejov? Las enfermeras y médicos internos, en extremo obsequiosos, hicieron pasar al barbudo an&amp;shy;ciano de aire fiero al cuarto de Chejov. Tolstoi, pese al bajo concepto que tenía del Chejov autor de tea&amp;shy;tro («¿Adónde le llevan sus personajes? -le pregun&amp;shy;tó a Chejov en cierta ocasión-. Del diván al traste&amp;shy;ro, y del trastero al diván»), apreciaba sus narracio&amp;shy;nes cortas. Además -y tan sencillo como eso-, lo amaba como persona. Había dicho a Gorki: «Qué bello, qué espléndido ser humano. Humilde y apa&amp;shy;cible como una jovencita. Incluso anda como una jovencita. Es sencillamente maravilloso.» Y escribió en su diario (todo el mundo llevaba un diario o die&amp;shy;tario en aquel tiempo): «Estoy contento de amar... a Chejov.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolstoi se quitó la bufanda de lana y el abrigo de piel de oso y se dejó caer en una silla junto a la cama de Chejov. Poco importaba que el enfermo estuviera bajo medicación y tuviera prohibido ha&amp;shy;blar, y más aún mantener una conversación. Chejov hubo de escuchar, lleno de asombro, cómo el conde disertaba acerca de sus teorías sobre la inmortali&amp;shy;dad del alma. Recordando aquella visita, Chejov es&amp;shy;cribiría más tarde: «Tolstoi piensa que todos los seres (tanto humanos como animales) seguiremos viviendo en un principio (razón, amor...) cuya esen&amp;shy;cia y fines son algo arcano para nosotros... De nada me sirve tal inmortalidad. No la entiendo, y Lev Ni&amp;shy;kolaievich se asombraba de que no pudiera enten&amp;shy;derla.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Chejov, no obstante, le produjo una honda im&amp;shy;presión el solícito gesto de aquella visita. Pero, a diferencia de Tolstoi, Chejov no creía, jamás había creído, en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su con&amp;shy;cepción de la vida y la escritura, carecía -según confesó en cierta ocasión- de «una visión del mun&amp;shy;do filosófica, religiosa o política. Cambia todos los meses, así que tendré que conformarme con descri&amp;shy;bir la forma en que mis personajes aman, se despo&amp;shy;san, procrean y mueren. Y cómo hablan».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos años atrás, antes de que le diagnosticaran la tuberculosis, Chejov había observado: «Cuando un campesino es víctima de la consunción, se dice a sí mismo: "No puedo hacer nada. Me iré en la pri&amp;shy;mavera, con el deshielo."» (El propio Chejov mo&amp;shy;riría en verano, durante una ola de calor.) Pero, una vez diagnosticada su afección, Chejov trató siempre de minimizar la gravedad de su estado. Al parecer estuvo persuadido hasta el final de que lograría su&amp;shy;perar su enfermedad del mismo modo que se supera un catarro persistente. Incluso en sus últimos días parecía poseer la firme convicción de que seguía existiendo una posibilidad de mejoría. De hecho, en una carta escrita poco antes de su muerte, llegó a decirle a su hermana que estaba «engordando», y que se sentía mucho mejor desde que estaba en Ba&amp;shy;denweiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Badenweiler era un pequeño balneario y centro de recreo situado en la zona occidental de la Selva Negra, no lejos de Basilea. Se divisaban los Vosgos casi desde cualquier punto de la ciudad, y en aque&amp;shy;llos días el aire era puro y tonificador. Los rusos eran asiduos de sus baños termales y de sus apaci&amp;shy;bles bulevares. En el mes de junio de 1904 Chejov llegaría a Badenweiler para morir.&lt;br /&gt;A principios de aquel mismo mes había soporta&amp;shy;do un penoso viaje en tren de Moscú a Berlín. Viajó con su mujer, la actriz Olga Knipper, a quien había conocido en 1898 durante los ensayos de La gavio&amp;shy;ta. Sus contemporáneos la describen como una ex&amp;shy;celente actriz. Era una mujer de talento, físicamente agraciada y casi diez años más joven que el drama&amp;shy;turgo. Chejov se había sentido atraído por ella de inmediato, pero era lento de acción en materia amo&amp;shy;rosa. Prefirió, como era habitual en él, el flirteo al matrimonio. Al cabo, sin embargo, de tres años de un idilio lleno de separaciones, cartas e inevitables malentendidos, contrajeron matrimonio en Moscú, el 25 de mayo de 1901, en la más estricta intimidad. Chejov se sentía enormemente feliz. La llamaba «mi poney», y a veces «mi perrito» o «mi cachorro». Tam&amp;shy;bién le gustaba llamarla «mi pavita» o sencillamente «mi alegría».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Berlín Chejov había consultado a un reputa&amp;shy;do especialista en afecciones pulmonares, el doctor Karl Ewald. Pero, según un testigo presente en la entrevista, el doctor Ewald, tras examinar a su pa&amp;shy;ciente, alzó las manos al cielo y salió de la sala sin pronunciar una palabra. Chejov se hallaba más allá de toda posibilidad de tratamiento, y el doctor Ewald se sentía furioso consigo mismo por no poder obrar milagros y con Chejov por haber llegado a aquel estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un periodista ruso, tras visitar a los Chejov en su hotel, envió a su redactor jefe el siguiente des&amp;shy;pacho: «Los días de Chejov están contados. Parece mortalmente enfermo, está terriblemente delgado, tose continuamente, le falta el resuello al más leve movimiento, su fiebre es alta.» El mismo periodista había visto al matrimonio Chejov en la estación de Potsdam, cuando se disponían a tomar el tren para Badenweiler. «Chejov -escribe- subía a duras pe&amp;shy;nas la pequeña escalera de la estación. Hubo de sentarse durante varios minutos para recobrar el aliento.» De hecho, a Chejov le resultaba doloroso incluso moverse: le dolían constantemente las pier&amp;shy;nas, y tenía también dolores en el vientre. La enfer&amp;shy;medad le había invadido los intestinos y la médula espinal. En aquel instante le quedaba menos de un mes de vida. Cuando hablaba de su estado, sin embargo -según Olga-, lo hacía con «una casi irre&amp;shy;flexiva indiferencia».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Schwóhrer era uno de los muchos mé&amp;shy;dicos de Badenweiler que se ganaba cómodamente la vida tratando a una clientela acaudalada que acu&amp;shy;día al balneario en busca de alivio a sus dolencias. Algunos de sus pacientes eran enfermos y gente de salud precaria, otros simplemente viejos o hipocon&amp;shy;dríacos. Pero Chejov era un caso muy especial: un enfermo desahuciado en fase terminal. Y un perso&amp;shy;naje muy famoso. El doctor Schwóhrer conocía su nombre: había leído algunas de sus narraciones cor&amp;shy;tas en una revista alemana. Durante el primer exa&amp;shy;men médico, a primeros de junio, el doctor Schwóh&amp;shy;rer le expresó la admiración que sentía por su obra, pero se reservó para sí mismo el juicio clí&amp;shy;nico. Se limitó a prescribirle una dieta de cacao, harina de avena con mantequilla fundida y té de fresa. El té de fresa ayudaría al paciente a conciliar el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 13 de junio, menos de tres semanas antes de su muerte, Chejov escribió a su madre diciéndole que su salud mejoraba: «Es probable que esté com&amp;shy;pletamente curado dentro de una semana.» ¿Qué podía empujarle a decir eso? ¿Qué es lo que pen&amp;shy;saba realmente en su fuero interno? También él era médico, y no podía ignorar la gravedad de su esta&amp;shy;do. Se estaba muriendo: algo tan simple e inevitable como eso. Sin embargo, se sentaba en el balcón de su habitación y leía guías de ferrocarril. Pedía in&amp;shy;formación sobre las fechas de partida de barcos que zarpaban de Marsella rumbo a Odessa. Pero sabía. Era la fase terminal: no podía no saberlo. En una de las últimas cartas que habría de escribir, sin embargo, decía a su hermana que cada día se encontraba más fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía mucho tiempo que había perdido todo afán de trabajo literario. De hecho, el año anterior había estado casi a punto de dejar inconclusa El jardín de los cerezos. Esa obra teatral le había supuesto el mayor esfuerzo de su vida. Cuando la estaba termi&amp;shy;nando apenas lograba escribir seis o siete líneas dia&amp;shy;rias. «Empiezo a desanimarme -escribió a Olga-. Siento que estoy acabado como escritor. Cada frase que escribo me parece carente de valor, inútil por completo.» Pero siguió escribiendo. Terminó la obra en octubre de 1903. Fue lo último que escribiría en su vida, si se exceptúan las cartas y unas cuantas anotaciones en su libreta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 2 de julio de 1904, poco después de media&amp;shy;noche, Olga mandó llamar al doctor Schw6hrer. Se trataba de una emergencia: Chejov deliraba. El azar quiso que en la habitación contigua se aloja&amp;shy;ran dos jóvenes rusos que estaban de vacaciones. Olga corrió hasta su puerta a explicar lo que pasa&amp;shy;ba. Uno de ellos dormía, pero el otro, que aún se&amp;shy;guía despierto fumando y leyendo, salió precipitada&amp;shy;mente del hotel en busca del doctor Schwóhrer. «Aún puedo oír el sonido de la grava bajo sus zapatos en el silencio de aquella sofocante noche de julio», escribiría Olga en sus memorias. Chejov tenía aluci&amp;shy;naciones: hablaba de marinos, e intercalaba retazos inconexos de algo relacionado con los japoneses. «No debe ponerse hielo en un estómago vacío», dijo cuando su mujer trató de ponerle una bolsa de hielo sobre el pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Schwóhrer llegó y abrió su maletín sin quitar la mirada de Chejov, que jadeaba en la cama. Las pupilas del enfermo estaban dilatadas, y le bri&amp;shy;llaban las sienes a causa del sudor. El semblante del doctor Schwóhrer se mantenía inexpresivo, pues no era un hombre emotivo, pero sabía que el fin del escritor estaba próximo. Sin embargo, era médico, debía hacer -lo obligaba a ello un juramento- todo lo humanamente posible, y Chejov, si bien muy dé&amp;shy;bilmente, todavía se aferraba a la vida. El doctor Schwóhrer preparó una jeringuilla y una aguja y le puso una inyección de alcanfor destinada a estimu&amp;shy;lar su corazón. Pero la inyección no surtió ningún efecto (nada, obviamente, habría surtido efecto al&amp;shy;guno). El doctor Schw6hrer, sin embargo, hizo saber a Olga su intención de que trajeran oxígeno. Chejov, de pronto, pareció reanimarse. Recobró la lucidez y dijo quedamente: «¿Para qué? Antes de que llegue seré un cadáver.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Schwóhrer se atusó el gran mostacho y se quedó mirando a Chejov, que tenía las mejillas hundidas y grisáceas, y la tez cérea. Su respiración era áspera y ronca. El doctor Schwóhrer supo que apenas le quedaban unos minutos de vida. Sin pro&amp;shy;nunciar una palabra, sin consultar siquiera con Olga, fue hasta el pequeño hueco donde estaba el teléfono mural. Leyó las instrucciones de uso. Si mantenía apretado un botón y daba vueltas a la manivela contigua al aparato, se pondría en comunicación con los bajos del hotel, donde se hallaban las cocinas. Cogió el auricular, se lo llevó al oído y siguió una a una las instrucciones. Cuando por fin le contesta&amp;shy;ron, pidió que subieran una botella del mejor cham&amp;shy;paña que hubiera en la casa. «¿Cuántas copas?», preguntó el empleado. «¡Tres copas!», gritó el mé&amp;shy;dico en el micrófono. «Y dése prisa, ¿me oye?» Fue uno de esos excepcionales momentos de inspiración que luego tienden a olvidarse fácilmente, pues la acción es tan apropiada al instante que parece ine&amp;shy;vitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trajo el champaña un joven rubio, con aspecto de cansado y el pelo desordenado y en punta. Lle&amp;shy;vaba el pantalón del uniforme lleno de arrugas, sin el menor asomo de raya, y en su precipitación se había atado un botón de la casaca en una presilla equivocada. Su apariencia era la de alguien que se estaba tomando un descanso (hundido en un sillón, pongamos, dormitando) cuando de pronto, a pri&amp;shy;meras horas de la madrugada, ha oído sonar al aire, a lo lejos -santo cielo-, el sonido estridente del teléfono, e instantes después se ha visto sacudido por un superior y enviado con una botella de Moét a la habitación 211. «¡Y date prisa, ¿me oyes?!»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven entró en la habitación con una bandeja de plata con el champaña dentro de un cubo de plata lleno de hielo y tres copas de cristal tallado. Habi&amp;shy;litó un espacio en la mesa y dejó el cubo y las tres copas. Mientras lo hacía estiraba el cuello para tra&amp;shy;tar de atisbar la otra pieza, donde alguien jadeaba con violencia. Era un sonido desgarrador, pavoro&amp;shy;so, y el joven se volvió y bajó la cabeza hasta hundir la barbilla en el cuello. Los jadeos se hicieron más desaforados y roncos. El joven, sin percatarse de que se estaba demorando, se quedó unos instantes mirando la ciudad anochecida a través de la ven&amp;shy;tana. Entonces advirtió que el imponente caballero del tupido mostacho le estaba metiendo unas mo&amp;shy;nedas en la mano (una gran propina, a juzgar por el tacto), y al instante siguiente vio ante sí la puerta abierta del cuarto. Dio unos pasos hacia el exterior y se encontró en el descansillo, donde abrió la mano y miró las monedas con asombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De forma metódica, como solía hacerlo todo, el doctor Schwóhrer se aprestó a la tarea de descorchar la botella de champaña. Lo hizo cuidando de atenuar al máximo la explosión festiva. Sirvió luego las tres copas y, con gesto maquinal debido a la cos&amp;shy;tumbre, metió el corcho a presión en el cuello de la botella. Luego llevó las tres copas hasta la cabecera del moribundo. Olga soltó momentáneamente la mano de Chejov (una mano, escribiría más tarde, que le quemaba los dedos). Colocó otra almohada bajo su nuca. Luego le puso la fría copa de cham&amp;shy;paña contra la palma, y se aseguró de que sus dedos se cerraran en torno al pie de la copa. Los tres intercambiaron miradas: Chejov, Olga, el doctor Schwóhrer. No hicieron chocar las copas. No hubo brindis. ¿En honor de qué diablos iban a brindar? ¿De la muerte? Chejov hizo acopio de las fuerzas que le quedaban y dijo: «Hacía tanto tiempo que no bebía champaña... » Se llevó la copa a los labios y bebió. Uno o dos minutos después Olga le retiró la copa vacía de la mano y la dejó encima de la mesi&amp;shy;lla de noche. Chejov se dio la vuelta en la cama y se quedó tendido de lado. Cerró los ojos y suspiró. Un minuto después dejó de respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Schwóhrer cogió la mano de Chejov, que descansaba sobre la sábana. Le tomó la muñeca entre los dedos y sacó un reloj de oro del bolsillo del chaleco, y mientras lo hacía abrió la tapa. El segundero se movía despacio, muy despacio. Dejó que diera tres vueltas alrededor de la esfera a la espera del menor indicio de pulso. Eran las tres de la madrugada, y en la habitación hacía un bochorno sofocante. Badenweiler estaba padeciendo la peor ola de calor conocida en muchos años. Las ventanas de ambas piezas permanecían abiertas, pero no ha&amp;shy;bía el menor rastro de brisa. Una enorme mariposa nocturna de alas negras surcó el aire y fue a chocar con fuerza contra la lámpara eléctrica. El doctor Schwóhrer soltó la muñeca de Chejov. «Ha muer&amp;shy;to», dijo. Cerró el reloj y volvió a metérselo en el bolsillo del chaleco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olga, al instante, se secó las lágrimas y comenzó a sosegarse. Dio las gracias al médico por haber acu&amp;shy;dido a su llamada. El le preguntó si deseaba algún sedante, láudano, quizá, o unas gotas de valeriana. Olga negó con la cabeza. Pero quería pedirle algo: antes de que las autoridades fueran informadas y los periódicos conocieran el luctuoso desenlace, an&amp;shy;tes de que Chejov dejara para siempre de estar a su cuidado, quería quedarse a solas con él un largo rato. ¿Podía el doctor Schwóhrer ayudarla? ¿Man&amp;shy;tendría en secreto, durante apenas unas horas, la noticia de aquel óbito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Schw6hrer se acarició el mostacho con un dedo. ¿Por qué no? ¿Qué podía importar, después de todo, que el suceso se hiciera público unas horas más tarde? Lo único que quedaba por hacer era extender la partida de defunción, y podría hacerlo por la mañana en su consulta, después de dormir unas cuantas horas. El doctor Schwóhrer movió la cabeza en señal de asentimiento y reco&amp;shy;gió sus cosas. Antes de salir, pronunció unas pala&amp;shy;bras de condolencia. Olga inclinó la cabeza. «Ha sido un honor», dijo el doctor Schwóhrer. Cogió el ma&amp;shy;letín y salió de la habitación. Y de la Historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando el corcho saltó de la bo&amp;shy;tella. Se derramó sobre la mesa un poco de espuma de champaña. Olga volvió junto a Chejov. Se sentó en un taburete, y cogió su mano. De cuando en cuan&amp;shy;do le acariciaba la cara. «No se oían voces huma&amp;shy;nas, ni sonidos cotidianos -escribiría más tarde-. Sólo existía la belleza, la paz y la grandeza de la muerte.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó junto a Chejov hasta el alba, cuando el canto de los tordos empezó a oírse en los jardines de abajo. Luego oyó ruidos de mesas y sillas: alguien las trasladaba de un sitio a otro en alguno de los pisos de abajo. Pronto le llegaron voces. Y entonces llamaron a la puerta. Olga sin duda pensó que se trataba de algún funcionario, el médico forense, por ejemplo, o alguien de la policía que formularía pre&amp;shy;guntas y le haría rellenar formularios, o incluso (aunque no era muy probable) el propio doctor Schwóhrer acompañado del dueño de alguna fune&amp;shy;raria que se encargaría de embalsamar a Chejov y repatriar a Rusia sus restos mortales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era el joven rubio que había traído el cham&amp;shy;paña unas horas antes. Ahora, sin embargo, llevaba los pantalones del uniforme impecablemente planchados, la raya nítidamente marcada y los botones de la ceñida casaca verde perfectamente abrocha&amp;shy;dos. Parecía otra persona. No sólo estaba despier&amp;shy;to, sino que sus llenas mejillas estaban bien afeita&amp;shy;das y su pelo domado y peinado. Parecía deseoso de agradar. Sostenía entre las manos un jarrón de porcelana con tres rosas amarillas de largo tallo. Le ofreció las flores a Olga con un airoso y marcial taconazo. Ella se apartó de la puerta para dejarle entrar. Estaba allí -dijo el joven- para retirar las copas, el cubo del hielo y la bandeja. Pero también quería informarle de que, debido al extremo calor de la mañana, el desayuno se serviría en el jardín. Confiaba asimismo en que aquel bochorno no les resultara en exceso fastidioso. Y lamentaba que hi&amp;shy;ciera un tiempo tan agobiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer parecía distraída. Mientras el joven hablaba apartó la mirada y la fijó en algo que ha&amp;shy;bía sobre la alfombra. Cruzó los brazos y se cogió los codos con las manos. El joven, entretanto, con el jarrón entre las suyas a la espera de una señal, se puso a contemplar detenidamente la habitación. La viva luz del sol entraba a raudales por las ven&amp;shy;tanas abiertas. La habitación estaba ordenada; pa&amp;shy;recía poco utilizada aún, casi intocada. No había prendas tiradas encima de las sillas; no se veían zapatos ni medias ni tirantes ni corsés. Ni maletas abiertas. Ningún desorden ni embrollo, en suma; nada sino el cotidiano y pesado mobiliario. Enton&amp;shy;ces, viendo que la mujer seguía mirando al suelo, el joven bajó también la mirada, y descubrió al punto el corcho cerca de la punta de su zapato. La mujer no lo había visto: miraba hacia otra parte. El joven pensó en inclinarse para recogerlo, pero seguía con el jarrón en las manos y temía parecer aún más inoportuno si ahora atraía la atención hacia su per&amp;shy;sona. Dejó de mala gana el corcho donde estaba y levantó la mirada. Todo estaba en orden, pues, sal vo la botella de champaña descorchada y semivacía que descansaba sobre la mesa junto a dos copas de cristal. Miró en torno una vez más. A través de una puerta abierta vio que la tercera copa estaba en el dormitorio, sobre la mesilla de noche. Pero ¡había alguien aún acostado en la cama! No pudo ver nin&amp;shy;guna cara, pero la figura acostada bajo las mantas permanecía absolutamente inmóvil. Una vez perca&amp;shy;tado de su presencia, miró hacia otra parte. Enton&amp;shy;ces, por alguna razón que no alcanzaba a entender, lo embargó una sensación de desasosiego. Se aclaró la garganta y desplazó su peso de una pierna a otra. La mujer seguía sin levantar la mirada, seguía en&amp;shy;cerrada en su mutismo. El joven sintió que la sangre afluía a sus mejillas. Se le ocurrió de pronto, sin reflexión previa alguna, que tal vez debía sugerir una alternativa al desayuno en el jardín. Tosió, con&amp;shy;fiando en atraer la atención de la mujer, pero ella ni lo miró siquiera. Los distinguidos huéspedes ex&amp;shy;tranjeros -dijo- podían desayunar en sus habi&amp;shy;taciones si ése era su deseo. El joven (su nombre no ha llegado hasta nosotros, y es harto probable que perdiera la vida en la primera gran guerra) se ofre&amp;shy;ció gustoso a subir él mismo una bandeja. Dos ban&amp;shy;dejas, dijo luego, volviendo a mirar -ahora con mirada indecisa- en dirección al dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardó silencio y se pasó un dedo por el borde interior del cuello. No comprendía nada. Ni siquiera estaba seguro de que la mujer le hubiera escuchado. No sabía qué hacer a continuación; seguía con el jarrón entre las manos. La dulce fragancia de las rosas le anegó las ventanillas de la nariz, e inexpli&amp;shy;cablemente sintió una punzada de pesar. La mujer, desde que había entrado él en el cuarto y se había puesto a esperar, parecía absorta en sus pensamien&amp;shy;tos. Era como si durante todo el tiempo que él ha&amp;shy;bía permanecido allí de pie, hablando, desplazando su peso de una pierna a otra, con el jarrón en las manos, ella hubiera estado en otra parte, lejos de Badenweiler. Pero ahora la mujer volvía en sí, y su semblante perdía aquella expresión ausente. Alzó los ojos, miró al joven y sacudió la cabeza. Parecía esforzarse por entender qué diablos hacía aquel jo&amp;shy;ven en su habitación con tres rosas amarillas. ¿Flo&amp;shy;res? Ella no había encargado ningunas flores.&lt;br /&gt;Pero el momento pasó. La mujer fue a buscar su bolso y sacó un puñado de monedas. Sacó tam&amp;shy;bién unos billetes. El joven se pasó la lengua por los labios fugazmente: otra propina elevada, pero ¿por qué? ¿Qué esperaba de él aquella mujer? Nun&amp;shy;ca había servido a ningún huésped parecido. Volvió a aclararse la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quería el desayuno, dijo la mujer. Todavía no, en todo caso. El desayuno no era lo más impor&amp;shy;tante aquella mañana. Pero necesitaba que le pres&amp;shy;tara cierto servicio. Necesitaba que fuera a buscar al dueño de una funeraria. ¿Entendía lo que le de&amp;shy;cía? El señor Chejov había muerto, ¿lo entendía? Comprenez-vous? ¿Eh, joven? Anton Chejov estaba muerto. Ahora atiéndeme bien, dijo la mujer. Que&amp;shy;ría que bajara a recepción y preguntara dónde po&amp;shy;día encontrar al empresario de pompas fúnebres más prestigioso de la ciudad. Alguien de confianza, es&amp;shy;crupuloso con su trabajo y de temperamento reser&amp;shy;vado. Un artesano, en suma, digno de un gran ar&amp;shy;tista. Aquí tienes, dijo luego, y le encajó en la mano los billetes. Diles ahí abajo que quiero que seas tú quien me preste este servicio. ¿Me escuchas? ¿En&amp;shy;tiendes lo que te estoy diciendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven se esforzó por comprender el sentido del encargo. Prefirió no mirar de nuevo en dirección al otro cuarto. Ya había presentido antes que algo no marchaba bien. Ahora advirtió que el corazón le latía con fuerza bajo la casaca, y que empezaba a aflorarle el sudor en la frente. No sabía hacia dón&amp;shy;de dirigir la mirada. Deseaba dejar el jarrón en al&amp;shy;guna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por favor, haz esto por mí, dijo la mujer. Te recordaré con gratitud. Diles ahí abajo que he insistido. Di eso. Pero no llames la atención innecesa&amp;shy;riamente. No atraigas la atención ni sobre tu per&amp;shy;sona ni sobre la situación. Diles únicamente que tienes que hacerlo, que yo te lo he pedido... y nada más. ¿Me oyes? Si me entiendes, asiente con la ca&amp;shy;beza. Pero sobre todo que no cunda la noticia. Lo demás, todo lo demás, la conmoción y todo eso... llegará muy pronto. Lo peor ha pasado. ¿Nos esta&amp;shy;mos entendiendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven se había puesto pálido. Estaba rígido, aferrado al jarrón. Acertó a asentir con la cabeza. Después de obtener la venia para salir del hotel, debía dirigirse discreta y decididamente, aunque sin precipitaciones impropias, hacia la funeraria. Debía comportarse exactamente como si estuviera llevan&amp;shy;do a cabo un encargo muy importante, y nada más. De hecho estaba llevando a cabo un encargo muy importante, dijo la mujer. Y, por si podía ayudarle a mantener el buen temple de su paso, debía ima&amp;shy;ginar que caminaba por una acera atestada llevando en los brazos un jarrón de porcelana -un jarrón lleno de rosas- destinado a un hombre importante. (La mujer hablaba con calma, casi en un tono de confidencia, como si le hablara a un amigo o a un pariente.) Podía decirse a sí mismo incluso que el hombre a quien debía entregar las rosas le estaba esperando, que quizá esperaba con impaciencia su llegada con las flores. No debía, sin embargo, exal&amp;shy;tarse y echar a correr, ni quebrar la cadencia de su paso. ¡Que no olvidara el jarrón que llevaba en las manos! Debía caminar con brío, comportándose en todo momento de la manera más digna posible. De&amp;shy;bía seguir caminando hasta llegar a la funeraria, y detenerse ante la puerta. Levantaría luego la aldaba, y la dejaría caer una, dos, tres veces. Al cabo de unos instantes, el propio patrono de la funeraria bajaría a abrirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería un hombre sin duda cuarentón, o incluso cincuentón, calvo, de complexión fuerte, con gafas de montura de acero montadas casi sobre la pun&amp;shy;ta de la nariz. Sería un hombre recatado, modesto, que formularía tan sólo las preguntas más directas y esenciales. Un mandil. Sí, probablemente llevaría un mandil. Puede que se secara las manos con una toalla oscura mientras escuchaba lo que se le decía. Sus ropas despedirían un tufillo de formaldehído, pero perfectamente soportable, y al joven no le importaría en absoluto. El joven era ya casi un adul&amp;shy;to, y no debía sentir miedo ni repulsión ante esas cosas. El hombre de la funeraria le escucharía hasta el final. Era sin duda un hombre comedido y de buen temple, alguien capaz de ahuyentar en lugar de agra&amp;shy;var los miedos de la gente en este tipo de situacio&amp;shy;nes. Mucho tiempo atrás llegó a familiarizarse con la muerte, en todas sus formas y apariencias posi&amp;shy;bles. La muerte, para él, no encerraba ya sorpresas, ni soterrados secretos. Este era el hombre cuyos servicios se requerían aquella mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maestro de pompas fúnebres coge el jarrón de las rosas. Sólo en una ocasión durante el parla&amp;shy;mento del joven se despierta en él un destello de interés, de que ha oído algo fuera de lo ordinario. Pero cuando el joven menciona el nombre del muer&amp;shy;to, las cejas del maestro se alzan ligeramente. ¿Che&amp;shy;jov, dices? Un momento, en seguida estoy contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Entiendes lo que te estoy diciendo?, le dijo Olga al joven. Deja las copas. No te preocupes por ellas. Olvida las copas de cristal y demás, olvida todo eso. Deja la habitación como está. Ahora ya todo está listo. Estamos ya listos. ¿Vas a ir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en aquel momento el joven pensaba en el corcho que seguía en el suelo, muy cerca de la pun&amp;shy;ta de su zapato. Para recogerlo tendría que agacharse sin soltar el jarrón de las rosas. Eso es lo que iba a hacer. Se agachó. Sin mirar hacia abajo. Cogió el corcho, lo encajó en el hueco de la palma y cerró la mano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-116008949156950365?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/116008949156950365/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=116008949156950365&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116008949156950365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/116008949156950365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/10/tres-rosas-amarillas.html' title='Tres rosas amarillas'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115923736842368270</id><published>2006-09-25T23:19:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:19:48.640-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Kurt Vunnegut'/><title type='text'>Réquiem</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Kurt Vunnegut&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El crucificado planeta Tierra,&lt;br /&gt;debería encontrar una voz&lt;br /&gt;y sentido de la ironía&lt;br /&gt;para poder decirnos&lt;br /&gt;ahora que ya hemos abusado de él:&lt;br /&gt;'Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen'&lt;br /&gt;La ironía sería&lt;br /&gt;que sí sabemos&lt;br /&gt;lo que hacemos&lt;br /&gt;Cuando el último bicho viviente&lt;br /&gt;haya muerto por nuestra culpa&lt;br /&gt;qué poético sería&lt;br /&gt;si la Tierra pudiera decir&lt;br /&gt;con su voz alzándose&lt;br /&gt;tal vez&lt;br /&gt;desde el fondo del Gran Cañón&lt;br /&gt; 'Se acabó'&lt;br /&gt;a la gente no le gustaba estar aquí&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115923736842368270?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115923736842368270/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115923736842368270&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115923736842368270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115923736842368270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/09/rquiem.html' title='Réquiem'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115893807779670403</id><published>2006-09-22T12:09:00.000-03:00</published><updated>2006-09-22T22:28:20.556-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='C. E. Feiling'/><title type='text'>Tolstoi</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold"&gt;C.E.Feiling &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;"Las familias felices son todas iguales, las familias infelices, por el contrario, son infelices cada una a su modo." Así empieza &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Anna Karenina&lt;/span&gt; (1875), con una frase sólo superada por Ford Maddox Ford en &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;El buen soldado&lt;/span&gt;, novela evidentemente tributaria de la del ruso. El otro gran libro de Tolstoi, &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;La guerra y la paz &lt;/span&gt;(1865), no empieza con una frase tan fuerte, pero en cambio termina, allá por la página 1455 de una apretada edición de bolsillo, con un párrafo abrumador: "En el primer caso (el de la astronomía precopernicana) era necesario renunciar a la conciencia de una inmovilidad irreal en el espacio y reconocer un movimiento que no sentíamos, en éste (el de la historia) es necesario renunciar a una libertad que no existe, y reconocer que dependemos de cosas que ignoramos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolstoi negaba que &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;La guerra y la paz&lt;/span&gt; fuese una novela, mientras que al ponerse a escribir &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Anna Karenina&lt;/span&gt; anunció que era "la primera vez que intentaba" un libro de ese género. A menos que tenga algo contra las obras inclasificables o desdeñe las novelas, el lector inteligente disfrutará sin culpa de ambos monumentos literarios. Cada uno de ellos es una manifestación de aspectos distintos del contradictorio genio del conde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;León Tolstoi nació en Yasnaya Polyana, la finca de su familia al sur de Moscú, en 1828. Desde joven, influido por las ideas de Rousseau, se preocupó por la suerte de los siervos, y poco a poco fue elaborando una filosofía pacifista y no violenta donde se mezclaban sus instintos conservadores y la tesis proudhoniana de que la propiedad es un robo, la defensa de los derechos de la mujer y el rechazo del sexo, la denuncia de la influencia europea y los lamentos por el atraso de Rusia. Esta mezcla, que luego pesó -era esperable- sobre Mahatma Gandhi, no fue buena para su literatura. En 1910, a los 82 años, abandonó su casa después de pelearse con su mujer, que no quería que se desprendieran de las posesiones materiales. Lo encontraron muerto en una lejana estación de tren, algo que se puede glosar apelando a la primera frase de &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;El buen soldado&lt;/span&gt;: "Esta es la historia más triste que conozco".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115893807779670403?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115893807779670403/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115893807779670403&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115893807779670403'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115893807779670403'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/09/tolstoi.html' title='Tolstoi'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115893705376716991</id><published>2006-09-22T11:53:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:20:10.732-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alfonso Reyes'/><title type='text'>La mano del Comandante Aranda</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Alfonso Reyes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El comandante Benjamín Aranda perdió una mano en acción de guerra, y fue la derecha, por su mal. Otros coleccionan manos de bronce, de marfil, cristal o madera, que a veces proceden de estatuas e imágenes religiosas o que son antiguas aldabas; y peores cosas guardan los cirujanos en bocales de alcohol. ¿Por qué no conservar esta mano disecada, testimonio de una hazaña gloriosa? ¿Estamos seguros de que la mano valga menos que el cerebro o el corazón?&lt;br /&gt;Meditemos. No meditó Aranda, pero lo impulsaba un secreto instinto. El hombre teológico ha sido plasmado en la arcilla, como un muñeco, por la mano de Dios. El hombre biológico evoluciona merced al servicio de su mano, y su mano ha dotado al mundo de un nuevo reino natural, el reino de las industrias y las artes. Si los murallones de Tebas se iban alzando al eco de la lira de Anfión, era su hermano Zeto, el albañil, quien encaramaba las piedras con la mano. La gente manual, los herreros y metalistas, aparecen por eso, en las arcaicas mitologías, envueltos como en vapores mágicos: son los hacedores de portento. Son Las manos entregando el fuego que ha pintado Orozco. En el mural de Diego Rivera (Bellas Artes), la mano empuña el globo cósmico que encierra los poderes de creación y de destrucción: y en Chapingo, las manos proletarias están prontas a reivindicar el patrimonio de la tierra. En el cuadro de Alfaro Siqueiros, el hombre se reduce a un par de enormes manos que solicitan la dádiva de la realidad, sin duda para recomponerla a su guisa. En el recién descubierto santuario de Tláloc (Tetitla), las manos divinas se ostentan, y sueltan el agua de la vida. Las manos en alto de Moisés sostienen la guerra conrra los amalecitas. A Agamemnón, "que manda a lo lejos", corresponde nuestro Hueman, "el de las manos largas". La mano, metáfora viviente, multiplica y extiende así el ámbito del hombre.&lt;br /&gt;Los demás sentidos se conforman con la pasividad; el sentido manual experimenta y añade, y con los despojos de la tierra, edifica un orden humano, hijo del hombre. El mismo estilo oral, el gran invento de la palabra, no logra todavía desprenderse del estilo que creó la mano—la acción oratoria de los anriguos retóricos—, en sus primeras exploraciones hacia el caos ambiente, hacia lo inédito y hacia la poética futura. La mano misma sabe hablar, aun prescindiendo del alfabeto mímico de los sordomudos. ¿Qué no dice la mano? Rembrandt —recuerda Focillon—nos la muestra en todas sus capacidades y condiciones, tipos y edades: mano atónita, mano alerta, sombría y destacada en la luz que baña la resurrección de Lázaro, mano obrera, mano académica del profesor Tulp que desgaja un hacecillo de arterias, mano del pintor que dibuja a sí misma, mano inspirada de San Mateo que escribe el Evangelio bajo el dictado del Ángel, manos trabadas que cuentan los florines. En el Enterramiento del Greco, las manos crean ondas propicias para la ascensión del alma del Conde; y su Caballero de la mano al pecho, con sólo ese ademán, declara su adusta nobleza.&lt;br /&gt;Este dios menor dividido en cinco personas—dios de andar por casa, dios a nuestro alcance, dios "al alcance de la mano"—ha acabado de hacer al hombre y le ha permitido construir el mundo humano. Lo mismo modela el jarro que el planeta, mueve la rueda del alfar y abre el canal de Suez.&lt;br /&gt;Delicado y poderoso instrumento, posee los más afortunados recursos descubiertos por la vida física: bisagras, pinzas, tenazas, ganchos, agujas de tacto, cadenillas óseas, aspas, remos, nervios, ligámenes, canales, cojines, valles y montículos, estrellas fluviales. Posee suavidad y dureza, poderes de agresión y caricia. Y en otro orden ya inmaterial, amenaza y persuade, orienta y desorienta, ahuyenta y anima. Los ensalmadores fascinan y curan con la mano. ¿Qué más? Ella descubrió el comercio del toma y daca, dio su arma a la liberalidad y a la codicia. Nos encaminó a la matemática, y enseñó a los ismaelitas, cuando vendieron a José (fresco romano de Saint-Savin), a contar con los dedos los dineros del Faraón. Ella nos dio el sentimiento de la profundidad y el peso, la sensación de la pesantez y el arraigo en la gravitación cósmica; creó el espacio para nosotros, y a ella debemos que el universo no sea un plano igual por el que simplemente se deslizan los ojos.&lt;br /&gt;¡Prenda indispensable para jansenistas y voluptuosos! ¡Flor maravillosa de cinco pétalos, que se abren y cierran como la sensitiva, a la menor provocación! ¿El cinco es número necesario en las armonías universales? ¿Pertenece la mano al orden de la zarzarrosa, del nomeolvides, de la pimpinela escarlata? Los quirománticos tal vez tengan razón en sustancia, aunque no en sus interpretaciones pueriles. Si los fisonomistas de antaño—como Lavater, cuyas páginas merecieron la atención de Goethe—se hubieran pasado de la cara a la mano, completando así sus vagos atisbos, sin duda lo aciertan. Porque la cara es espejo y expresión, pero la mano es intervención. Moreno Villa intenta un buceo en los escritores, partiendo de la configuración de sus manos. Urbina ha cantado a sus bellas manos, único asomo material de su alma.&lt;br /&gt;No hay duda, la mano merece un respeto singular, y bien podía ocupar un sitio predilecto entre los lares del comandante Aranda.&lt;br /&gt;La mano fue depositada cuidadosamente en un estuche acolchado. Las arrugas de raso blanco—soporte a las falanges, puente a la palma, regazo al pomo—fingían un diminuto paisaje alpestre. De cuando en cuando, se concedía a los íntimos el privilegio de contemplarla unos instantes. Pues era una mano agradable, robusta, inteligente, algo crispada aún por la empuñadura de la espada. Su conservación era perfecta.&lt;br /&gt;Poco a poco, el tabú, el objeto misterioso, el talismán escondido, se fue volviendo familiar. Y entonces emigró del cofre de caudales hasta la vitrina de la sala, y se le hizo sitio entre las condecoraciones de campaña y las cruces de la Constancia Militar.&lt;br /&gt;Dieron en crecerle las uñas, lo cual revelaba una vida lenta, sorda, subrepticia. De momento pareció un arrastre de inercia, y luego se vio que era virtud propia. Con alguna repugnancia al principio, la manicura de la familia accedió a cuidar de aquellas uñas cada ocho días. La mano estaba siempre muy bien acicalada y compuesta.&lt;br /&gt;Sin saber cómo—así es el hombre, convierte la estatua del dios en bibelot—, la mano bajó de categoría, sufrió una manus diminutio, dejó de ser una reliquia, y entró decididamente en la circulación doméstica. A los seis meses, ya andaba de pisapapeles o servía para sujetar las hojas de los manuscritos —el comandante escribía ahora sus memorias con la izquierda—; pues la mano cortada era flexible, plástica, y los dedos conservaban dócilmente la postura que se les imprimía.&lt;br /&gt;A pesar de su repugnante frialdad, los chicos de la casa acabaron por perderle el respeto. Al año, ya se rascaban con ella, o se divertían plegando sus dedos en forma de figa brasileña, carreta mexicana, y otras procacidades del folklore internacional .&lt;br /&gt;La mano, así, recordó muchas cosas que tenía completamente olvidadas. Su personalidad se fue acentuando notablemente. Cobró conciencia y carácter propios. Empezó a alargar tentáculos. Luego se movió como tarántula. Todo parecía cosa de juego. Cuando, un día, se encontraron con que se había calzado sola un guante y se había ajustado una pulsera por la muñeca cercenada, ya a nadie le llamó la atención.&lt;br /&gt;Andaba con libertad de un lado a otro, monstruoso falderillo algo acangrejado. Después aprendió a correr, con un galope muy parecido al de los conejos. Y haciendo "sentadillas" sobre los dedos, comenzó a saltar que era un prodigio. Un día se la vio venir, desplegada, en la corriente de aire: había adquirido la facultad del vuelo.&lt;br /&gt;Pero, a todo esto, ¿cómo se orientaba, cómo veía? ¡Ah! Ciertos sabios dicen que hay una luz oscura, insensible para la retina, acaso sensible para otros órganos, y más si se los especializa mediante la educación y el ejercicio. Y Louis Farigoule—Jules Romains, en las letras—observa que ciertos elementos nerviosos, cuya verdadera función se ignora, rematan en la epidermis; aventura que la visión puede provenir tan sólo de un desarrollo local en alguna parte de la  piel, más tarde convertida en ojo: y asegura que ha hecho percibir la luz a los ciegos, después de algunos experimentos, por ciertas regiones de la espalda. ¿Y no había de ver también la mano? Desde luego, ella completa su visión con el tacto, casi tiene ojos en los dedos, y la palma puede orientarse al golpe del aire como las membranas del murciélago. Nanuk el esquimal, en sus polares y nubladas estepas, levanta y agita las veletas de sus manos—acaso también receptores térmicos—para orientarse en un ambiente aparentemente uniforme. La mano capta mil cosas fugitivas, y penetra las corrientes translúcidas que escapan al ojo y al músculo, aquellas que ni se ven ni casi oponen resistencia.&lt;br /&gt;Ello es que la mano, en cuanto se condujo sola, se volvió ingobernable, echó temperamento. Podemos decir, que fue entonces cuando "sacó las uñas". Iba y venía a su talante. Desaparecía cuando le daba la gana, volvía cuando se le antojaba. Alzaba castillos de equilibrio inverosímil con las botellas y las copas. Dicen que hasta se emborrachaba, y en todo caso, trasnochaba.&lt;br /&gt;No obedecía a nadie. Era burlona y traviesa. Pellizcaba las narices a las visitas, abofeteaba en la puerta a los cobradores. Se quedaba inmóvil, "haciendo el muerto", para dejarse contemplar por los que aún no la conocían, y de repente les hacía una señal obscena. Se complacía, singularmente, en darle suaves sopapos a su antiguo dueño, y también solía espantarle las moscas. Y él la contemplaba con ternura, los ojos arrasados en lágrimas, como a un hijo que hubiera resultado "mala cabeza".&lt;br /&gt;Todo lo trastornaba. Ya le daba por asear y barrer la casa, ya por mezclar los zapatos de la familia, con verdadero genio aritmético de las permutaciones, combinaciones y cambiaciones; o rompía los vidrios a pedradas, o escondía las pelotas de los muchachos que juegan por la calle.&lt;br /&gt;El comandante la observaba y sufría en silencio. Su señora le tenía un odio incontenible, y era —claro está—su víctima preferida. La mano, en tanto que pasaba a otros ejercicios, la humillaba dándole algunas lecciones de labor y cocina.&lt;br /&gt;La verdad es que la familia comenzó a desmoralizarse. El manco caía en extremos de melancolía muy contrarios a su antiguo modo de ser. La señora se volvió recelosa y asustadiza, casi con manía de persecución. Los hijos se hacían negligentes, abandonaban sus deberes escolares y descuidaban, en general, sus buenas maneras. Como si hubiera entrado en la casa un duende chocarrero, todo era sobresaltos, tráfago inútil, voces, portazos. Las comidas se servían a destiempo, y a lo mejor, en el salón y hasta en cualquiera de las alcobas. Porque, ante la consternación del comandante, la epiléptica contrariedad de su esposa y el disimulado regocijo de la gente menuda, la mano había tomado posesión del comedor para sus ejercicios gimnásticos, se encerraba por dentro con llave, y recibía a los que querían expulsarla tirándoles platos a la cabeza. No hubo más que ceder la plaza: rendirse con armas y bagajes, dijo Aranda.&lt;br /&gt;Los viejos servidores, hasta "el ama que había criado a la niña", se ahuyentaron. Los nuevos servidores no aguantaban un día en la casa embrujada. Las amistades y los parientes desertaron. La policía comenzó a inquietarse ante las reiteradas reclamaciones de los vecinos. La última reja de plata que aún quedaba en el Palacio Nacional desapareció como por encanto. Se declaró una epidemia de hurtos, a cuenta de la misteriosa mano que muchas veces era inocente.&lt;br /&gt;Y lo más cruel del caso es que la gente no culpaba a la mano, no creía que hubiera tal mano animada de vida propia, sino que todo lo atribuía a las malas artes del pobre manco, cuyo cercenado despojo ya amenazaba con costarnos un día lo que nos costó la pata de Santa-Anna. Sin duda Aranda era un brujo que tenía pacto con Satanás. La gente se santiguaba.&lt;br /&gt;La mano, en tanto, indiferente al daño ajeno, adquiría una musculatura atlética, se robustecía y perfeccionaba por instantes, y cada vez sabía hacer más cosas. ¿Pues no quiso continuarle por su cuenta las memorias al comandante? La noche que decidió salir a tomar el fresco en automóvil, la familia Aranda, incapaz de sujetarla, creyó que se hundía el mundo. Pero no hubo un solo accidente, ni multas, ni "mordidas". Por lo menos—dijo el comandante—así se conservará la máquina en buen estado, que ya amenazaba enmohecerse desde la huída del chauffer.&lt;br /&gt;Abandonada a su propia naturaleza, la mano fue poco a poco encarnando la idea platónica que le dio el ser, la idea de asir, el ansia de apoderamiento, hija del pulgar aponible: esta inapreciable conquista del Homo faber que tanto nos envidian los mamíferos digitados, aunque no las aves de rapiña. Al ver, sobre todo, cómo aparecían las gallinas con el pescuezo retorcido, o cómo llegaban a la casa objetos de arte ajenos—que luego Aranda pasaba infinitos trabajos para devolver a sus propietarios, entre tartamudeos e incomprensibles disculpas—, fue ya evidente que la mano era un animal de presa y un ente ladrón.&lt;br /&gt;La salud mental de Aranda era puesta ya en tela de juicio. Se hablaba también de alucinaciones colectivas, de los raps o ruidos de espíritus que, por 1847, aparecieron en casa de la familia Fox, y de otras cosas por el estilo. Las veinte o treinta personas que de veras habían visto la mano no parecían dignas de crédito cuando eran de la clase servil, fácil pasto a las supersticiones; y cuando eran gente de mediana cultura, callaban, contestaban con evasivas por miedo a comprometerse o a ponerse en ridículo. Una mesa redonda de la Facultad de Filosofía y Letras se consagró a discutir cierta tesis antropológica sobre el origen de los mitos.&lt;br /&gt;Pero hay algo tierno y terrible en esta historia. Entre alaridos de pavor, se despertó un día Aranda a la media noche: en extrañas nupcias, la mano cortada, la derecha, había venido a enlazarse con su mano izquierda, su compañera de otros días, como anhelosa de su arrimo. No fue posible desprenderla. Allí pasó el resto de la noche, y allí resolvió pernoctar en adelante. La costumbre hace familiares los monstruos. El comandante acabó por desentenderse. Hasta le pareció que aquel extraño contacto hacía más llevadera su mutilación y, en cierto modo, confortaba a su mano única.&lt;br /&gt;Porque la pobre mano siniestra, la hembra, necesitó el beso y la compañía de la mano masculina, la diestra. No la denostemos. Ella, en su torpeza, conserva tenazmente, como precioso lastre, las virtudes prehistóricas, la lentitud, la tardanza de los siglos en que nuestra especie fue elaborándose. Corrige las desorbitadas audacias, las ambiciones de la diestra. Es una suerte—se ha dicho que no tengamos dos manos derechas: nos hubiéramos perdido entonces entre las puras sutilezas y marañas del virtuosismo; no seríamos hombres verdaderos, no: seríamos prestidigitadores. Gauguin sabe bien lo que hace cuando, como freno a su etérea sensibilidad, enseña otra vez a su mano diestra a pintar con el candor de la zurda.&lt;br /&gt;Pero, una noche, la mano empujó la puerta de la biblioteca y se engolfó en la lectura. Y dio con un cuento de Maupassant sobre una mano cortada que acaba por estrangular al enemigo. Y dio con una hermosa fantasía de Nerval, donde una mano encantada recorre el mundo, haciendo primores y maleficios. Y dio con unos apuntes del filósofo Gaos sobre la fenomenología de la mano. . . ¡Cielos! ¿Cuál será el resultado de esta temerosa incursión en el alfabeto?&lt;br /&gt;El resultado es sereno y triste. La orgullosa mano independiente, que creía ser una persona, un ente autónomo, un inventor de su propia conducta, se convenció de que no era más que un tema literario, un asunto de fantasía ya muy traído y llevado por la pluma de los escritores. Con pesadumbre y dificultad—y estoy por decir que derramando abundantes lágrimas—se encaminó a la vitrina de la sala, se acomodó en su estuche, que antes colocó cuidadosamente entre las condecoraciones de campaña y las cruces de la Constancia Militar, y desengañada y pesarosa, se suicidó a su manera, se dejó morir.&lt;br /&gt;Rayaba el sol cuando el comandante, que había pasado la noche revolcándose en el insomnio y acongojado por la prolongada ausencia de su mano, la descubrió yerta, en el estuche, algo ennegrecida y como con señales de asfixia. No daba crédito a sus ojos. Cuando hubo comprendido el caso, arrugó con nervioso puño el papel en que ya solicitaba su baja del servicio activo, se alzó cuan largo era, reasumió su militar altivez y, sobresaltando a su casa, gritó a voz en cuello:&lt;br /&gt;—¡Atención, firmes! ¡Todos a su puesto! ¡Clarín de órdenes, a tocar la diana de victoria!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115893705376716991?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115893705376716991/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115893705376716991&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115893705376716991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115893705376716991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/09/la-mano-del-comandante-aranda.html' title='La mano del Comandante Aranda'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115893624116663417</id><published>2006-09-22T11:38:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:20:46.614-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jean Rhys'/><title type='text'>Que lo llamen Jazz</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Jean Rhys&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Un luminoso domingo por la mañana tengo un bochinche con mi casero de Notting Hill porque me pide un mes de alquiler por adelantao. Me lo dice cuando llevo aquí desde el invierno, pagando cada semana sin falta. No tengo trabajo en ese momento, y si le doy el dinero apenas me queda ná. O sea que me niego. El tipo ya está borracho tan temprano y me insulta: sólo palabras, a mí no me asusta. Pero su mujer es un mal bicho: ahora entra en mi cuarto y dice que tengo que darle el dinero. Cuando le digo que no, le pega una patá a mi maleta, que se abre. Se cae mi mejor vestido, y ella se ríe y le da otra patá. Dice que lo corriente es pagar un mes por adelantao y que si no puedo pagar que me busque otro sitio.&lt;br /&gt;No me vengáis con cuentos sobre Londres. Hay mucha gente en Londres con el corazón como una piedra. Y si te quejas te contestan, «demuéstrelo». Pero, ¿cómo voy a demostrar ná si no hay nadie que lo vea, ningún testigo? Así que hago la maleta y me voy, pienso que es mejor no tener nada que ver con esa mujer. Es muy conchuda, y ni Satanás miente mejor que ella.&lt;br /&gt;Me pongo a caminá hasta un sitio cercano que está abierto y donde podré tomar un café y un bocadillo. Allí empiezo a hablar con un hombre que se sienta a mi mesa. El ya me ha hablao, le conozco, pero no sé su nombre. Al cabo de un rato me pregunta:&lt;br /&gt;—¿Qué pasa? ¿Algo va mal?&lt;br /&gt;Y cuando le digo lo que me pasa dice que puedo usar un piso suyo que está vacío hasta que encuentre otra cosa.&lt;br /&gt;Este hombre no es como los otros ingleses. Entiende a la primera, decide a la primera. Los ingleses tardan mucho en decidir: antes de que se hayan decidido tú ya estás casi muerta. Y además éste va muy al grano, como si ná. Habla como si supiese muy bien cómo se vive cuando se vive como yo, por eso acepto y voy.&lt;br /&gt;Dice que alguien ocupaba el piso hasta la semana pasada, o sea que lo encontraré todo arreglao, y me dice cómo ir allí: tres cuartos de hora en tren desde Victoria Station, subir una calle muy empinada hasta arriba, torcer a la izquierda, la casa es inconfundible. Me da las llaves y un sobre con un número de teléfono apuntao detrás. Debajo ha escrito: «A partir de las seis de la tarde, pregunte por Mr. Sims.»&lt;br /&gt;Esa tarde en el tren me siento una mujer afortunada, porque caminá por Londres un domingo sin tener adónde ir es algo que podría destrozarte el corazón.&lt;br /&gt;Encuentro el sitio, y el dormitorio del piso de la planta baja está muy bien amueblao: dos espejos, armario, cómoda, sábanas, tó. Huele a perfume de jazmín, pero también a humedad.&lt;br /&gt;Abro la puerta de enfrente y hay una mesa, un par de sillas, una cocina de gas y una despensa, pero esta habitación es tan grande que parece vacía. Cuando levanto la cortina veo que el empapelao, se cae a tiras y que en las paredes crecen hongos; una cosa como jamás podríais imaginá.&lt;br /&gt;El baño lo mismo, los grifos completamente oxidaos. Dejo las otras dos habitaciones y hago la cama. Luego escucho, pero no oigo ná. En esa casa no entra ni sale nadie. Estoy despierta mucho rato, luego decido no quedarme y por la mañana empiezo a prepararme antes de que cambie de idea. Quiero ponerme mi mejor vestido, pero pasa una cosa curiosa: cuando cojo ese vestido y me acuerdo de la patá que le dio la casera me pongo a llorá.&lt;br /&gt;Lloro y no puedo dejar de llorá. Cuando paro me duelen hasta los huesos de cansera, como si fuese una vieja. No quiero mudarme de nuevo: tengo que forzarme. Pero al final salgo al pasillo y encuentro una postal a mi nombre. «Quédese todo el tiempo que quiera. Iré a verla pronto, quizás el viernes. No se preocupe.» No lleva firma, pero ya no me siento tan triste y pienso, «Muy bien, esperaré aquí hasta que venga. Quizás sepa de un trabajo pa mí.»&lt;br /&gt;En la casa no vive nadie más, aparte de un matrimonio en el último piso: gente tranquila que no molesta. No tengo nada en contra de ellos.&lt;br /&gt;La primera vez que veo a la señora está abriendo la puerta de la calle y me mira inquisitivamente. Pero la vez siguiente sonríe un poco y yo le devuelvo la sonrisa. Una vez ha hablao conmigo. Me dice que la casa es muy vieja, de hace ciento cincuenta años, y que ella y su marido viven ahí desde hace muchísimo. «Es una propiedad muy valiosa— dice— que hubiera podido conservarse. Pero, claro, nadie hizo nada.» Luego me cuenta que el actual dueño —si es que es el dueño—tuvo que vérselas con el ayuntamiento y dice que le han puesto trabas. «Esa gente está dispuesta a derribar todas estas casas antiguas tan bonitas, es vergonzoso»&lt;br /&gt;Y yo estoy de acuerdo en que hay muchas cosas vergonzosas. Pero, ¿qué hacer? ¿Qué hacer? Le digo que es una casa elegante, que, en comparación, las demás casas de la calle parecen bajareques, y ella parece complacida. Es que además es verdá. Es una casa triste y remota, sobre tó de noche. Pero tiene estilo. El segundo piso está cerrao, y el mío, bueno, entré en las dos habitaciones vacías una vez, pero no he vuelto a pisarlas nunca.&lt;br /&gt;Debajo hay una bodega llena de viejos tablones y muebles rotos: un día veo por allí una rata grande. No era un sitio para vivir sola, os lo aseguro, y me acostumbro a comprá una botella de vino casi todas las noches, porque el whisky no me gusta y el ron de aquí es muy malo. Ni siquiera sabe a ron. Me gustaría saber qué le hacen.&lt;br /&gt;Después de beberme uno o dos vasos puedo cantá y cuando canto se me va toda la pena del corazón. A veces invento canciones pero a la mañana siguiente ya las he olvidao, así que otras veces canto las antiguas como Hechicera o No me molestes ahora.&lt;br /&gt;Pienso que me iré pero no me voy. En lugar de irme espero la noche y el vino y eso es todo. He vivido siempre en cualquier parte sin que me importara en absoluto, pero esta casa ya es diferente: vacía y sin ruidos y llena de sombras, tantas que a veces me pregunto qué hacen todas esas sombras en una habitación vacía.&lt;br /&gt;Como en la cocina, luego lo limpio todo y lo dejo arreglao y me doy un baño pa refrescarme. Luego apoyo los codos en el alféizar y miro al jardín. Flores rojas y azules se mezclan con las malas hierbas y hay cinco o seis manzanos. Pero la fruta cae y se queda en el césped, tan amarga que nadie la quiere. Atrás, junto al muro, hay un árbol más grande. Este jardín es enorme, quizás es por eso que quieren derribar la casa.&lt;br /&gt;No llueve apenas en todo el verano, pero tampoco brilla el sol. Más bien reverbera desagradablemente. El césped acaba poniéndose pardo y seco, las malas hierbas se hacen muy altas, las hojas de los árboles cuelgan. Sólo las flores rojas, las amapolas, levantan la cabeza pese a esa luz; todo lo demás parece agotao.&lt;br /&gt;No me preocupo por el dinero, pero con el vino y los chelines para el tragaperras de la luz, se va rápidamente; por eso no desperdicio casi ná en comida. Por la noche salgo fuera: no del lado de los manzanos, sino del de la calle, no es tan solitario.&lt;br /&gt;En este lado no hay tapia y puedo ver a la vecina que me mira por encima del seto. Al principio le digo buenas noches, pero ella me da la espalda, así que luego ya no digo ná. A menudo hay un hombre con ella, un hombre con un sombrero de paja con una cinta negra y gafas de montura dorá. El traje le cuelga por todas partes como si le fuera demasiado grande. Parece que es el marido y me mira peor que su mujé: me mira como si yo fuese una fiera suelta. Una vez me río en su cara: a ver por qué tiene que ser así esa gente. No le molesto. Al final ya no les dirijo ni siquiera una sola mirá. Tengo muchas otras cosas por las que preocuparme.&lt;br /&gt;Para que veáis cómo me siento. No lo recuerdo con exactitud. Pero creo que es el segundo sábado desde mi llegada cuando me encuentro en la ventana justo antes de salir a comprá el vino y noto una mano en mi hombro y es Mr. Sims. Debe caminá muy silenciosamente porque no me entero de ná hasta que me toca.&lt;br /&gt;Dice hola, luego dice que me he adelgazado terriblemente, pregunta si como alguna vez. Le digo que claro que como, pero él insiste en que no me sienta bien estar tan delgada y que irá a comprarme un poco de comida al pueblo. (Eso de pueblo lo dice a. Aquí no hay ningún pueblo. No es tan fácil salir de Londres.)&lt;br /&gt;A mí me parece que él tampoco tiene muy buena facha, pero sólo le digo que prefiero que me traiga un trago, no tengo hambre.&lt;br /&gt;Regresa con tres botellas: vermú, gin y vino tinto. Luego pregunta si el diablillo que vivía aquí antes llegó a romper todos los vasos y yo le digo que rompió algunos, yo misma recogí los pedazos, pero no todos.&lt;br /&gt;—¿Se peleó usted con ella, eh?&lt;br /&gt;El se ríe, pero no contesta. Sirve las bebidas y luego dice:&lt;br /&gt;—Cómase ahora los bocadillos.&lt;br /&gt;Algunos hombres no te inquietan mucho cuando los tienes ahí a tu lado. Con esta clase de hombres harías todo lo que te dijeran con los ojos cerraos, porque te quitan las penas del corazón y te dan la sensación de que no corres ningún riesgo. Por eso no hablo con él en serio: no quiero echar a perder esa noche. Pero le pregunto por la casa, y por qué está tan vacía y a dice:&lt;br /&gt;—¿Ya ha tenido que oír las habladurías de esa vieja andrajosa de arriba?&lt;br /&gt;—Ella cree que les van a crear problemas a ustedes—le digo.&lt;br /&gt;—Maldito el día que compré esta casa—dice y habla de revender el arriendo o algo así. No le presto mucha atención.&lt;br /&gt;Estábamos entonces junto a la ventana y el sol estaba bajo. Ya no deslumbraba. El me pone la mano sobre los ojos:&lt;br /&gt;—Demasiado grandes, demasiado grandes para tu cara.&lt;br /&gt;Y me besa como besarías a un recién nacido. Cuando retira la mano veo que se ha puesto a mirar el jardín y dice esto:&lt;br /&gt;—Es un fastidio. Ya lo creo que sí.&lt;br /&gt;Sé que no se refiere a mí, por eso le pregunto:&lt;br /&gt;—¿Por qué venderla entonces? Si le gusta, siga aquí.&lt;br /&gt;—¿Vender qué?—dice—. No estaba hablando de esta condenada casa.&lt;br /&gt;Le pregunto de qué está hablando.&lt;br /&gt;—De dinero—dice—. De dinero. De eso hablo. De cómo ganar dinero.&lt;br /&gt;—Yo no pienso apenas en el dinero. Yo no le gusto al dinero, pero qué más me da.&lt;br /&gt;Yo estaba bromeando, pero él se vuelve, tiene la cara empalidecida y me dice que estoy loca. Dice que me pasaré la vida empujada de un sitio para otro y que moriré como un perro, y hasta peor, porque a un perro moribundo lo rematan pero a mí me dejarán seguir viviendo hasta que no sea más que una caricatura de mí misma. Eso es lo que dice:&lt;br /&gt;—Una caricatura de ti misma.&lt;br /&gt;Dice que maldeciré el día que nací y a todos y a todo lo que hay en este mundo antes de que me muera.&lt;br /&gt;—No, nunca llegaré a sentirme así—le digo.&lt;br /&gt;Y él sonríe, si es que a eso puede llamársele una sonrisa, y dice que se alegra de que me conforme con la suerte que me ha tocao.&lt;br /&gt;—Me decepcionas, Selina. Creía que tenías más coraje.&lt;br /&gt;—Ya estaría bien con que me conformase—le contesto—. No veo por ahí a muchos que parezcan conformarse.&lt;br /&gt;Estamos de pie mirándonos cuando suena el timbre de la puerta.&lt;br /&gt;—Es un amigo mío—dice—. Le haré pasar.&lt;br /&gt;En cuanto al amigo, va muy etiquetero con unos pantalones a listas finas y una chaqueta negra y lleva una cartera. De aspecto muy vulgar, pero con una voz especialmente suave.&lt;br /&gt;—Maurice, te presento a Selina Davis —dice Mr. Sims, y Maurice sonríe con mucha habilidad pero no es muy sincero, luego se mira el reloj y dice que tienen que irse.&lt;br /&gt;En la puerta, Mr. Sims me dice que la semana próxima vendrá a verme y yo le contesto directamente:&lt;br /&gt;—La semana que viene no estaré aquí porque quiero encontrá un trabajo y aquí no voy a conseguirlo.&lt;br /&gt;—Precisamente de eso voy a hablar ahora. Aplázalo una semana más, Selina.&lt;br /&gt;—Quizás me quede algunos días más—digo—. Luego me largo. Quizás me vaya antes.&lt;br /&gt;—No, no te irás—dice.&lt;br /&gt;Caminan rápidamente hacia la puerta del jardín y se van en un coche amarillo. Luego noto unos ojos mirándome y es la mujer y su marido que miran desde el jardín de al lado. El hombre hace algún comentario y ella me mira tan odiosa, con tanto odio que cierro en seguida la puerta de la casa.&lt;br /&gt;No quiero más vino. Quiero acostarme temprano porque tengo que pensá. Tengo que pensá en el dinero. Es cierto que no me preocupa. M siquiera cuando alguien me robó mis ahorros —ocurrió poco después de mi llegada a la casa de Notting Hill—; lo olvidé pronto. Unas treinta libras me robaron. Las tenía enrolladas dentro de unas medias, pero un día fui al cajón y ya no había dinero. Al final tuve que decírselo a la policía. Ellos me preguntan la cifra exacta y les digo que últimamente no lo había contado, unas treinta libras.&lt;br /&gt;—¿No sabe cuánto?—dicen—. ¿Cuándo lo contó por última vez? ¿Lo recuerda? ¿Fue antes de que se mudara o después?&lt;br /&gt;Me confunden, digo todo el rato lo mismo, «No me acuerdo», aunque recuerdo muy bien que lo había visto dos días antes. Ellos no me creen y cuando viene a la casa un policía, oigo a la casera que le dice:&lt;br /&gt;—Seguro que no tenía dinero cuando llegó aquí. No pudo pagar el alquiler de un mes por adelantado a pesar de que es una norma de la casa.&lt;br /&gt;«Toda esa gente son unos mentirosos terribles», le oigo decir y yo pienso, “tú sí que eres una terrible mentirosa, porque cuando vine dijiste por semanas o meses, como quieras”. Es desde entonces que ya no me habla y quizás es ella la que me lo robó. Lo único que sé es que no he vuelto a ver ni un penique de mis ahorros, lo único que sé es que ellos fingieron que yo nunca había tenido ná, pero como ya ha pasao no sirve de nada llorá por ello. Luego se me va la cabeza a mi padre, porque mi padre es blanco y pienso mucho en él. Ojalá pudiera verle aunque sólo fuera una vez, porque yo era demasiao pequeña para recordarle cuando estaba allí. Mi madre es una mujé de color bastante claro, más claro que yo, dicen, y ella tampoco se quedó mucho conmigo. Tuvo una oportunidad de irse a Venezuela cuando yo tenía tres o cuatro años y no regresó. En lugar de volvé me mandaba dinero. La que me cuidó fue mi abuela. Es muy negra, lo que nosotros llamamos de chocolate, pero es la mejor persona que conozco.&lt;br /&gt;Ella ahorró todo el dinero que mandaba mi madre, no se guardó ni un penique para ella: así es como llegué a Inglaterra. Tardé un poquito en empezá a ir a la escuela, iba ya para los doce, pero sé cosé muy bonito, muy bien, y pensé que podría encontrá un buen trabajo, quizá en Londres.&lt;br /&gt;Pero aquí me dicen que todas esas costuras tan bonitas hechas a mano cuestan demasiao tiempo. Son una pérdida de tiempo, demasiao lento. Quieren alguien que trabaje deprisa, y al diablo las puntadas bien hechas y apretás. En conjunto las cosas no me van muy bien, lo admito, y pienso que ojalá pudiese ver a mi padre. Llevo su nombre: Davis. Pero mi abuela me dijo:&lt;br /&gt;—Cada palabra que salió de sus labios era una mentira. Es un mentiroso de primera, aunque en lo demás sea de tercera.&lt;br /&gt;De modo que quizás no llevo su verdadero nombre.&lt;br /&gt;Lo último que veo antes de apagá la luz es la postal en el tocador: «No te preocupes».&lt;br /&gt;¡Que no me preocupe! Al día siguiente es domingo, y es lunes el día que los de al lado se quejan de mí a la policía. Esa noche la mujer está junto al seto, y cuando paso delante de ella me dice en voz muy tranquila y dulce:&lt;br /&gt;—¿Por qué tienes que quedarte aquí? ¿No podrías irte?&lt;br /&gt;Yo no contesto. Salgo a la calle para librarme de ella. Pero ella corre al interior de la casa, se asoma a la ventana, aún me ve. Entonces empiezo a cantá, para que comprenda que no le tengo miedo. El marido grita:&lt;br /&gt;—Si no deja de armar alboroto llamaré a la policía.&lt;br /&gt;Yo le contesto secamente:&lt;br /&gt;—Váyase al diablo—le digo—y llévese también a su mujer.&lt;br /&gt;Y sigo cantando, más alto.&lt;br /&gt;La policía viene en seguida. Un par. Quizás estaban junto a la vuelta de la esquina. Todo lo que puedo decir de la policía y de su modo de actuá es que creo que todo depende de con quién tratan. Jamás me mezclaré por mi propia voluntad con la policía. Jamás.&lt;br /&gt;Uno de ellos dice, aquí no está permitido organizar tanto jaleo. Pero el otro me hace muchas preguntas. ¿Cómo me llamo? ¿Soy arrendataria de un piso en el número 17? Ultimo domicilio y así sucesivamente. Me enfado por su forma de hablarme y le digo:&lt;br /&gt;—Vine aquí porque alguien me robó mis ahorros. ¿Por qué no busca mis ahorros en lugar de ladrarme así? Sudo lo que gano. Ninguno de ustedes hizo ná por encontrarlos.&lt;br /&gt;—¿De qué está hablando? —dice el primero, y el otro me dice:&lt;br /&gt;—Está prohibido hacer tanto ruido aquí. Váyase a su casa. Está usted bebida.&lt;br /&gt;Veo a esa mujé que me mira y sonríe, y otras personas en las ventanas, y estoy tan furiosa que vuelvo a cantá a gritos hacia ellos.&lt;br /&gt;—Tengo el más absoluto y perfecto derecho a está en la calle, el mismo que los demás, y tengo el más absoluto y perfecto derecho a preguntarle a la policía por qué no buscó mi dinero cuando desapareció. Y no lo busca porque el maldito ladrón era un inglés—les digo.&lt;br /&gt;Todo esto termina con que tengo que ir ante un magistrao, y él me pone una multa de cinco libras por embriaguez y escándalo público, y me da dos semanas para pagarla.&lt;br /&gt;Cuando regreso del juzgao, camino por la cocina de arriba abajo, de arriba abajo, esperando que sean las seis porque no me quedan cinco libras, y no sé qué hacer. A las seis telefoneo y una mujer me contesta seca y cortante, luego se pone Mr. Sims y no parece tampoco muy contento cuando le cuento lo ocurrido.&lt;br /&gt;—¡Dios mío!—dice, y yo le digo que lo siento.&lt;br /&gt;—Bueno, no te asustes—dice—. Yo pagaré la multa. Pero mira, me parece que no...&lt;br /&gt;Se interrumpe y habla con otra persona que está en la habitación. Y sigue:&lt;br /&gt;—Quizás sería mejor que no te quedaras en el número 17. Creo que podré arreglarlo para que vayas a otro sitio. Te llamaré el miércoles..., el sábado a lo más tardar. Pórtate bien hasta entonces.&lt;br /&gt;Y colgó antes de que pudiera contestarle que no quiero esperá hasta el miércoles, y menos hasta el sábado. Quiero salir de esta casa inmediatamente y sin retraso. Lo primero que pienso es volvé a llamarle, luego cambio de idea porque sonaba muy enfadao.&lt;br /&gt;Me preparo, pero el miércoles no viene y el sábado no viene. Estoy toda la semana en el piso. Sólo salgo una vez y lo arreglo para que me traigan el pan, la leche y los huevos, y me da la sensación de haberme cruzao con muchos policías. No me miran, pero seguro que me ven. No quiero beber: me paso el tiempo escuchando, escuchando y pensando, ¿cómo podría irme antes de saber si han pagao mi multa? Me digo que la policía vendría a decírmelo, seguro. Pero no me fío de ellos. ¿Qué les importa mi suerte a ellos? La respuesta es que no les importa nada. A nadie le importa. Una tarde llamo al piso de la vieja de arriba, porque se me ocurre que podría darme un buen consejo. La oigo ir de un lado para otro, hablando, pero no contesta y no vuelvo a probá.&lt;br /&gt;Pasan así casi dos semanas, luego telefoneo. Habla la mujer y dice:&lt;br /&gt;—Mt. Sims no está en Londres en este momento.&lt;br /&gt;—¿Cuándo estará de regreso? —digo—. Es urgente.&lt;br /&gt;Y ella cuelga.&lt;br /&gt;No me sorprende. En absoluto. Sabía que ocurriría. De todos modos me siento tan pesada como el plomo. Cerca de la cabina de teléfonos hay una farmacia, así que les pido que me den algo que me haga dormí, durante el día ya es bastante malo, pero pasá toda la noche en vela, ¡eso no! Me da un frasquito con una etiqueta que dice: «Una tableta o dos solamente», y me tomo tres al acostarme porque cada vez estoy más convencida de que dormí es lo mejor de todo. Sin embargo permanezco tendida, los ojos de par en par como siempre, así que me tomo otras tres. Lo siguiente que veo es la habitación llena de sol, así que debe ser media tarde, pero la lámpara todavía está encendía. Me da vueltas la cabeza y no puedo pensá bien. Al principio me pregunto cómo he llegao a este sitio. Luego me viene el recuerdo, pero en imágenes: la de la casera dándole la patá a mi vestido, y cuando compro el billete en Victoria Station, y la de Mr. Sims diciéndome que coma los bocadillos, pero no recuerdo nada con claridá, y me siento mareadísima y tengo arcadas. Recojo la leche y los huevos en la puerta, voy a la cocina y trato de comé pero la comida es tan dura que me resulta casi imposible tragarla.&lt;br /&gt;Es en el momento de retirar las cosas cuando veo las botellas, escondidas en el estante más bajo de la despensa.&lt;br /&gt;Queda mucho en todas, y os aseguro que me alegro. Porque no soporto sentirme así. Ya no lo soporto más. Mezclo gin con vermú y lo bebo deprisa, luego mezclo otro vaso y me lo bebo despacio junto a la ventana. El jardín está distinto, nunca lo había visto así. Sé muy bien lo que tengo que hacer, pero ahora es tarde, mañana. Tomo otro trago, ahora de vino, y luego me viene a la cabeza una canción, la canto y la bailo, y cuanto más canto, más segura estoy de que es la mejor canción que se me ha ocurrido en la vida.&lt;br /&gt;La luz del crepúsculo que entra por la ventana es de oro. Mis zapatos suenan fuerte contra los talones. Así que me los quito, también las medias y sigo bailando peto la habitación me hace sentirme encerrá, no puedo respirá, y salgo fuera sin dejá de cantá. Quizás bailo también un poco. Me olvido de tó lo referente a la mujer hasta que la oigo decir:&lt;br /&gt;—Henry, fíjate en esto.&lt;br /&gt;Me vuelvo y la veo en la ventana.&lt;br /&gt;-Oh, sí. Quería hablá con usté—le digo—. ¿Por qué llamó a la policía y me metió en un lio? A ver, por qué.&lt;br /&gt;—Y dígame usted qué está haciendo aquí —dice ella—. Este es un barrio respetable.&lt;br /&gt;Luego viene el hombre:&lt;br /&gt;—Fuera de aquí, joven. Debería avergonzarse de su comportamiento.&lt;br /&gt;«Es escandaloso», dice él dirigiéndose a su mujer, pero en voz tan alta que puedo oírle, y ella también, por una vez, habla en voz muy alta:&lt;br /&gt;—Las otras fulanas que trajo ese tipo al menos eran blancas —dice.&lt;br /&gt;—Es usted una cochina mentirosa—digo—. Ya hay suficientes chicas de ésas en este país. Tan innumerables como las arenas del mar. No me necesitan a mí para eso.&lt;br /&gt;—Desde luego que no puede decirse que tenga usted un éxito clamoroso—con una voz otra vez dulzona—. Y no crea que volverá a ver mucho a su amigo Mr. Sims. El también está metido en un lío. Váyase a otro lado. Busque a otro. Si puede, claro.&lt;br /&gt;Cuando dice eso mi brazo se mueve solo. Cojo una piedra y ¡bam! por la ventana. No por la que ellos ocupan, sino la siguiente, que tiene cristales de colores, verde y púrpura y amarillo.&lt;br /&gt;Jamás he visto una mujé poné tal cara de sorpresa. Se le queda la boca abierta de tanta sorpresa. Yo empiezo a reír, cada vez más fuerte: río como mi abuela, con las manos en las caderas y la cabeza hacia atrás. (Cuando reía así se la podía oír desde el otro extremo de la calle.) Por fin les digo:&lt;br /&gt;—Bueno, lo siento. Un accidente. Mañana a primera hora haré que lo arreglen.&lt;br /&gt;—Ese cristal es irreemplazable—dice el hombre—. Irreemplazable.&lt;br /&gt;—Mejor —le digo—. Esos colores me daban arcadas. Les compraré otros mejores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El me amenaza con el puño.&lt;br /&gt;—Esta vez no se saldrá sólo con una multa—dice.&lt;br /&gt;Luego corren las cortinas. Yo les llamo a gritos.&lt;br /&gt;—¿Por qué huyen? Siempre huyen. Desde que vine aquí siempre me han estado persiguiendo porque yo no contestaba. Desvergonzaos.&lt;br /&gt;Trato de cantar «No me molestes ahora»:&lt;br /&gt;No me molestes ahora Tú no tienes honor. No sigas mis pasos Tú no tienes vergüenza.&lt;br /&gt;Pero la voz no me sale bien, así que vuelvo a casa y bebo otro vaso de vino: todavía tengo ganas de reír, y todavía me acuerdo de mi abuela porque ésa era una de sus canciones.&lt;br /&gt;Habla de un hombre cuyo amorcito le dice adiós cuando encuentra a un tipo rico, y él se va a Panamá. Mucha gente muere allí de las fiebres cuando hacen ese canal de Panamá tan largo hace muchísimo tiempo. Pero él no muere. Regresa con dólares y la chica va a recibirle al muelle, muy elegante y sonriente. Entonces él le canta: «Tú no tienes honor; tú no tienes vergüenza». Sonaba muy bien en el patois de Martinica: «Sans honte».&lt;br /&gt;Después me pregunto: «¿Por qué he hecho eso? No soy así. Pero si te menosprecian una y otra vez llega el día que revientas y eso es lo que pasa.»&lt;br /&gt;Además, Mr. Sims no puede decirme ahora que no tengo coraje. No me importa, me duermo en seguida y me alegro de haberle roto esa fea ventana a la mujer. Pero mi canción..., mi canción se me ha ido y nunca volverá. Una pena.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente me despierta el ruido del timbre. La gente de arriba no baja, y el timbre sigue sonando como una furia. Así que me levanto a ver, y fuera hay un policía y una policía. En cuanto abro la puerta la mujé mete el pie. Lleva sandalias y medias gruesas y en mi vida había visto un pie tan grande ni tan feo. Parecía que quisiera aplastá el mundo entero. Luego entra ella detrás del pie, y su cata tampoco es bonita precisamente. El policía dice que mi multa está sin pagá y que la gente ha presentado graves acusaciones contra mi, de modo que me llevan otra vez al magistrao. Me enseña un papel y yo lo miro, pero no lo leo. La mujé me empuja hacia el dormitorio, y me dice que me vista rápidamente, pero yo me quedo mirándola, porque pienso que a lo mejor ya estoy a punto de despertarme. Luego le pregunto qué tengo que ponerme. Ella dice que supone que ayer debía llevar algo puesto. ¿O no?&lt;br /&gt;–Qué más da, póngase cualquier cosa—dice.&lt;br /&gt;Pero busco ropa interior limpia y medias y los zapatos de tacón alto, y me peino el cabello. Empiezo a limarme las uñas, porque pienso que las tengo demasiado largas para el magistrao, pero ella se enfurece:&lt;br /&gt;—¿Piensa venir sin ofrecer resistencia o qué? —dice.&lt;br /&gt;Así que me voy con ellos y nos metemos en el coche que está en la calle.&lt;br /&gt;Espero mucho rato en una habitación llena de policías. Entran, salen, telefonean, hablan en voz baja. Luego me llega el turno, y lo primero que llama mi atención en el juzgao es un hombre con negras cejas fruncidas. Está sentado debajo del magistrao, vestido de negro y tan guapo que no puedo apartar los ojos de él. Cuando él se da cuenta frunce el entrecejo más incluso que antes.&lt;br /&gt;Primero viene un policía a testimoniar que he provocao alborotos, y luego viene el señor viejo de la casa de al lao. Repite eso de toda la verdá y nada más que la verdá. Luego dice que por las noches hago un ruido horrible y uso un lenguaje abominable, y bailo obscenamente. Dice que cuando tratan de cerrá las cortinas porque su mujer está aterrada por el espectáculo que yo estoy dando, yo me pongo a tirá piedras y rompo una valiosa ventana de cristal emplomao. Dice que su mujer hubiese quedado gravemente hería si la hubiese alcanzao, y que se encuentra padeciendo una terrible crisis nerviosa y que el doctor está con ella. «Te aseguro— pienso—, que si hubiese apuntao a tu mujer le hubiera dao. Puedes estar completamente seguro.»&lt;br /&gt;—No hubo provocación—dice—. En absoluto.&lt;br /&gt;Después otra señora de la acera de enfrente dice que es verdá. Que no oyó la más mínima provocación, y jura que ellos cerraron las cortinas pero que yo seguí insultándoles y utilizando un lenguaje repugnante y que lo vio y lo oyó todo.&lt;br /&gt;El magistrao es un señó menudo de voz tranquila, pero estas voces me inspiran ahora mucho recelo. Me pregunta por qué no pagué la multa, y le digo que porque no tenia dinero. Me huelo que quieren averiguar todo lo referente a Mr. Sims, porque están escuchando con mucha atención. Pero a mí no me van a sacar ná. Me pregunta cuánto tiempo hace que estoy en el piso y le contesto que no me acuerdo. Sé que quieren confundirme como me confundieron cuando lo de mis ahorros, así que no contesto. Al final me pregunta si tengo algo que decí, pues no se me puede permití que siga causando molestias. «Soy una molestia porque no tengo dinero, y eso es todo», pienso. Quiero hablá y contarle que me robaron tós mis ahorros, y que cuando el casero me pidió un mes por adelantao no se lo pude dar. Quiero decirle que la mujer de la casa de al lado hace mucho tiempo que me está provocando y que me insulta, pero que hablaba con una vocecita dulzona y nadie la oía: por eso le rompo la ventana, pero estoy dispuesta a comprarle otra. Quiero decir que lo único que hago es cantá en ese viejo jardín, y quiero decirlo en voz tranquila. Pero me oigo hablá a gritos y veo mis manos que se agitan en el aire. Además es inútil, no me creerán, así que no termino. Callo y me noto las lágrimas en la cara.&lt;br /&gt;—Demuéstrelo.&lt;br /&gt;Eso es lo único que dicen. Susurran, susurran. Asienten con la cabeza todo el tiempo.&lt;br /&gt;Luego vuelvo a estar en el coche con una policía diferente, muy elegante. No lleva uniforme. Le pregunto a dónde me lleva y dice «Holloway», simplemente eso, «Holloway». *&lt;br /&gt;Le cojo la mano porque tengo miedo. Pero ella la retira. Su mano se aparta fría y suave y su cara es de porcelana: suave como la de una muñeca, y yo pienso «Es la última vez que le pido algo a alguien. Lo juro.»&lt;br /&gt;El coche sube a un castillo negro y rodeao de callejuelas mezquinas. Un camión bloquea las puertas del castillo. Cuando se aparta entramos y ya estoy en la prisión. Primero hago cola con otras que están esperando para entregar los bolsos y todas sus pertenencias a una mujé que está detrás de una rejilla, como en una oficina de correos. La chica de delante saca una polvera muy bonita, yo diría que de oro, un lápiz de labios a juego y una cartera llena de billetes. La mujer se queda el dinero pero le devuelve los polvos y la barra de labios y casi le sonríe. Yo tengo dos libras, siete chelines y seis peniques en monedas de penique. Ella me coge el bolso, luego me tira la polvera (que es barata), mi peine y mi pañuelo, como si todo lo que hubiera en mi bolso estuviera sucio. Así que pienso, «Aquí también, aquí también». Pero me digo «¿Y qué esperabas, eh, chica? Todos son iguales. Todos.»&lt;br /&gt;Algunas cosas que pasan luego no las recuerdo, o quizás es mejor no recordá. Me parece que empiezan tratando de atemorizarme. Pero conmigo fracasan porque ahora no me importa ná, como si el corazón se me hubiese quedado duro como una piedra y no sintiese ná.&lt;br /&gt;Después estoy en lo alto de una escalera con muchas mujeres y chicas. Mientras bajamos me fijo que la barandilla de un lado es muy baja, muy fácil de saltá, y mucho más abajo hay un pasillo de piedra gris que parece que me esté esperando.&lt;br /&gt;Cuando pienso esto una mujer de uniforme se acerca rápidamente y me coge del brazo.&lt;br /&gt;—Ah no. Eso sí que no—dice.&lt;br /&gt;Simplemente estaba fijándome que la barandilla era muy baja, eso es todo: pero no vale la pena decirlo.&lt;br /&gt;Otra larga cola espera para el médico. Avanza lentamente y tengo las piernas terriblemente cansadas. La chica de delante es muy joven y llora y llora.&lt;br /&gt;—Tengo miedo—dice todo el tiempo.&lt;br /&gt;En cierto sentido tiene suerte, porque lo que es yo no volveré a llorá nunca más. Se me ha quedao todo seco y endurecido. Eso, y muchas cosas más. Al final le digo que pare, porque hace precisamente lo que esa gente quiere que haga.&lt;br /&gt;Ella deja de llorá y empieza a contá una larga historia, pero mientras habla su voz se aleja muchísimo, y no puedo vé claramente su cara.&lt;br /&gt;Luego estoy en una silla, y una de esas mujeres con uniforme me empuja la cabeza poniéndomela entre las rodillas, pero que empuje lo que quiera: de todos modos las cosas siguen alejándose de mí.&lt;br /&gt;Me ponen en el hospital porque el médico dice que estoy enferma. Tengo una celda para mí sola y se estaría bien si no fuese porque no duermo. Las cosas que dicen que más te fastidian son las que me dan igual.&lt;br /&gt;Cuando cierran ruidosamente la puerta pienso, «Me encerráis, pero lo que hacéis es dejar fuera a todos esos malditos diablos. Ahora no pueden alcanzarme.»&lt;br /&gt;Al principio me fastidia que se pasen toda la noche mirándome. Abren una ventanita de la puerta y me miran. Pero me acostumbro a eso y me acostumbro al camisón que me dan Es muy recio, y en mi opinión no está tampoco muy limpio: pero, ¿qué más da? Pero la comida no me la puedo tragá, sobre todo las gachas. La mujer me pregunta sarcástica:&lt;br /&gt;—¿Huelga de hambre?&lt;br /&gt;Pero luego puedo dejarlo casi todo y no me dice ná.&lt;br /&gt;Un día viene una chica bonita con unos libros y me da dos, pero no tengo ganas de leé. Además uno habla de un asesinato, y el otro de un fantasma y me parece que las cosas no son como dicen esos libros.&lt;br /&gt;Ahora no quiero ná. Es inútil. Que me dejen en paz y tranquila, no pido ná más. La ventana tiene rejas pero no es pequeña, de modo que veo a través de las rejas un árbol delgadito y me gusta mirarlo.&lt;br /&gt;Después de una semana me dicen que estoy mejor y puedo salir con las demás a hacer ejercicio. Caminamos dando vueltas y más vueltas a uno de los patios del castillo: hace buen tiempo y el cielo está de un azul pálido, pero el patio es un lugar terriblemente triste. Cae la luz del sol y muere. Me canso de andá con tacones altos y me alegro cuando esto termina.&lt;br /&gt;Nos dejan hablá, y un día sube una vieja y me pide una cosa que no entiendo. Se lo digo y ella empieza a murmurá contra mí como si estuviese furiosa. Otra mujer me dice que quería decir colillas, así que le digo que no fumo. Pero la vieja sigue enfadá, y cuando nos vamos me da un empujón y estoy a punto de caerme. Me alegra alejarme de esa gente, oír el estrépito de la puerta al cerrarse y quitarme los zapatos.&lt;br /&gt;A veces pienso, «Estoy aquí porque quería cantá» y me tengo que reí. Pero en mi celda hay un espejo pequeño y me miro y soy otra persona. Como una persona desconocida. Mr. Sims me dijo que estaba demasiado delgada, pero, ¿qué diría ahora si viera esa persona del espejo? Así que no vuelvo a reí.&lt;br /&gt;Generalmente no pienso ná. Todas las cosas y todas las personas parecen muy pequeñas y muy lejanas, ese es el único problema.&lt;br /&gt;El doctó viene a verme dos veces. El no dice casi ná y yo no digo casi ná, porque siempre está ahí una mujer de uniforme. Pone cara de estar pensando, «Ahora empiezan las mentiras». Por eso prefieno no hablá. Así estoy segura de que no podrán hacerme caer en ninguna trampa. Entonces me dejarían aquí, o me llevarían a un sitio peor. Pero un día ocurrió esto.&lt;br /&gt;Estábamos dando vueltas y más vueltas al patio cuando oí cantá a una mujer: la voz venía de muy arriba, de una de las ventanitas enrejadas. Al principio no podía creerlo. ¿Por qué iba nadie a cantá aquí? En la cárcel nadie tiene ganas de cantá, nadie tiene ganas de hacé ná. No hay por qué y no hay esperanza. Pienso que debo estar durmiendo, soñando, pero estoy despierta, seguro, y veo que todas las demás también escuchan. Esa tarde está con nosotras una enfermera en lugar de una policía. Se para y mira hacia la ventana.&lt;br /&gt;Es una voz como de humo, un poco ronca a veces, como si fuesen esos mismos muros viejos y oscuros los que se quejaran, porque ven demasiada miseria, demasiada. Pero la voz no cae al patio ni muere en él; me da la sensación que podría fácilmente saltá por encima de las puertas de la prisión e irse muy lejos, y que nadie podría detenerla. No oigo la letra, sólo la música. Canta un verso y luego empieza otro, y luego se interrumpe de repente. Todo el mundo empieza a caminá otra vez, y nadie dice una palabra. Pero cuando entramos le pregunto a la que va delante de mí quién cantaba.&lt;br /&gt;—Es la canción de Holloway—dice—. ¿No la conocías aún? Cantaba desde las celdas de castigo, y nos decía a todas adiós y no os rindáis jamás.&lt;br /&gt;Luego yo tengo que irme por un lado, hacia el bloque del hospital, y ella por otro, y no volveremos a hablar nunca.&lt;br /&gt;De vuelta en mi celda no puedo esperar la hora de acostarme. Paseo arriba y abajo y pienso, «Algún día oiré esa música tocada por unas trompetas y estos muros caerán y descansarán.» Tengo tantísimas ganas de salí que podría ponerme a aporreá la puerta, porque ahora sé que todo puede ocurrí, y no quiero estar encerrada aquí y perdérmelo.&lt;br /&gt;Luego tengo hambre. Me como todo lo que me traen y a la mañana siguiente tengo todavía tanta hambre que me como las gachas. La siguiente vez que viene el doctó a verme dice que tengo mejor aspecto. Luego le cuento parte de lo que pasó en esa casa. No mucho. Soy cautelosa.&lt;br /&gt;El me mira fijamente como si estuviese sorprendido. Desde la puerta agita un dedo y dice, «Y que no te vuelva a ver por aquí nunca más».&lt;br /&gt;Esa tarde la mujer dice que me voy, pero le revienta tanto que me vaya que no le pregunto ná. Muy temprano, antes de que amanezca abre la puerta de golpe y me dice a gritos que me apresure. Mientras caminamos por los pasillos veo a la chica que me dio los libros. Está en fila con las otras haciendo ejercicios. Arriba Abajo, Arriba Abajo, Arriba. Pasamos muy cerca y me fijo que está muy pálida y cansada. Es una locura, todo es una locura. Lo de arriba abajo y todo lo demás también. Cuando me dan mi dinero me acuerdo de que me he dejado la polvera en la celda, así que pregunto si puedo ir a buscarla. Tendríais que haber visto la cara de esa policía cuando me dijo, «Anda, largo».&lt;br /&gt;No hay un automóvil sino un camión y las ventanas están tapadas. La tercera vez que se para salgo con otra, una jovencita, y es el mismo juzgao que la otra vez.&lt;br /&gt;Esperamos las dos en una habitación pequeña, completamente solas, y al rato la chica dice, «¿Qué diablos hace esa gente? No pienso pasarme aquí el día entero». Va al timbre y lo aprieta y no lo suelta. Cuando la miro me dice:&lt;br /&gt;—¿Para qué los ponen si no?&lt;br /&gt;Esa chica tiene la cara tan dura como un tablón: podría cambiarla por la de otras muchas y no notaríais la diferencia. Pero no hay duda de que consigue resultaos. Viene un policía, muy sonriente, y entramos en el juzgao. El mismo magistrao, el mismo hombre ceñudo sentao debajo de él, y cuando oigo que mi multa ha sido pagá quiero preguntar quién lo ha hecho, pero él me chilla:&lt;br /&gt;—Silencio.&lt;br /&gt;Creo que nunca entenderé ni la mitá de lo que ocurre, pero me dicen que puedo irme, y eso sí lo entiendo. El magistrao me pregunta si voy a irme de ese barrio y yo digo sí, luego vuelvo a está en la calle, y otra vez hace muy buen tiempo, otra vez me da la sensación de está soñando.&lt;br /&gt;Cuando llego a la casa veo dos hombres hablando en el jardín. Tanto la puerta de la calle como la del piso están abiertas. Entro, y el dormitorio está vacío, no hay nada aparte del reverbero que se cuela porque se han llevao las persianas. Cuando me pregunto dónde puede está mi maleta, y dónde la ropa que dejé en el armario, suena un golpe y es la anciana del piso de arriba que trae mi maleta hecha, y el abrigo en el brazo. Dice que me ha visto llegá.&lt;br /&gt;—Le guardé sus cosas.&lt;br /&gt;Empiezo a darle las gracias pero ella se da la vuelta y se va. Aquí son así, y mejó no esperá más. Además, apuesto a que le han dicho que soy una persona horrible.&lt;br /&gt;Entro en la cocina, pero cuando veo que están talando el árbol grande del jardin de atrás no me quedo a verlo.&lt;br /&gt;En la estación espero el tren y una mujer me pregunta si me encuentro bien.&lt;br /&gt;—Tiene aspecto de estar muy cansada —dice—. ¿Viene de muy lejos?&lt;br /&gt;Pero yo le digo:&lt;br /&gt;—Sí, estoy perfectamente. Pero no soporto el caló.&lt;br /&gt;Ella dice que tampoco lo soporta, y hablamos del tiempo hasta que llega el tren.&lt;br /&gt;Ya no les tengo miedo: al fin y al cabo, ¿qué más podrían hacerme? Sé lo que hay que decí y tó marcha como un reló.&lt;br /&gt;Tomo una habitación cerca de Victoria porque la patrona acepta una libra de adelanto, y al día siguiente encuentro un trabajo en un hotel cercano. Pero no me quedo mucho tiempo. Oigo hablá de otro trabajo en unos grandes almacenes: poner a medida vestios de señoras y cosas así. Miento y les digo que he trabajao en una tienda muy cara de Nueva York. Hablo con osadía y expresión tranquila, y ni siquiera comprueban lo que digo. Me hago amiga de una chica de allí, Clarice, muy clara de coló, muy lista, que tiene mucho trato con las clientes y se ríe de algunas de ellas a su espalda. Pero yo le digo que no es culpa suya si los vestíos no les sientan bien. Un vestío hecho especialmente para una es muy caro en Londres. Por eso nos pasamos el día remetiendo y ensanchando costuras. Clarice tiene dos habitaciones bastante cerca de los almacenes. Las va amueblando ella misma poco a poco y da fiestas algunos sábados por la noche. Es ahí donde empiezo a silbar la canción de Holloway. Un hombre se me acerca y dice:&lt;br /&gt;—Repite eso otra vez.&lt;br /&gt;De modo que vuelvo a silbá (ahora no canto nunca) dice:&lt;br /&gt;—No está mal.&lt;br /&gt;Clarice tiene un piano viejo que le dio alguien de los almacenes y él toca la melodía, dándole ritmo de jazz.&lt;br /&gt;—No, no es así—le digo.&lt;br /&gt;Pero tós los demás dicen que tal como la toca él queda de primera. Bueno, no vuelvo a pensá más en eso hasta que él me manda una carta diciendo que ha vendido la canción y que como le ayudé considerablemente me incluye cinco libras y su agradecimiento.&lt;br /&gt;Leo la carta y podría haberme puesto a llorá. Porque al fin y al cabo esa canción era tó lo que yo tenía. No encajo en ningún sitio, ni tengo dinero para comprarme el derecho a encajar en alguna parte. Tampoco quiero.&lt;br /&gt;Pero cuando esa chica se puso a cantá, me cantaba a mí, y cantaba para mí. Yo estaba allí porque tenía que está alli. Estaba escrito que yo lo oiría. De eso estoy segura.&lt;br /&gt;Ahora dejo que la toquen mal, y dejará de ser mía, como las demás canciones, como todo lo demás. Ya no hay ná que sea mío.&lt;br /&gt;Pero luego me digo que todo esto es una bobá. Incluso si la tocaran con trompetas, incluso si la tocaran como hay que tocarla, como yo quería, incluso entonces ningún muro caería de golpe. «Que lo llamen jazz», pienso, y les dejo que la toquen mal. Eso no cambiará en lo más mínimo la canción que yo oí.&lt;br /&gt;Con el dinero me compro un vestido rosa pálido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115893624116663417?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115893624116663417/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115893624116663417&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115893624116663417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115893624116663417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/09/que-lo-llamen-jazz.html' title='Que lo llamen Jazz'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115863681328450581</id><published>2006-09-19T00:31:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:21:10.821-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cayo Valerio Catulo'/><title type='text'>Renuncia de amor</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Cayo Valerio Catulo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;Desgraciado Catulo, deja de hacer locuras,&lt;br /&gt;y lo que ves perdido, por ello dalo.&lt;br /&gt;Brillaron para ti en otro tiempo blancos los soles,&lt;br /&gt;cuando acudías allá donde quería una muchacha,&lt;br /&gt;amada por nosotros como no será amada ya ninguna.&lt;br /&gt;Eran entonces aquellas tantas diversiones&lt;br /&gt;que deseabas tú y que ella no rehusaba.&lt;br /&gt;Brillaron, sí, para ti blancos los soles.&lt;br /&gt;Mas ella ya no quiere, y tú -reprime la pasión-&lt;br /&gt;tampoco quieras,&lt;br /&gt;ni vayas tras quien huye, ni vivas desgraciado,&lt;br /&gt;sino que, duro el ánimo, tente firme. No sientas.&lt;br /&gt;Adiós muchacha, Catulo ya no siente.&lt;br /&gt;Pues que no lo deseas, ya no te irá a buscar&lt;br /&gt;ni te hará ruegos,&lt;br /&gt;pero tú sufrirás cuando nadie te ruegue.&lt;br /&gt;Ay de ti, desdichada, ¡qué va a ser de tu vida!&lt;br /&gt;¿Quién va a estar junto a ti? ¿Quién te verá bonita?&lt;br /&gt;¿Ahora a quién vas a amar? ¿De quién dirán que eres?&lt;br /&gt;¿A quién vas a besar? ¿Morderás en qué labios?&lt;br /&gt;Pero Catulo, tú, condenado, no sientas. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115863681328450581?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115863681328450581/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' 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scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alvaro Mutis'/><title type='text'>Exilio</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Alvaro Mutis&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voz de exilio, voz de pozo cegado, &lt;br /&gt;voz huérfana, gran voz que se levanta &lt;br /&gt;como hierba furiosa o pezuña de bestia, &lt;br /&gt;voz sorda del exilio, &lt;br /&gt;hoy ha brotado como una espesa sangre &lt;br /&gt;reclamando mansamente su lugar &lt;br /&gt;en algún sitio del mundo. &lt;br /&gt;Hoy ha llamado en mí &lt;br /&gt;el griterío de las aves que pasan en verde algarabía &lt;br /&gt;sobre los cafetales, sobre las ceremoniosas hojas del banano, &lt;br /&gt;sobre las heladas espumas que bajan de los páramos, &lt;br /&gt;golpearon y sonando &lt;br /&gt;y arrastrando consigo la pulpa del café &lt;br /&gt;y las densas flores de los cámbulos. &lt;br /&gt;Hoy algo se ha detenido dentro de mí, &lt;br /&gt;un espeso remanso hace girar, &lt;br /&gt;de pronto, lenta, dulcemente, &lt;br /&gt;rescatados en la superficie lenta de sus aguas, &lt;br /&gt;ciertos días, ciertas horas del pasado &lt;br /&gt;a los que aferra furiosamente &lt;br /&gt;la materia más secreta y eficaz de la vida. &lt;br /&gt;Flotan ahora como troncos de tierno balso, &lt;br /&gt;en serena evidencia de tiernos testigos &lt;br /&gt;y a ellos me acojo en este largo presente de exiliado. &lt;br /&gt;En el café, en casa de amigos, tornan con dolor desteñido &lt;br /&gt;Teruel, Jarama, Madrid, Irún, Somosierra, Valencia &lt;br /&gt;y luego Perpignan, Argelés, Dakar, Marsella. &lt;br /&gt;A su rabia me uno, a su miseria &lt;br /&gt;y olvido así quién soy, de dónde vengo, &lt;br /&gt;hasta cuando una noche &lt;br /&gt;comienza el golpeteo de la lluvia &lt;br /&gt;y corre el agua por las calles en silencio &lt;br /&gt;y un olor húmedo y cierto &lt;br /&gt;me regresa a las grandes noches del Tolima &lt;br /&gt;en donde un vasto desorden de aguas &lt;br /&gt;grita hasta el alba su vocerío vegetal: &lt;br /&gt;su destronado poder entre las ramas del sombrío, &lt;br /&gt;chorrea aún en la mañana &lt;br /&gt;acallando el borboteo espeso de la miel &lt;br /&gt;en los pulidos calderos de cobre. &lt;br /&gt;Y es entonces cuando peso mi exilio &lt;br /&gt;y mido la irrescatable soledad de lo perdido &lt;br /&gt;por lo que de anticipada muerte me corresponde &lt;br /&gt;en cada hora en cada día de ausencia &lt;br /&gt;que lleno con asuntos y con seres &lt;br /&gt;cuya extranjera condición me empuja &lt;br /&gt;hacia la cal definitiva &lt;br /&gt;de un sueño que roerá sus propias vestiduras, &lt;br /&gt;hechas de una corteza de materias &lt;br /&gt;desterradas por los años y el olvido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115863643246915517?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115863643246915517/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115863643246915517&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115863643246915517'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115863643246915517'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/09/exilio.html' title='Exilio'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115834419725301779</id><published>2006-09-15T14:56:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:22:00.444-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oriana Fallaci'/><title type='text'>Lo suyo es una dictadura, señor</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Oriana Fallaci&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[entrevista a Leopoldo Galtieri previa a la batalla final en Malvinas que se publicó originalmente en Cambio 16]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Presidente Galtieri, cuando Ud. piensa en lo que organizado, y aludo a los centenares de jóvenes que han muerto en combate, a los centenares que pueden todavía morir, soldados de reemplazo, marineros imberbes, pilotos en la flor de su edad, y aludo también al nuevo detonador de la tercera guerra mundial que se ha encendido en esta parte del planeta, y como si todavía no fuera suficiente en el Oriente Medio y el Golfo Pérsico sobre los que temblar, también tenemos el Atlántico Sur, ¡maldición!, dígame, ¿no le sucede nunca preguntarse si valía la pena, decirse -a lo mejor- hemos cometido un error, en una palabra Ud. no se arrepiente jamás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No, señora periodista. No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: ¿No? Sin embargo, aparte de lo que he dicho, no me parece que Ud. tenga muchos motivos para estar satisfecho. No obstante consignas triunfalistas que propala vuestra televisión al país junto a las marchas guerreras, "venceremos", "vamos a vencer", "ganaremos en todos los frentes", ha llegado para Ud. el momento de pronunciar la palabra que aquí ninguno quiere pronunciar: derrota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No señora periodista. Yo soy mucho más optimista que Ud. Ni aunque cayera Puerto Argentino me preguntaría si valía la pena haber hecho aquello que he hecho, y todavía menos diría haber cometido un error. ¿Recuerda cuando en la Segunda Guerra Mundial los ingleses fueron derrotados en Dunkerque? Bien, en 1945 estaban en Berlín. En otras palabras, ni aún la caída de Puerto Argentino significaría el fin del conflicto y nuestra derrota: cualquier argentino se lo diría. Señora periodista: hace 149 años que los argentinos denunciaron la agresión cometida por los ingleses en 1833 cuando nos robaron las islas, y son 17 años que intentamos recuperarlas por las vías diplomáticas o sea al revés de las Naciones Unidas. Si el 2 de abril no las hubiéramos recuperado militarmente, lo mismo habría sucedido en abril o en mayo o en junio del próximo año, o en uno de los próximos años. La colonización inglesa no podía continuar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: No comprendo, ¿por qué habla de colonización? ¿Los 1.800 habitantes de las Falklands, perdón, las Malvinas, no era y son ciudadanos británicos? ¿A quién colonizan entonces los ingleses: a las ovejas, a los pingüinos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Son todos británicos porque allá los ingleses no han permitido jamás a los argentinos comprar un pedazo de terreno, abrir un negocio, tener un comercio, en suma establecer su propia presencia. Si voy a Roma y tengo el dinero para comprarme un apartamento, un negocio, o sea establecerme, las autoridades italianas me lo permiten. Los ingleses, por el contrario, no. Siempre han mantenido esas islas como una hacienda personal y no nos han permitido jamás poner un pie allí, señora periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Señor presidente, con todo el territorio que tenéis, esta bella tierra, este terreno fértil, esas costas inundadas de sol, es un poco difícil entender por qué se intentaría comprar un pedazo de tierra sobre dos islotes desolados y desiertos, donde nadie quiere vivir, fuera de los pingüinos, las ovejas y los 1.800 ingleses habituados al frío y a la niebla. Pero hablando de colonización, ¿Ud. es italiano, verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Si, señora periodista, desciendo de italianos. Mis abuelos eran italianos. Mi abuelo de Génova y mi abuela de Calabria. Vinieron aquí con las oleadas de inmigrantes que se produjeron al comienzo de siglo. Eran obreros pobres, pronto hicieron fortuna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Entonces, también ellos eran colonizadores. Como todos los argentinos, por otra parte, este país no pertenecía a los españoles, a los italianos, a los alemanes, a los franceses, a los ingleses, en suma, a los europeos, a los blancos que vinieron aquí y masacraron a los nativos hasta la última tribu como no sucedió siquiera en América del Norte, donde todavía hay, por lo menos, algunos pieles rojas. ¿Entonces, de qué se escandaliza? ¿Por qué define como colonias a las Falklands, perdón, las Malvinas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista, no retrocedamos tanto en el pasado. Analicemos las cosas como estaban en 1833, cuando los ingleses invadieron las Malvinas. Observe dónde están situadas las islas, cómo la plataforma submarina se extiende sobre aquella área y une la tierra firme con las islas y verá fácilmente la correlación natural que existe entre ellas y la costa argentina. Quiero decir no sólo históricamente sino también geográficamente, las Malvinas nos pertenecen, deben ser nuestras y nuestras serán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Señor presidente, yo sé que aquí los niños crecen aprendiendo que el verdadero nombre de las Falklands es Malvinas, y que las Malvinas son argentinas. Sin embargo, ninguno de sus predecesores se atrevió a la ocupación que Ud. ordenó hace dos meses. De ahí la pregunta que se formulan todos: ¿por qué Galtieri ha hecho aquello que otros no hicieron, ni intentaron, ni pensaron? ¿Cuál era la necesidad imperiosa, al deseo vital, de provocar una guerra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Un suceso fortuito, señora periodista, algo que sucedió durante el mes de marzo en la Georgia del Sur, más exactamente en la isla de San Pedro cuando 40 argentinos de una empresa privada viajaron allí con un contrato aceptado por los ingleses, para realizar algunos trabajos. Apenas comenzaron los trabajos, el embajador británico envió una nota a nuestro ministerio de Relaciones Exteriores, advirtiendo que si los 40 argentinos no se retiraban de inmediato con sus naves, serían expulsados por la fuerza. O sea expulsados a bordo de naves británicas. Bien, aquel fue más que una demostración del rechazo inglés por negociar, discutir. Fue la gota que hizo desbordar el vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: ¿O fue simple pretexto, quizás prefabricado, dado que el episodio incluye el haber izado una bandera argentina en la isla San Pedro por aquellos 40 obreros? Señor presidente, los pretextos pueden ser usados o ignorados. ¿Ud. lo utilizó porque ya estaba decidido a intervenir militarmente? Le formulo mi pregunta. ¿Cuándo se le puso en la cabeza que reocupar aquellas islas era una necesidad imperiosa, un deseo vital? ¿Cuando fue investido presidente, quizás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No, no. Siempre tuve esa preocupación. No obsesivamente como Ud. insinúa. Pero constante. En realidad, no sólo como presidente sino también como comandante en jefe de las fuerzas armadas, o sea antes de ser presidente, repetía que no se podía acusar a los argentinos de haber demostrado impaciencia o falta de prudencia. Y dado que las negociaciones no habían servido de nada, era necesario encontrar otra vía de salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Continúo sin entender, señor presidente. Pero además de aquella plataforma submarina, ¿qué es lo que seduce tanto en esos islotes? ¿Qué hay, oro o petróleo? Dicen que es el petróleo y que las aguas pululan de quisquillas, que son riquísimas para comer, si bien me parece un poco increíble que haga la guerra por las quisquillas? ¿O quizás en la posición estratégica que podría llegar a ser ventajosa, militar y económicamente, el día que el Canal de Panamá cierre el paso a los intrusos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: ¿Por qué no le hace esa pregunta a la Sra. Thatcher que por esas islas ha perdido la mitad de su flota y está causando muerte a nosotros y a su pueblo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Ahora se lo pregunto a Ud. señor presidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista, existe un sentimiento. No el oro, no el petróleo, no la posición estratégica: el sentimiento de la nación argentina desde 1833. ¿Ud. no cree en el sentimiento del pueblo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Yo creo que hablar de sentimientos del pueblo, desgraciadamente, encubre, casi siempre, verdades menos nobles: intereses políticos, intereses económicos, intereses militares o, más directamente, los intereses personales de quien manda. Por lo tanto le pregunto: ¿no podría ocurrir que aquellos islotes representaran a sus ojos un medio fácil para unir a un país dividido e infeliz, hacerlo olvidar una inflación que es tan irrefrenable como grotesca, y una deuda externa monstruosa, que hoy asciende a 36.000 millones de dólares, o sea del fracaso político y económico del régimen militar que Ud. representa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista, acepto su razonamiento porque Ud. es una periodista, señora periodista. De otra manera, no le permitiría que me dijera estas cosas, se lo aseguro. Porque ofenden mis principios, mi buen nombre, mi carrera militar, todo aquello que yo he protegido más que mi propia vida. Jamás he hecho un cálculo frío como del que Ud. me acusa, jamás. La deuda externa de 36.000 millones de dólares y la inflación galopante no tiene nada que ver con las Malvinas. Es más, puedo asegurarle la inflación aumentará debido a los gastos bélicos. Es verdad que las Malvinas han servido para unir a los argentinos, pero la idea de obtener esto a través de la guerra jamás ha cruzado mi mente, se lo juro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Bien, pero muchos otros han tenido tal idea. La historia enseña que cuando las cosas van mal en una sociedad, en un país, aquellos que están en el poder hacen la guerra: así el pueblo se excita completamente y olvida los fracasos, los golpes, los crímenes de quienes gobiernan. En 1940 Mussolini entró en guerra por estas razones, no sólo por su megalomanía. ¿A propósito, también esta comparación le ofende?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Sí señora periodista. Me ofende mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Menos mal. Pero si no hubo cálculo frío, señor presidente, ha habido errores de cálculo. ¿O debería decir ilusiones? Para comenzar, la ilusión de que Inglaterra no reaccionaría, no enviaría su flota tan lejos de casa. ¿O me equivoco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No. Le diré que, si bien una reacción inglesa me pareció posible, no creíamos que la Gran Bretaña se movilizaría por las Malvinas. Quiero decir que no nos parecía un hecho probable. Personalmente juzgaba escasamente posible una respuesta inglesa y absolutamente improbable: imagínese si esperaba esta reacción tan desmesurada, desproporcionada. No lo esperaba nadie. Me digo ¿por qué un país situado en el corazón de Europa debía afectarse tanto por dos islas ubicadas aquí abajo en el Océano Atlántico y que no le sirven para nada? Me parece algo que carece de sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: ¿Pero señor presidente, sus diplomáticos, no le advirtieron que la Thatcher iba a reaccionar como lo hizo? ¿O es que, perdóneme Ud. el paréntesis un poco frívolo, Ud. fue motivado por la idea que una mujer no iba a entrar en guerra? Porque en tan caso, debo recordarle que Indira Gandhi y Golda Mier han aceptado sin dudar sus guerras. Y las ganaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No, no. Le aseguro que jamás me ha influenciado ningún machismo latino. Por otra parte, si dijere lo contrario, la ofendería también a Ud. señora periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Bien, se lo preguntaba pensando en los insultos prehistóricos y las imbecilidades que la prensa argentina dedica a la señora Thatcher: "cerebro de gallina", "vete a tejer calcetas", "vuelve a la cocina", etc. Y me preguntaba si acaso Ud. compartía tales expresiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: La prensa puede decir lo que quiera, y además ya sabe que el humorismo como la caricatura es una característica del temperamento latino. Como habrá notado, sin embargo, el presidente de la nación Leopoldo Galtieri no se ha expresado jamás irrespetuosamente de la señora Thatcher. Y lo mismo los miembros de su gobierno. En cuanto a mi juicio de la señora Thatcher es muy simple: creo que está políticamente inadecuada al momento histórico que vive la humanidad. Digo esto como primer ministro, no como mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Tampoco la Sra. Thatcher tiene una alta opinión sobre Ud., señor presidente. Lo define como un tirano fascista. Pero ocupémonos de otro cálculo equivocado: la ilusión de que los Estados Unidos no apoyarían a Gran Bretaña. Comprendo la amargura, y también la rabia que tiene contra los norteamericanos, ¿pero no sabía que la Gran Bretaña es uno de los miembros más importantes de la OTAN?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista, la diferencia en América del Sur y América del Norte es que los sudamericanos se consideran parte integrante del continente americano, y por el contrario los norteamericanos se consideran pertenecientes a otro hemisferio, el hemisferio norte. Sí, hay una profunda amargura en mí. Una tremenda desilusión. Porque los norteamericanos saben muy bien que, también como comandante en jefe del Ejército, es decir antes de ser presidente, yo he intentado por todos los medios de mantener buenas relaciones con su gobierno, de restablecer una comprensión recíproca, que durante el gobierno de Carter había llegado a faltar. Dada la importancia que el continente americano tiene en la estrategia global, y esto no es sólo en el presente, sino también en el futuro, estos vínculos con nosotros eran para ellos más que indispensables, y debo decir que las relaciones personales que había establecido con el gobierno de Reagan eran excelentes. Nos entendíamos bien los norteamericanos y yo, y debíamos hacer muchas cosas juntos en el continente. Y por eso cuando el señor Haig se ofreció como mediador lo acepté sin duda... y bien, no esperaba su aprobación, no esperaba su apoyo, pero estaba seguro de que comportaría con equilibrio y neutralidad. No esperaba que se aliara con los ingleses utilizando el pretexto de no poder llegar a un acuerdo entre las dos partes. No me esperaba tampoco que el señor Reagan se uniera al señor Haig junto con todo su equipo. Tanto para mí como para el pueblo argentino, la actitud de los norteamericanos se define en una palabra: Traición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Señor presidente, una traición tiene lugar cuando existe una promesa, un compromiso. ¿Existía una promesa de parte norteamericana, un compromiso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: El compromiso era asistir a las dos partes y no sólo a una de las dos. Esto entiendo por equilibrio, neutralidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Podría explicarse mejor, porque una de las acusaciones que se formulan contra los norteamericanos es la de ayudar siempre a los regímenes dictatoriales de la América Latina. Y es un hecho que Washington no los ha abandonado jamás. Ni siquiera durante el gobierno de Carter. Entonces algo debe haber sucedido con Haig.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: El señor Haig fue un pésimo mediador. Y los hechos lo demuestran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Haig sostiene que la culpa es vuestra porque no sabía con quién tratar, y que cuando Ud. decía una cosas sus generales decían otra, se peleaban entre Uds., en la Junta, y en aquel burdel no había a quien dirigirse. A propósito sobre la resolución 502 de las Naciones Unidas, aquella que pedía el retiro inmediato de las tropas argentinas, dice Haig que Ud. y sus generales no se ponían de acuerdo. ¿Si no fuera así, cómo se explicaría la exasperación con que al final los dejó plantados? ¿Y por qué su ministro de Relaciones Exteriores, Costa Méndez, tuvo la necesidad de pedirle excusas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: El señor Haig vino aquí con muchos ayudantes y trabajamos en esta habitación junto con el ministro de Relaciones Exteriores. Juntos dijimos siempre la misma cosa, que la resolución 502 implicaba una serie de consecuencias inaceptables. La Argentina, repetíamos, no había vertido una sola gota de sangre inglesa para recuperar las Malvinas y, por el contrario, los ingleses nos habían atacado y continuaban atacándonos e insistían en su hostilidad incluso durante la negociación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Todavía no advierto la traición, a no ser que hubiera una promesa. Lo que significaría que los norteamericanos supieran antes del 2 de abril que los argentinos se aprestaban a intervenir en las Falklands, perdón las Malvinas. Señor presidente, debido a que las relaciones con los norteamericanos eran tan estrechas, no puedo creer que no les hubiera informado sobre sus decisiones. A mí me han dicho que el Pentágono las conocía y que Ud. se las había comunicado personalmente a Vernon Walters, el ex Jefe de la CIA, ahora embajador viajero, que trabajaba para Haig.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Conozco bien a Vernon Walters, estoy en óptimas relaciones con él. Pero no le dice nada. Ningún miembro de mi gobierno dijo nada a nadie. No hemos tenido jamás la necesidad de pedir permiso a los norteamericanos para recuperar las Malvinas, se lo aseguro. Ni permiso del Pentágono, ni el permiso de Reagan, ni el permiso de Haig. Al contrario, tomamos nuestra decisión solos. Además escuche: si los norteamericanos lo hubieran sabido jamás hubiéramos llegado a los sucesos del 2 de abril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Lo que significa que habrían intentado detenerlos. ¿O quizás intentaron hacerlo y ésa es la razón por la cual Haig parecía tan exasperado? ¿Señor presidente, están verdaderamente rotas vuestras relaciones con los norteamericanos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Rotas no diría, pero seriamente dañadas sí. Muy seriamente. Tan gravemente que hará falta mucho tiempo antes de normalizarlas. Mucho tiempo. Años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Y mientras tanto está Ud. haciendo nuevos aliados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista, nuestros aliados naturales son los países latinoamericanos. De todas maneras, es verdad: estamos buscando contactos más vastos con el mundo al cual pertenecemos por historia y cultura. Contactos políticos, comerciales, financieros y también una mayor comprensión recíproca. Hasta ayer no habíamos dedicado mucha atención a la América del Sur, a las ventajas recíprocas que una mayor comprensión nos habría reportado. Pero hoy tenemos en cuenta esa zona, miramos hacia aquellos horizontes y el indiscutible desarrollo de esa apertura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: En otras palabras, estáis descubriendo el Tercer Mundo. Y estáis descubriendo a Simón Bolívar. ¿Debemos realmente creerlo? Los argentinos han sido siempre tan puntillosos en considerarse occidentales, europeos, blancos, que han considerado siempre a los demás países sudamericanos con un tal complejo de inferioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Comparto lo que Ud. dice; nadie puede negar que siempre nos hemos sentido muy ligados a América del Norte y a la Europa Occidental. Pero es justamente por eso que nos sentimos traicionados, liados, desilusionados. Por eso estamos cambiando nuestra política exterior, ahora. Pero cosas más importantes sucederán en el futuro, deje pasar un poco de tiempo y verá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: ¿Lo dice sólo por los norteamericanos o también por los europeos? Porque también os sentís incomprendidos y traicionados por los europeos. ¿O me equivoco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Es cierto, no esperábamos que nos castigaran con sus sanciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: El gobierno italiano las ha retirado. Aunque sea por levantina ambigüedad, se ha negado a renovarlas. Y si bien tal decisión fue determinada por cínicos intereses de partidos políticos, y si bien la condena de vuestra intervención militar fue soslayada, supongo que Ud. siente mucha gratitud hacia los italianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Siento benevolencia, señora periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: ¿Sólo benevolencia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Benevolencia, nada más que benevolencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Eh. Estos me complacen, me divierte. ¿Se imagina Ud. la cara de quienes han hecho tanto por levantarle esas sanciones, incluso renovando las consignas mussolinianas sobre la pérfida Albión? Pero hablemos de las cosas más serias, señor presidente, hablemos de las declaraciones de amor que de pronto se formulan a países como Nicaragua y Cuba. Hablemos de Costa Méndez que besa y abraza a Fidel Castro: ¿no es para quedar aturdida? A mí me parece leer una novela fantapolítica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Un momento señora periodista, un momento. Costa Méndez va a La Habana porque en La Habana tiene lugar una conferencia anual de Países No Alineados. Abraza al señor Castro porque en La Habana el señor Castro es el dueño de casa. Y no olvide que el señor Castro ha expuesto públicamente su apoyo a la Argentina y su reivindicación sobre Las Malvinas como presidente de los Países No Alineados y no como presidente de Cuba. ¿Y por otra parte, qué debo hacer mientras corre la sangre de nuestros soldados? ¿Qué esperan de mí? ¿Que dé las gracias a los Estados Unidos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Yo no espero nada, salvo intentar comprender lo que está sucediendo, señor presidente. Y admitirá que tengo todo el derecho de estar aturdida por ciertas alianzas, porque...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No son alianzas. Son reajustes políticos de las relaciones internaciones. Las alianzas son otra cosa para mí, señora periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Está bien, reajustes políticos si lo prefiere. Queda el hecho, como está por decir, que millares de personas fueron eliminadas en Argentina por comunistas, marxistas o bajo la acusación de ser comunistas, marxistas. Así que por lo menos es desconcertante ver a Fidel Castro y Costa Méndez darse palmadas en la espalda como su hubieran estado juntos en Sierra Maestra. Aquellos pobres muertos deben revolverse en sus tumbas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista, las relaciones internacionales se mueven más por intereses que por amor, como Ud. bien sabe y, desafortunadamente estas cosas son inevitables. Así lo demuestra la historia del mundo. ¿Si los Estados Unidos aíslan a la Argentina, militar y económicamente, si Europa hace lo mismo, si el mundo occidental le vuelve la espalda, y digo mundo occidental poniendo la expresión entre comillas, qué otra elección tenemos? No debo recordarle que los factores ideológicos no son motivos determinantes en la convivencia internacional. Piense en todos los países que mantienen relaciones con sus enemigos ideológicos. Estados Unidos y China, por ejemplo. Se abrazan exactamente como nosotros nos abrazamos con el señor Castro y como el señor Castro nos abraza a nosotros. No por eso la Argentina se hace comunista. No por eso el general Galtieri se convierte en miembro del partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Y no por eso Fidel Castro se convierte en miembro de la Junta Militar argentina, lo sé. Pero a esta Junta él le ofrece armas ahora. Su ayuda. ¿Aceptaréis esas armas? ¿Aceptaréis esa ayuda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: En este momento no nos sirve la ayuda militar de nadie, pero si Gran Bretaña pone a la Argentina en una situación muy difícil aceptaremos ayuda de cualquiera y armas de cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Lo que incluye a la Unión Soviética, si he comprendido bien. Señor presidente, vuestra cruzada antisoviética parece haber terminado. Los soviéticos parecen ocupar en vuestro corazón el puesto de los norteamericanos, y es notorio que el embajador de Moscú en Buenos Aires ha visitado más de una vez a Ud. y a los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores. ¿Aclaremos esta cuestión, aceptaréis las armas soviéticas o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Si llegamos a un momento en que se haga necesario, sí la aceptaremos. Me dirigiré incluso a ellos. ¿Señora periodista, cree que quiero suicidarme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: No, no lo creo. De hecho, Ud. ha comprado armas a los abastecedores más diversos y extravagantes de los últimos días. Uno es Khaddafi que le ha dado los Exocets que le negó Mitterrand, otro es Israel, que le ha vendido Mirages y misiles. Y aparte de los países entre los que encuentra benevolencia y aparte de varios traficantes de armas que venden bombas como la droga, que Dios los maldiga, están Ecuador, Perú y Venezuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Estos últimos son países hermanos. ¿Pero por qué me pregunta cosas que no puedo responder por razones de seguridad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Porque Ud. ha dicho que la caída de Port Stanley, perdón Puerto Argentino, y la total reconquista de las islas por parte de los ingleses no significará el fin de la guerra. Porque los periódicos argentinos continúan hablando de guerra total. Y quiero comprender si la guerra total significa la internacionalización de la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Guerra total significa que, no importa cómo vayan las cosas militarmente, la Argentina no renunciará a sus derechos sobre las Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur. Guerra total significa que la Argentina no aceptará jamás retornar a la situación existente al primero de abril. Guerra total significa que no habrá paz hasta que no hayamos obtenido aquello que es nuestro. Y no quiero una internacionalización de la guerra, pero esa internacionalización no depende de mí. Depende de Gran Bretaña y de los Estados Unidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: ¿A costa de convulsionar las potencias nucleares, a costa de repetir lo que está sucediendo en Oriente Medio, o sea, transformar aquellos islotes en el Israel del Atlántico Sur?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Estoy tan preocupado como Ud., señora periodista. Más que Ud. porque mis responsabilidades no concluyen en el pueblo argentino: existen además en cuanto a otros países. Para serle franco, cuando decidí recuperar las Malvinas no esperaba provocar un suceso de importancia mundial y todavía menos creía que la cosa tuviera consecuencias en el contexto internacional. Pero la ha habido y estoy preocupado. Pero esta preocupación no debería ser solamente sentida por mí. La debería tener también la señora Thatcher, el señor Reagan y el señor Haig. Y tanto más como no ha sido la Argentina la que atacó: han sido los ingleses. La Argentina se limita a responder, a defenderse de ellos. ¿Dígame, por qué la señora Thatcher y el señor Reagan no tienen en cuenta el peligro que Ud. me echa en cara?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Espero que lo hagan, supongo que lo harán. Pero queda el hecho de que fue Ud. quien comenzó, señor presidente. Queda el hecho de que fueron Uds., los argentinos, quienes provocaron este problema el 2 de abril, al enviar las naves y las tropas. Y no es haciéndose los ofendidos que cambiaréis esta indiscutible e histórica realidad. En todo el mundo ha problemas fronterizos, territoriales. ¿Qué sucedería si todos resolvieran sus disputas como lo ha hecho Ud., "de quién es este lugar, es mío, entonces me quedo"? ¿Estamos en la era atómica, no lo ha olvidado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: No, pero toca a las potencias nucleares el tener un cerebro más abierto y adecuarse al deseo de libertad que tienen los pueblos hoy. Las cosas han cambiado desde la Segunda Guerra Mundial: los imperios han caído y la mentalidad de la gente ha cambiado tanto en un sentido individual como nacional. O sea, se ha descubierto la libertad. Pero todavía quedan restos de ese imperio y de comportamiento imperialista, trazas de colonialismo. Todo lo cual es inadmisible en una era civilizada como la nuestra. Habría que rebelarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Santas palabras, señor presidente, pero suenan un tanto extrañas al oírlas pronunciadas por Ud., el representante de un régimen que no sabe qué hacer de la libertad y además la mata. La suya es una dictadura, señor presidente, no lo olvidemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Yo no lo llamaría dictadura. Aquí la gente habla más que en un régimen democrático. El régimen no es democrático, estoy de acuerdo. Pero no es ni siquiera duro como en otros países que se definen como democráticos. (...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Si Ud. piensa así, ¿por qué pone a uno de los jefes de aquellos asesinos como comandante del puesto de las Georgias? Hablo, tanto por poner un ejemplo, del infame capitán Astiz que ahora se hace la víctima porque los ingleses lo tienen prisionero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: El capitán Astiz pertenece a la marina como 500 otros oficiales que detentan su rango y su responsabilidad. Debido a su rango y a esa responsabilidad se encontró en aquel puesto de avanzada en las Georgias cuando recuperamos las islas. Las acusaciones contra él deben ser probadas, señora periodista, y como buena demócrata Ud. debería saber que una acusación no vale sin no se la prueba con testimonios y hechos (...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oriana Fallaci: Señor presidente, en cuanto a libros he leído, incluso demasiados sobre esta vergüenza. Y Ud. no puede comparar los desaparecidos con los soldados que mueren en la guerra. Un desaparecido es una persona que es arrestada o secuestrada por un grupo de paramilitares porque no piensan como Ud., grupos paramilitares que Uds. inventaron y ahora no controlan más y después son conducidos a la policía militar torturados hasta la muerte y sepultado sin su nombre en cualquier fosa común o quizás lanzado al mar o al río de la Plata. Y el resto son chorradas, disculpe la brutalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leopoldo Galtieri: Señora periodista... aquí estamos, junio de 1982, para afrontar el presente y el futuro del país...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115834419725301779?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115834419725301779/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115834419725301779&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115834419725301779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115834419725301779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/09/lo-suyo-es-una-dictadura-seor.html' title='Lo suyo es una dictadura, señor'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115634720312977781</id><published>2006-08-23T12:29:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:05:37.985-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Robert Graves'/><title type='text'>Narciso</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Robert Graves&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;a. Narciso era tespio, hijo de la ninfa azul Liríope, a la que el dios fluvial Cefiso había rodeado en una ocasión con las vueltas de su corriente y luego violado. El adivino Tiresias le dijo a Liríope, la primera persona que consultó con él: «Narciso vivirá hasta ser muy viejo con tal que nunca se conozca a sí mismo.»&lt;br /&gt;Cualquiera podía excusablemente haberse enamorado de Narciso, incluso cuando era niño, y cuando llegó a los dieciséis años de edad su camino estaba cubierto de numerosos amantes de ambos sexos cruelmente rechazados, pues se sentía tercamente orgulloso de su propia belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;b. Entre esos amantes se hallaba la ninfa Eco, quien ya no podía utilizar su voz sino para repetir tontamente los gritos ajenos, lo que constituía un castigo por haber entretenido a Hera con largos relatos mientras las concubinas de Zeus, las ninfas de la montaña, eludían su mirada celosa y hacían su escapatoria. Un día en que Narciso salió para cazar ciervos, Eco le siguió a hurtadillas a través del bosque sin senderos con el deseo de hablarle, pero incapaz de ser la primera en hablar. Por fin Narciso, viendo que se había separado de sus compañeros, gritó:&lt;br /&gt;-¿Está alguien por aquí?&lt;br /&gt;-¡Aquí! -repitió Eco, lo que sorprendió a Narciso, pues nadie estaba a la vista.&lt;br /&gt;-¡Ven!&lt;br /&gt;-¡Ven!&lt;br /&gt;-¿Por qué me eludes?&lt;br /&gt;-¿Por qué me eludes?&lt;br /&gt;-¡Unámonos aquí!&lt;br /&gt;- ¡Unámonos aquí! -repitió Eco, y corrió alegremente del lugar donde estaba oculta a abrazar a Narciso. Pero él sacudió la cabeza rudamente y se apartó:&lt;br /&gt;-¡Moriré antes de que puedas yacer conmigo! -gritó.&lt;br /&gt;-Yace conmigo -suplicó Eco.&lt;br /&gt;Pero Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, consumiéndose de amor y mortificación, hasta que sólo quedó su voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;c. Un día Narciso envió una espada a Aminias, uno de sus pretendientes más insistentes, y cuyo nombre lleva el río Aminias, tributario del río Helisón, que desemboca en el Alfeo. Aminias se mató en el umbral de Narciso pidiendo a los dioses que vengaran su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;d. Ártemis oyó la súplica e hizo que Narciso se enamorase, pero sin que pudiera consumar su amor. En Donacón, Tespia, llegó a un arroyo, claro como si fuera de plata y que nunca alteraban el ganado, las aves, las fieras, ni siquiera las ramas que caían de los árboles que le daban sombra, y cuando se tendió, exhausto, en su orilla herbosa para aliviar su sed, se enamoró de su propio reflejo.&lt;br /&gt;Al principio trató de abrazar y besar al bello muchacho que veía ante él, pero pronto se reconoció a sí mismo y permaneció embelesado contemplándose en el agua una hora tras otra. ¿Cómo podía soportar el hecho de poseer y no poseer al mismo tiempo? La aflicción le destruía, pero se regocijaba en su tormento, pues por lo menos sabía que su otro yo le sería siempre fiel pasara lo que pasase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;e. Eco, aunque no había perdonado a Narciso, le acompañaba en su aflicción, y repitió compasivamente sus «¡Ay! ¡Ay!» mientras se hundía la daga en el pecho, y también el final «¡Adiós, joven, amado inútilmente!» cuando expiró. Su sangre empapó la tierra y de ella nació la blanca flor del narciso con su corolario rojo, de la que se destila ahora en Queronea un ungüento balsámico. Éste es recomendado para las afecciones de los oídos (aunque puede producir dolores de cabeza), como un vulnerario y para curar la congelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;1. El «narciso» utilizado en la antigua corona de Deméter y Perséfone (Sófocles: Edipo en Colona 682-4), llamado también leirion, era la flor de lis o iris azul de tres pétalos consagrada a la diosa triple y que se llevaba como guirnalda cuando se aplacaba a las Tres Solemnes o Erinias. Florece a fines del otoño, poco antes que el «narciso del poeta», que es quizá por lo que se ha descrito a Liríope como madre de Narciso.&lt;br /&gt;Este cuento moral fantástico -que explica incidentalmente las propiedades medicinales del aceite de narciso, narcótico muy conocido, como implica la primera sílaba de «Narciso»- puede haberse deducido de una ilustración que representaba al desesperado Alcmeón, u Orestes tendido, coronado con lirios, junto a un estanque en el que ha tratado inútilmente de purificarse después de asesinar a su madre; pues las Erinias se han negado a ser aplacadas. En esa ilustración Eco representaría el ánima burlona de su madre, y Amenio a su padre asesinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Pero &lt;span style="font-style: italic;"&gt;issus&lt;/span&gt;, como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;inthus&lt;/span&gt;, es una terminación cretense, y tanto Narciso como Jacinto parecen haber sido nombres del héroe de la floración primaveral cretense cuya muerte lamenta la diosa en el anillo de oro encontrado en la acrópolis micénica; en otras partes se le llama Anteo, sobrenombre de Dioniso. Además, el lirio era el emblema real del rey de Cnosos. En un relieve pintado que se encontró entre las ruinas del palacio aparece caminando, con el cetro en la mano, por una pradera de lirios, y lleva una corona y un collar de flores de lis. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115634720312977781?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115634720312977781/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115634720312977781&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115634720312977781'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115634720312977781'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/narciso.html' title='Narciso'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115634667972002094</id><published>2006-08-23T12:21:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:22:22.609-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Copi'/><title type='text'>Una langosta para dos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Copi&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Marina sacudió sus trenzas pelirrojas al salir del agua con su hijo de tres años, Ludovic, que había estado a punto de ahogarse. Lo había salvado otro niño, tirando de él por un pie; la madre del pequeño salvador se acercó corriendo, y las dos mujeres empezaron a parlotear. La otra madre se llamaba Françoise, era francesa y morena. Las dos esperaban a sus maridos, que tenían que llegar a Palma al día siguiente en un charter. El pequeño François, el hijo de Françoise, moreno y bronceado como un indio, se puso a mear sobre el pequeño Ludovic. Las dos madres se precipitaron riendo, los lavaron a ambos en las olas, y los metieron en un barquito hinchable, dejándolos en él a su aire, mientras ellas iban a tomarse un oporto a la cafetería. Nada más sentarse, un español muy peludo se les acercó y les cantó algo en flamenco; ellas le  dieron unas pesetas. Se alojaban por casualidad en el mismo hotel, el Palma. Decidieron acostar temprano a los niños y salir juntas por la noche. Los niños quedaron acostados juntos en la habitación de Marina, que tenía una cama más espaciosa; tan pronto ellas apagaron la luz y se marcharon, el pequeño François se puso a zurrarle al pequeño Ludovic con su paleta de playa; Ludovic se puso a llorar, pero su mamá no estaba ya allí, estaba en aquel momento mirándose sus rojas trenzas en un espejo del hall, mientras Françoise llamaba una calesa. El pequeño Ludovic intentó esconderse bajo la almohada. El otro se puso a pegarle furiosamente en las piernas con la paleta. Entre tanto, las dos flamantes amigas se subían a una vieja calesa y empezaban su recorrido nocturno por Palma.&lt;br /&gt;«¿Eres feliz?» preguntó Françoise. Marina suspiró.&lt;br /&gt;Oía el rumor de la mar, sentía el fuerte olor de las palmeras, y se sentía, en efecto, completamente feliz en aquel momento. Apretó con fuerza la mano de Françoise. «Si no fuera que mi marido es homo-sexual» suspiró. «El mío también» dijo Françoise.&lt;br /&gt;El conductor de la calesa era un viejo delgado. Se quedó dormido. El caballo también; marchaba por la vieja rambla de manera maquinal. Françoise apretó más fuerte la mano de Marina, y vio por el rabillo del ojo el brillo de una lágrima al pasar ante una farola. «Pero lo amo, así y todo» suspiró Marina. «Yo también» dijo Françoise con voz más firme. El caballo se detuvo en seco, y se puso a pastar entre las violetas de la rambla. El viejo calesero se despertó y le dio un buen golpe de fusta, el caballo empezó a trotar de nuevo, masticando las violetas. Entre tanto, el pequeño Françoise le abría la cabeza de un paletazo al pequeño Ludovic, que empezaba a gemir en medio de la cama, perdiendo sangre por la nariz. François le metió el mango de la paleta por el ano y se puso a saltar sobre él; Françoise entre tanto, apretaba la mano de Ma-rina. Le confesaba en voz baja: «Quería tener un hijo mío, para mí sola, soy lesbiana». El caballo se detuvo por sí solo delante de la Hostería Azul. Le pagaron al flaco cochero, medio dormido aún, con un fajo de pesetas, y entraron en el restaurante. El maitre las colocó en una mesa tranquila, donde siguieron hablando con franqueza de sus vidas, delante de una langosta para dos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115634667972002094?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115634667972002094/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115634667972002094&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115634667972002094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115634667972002094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/una-langosta-para-dos.html' title='Una langosta para dos'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115569006359581584</id><published>2006-08-15T22:00:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:22:45.076-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Macedonio Fernández'/><title type='text'>Confesiones de un recién llegado al mundo literario</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Macedonio Fernández&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Esforzados estudios y brillantes primeras equivocaciones&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que asentar las siguientes observaciones y otras no menos siguientes que me comprometo a que se me ocurran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con motivo de la carestía de los cigarrillos, éstos se han puesto más baratos, y para que parezcan menos cortos, los hacen más largos. Para una persona que por primera vez es un recién llegado, esto le confunde de tal manera que le entra el sentimiento de que lo están viendo por la calle desnudo saliendo de una sastrería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es menos cierto que existen insomnios que afectan al mismo tiempo la facultad de dormir y la de estar despierto; y, lo digo con toda la seriedad del hombre durmiendo, para elegir entre dos coqueterías, óptese por la peculiaridad de ser un gran dormilón, porque es factible aparentar dormir —aunque fatigoso—, y no es fácil aparentar estar despierto. Aquí se sabe (por los diarios, como todo) que una persona que ha sido despertada durante un simple cuarto de hora, por la caída del techo sobre su cama, o por el paso sigiloso de un gato por la pared que debería tener el terreno de enfrente, y continúa durmiendo de seguida hasta que la desayune alguna sirvienta, no dejará de proclamar por todo el día siguiente, el infalible día que cuelga de cada noche por su extremo Este: "No he pegado los ojos esta noche". Obsérvese lo que es la obra de insomnio: quita el sueño en torno nuestro y a veces al mismo paciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando un día anterior es precedido de un siguiente, contando desde adelante, ocurre una separación entre los dos practicada mediante una noche, intervalo de faroles, tropezones y comisarías, que muchas personas ocupan en preparar una conversación sobre insomnio, para las personas de su familia; hay quienes hasta durmiendo piensan en los suyos.&lt;br /&gt;Recién llegado por definición es: aquella diferente persona notada en seguida por todos, que llegado recién a un país de la clase de los diferentes, tiene el aire digno de un hombre que no sabe si se ha puesto los pantalones al revés, o el sombrero derecho en la cabeza izquierda, y no se decide a cerciorarse del desperfecto en público, sino que se concentra en una meditación sobre eclipses, ceguera de los transeúntes, huelga de los repartidores de luz, invisibilidad de los átomos y del dinero de papá, y así logra no ser visto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115569006359581584?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115569006359581584/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115569006359581584&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115569006359581584'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115569006359581584'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/confesiones-de-un-recin-llegado-al.html' title='Confesiones de un recién llegado al mundo literario'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115560028600215109</id><published>2006-08-14T21:01:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:23:09.433-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Idea Vilariño'/><title type='text'>Cuando una boca suave</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Idea Vilariño&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Cuando una boca suave boca dormida besa&lt;br /&gt;como muriendo entonces,&lt;br /&gt;a veces, cuando llega más allá de los labios&lt;br /&gt;y los párpados caen colmados de deseo&lt;br /&gt;tan silenciosamente como consiente el aire,&lt;br /&gt;la piel con su sedosa tibieza pide noches&lt;br /&gt;y la boca besada&lt;br /&gt;en su inefable goce pide noches, también.&lt;br /&gt;Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,&lt;br /&gt;noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,&lt;br /&gt;en un aire hecho manos, amor, ternura dada,&lt;br /&gt;noches como navíos...&lt;br /&gt;Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa&lt;br /&gt;sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora&lt;br /&gt;el mundo le deviene un milagro lejano,&lt;br /&gt;que le abren los labios aún hondos estíos,&lt;br /&gt;que su conciencia abdica,&lt;br /&gt;que está por fin él mismo olvidado en el beso&lt;br /&gt;y un viento apasionado le desnuda las sienes,&lt;br /&gt;es entonces, al beso, que descienden los párpados,&lt;br /&gt;y se estremece el aire con un dejo de vida,&lt;br /&gt;y se estremece aún&lt;br /&gt;lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,&lt;br /&gt;el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,&lt;br /&gt;la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115560028600215109?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115560028600215109/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115560028600215109&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115560028600215109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115560028600215109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/cuando-una-boca-suave.html' title='Cuando una boca suave'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115560003005795338</id><published>2006-08-14T20:55:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:23:32.067-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Macedonio Fernández'/><title type='text'>A fotografiarse</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Macedonio Fernández&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Autobiografía &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pose N° 1&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El Universo o Realidad y yo nacimos el 1° de junio de 1874 y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires. Hay un mundo para todo nacer, y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo. Nacer y no hallarlo es imposible; no se ha visto a ningún yo que naciendo se encontrara sin mundo, por lo que creo que la Realidad que hay la traemos nosotros y no quedaría nada de ella si efectivamente muriéramos, como temen algunos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1° de junio; sus tomos bobalicones es lo único que yo conozco (no sus hechos), pero los conocí después de nacer, como todo lo demás. Lo que me podría convencer sería el Arte, más gracioso y verdadero: un preludio de Rachmaninoff, una mirada creada por Goya, pero no es tan crédulo el arte, no abre la boca ante los cortejos de pompas fúnebres, como la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací, otros lo habrán efectuado también, pero en sus detalles es proeza. Lo tenía olvidado, pero lo sigo aprovechando a este hecho sin examinarlo, pues no le hallaba influencia más que sobre la edad. Mas las oportunidades que ahora suelen ofrecerse de presentar mi biografía (en la forma más embustera de arte que se conoce, como autobiografía, sólo las Historias son más adulteradas) háceme advertir lo injusto que he sido con un hecho tan literario como resulta la natividad. (El dato de la fecha de ésta se me ha pedido tanto y con una sonrisa tan juguetona, que tuve la ilusión de que ello significaba que era posible una fecha mejor de nacimiento mío y se me alentaba a elegirla y pedirla, que se me habría de conseguir. Por si acaso, aunque no han progresado ni declarándose estas cortesías, dejo dicho que me gustaría haber nacido en 1900.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no hallo nada sobresaliente que contar de mi vida, no me queda más que esto de los nacimientos, pues ahora me ocurre otro: comienzo a ser autor. De la Abogacía me he mudado; estoy recién entrado a la Literatura&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;(1)&lt;/span&gt; y como ninguno de la clientela mía judicial se vino conmigo, no tengo el primer lector todavía. De manera que cualquier persona puede tener hoy la suerte, que una posteridad le reconocerá, de llegar a ser el primer lector de un cierto escritor. Es lo único que me alegra cuando pienso la fortuna que correrá mi libro: No toda es vigilia la de los ojos abiertos. No se olvide: soy el único literato existente de quien se puede ser el primer lector. Pero además, mi libro, y es más inusitado todavía, es la única cosa que en Buenos Aires puede encontrarse aún no inaugurada por el Presidente. Se están imprimiendo todos los certificados de primer lector mío que se calcula serán necesarios. Y para retener al libro, el segundo precioso mérito que lo adorna, el Editor ha puesto vigilancia en todos los caminos por donde pueda acercarse una Inauguración Presidencial infortunada&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;.(&lt;/span&gt;2)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Autobiografía de encargo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pose n° 2&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Soy argentino, desde hace mucho tiempo: padres, abuelos, bisabuelos; antes España por todos lados. Creo que desciendo de uno de los mayores o más grandes —qué feo y obligatorio modo de calificación— pintores españoles, del cual heredé y he acrecentado una incapacidad completa para el dibujo, vista poderosa, pupilas de un inútil color azul, pues veo el mundo bajo los mismos colores que lo ven los de ojos negros y el agua es incolora para mí como para ellos, de modo que el que se tomó el trabajo de pintarme las pupilas —debe haber sido Dios— no previó, por esta vez, que yo sería torpe para utilizar adornos; o quizá estoy mirando por debajo de las pupilas como quien se levanta los anteojos a la frente; si esto me sucede sin saberlo no es extraño, pues recién a los cuarenta años he sabido que duermo del lado derecho. ¿De qué lado duerme usted, lector? Usted me contestará: “Antes dormía de espaldas, pero ahora...”—¿Cómo “ahora”? ¿Ya se duerme usted en mi primera página? Déjeme hablar... “¡Cómo déjeme hablar, ya quiere usted ser autor! “Y bien, sinceramente, somos dos descontentos de lo que estamos: yo escribiendo, usted leyendo, y de buena gana nos intercambiaríamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un convencido de que jamás lograré escribir. Ahí está ese gran pensador que se me hizo odioso desde que quiso encerrarme en el duodécimo paréntesis de su primera página; salté el palito final cuando ya lo estaba parando él y me juré no leer. Pero no leer es como un mutismo pasivo, escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haberse leído tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo profesión liberal; soy bastante pobre. Si dijera “estoy pobre”, el lector creería que le iba a pedir algo; es la verdadera frase, pues mi mala situación no es accidental. Esto lo explicaré después, recuérdenmelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy flaco y más bien feo. En cuanto a mi salud, ni un boticario hijo de médico y casado con partera la tiene peor. Tengo un lote de enfermedades, pero creo que con una me bastará al fin. No las combato porque no sé cuál es la que necesitaré mi último día, día que espero será muy concurrido y en el cual todo el mundo descubrirá, con un talento que siempre disimularon, que yo era buena persona (como yo lo había notado y lo he dicho siempre). Por el momento no tengo más que cincuenta años, lo que no es mucho, si se tiene en cuenta mi primera fecha. Contando los que viviré todavía, algunos me dan sesenta; descontando lo dormido con los ojos abiertos (he leído tanto, se hace tanta política en mi país, hay tantos vegetalistas, moralistas, salvacionistas, tantas estatuas de hombres abnegados, tantas hondas y agudas sentencias jurídicas con “acopio de doctrina” acerca de si los pasadores de las ventanas debe reponerlos el propietario o el locatario, tantos mártires de la obra pedagógica, tantos centenarios de hombres ilustres a causa de que cada uno de ellos tuvo su respectivo nacimiento, fecha que se soporta cada año por impulsión aniversaria, tantos conferencistas y concertistas, tantos discursos de “piedra fundamental” de inauguración), me atengo, por contradecirlos, a cuarenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi altura no es mala; depende del uso. Por debajo empieza al mismo tiempo con la de Firpo; por arriba deja suficiente espacio hasta el cielo, pero es muy mala para erguirme bajo un postigo de ventana aunque un momento antes me ha servido bien para atarme los botines. Parece increíble que todavía se usen los botines donde no alcanzan los brazos.&lt;br /&gt;Supongan ustedes que yo nací, desde chiquito, en una casa de modistas y supongan también que en aquel tiempo, como hoy, había cosas, no todas, que se hacían a prueba, se daban a probar, y que en tal casa había una salita ahondada de espejos para probar las clientas los nuevos vestidos. (Creo que un índice científico del grado de felicidad de una época y comunidad es el mayor número de cosas que se acostumbra “dar a probar”y no sé si hoy, me parece que sí, son más que las que disfrutábase en mi juventud.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel tiempo, puesto el vestido, la persona se veía un poco menos que antes; ahora ese menos verse la persona ha aumentado, menos menos; casi el vestido no tiene nada que ver con esto de cubrirse, con la ventaja ¡increíble! de que se ve la persona y el vestido. (Alguna vez estudiaré cómo el desnudo se reduce a ser modestamente un escote totalitario simultáneo o la suma de todos los escotes sucesivos inocentes posibles a una sola persona.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la edad de seis años, yo entraba y salía (hoy no hubiera salido) de la salita de pruebas y ninguna de las clientas me veía, veía que yo andaba viendo. Todo fue descubrirse en casa que yo había cumplido los seis años (yo no creía que se le conociera a nadie en la cara; ¿cómo se sabe?) para prohibírseme la entrada bajo pretexto de que yo antes veía y ahora miraba. Pero saqué de ello el provecho de una gran inclinación por las matemáticas en punto a curvas y ángulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los siete años ya aprendí a venirme abajo de un balcón y llorar en seguida; el golpe no me desconcertaba; no me acongojaba antes de llegar al suelo cuando todavía no tenía utilidad el llorar ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue demasiado grave para un principiante: caí diez metros seguidos, orientado en perfecta vertical y sin entretenerme en el trayecto, como siempre se me ha recomendado en los “mandados”: todo lo hice sin ayuda. Diez metros para piernas de siete años es mucho siendo uno solo el que se cae y además los matemáticos no lo aprueban ni quieren creerlo por la desproporción de metro por año. Tan grave fue que no es seguro que yo exista después de ella y de tiempo en tiempo los diarios anuncian mi defunción porque algún cronista ha oído en conversación que hace cuarenta años me tomé de la baranda de la vertical durante diez metros continuos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(El suelo, que está dondequiera que un porrazo se completa y que, buen compañero, no falta a nadie en la caída, es la altura nunca menospreciada de un aviador de piso, como yo. Esos navegantes del aire que se lanzan afanosos a lo alto como si se propusieran volver a fumar el humo del cigarrillo exhalado momentos antes, harían algo análogo a lo que recientemente me aconteció a mí cuando caminando con un amigo tropecé, mientras le hablaba, tan violentamente hacia adelante, que alcancé las palabras que acababa de pronunciar. Me oí a mí mismo y tuve oportunidad de corregir un cierto gran disparate comenzado en ellas.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ejecuté tan bien el venirse abajo que se me atribuyó vocación especial, y en el barrio, cuando algún chico por descuido pudo caerse, viéndole todos al borde de un balcón vacilando, corrían a mi casa a buscarme para que yo tomara por él el encargo de la caída. Mis chichones sobresalían no sólo en el cuerpo sino en el barrio; aun entre tumefacciones, ya de por sí relevantes, las mías sobresalían y en chichonería comparada era yo persona de fama.&lt;br /&gt;Mi norma, en fin, era: empezar con caídas la maestría de equitación, pero de caballos chicos.&lt;br /&gt;Como escribo bajo la depresiva inseguridad de existir, basta por hoy de una literatura quizá póstuma; soy más prudente que Mark Twain, el otro solo caso.&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;(3)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;(&lt;span style="font-size:85%;"&gt;1)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; ¡Muchas gracias!, dijo la Abogacía; ¡Nadie me asuste!, dijo la Literatura; ¡Conmovedor!, dijo la “todo «todo es lo mismo» impasibilidad”.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;(2)&lt;/span&gt; Alusión al sinnúmero de inauguraciones actuadas presidencialmente por el doctor Alvear.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;(3)&lt;/span&gt; Un mérito excelso en Twain es que fuera tan jovial a pesar del terrible infortunio en que vivió todos sus años después de la edad de ocho, cuando, bañándose con su hermano mellizo y en extremo parecido, ahogóse uno de los dos sin que nunca haya podido saberse cuál. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115560003005795338?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115560003005795338/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115560003005795338&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115560003005795338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115560003005795338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/fotografiarse.html' title='A fotografiarse'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115526263553740149</id><published>2006-08-10T23:15:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:24:02.651-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Armonía Somers'/><title type='text'>El perro</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Armonía Somers&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Y ya no más que temer. Al fin, las propiedades que se pierden solas son las mejores, porque al menos expresaron su deslealtad natural, no anduvieron con rodeos. Así lo estaba razonando todo junto al cerco de la casilla, cuando, no por la sensibilidad plantar de la mujer, sino por las orejas del perro, supo que venía el tren. Como siempre el animal empezó a ensayar un avance con las patas de atrás, limándolas contra las piedras, a bien de estar en buenas condiciones para correr junto al convoy algunos metros ladrando a todo volumen. Las cosas habían principiado, pues, como siempre. De pronto, y tal el que asiste a las situaciones fulminantes de los sueños, pareció meterse por los ojos del hombre aquella imagen, el cocinero del tren arrojando ciertos comestibles por la ventanilla. El perro, con el hambre pudorosa que era el orden del día en la casa, dio sin embargo un vuelco moral en el orgullo y agarró por los aires lo que se le venía. Pero el tipo, al cual se habrían echado a perder por alguna razón las provisiones, empezó a tirar más y más cosas por la borda, y así el animal largó lo que portaba en la boca para ir por las siguientes, sin comerse ninguna y sin abandonar tampoco las otras. A todo lo que alcanzaron sus ojos, el tren seguía descargando su vientre descompuesto y el maldito perro agarra y deja las presas. Luego, ya no se vio más nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguardó toda la tarde. No, un perro es el último ser viviente que puede esperarse que nos traicione por el vislumbre de una nueva abundancia. Sin embargo fue así, aunque no estuviera escrito. Es que en materia de infidelidad puede sucedernos todo, dijo en la tarde vacía de resonancias, hasta que el perro abandone también el lugar donde ni la mujer ni el gallo se animaron a seguir tirando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un final de jornada con anuncios visibles de tormenta. Y fue agarrándose a aquella pequeñez de orden meteorológico que logró el primer escape de la primera noche sin mujer, en base a los pensamientos de escasa importancia que revoloteaban en su aire. Cuando caían ya las primeras gotas, y se vio por el color del cielo que aquello iba a ser cosa de agua y viento, ató el caballo a la cerca lo más fuerte que pudo y penetró en la casilla, dispuesto a saborear a plena conciencia su refinada soledad de hombre que ya no tendrá a nadie para quien sacrificar las propias decisiones, aun la de abandonarlo todo para los que se arrojan sobre bienes mostrencos.-Maldita esclavitud -dijo encendiendo la lámpara- malditos trastos acumulados. Uno pasa la mitad de la vida junta que junta. Y luego, un día que quiere montar aunque sea en pelo y largarse no puede. A veces sólo porque le dará cierto asco pensar que en el colchón donde se ha dormido vaya a instalarse un pueblo de lagartijas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115526263553740149?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115526263553740149/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115526263553740149&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115526263553740149'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115526263553740149'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/el-perro.html' title='El perro'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115526096218303568</id><published>2006-08-10T22:46:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:24:36.636-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dylan Thomas'/><title type='text'>Si me hiciera cosquillas el roce del amor</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Dylan Thomas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Versión de Elizabeth Azcona Cranwell&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;Si me hiciera cosquillas el roce del amor&lt;br /&gt;si una niña tramposa me robara a su lado&lt;br /&gt;y horadase sus pajas rompiendo mi vendado corazón,&lt;br /&gt;si ese rojo escozor pudiera dar a luz&lt;br /&gt;la risa en mis pulmones como pare el ganado,&lt;br /&gt;no temería yo a la manzana ni al diluvio&lt;br /&gt;ni a la sangre maligna de la primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué será, macho o hembra? se preguntan las células&lt;br /&gt;y como un fuego arrojan desde la carne la ciruela.&lt;br /&gt;Si me hiciera cosquillas la cabellera incubadora,&lt;br /&gt;el hueso alado que crece en los talones,&lt;br /&gt;la comezón del hombre sobre el muslo del niño,&lt;br /&gt;no temería al hacha ni a las horcas&lt;br /&gt;ni a la varas cruzadas de la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué será, macho o hembra? se preguntan los dedos&lt;br /&gt;que llenan las paredes de niñas inmaduras&lt;br /&gt;con sus hombres dibujados a tiza.&lt;br /&gt;Si me hiciera cosquillas la avidez del granuja&lt;br /&gt;que insufla su calor al nervio en carne viva&lt;br /&gt;no temería al diablo sobre el lomo&lt;br /&gt;ni a la tumba veraz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si me hiciera cosquillas el roce de los amantes&lt;br /&gt;que no borra ni las patas de gallo ni la risa sin dientes&lt;br /&gt;sobre magras quijadas en la vejez enferma,&lt;br /&gt;el tiempo y las ladillas y el burdel de amoríos&lt;br /&gt;me dejaría frío como manteca para moscas,&lt;br /&gt;las espumas del mar bien podrían ahogarme&lt;br /&gt;cuando rompen y mueren al pie de los amantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mitad de este mundo es del demonio, la otra mitad es mía,&lt;br /&gt;bobo por esa droga fumada en una niña&lt;br /&gt;y enredado en el brote que bifurca su ojo.&lt;br /&gt;La tibia del anciano y mi hueso tienen la misma médula&lt;br /&gt;y todos los arenques huelen dentro del mar,&lt;br /&gt;yo me siento y contemplo bajo mi uña al gusano&lt;br /&gt;que corroe lo vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y éste es el roce, único roce que hormiguea.&lt;br /&gt;El mono contrahecho que se hamaca a lo largo de su sexo&lt;br /&gt;desde las húmedas tinieblas del amor y el tirón de la nodriza&lt;br /&gt;no puede hacer surgir la medianoche de una risa entre dientes,&lt;br /&gt;ni del momento en que encuentra una belleza entre los pechos&lt;br /&gt;de la amante, la madre, los amantes o toda su estatura&lt;br /&gt;en la punzante oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué es el roce? ¿La pluma de la muerte sobre el nervio?&lt;br /&gt;¿es tu boca, amor mío? ¿El abrojo en el beso?&lt;br /&gt;¿Mi payaso de Cristo nacido sobre el árbol entre espinas?&lt;br /&gt;Las palabras de la muerte son más secas aún que su mismo cadáver&lt;br /&gt;y mis heridas llenas de palabras tienen las huellas de tu pelo.&lt;br /&gt;Me haría cosquillas el roce del amor, pues bien:&lt;br /&gt;hombre, sé mi metáfora.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115526096218303568?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115526096218303568/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115526096218303568&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115526096218303568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115526096218303568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/si-me-hiciera-cosquillas-el-roce-del.html' title='Si me hiciera cosquillas el roce del amor'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115491510786303831</id><published>2006-08-06T22:43:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:14:00.627-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Georges Bataille'/><title type='text'>Madame Edwarda</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Georges Bataille&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Si tienes miedo de todo, lee este libro, pero antes que nada, escúchame: si ríes es que tienes miedo. Te parece que un libro es una cosa inerte. Es posible. ¿Y, sin embargo, si como suele suceder, tú no saber leer? ¿Deberías temer...? ¿Estás solo?, ¿tienes frío?, ¿saber hasta qué punto el hombre es “tú mismo”?, ¿imbécil?, ¿y desnudo?&lt;br /&gt;MI ANGUSTIA ES AL FIN LA ABSOLUTA SOBERANA. MI SOBERANÍA MUERTA HA QUEDADO INASIBLE EN LA CALLE —ALREDEDOR DE ELLA HAY UN SILENCIO DE TUMBA- AGAZAPADA EN LA ESPERA DE ALGO TERRIBLE—Y SIN EMBARGO SU TRISTEZA SE RIE DE TODO.&lt;br /&gt;En una esquina la angustia sucia y parda me produjo un intenso malestar (tal vez por haber visto a dos muchachas furtivas en la escalera de un mingitorio). Entonces me vinieron ganas de vomitar. Tenía, en ese momento, que desnudarme o desnudar a las muchachas que deseaba: me aliviaba la tibieza de carnes fofas. Pero eché mano del más pobre de mis medios: pedí, en el mostrador, un pernod que tragué ávidamente; fui de taberna en taberna hasta que... Había caído la noche.&lt;br /&gt;Comencé a vagar por esas calles propicias que van del crucero Poissonnière a la calle Saint-Denis. La soledad y la obscuridad completaron mi embriaguez. La noche estaba desnuda en las calles desiertas y quise desnudarme como ella: me quité el pantalón y me lo puse al brazo; hubiera querido atar la frescura de la noche a mis piernas: una libertad atronadora me impulsaba. Me sentía magnificado. Tenía en la mano mi sexo erecto.&lt;br /&gt;(Mi entrada en materia es dura. Hubiera podido evitarla y seguir siendo “verosímil”. Me convenían los rodeos. Pero así es, no hay rodeos para comenzar. Continúo... es cada vez más duro...).&lt;br /&gt;Sorprendido por algún ruido volví a ponerme el pantalón, y me dirigí a Los Espejos: allí volví a encontrar la luz. En medio de una enjambre de muchachas, Madame Edwarda, desnuda, sacaba la lengua. Para mi gusto era encantadora. La escogí; se sentó a mi lado. Apenas tuve tiempo de contestar al coime; tomé a Edwarda que se abandonó en mis brazos; nuestras bocas se juntaron en un beso enfermizo. La sala estaba repleta de hombres y de mujeres; tal era el desierto en que se proseguía el juego. Durante un instante su mano se deslizó; me rompí súbitamente como un vidrio; temblaba en mis calzones; sentía a Madame Edwarda, cuyas nalgas retenía en mis manos; ella también se desgarraba; en sus grandes ojos extraviados estaba el terror y en su garganta un largo gemido de estrangulada.&lt;br /&gt;Recordé que había deseado ser infame o, más bien, que hubiera sido necesario a toda costa, que lo fuera. Adivinaba las risas a través del tumulto de voces, de luces, del humo. Pero ya nada contaba. Estreché a Edwarda en mis brazos, ella me sonrió; en ese instante, transido, sentí un nuevo estrecimiento. Una especie de silencio cayó sobre mí y me heló. Ascendía en un vuelo de ángeles que no tenían ni cuerpos ni cabezas, hechos de deslizamientos de alas; pero todo era muy sencillo; me entristecí y me sentí abandonado como lo está uno en presencia de DIOS. Todo era peor y más demencial que la embriaguez. Al principio me apenaba la idea de que esta grandeza que me caía encima me privara del placer que esperaba obtener de Edwarda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentí absurdo; Edwarda y yo no habíamos cruzado ni una palabra. Experimenté un instante de gran malestar. No hubiera podido decir nada del estado en que me hallaba: en medio del tumulto y las luces, la noche caía sobre mí. Quise tirar la mesa, trastornar todo; la mesa estaba fija en el suelo. Un hombre no puede soportar nada más cómico. Todo había desaparecido, el salón y Madame Edwarda. Sólo la noche...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz demasiado humana me sacó de mi perplejidad. La voz de Madame Edwarda, como su cuerpo grácil, era obscena:&lt;br /&gt;—¿Quieres ver mis entresijos? —me dijo.&lt;br /&gt;Con las manos agarradas a la mesa, me volví hacia ella. Sentada frente a mí, mantenía una pierna levantada y abierta; para mostrar mejor la ranura estiraba la piel con sus manos. Los “entresijos” de Edwarda me miraban, velludos y rosados, llenos de vida como un pulpo repugnante. Dije con voz entrecortada:&lt;br /&gt;—¿Por qué haces eso?&lt;br /&gt;—Ya ves —dijo-, soy DIOS ...&lt;br /&gt;—Estoy loco ...&lt;br /&gt;—No es verdad; debes mirar: ¡Mira!&lt;br /&gt;Su voz rasposa se suavizó y se hizo casi infantil para decirme lánguidamente, con la sonrisa infinita del abandono: “¡Cuánto he gozado!”.&lt;br /&gt;Había guardado su postura provocante.&lt;br /&gt;Ordenó:&lt;br /&gt;—¡Besa!&lt;br /&gt;—Pero ... —dije—, ¿delante de todos? ...&lt;br /&gt;—¡Claro!&lt;br /&gt;Temblaba; yo la miraba inmóvil; ella me sonreía tan dulcemente que me hacía estremecer. Al fin, me arrodillé; titubeando, puse mis labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acariciaba mi oreja: me parecía escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos. En la insensatez del burdel y en medio de la confusión que reinaba a mi alrededor (me parecía que me asfixiaba, estaba congestionado y sudaba), yo permanecía extrañamente en suspenso, como si Edwarda y yo nos hubiéramos perdido en una noche de vendaval frente al mar.&lt;br /&gt;Escuché otra voz, la de una mujer robusta y bella, vestida con propiedad:&lt;br /&gt;—Hay que subir muchachos —dijo con voz hombruna.&lt;br /&gt;Pagué a la madrota, me levanté y seguí a Madame Edwarda, cuya desnudez apacible cruzó el salón. Pero el simple recorrido entre las mesas repletas de muchachas y de clientes, este rito burdo de “la que va par arriba”, seguida del hombre que le hará el amor, no fue para mí en ese momento más que una alucinante solemnidad: los talones de Madame Edwarda sobre el piso enlosado, el contoneo de este largo cuerpo obsceno, el acre olor de mujer que goza, husmeando por mí, de este cuerpo blanco ... Madame Edwarda iba delante de mí, como envuelta en nubes. La indiferencia tumultuosa de la sala a su dicha, a la mensurada gravedad de su andar, era una consagración regia y una fiesta florida: la muerte misma participaba en la fiesta, ya que la desnudez en el burdel invoca siempre la idea del cuchillo del carnicero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los espejos que cubrían los muros y el plafón multiplicaban la imagen animal de la cópula: al menor movimiento, nuestros corazones rotos se abrían hacía el vacío en el que nos abismaba la infinidad de nuestros reflejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente zozobramos de placer. Nos incorporamos y nos miramos gravemente. Madame Edwarda me fascinaba: nunca había visto una muchacha más bonita —ni más desnuda. Sin dejar de mirarme, tomó de un cajón unas medias de seda blanca; se sentó sobre la cama y se las puso. La poseía el delirio de estar desnuda; una vez más, separó las piernas y se abrió; la acre desnudez de nuestros cuerpos nos arrojaba descorazonados en el mismo agotamiento. Se puso una chaquetilla blanca y disimuló su desnudez bajo un dominó: el capuchón le cubría la cabeza y un antifaz orlado de encaje ocultaba su rostro. Así vestida, se desprendió de mí y dijo:&lt;br /&gt;—Salgamos.&lt;br /&gt;—Pero ... ¿puedes salir? —le pregunté.&lt;br /&gt;—Vamos, pronto, fifí —dijo ella alegremente—¡No vas a salir desnudo!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dio la ropa, me ayudó a vestirme y mientras lo hacía su capricho mantenía a veces, entre su carne y la mía, un contacto disimulado. Bajamos por una escalera estrecha en la que nos cruzamos con una afanadora. En la súbita oscuridad de la calle, me sorprendió descubrirla huidiza, vestida de negro. Se apresuraba alejándose de mí. El antifaz que la enmascaraba la volvía animal. No hacia frío y sin embargo yo temblaba. Edwarda iba ajena a todo; un cielo estrellado, vacío y demente sobre nuestras cabezas. Creí vacilar pero caminé tras ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A estas horas de la noche, la calle estaba desierta. De pronto, maliciosamente y sin decir una palabra. Edwarda echó a correr. La puerta Saint-Deis se alzaba ante ella: se detuvo. Yo no me había movido: como yo, inmóvil, Edwarda esperaba bajo la puerta, en medio del arco. Era algo enteramente negro, simple y angustioso como un agujero: comprendí que ella ni siquiera reía y que, bajo su vestido que la velaba, estaba ausente. Supe entonces, ya disipada en mí toda embriaguez, que Ella no había mentido, que Ella era DIOS. Su presencia tenía la simplicidad ininteligible de una piedra: en medio de la ciudad, tenía la sensación de estar de noche en la montaña, entre soledades sin vida.&lt;br /&gt;Me sentí liberado de Ella; estaba solo ante esta piedra negra. Temblaba, adivinando ante mí lo más desierto que hay en el mundo. De ninguna manera podía desentenderme del horror cómico de mi situación: aquella mujer cuyo aspecto en ese momento me helaba, un instante antes ... El cambio se había producido como un deslizamiento. En Madame Edwarda el luto, un luto sin dolor y sin lágrimas, había hecho surgir un silencio vacío. Sin embargo, yo quería saber: esta mujer que hacía apenas unos instantes estaba tan desnuda y que me llamaba alegremente “fifí” ... Crucé la calle; mi angustia ordenaba detenerme, pero yo seguía avanzando.&lt;br /&gt;Se deslizó, muda, retrocediendo hacia la columna de la izquierda. Yo estaba a dos pasos de la puerta monumental. Cuando penetré bajo el arco de piedra, la túnica desapareció sin hacer ruido. Escuchaba conteniendo la respiración. Me sorprendía entenderlo todo: supe, cuando ella echó a correr, que forzosamente debía correr, precipitarse hacia la puerta; cuando se detuvo estaba suspendida en una especie de ausencia, más allá de todas las risas posibles. Ya no la veía: una oscuridad de muerte descendía de las bóvedas. Sin haber pensado en ello un solo instante, “sabía” que comenzaba la agonía. Aceptaba; deseaba sufrir, ir más lejos, ir, aunque para ello tuviera que morir, hasta el “vacío” mismo. Conocía, quería conocer, ávido de su secreto, sin dudar un solo instante de que en ella reinaba la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gimiendo bajo la bóveda, yo estaba aterrorizado, reía:&lt;br /&gt;—El único de los hombres que ha traspuesto la nada de este arco...&lt;br /&gt;Me hacía temblar la idea de que ella pudiera huir, desaparecer para siempre. Temblaba de aceptarlo, pero de imaginarlo enloquecía: me precipité para rodear la columna. Con la misma rapidez corrí alrededor de la columna del lado derecho: había desaparecido, pero no podía creerlo. Me quede abrumado ante la puerta y comenzaba a desesperarme cuando percibí, del otro lado de la calle, inmóvil, el dominó que se perdía entre las sombras: Edwarda estaba de pie, aún sensiblemente ausente, frente a una terraza de café desierta. Me dirigí hacia ella: parecía loca, evidentemente, como si hubiera venido de otro mundo y, en la calle, menos que un fantasma, una niebla tardía. Retrocedió lentamente hasta toparse con una mesa del café vació.&lt;br /&gt;Como si la despertara, dijo con una voz exánime:&lt;br /&gt;—¿En dónde estoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperado, le mostré el cielo vació sobre nuestras cabezas. Alzó la mirada; por un momento, bajo la máscara, permaneció con los ojos vagos, perdidos en el campo de estrellas. Yo la sostenía; con sus dos manos tenía, enfermizamente, el dominó cerrado. Comenzó a retorcerse convulsivamente. Sufría. Creí que lloraba, pero era como si el mundo y la angustia la sofocaran sin dejarla suspirar. Se alejó presa de una oscura repugnancia, rechazándome. Súbitamente enloquecida, se precipitó; luego se detuvo; alzando los vuelos del dominó bruscamente, mostró sus nalgas. Y volviéndose, se lanzó contra mí. Una fuerza salvaje la animaba; furiosamente me golpeaba el rostro; me golpeaba a puñetazos, con un impulso furioso de pelea. Tropecé y caí. Ella huyó corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había conseguido incorporarme; estaba todavía arrodillado cuando se volvió. Con una voz quebrada, imposible, clamando al cielo y vociferando al tiempo que agitaba horrorosamente los brazos, gritó:&lt;br /&gt;—Me ahogo; ¡maldito beato, ME CAGO EN TI! ...&lt;br /&gt;La voz se quebró en una especie de estertor; alargó las manos como para estrangular y se desplomó.&lt;br /&gt;Como un trozo de lombriz, se agitaba presa de espasmos respiratorios. Me incliné sobre ella y tuve que arrancarle de la boca el encaje del antifaz que la atragantaba y que ella mordía furiosamente. El desorden de sus movimientos la había descubierto hasta el pubis: su desnudez tenía ahora la carencia a la vez que el exceso de sentido de una vestidura de muerto. Lo más extraño y lo más angustioso era el silencio en que Madame Edwarda permanecía encerrada: toda comunicación con su sufrimiento era imposible y yo me empeñaba en esta ausencia de salida, en esta noche del corazón que no estaba ni más desierta ni era menos hostil que el cielo vacío. Las convulsiones, como de pescado, de su cuerpo, la furia innoble que expresaba su rostro maligno, calcinaban en mí la vida y la desgarraban hasta el asco.&lt;br /&gt;(Me explico: es vano trata de hacer ironía cuando digo de Madame Edwarda que ella es DIOS. Pero el que DIOS sea una prostituta de burdel y una loca, no tiene sentido racional. En rigor, me alegra que mi tristeza provoque risa: sólo me comprenderá aquel cuyo corazón esté herido de una llaga incurable tal que nadie querría jamás sanar de ella ... ¿y qué hombre herido aceptaría “morir” de una herida que no fuera como esa?).&lt;br /&gt;La conciencia de lo irremediable cuando, como en aquella noche estaba arrodillado junto a Edwarda, no era ni menos clara ni menos escalofriante que el momento en que escribo. Su dolor estaba en mí como la verdad de una flecha: sabemos que entra en el corazón, pero con la muerte; en espera de la nada lo que subsiste tiene el sentido de las escorias con las que mi vida se empeña en vano. Ante un silencio tan negro, hubo en mi desesperación un salto; las contorsiones de Edwarda me arrancaban de mí mismo y me arrojaban despiadadamente hacia un más allá negro como se entrega al condenado al verdugo.&lt;br /&gt;Aquel que está destinado al suplicio, cuando, después de la interminable espera, llega un pleno día al lugar en que se cumplirá el horror, observa los preparativos; el corazón le palpita agitado: en su estrecho horizonte cada objeto, cada rostro reviste un sentido abrumador y contribuye a apretar el tórculo del que ya no se puede escapar. Cuando vi a Madame Edwarda retorciéndose en el suelo, entré en un estado de absorción similar, pero el cambio que se produjo en mí ya no me contenía: el horizonte ante el que me ponía el sufrimiento de Edwarda era fugaz como el objeto de una angustia; desgarrado y descompuesto, experimentaba una sensación de poderío a condición del que, volviéndome malvado, me odiara a mí mismo. El deslizamiento vertiginoso por el que me extraviaba había abierto en mí una zona de indiferencia; no se trataba ya de una preocupación o de un deseo: el éxtasis de la fiebre nacía, en ese punto, de la entera imposibilidad de detenerse.&lt;br /&gt;(Si debo aquí descubrirme, resulta decepcionante jugar con las palabras y tomar prestada su lentitud a las frases. Si nadie reduce a la desnudez lo que yo digo, suprimiendo la vestidura y la forma, estoy escribiendo en vano. (Asimismo, ya lo sé, mi esfuerzo es desesperado: el relámpago que me deslumbra —y que me aniquila— no habrá sin duda cegado más que mis ojos). Sin embargo, Madame Edwarda no es el fantasma de un sueño: el sudor de su cuerpo ha empapado mi pañuelo: a mi vez quisiera conducir a los demás al punto al que he sido llevado por ella. Este libro tiene su secreto; pero debo callarlo: está más allá de todas las palabras).&lt;br /&gt;Al fin, pasó la crisis. Durante un rato todavía, las convulsiones continuaron, pero con menos furia. Recobró el aliento, sus rasgos se suavizaron y dejaron de ser horribles. Extenuado, me recosté junto a ella sobre el pavimento durante unos instantes. La cobijé con mi roja. No pesaba mucho y decidí llevarla cargando; la estación de taxis no estaba lejos. Iba inerte en mis brazos. El trayecto fue largo; tuve que detenerme tres veces. Mientras tanto, ella volvió en sí y cuando llegamos quiso permanecer de pie: dio un paso vacilante. La sostuve y ayudada por mí subió al coche.&lt;br /&gt;Dijo débilmente:&lt;br /&gt;—... Todavía no ... que espere ...&lt;br /&gt;Le dije al chofer que no arrancara. Exhausto, subí al taxi y me dejé caer junto a Edwarda.&lt;br /&gt;Permanecimos largo rato en silencio, Madame Edwarda, el chofer y yo, inmóviles en nuestros lugares, como si el taxi estuviera en marcha.&lt;br /&gt;Edwarda dijo al fin:&lt;br /&gt;—¡Que vaya al Mercado de Les Halles!&lt;br /&gt;Así lo dije al chofer, y se puso en marcha.&lt;br /&gt;Nos llevó por calles sombrías. Calmadamente, Edwarda desató las cintas de su dominó que cayó al piso; ya no tenía el antifaz; se quitó la chaquetilla y dijo como para sí en voz baja:&lt;br /&gt;—Desnuda como una bestia.&lt;br /&gt;Hizo para el coche, golpeando la ventanilla, y bajó. Se acercó al chofer hasta tocarlo y le dijo:&lt;br /&gt;—Mira ... estoy en cueros ... ven.&lt;br /&gt;El chofer inmóvil miró a la bestia: ella, alejándose un poco, levantó la pierna mostrándole la vulva. Sin decir una sola palabra y sin prisa, el hombre bajó de su asiento. Era fuerte y tosco. Edwarda lo abrazó, lo besó en la boca al tiempo que le hurgaba en la bragueta. Le hizo caer el pantalón diciéndole:&lt;br /&gt;—Ven adentro del coche.&lt;br /&gt;El chofer se sentó junto a mí. Ella lo siguió, y, montándose sobre él, deslizó con su mano al chofer dentro de ella. Yo permanecía inerte, mirando; ella se movía con una lentitud solapada de la que, visiblemente, obtenía un placer agudísimo. El otro respondía y se entregaba brutalmente con todo su cuerpo. Nacido de la intimidad puesta al desnudo de estos dos seres, el abrazo llegaba poco a poco al punto de exceso en que el corazón desfallece. El chofer yacía jadeante. Encendí la lamparilla interior. Edwarda, erguida a horcadas sobre el obrero, con la cabeza echada hacia atrás, hacia ondear su cabellera. Sosteniéndola por la nuca, puede ver sus ojos en blanco. Se apoyaba sobre la mano que la retenía y la tensión aumentaba su jadeo. Sus ojos se compusieron, y durante un momento pareció apaciguarse. Me vio; en ese momento supe que su mirada volvía del imposible y vi en su fondo una fijeza vertiginosa. La crecida que la inundaba en sus raíces brotó en las lágrimas que manaban de sus ojos. El amor estaba muerto en esos ojos; emanaba de ellos un frío de aurora, una transparencia en la que yo leía la muerte. Y todo estaba contenido dentro de esta mirada de sueño: los cuerpos desnudos, los dedos de la baba en los labios, no había nada que no contribuyera a este deslizamiento ciego hacia la muerte.&lt;br /&gt;El goce de Edwarda —fuente de aguas vivas— manaba en ella hasta producir el llanto, prolongándose inusitadamente: la ola de voluptuosidad no cesaba de glorificar su ser, de hacer su desnudez más desnuda y su impudicia más vergonzosa. Con el cuerpo y el rostro extasiados, abandonados a un zureo indecible, dulcemente dibujó una sonrisa quebrada: me vio en el fondo de mi aridez; desde la profundidad de mi tristeza sentí correr el torrente de su alegría liberada. Mi angustia se oponía al placer de Edwarda me provocaba un sentimiento agobiante de lo milagroso. Mi desamparo y mi fiebre me parecían poca cosa, pero era en ellos en los que estaba contenida la única grandeza que en mí podía responder al éxtasis de aquella mujer que, en el fondo de un silencio helado, yo llamaba “mi corazón”.&lt;br /&gt;Los último estremecimientos hicieron presa de ella lentamente; luego su cuerpo, que aún espumaba, se distendió: el chofer yacía exhausto en el fondo del taxi, después del amor. Yo no había dejado de sostener a Edwarda por la nuca: el nudo se desató; la ayude a recostarse, enjugándole el sudor. Con los ojos apagados, ella se dejaba hacer. Yo había apagado la luz: se adormeció como un niño. El mismo sueño nos invadió, a Edwarda, al chofer y a mí.&lt;br /&gt;(¿Continuar? Yo lo hubiera querido, pero me importa un bledo. Eso no es lo que interesa. Digo lo que me oprime en el momento de escribir: ¿es todo esto absurdo?, ¿o tiene algún sentido? Me enfermo de pensar en ello. Me despierto por las mañana, igual que millones de muchachas y muchachos, de bebés y de ancianos —sueños para siempre disipados ... ¿tendría algún sentido el despertar de tantos millones de seres y de mí mismo? ¿Un sentido oculto? Evidentemente oculto. Pero si nada tiene sentido, entonces ¿para qué? Retrocederé ayudándome de supercherías. Debería desentenderme y abocarme al sinsentido: para mí no queda sino el verdugo que me tortura y me mata: ni la sombra de una esperanza. Pero ¿si hay un sentido? Hoy lo ignoro. ¿Mañana? ¿Qué sé yo? No puedo concebir ningún sentido que no sea “mi” suplicio; eso ya lo sé. Y por el momento: sin-sentido. El Señor Sin-Sentido escribe: sabe que está loco; es terrible. Pero su locura, ese sin-sentido —¡cómo se ha vuelto “serio” de pronto!— ¿no sería acaso, justamente, “el sentido”? (No, Hegel no tiene nada que ver con la “apoteosis” de una loca . . . ) Mi vida no tiene sentido más que a condición de que yo mismo no lo tenga; que esté loco: entiéndalo quien pueda, entiéndalo quien muerta . . . así pues el ser está ahí, sin saber por qué, temblando de frío . . . la inmensidad y la noche lo envuelven y, con toda intención, está allí para . . . “no saber” . ¿Pero DIOS? ¿Qué quieren que diga, señores Cultos, señores Creyentes? —¿Al menos Dios lo sabría?.&lt;br /&gt;DIOS, si lo “supiera”, sería un puerco (*) ¡Señor (en mi desampara invoco a “mi corazón”), líbrame, ciégalos! El relato ¿lo continuaré?).&lt;br /&gt;He terminado.&lt;br /&gt;Del sueño que nos dejó algún tiempo dormidos en el interior del taxi, fui el primero en despertar, enfermo . . . El resto es ironía, larga espera de la muerte . . .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(*) He dicho: “Dios, si lo ‘supiera’, sería un puerco”. Quien (lo imagino en ese momento sucio y “desgreñado”) captara esta idea hasta su fondo ¿qué tendría de humano? Más y más allá de todo . . . EL MISMO, en éxtasis sobre el vacío . . . ¿Pero ahora? TIEMBLO.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115491510786303831?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115491510786303831/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115491510786303831&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115491510786303831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115491510786303831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/madame-edwarda.html' title='Madame Edwarda'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115447926132735887</id><published>2006-08-01T21:38:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:12:35.029-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Felisberto Hernández'/><title type='text'>Muebles "El canario"</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Felisberto Hernández&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a una playa. Volvía a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un lugar que daba al pasillo. Como todavía hacía mucho calor, había puesto mi saco en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa era de manga corta. Entre las personas que andaban por el pasillo hubo una que de pronto me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Con su permiso, por favor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo respondí con rapidez:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es de usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no sólo no comprendí lo que pasaba sino que me asusté. En ese instante ocurrieron muchas cosas. La primera fue que aun cuando ese señor no había terminado de pedirme permiso, y mientras yo le contestaba, él ya me frotaba el brazo desnudo con algo frío que no sé por qué creí que fuera saliva. Y cuando yo había terminado de decir "es de usted" ya sentí un pinchazo y vi una jeringa grande con letras. Al mismo tiempo una gorda que iba en otro asiento decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Después a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo debo haber hecho un movimiento brusco con el brazo porque el hombre de la jeringa dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah!, lo voy a lastimar... quieto un...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto sacó la jeringa en medio de la sonrisa de otros pasajeros que habían visto mi cara. Después empezó a frotar el brazo de la gorda y ella miraba operar muy complacida. A pesar de que la jeringa era grande, sólo echaba un pequeño chorro con un golpe de resorte. Entonces leí las letras amarillas que había a lo largo del tubo: Muebles "El Canario". Después me dio vergüenza preguntar de qué se trataba y decidí enterarme al otro día por los diarios. Pero apenas bajé del tranvía pensé: "No podrá ser un fortificante; tendrá que ser algo que deje consecuencias visibles si realmente se trata de una propaganda." Sin embargo, yo no sabía bien de qué se trataba; pero estaba muy cansado y me empeciné en no hacer caso. De cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al público con ninguna droga. Antes de dormirme pensé que a lo mejor habrían querido producir algún estado físico de placer o bienestar. Todavía no había pasado al sueño cuando oí en mí el canto de un pajarito. No tenía la calidad de algo recordado ni del sonido que nos llega de afuera. Era anormal como una enfermedad nueva; pero también había un matiz irónico; como si la enfermedad se sintiera contenta y se hubiera puesto a cantar. Estas sensaciones pasaron rápidamente y en seguida apareció algo más concreto: oí sonar en mi cabeza una voz que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, hola; transmite difusora "El Canario"... hola, hola, audición especial. Las personas sensibilizadas para estas transmisiones... etc., etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto lo oía de pie, descalzo, al costado de la cama y sin animarme a encender la luz; había dado un salto y me había quedado duro en ese lugar; parecía imposible que aquello sonara dentro de mi cabeza. Me volví a tirar en la cama y por último me decidí a esperar. Ahora estaban pasando indicaciones a propósito de los pagos en cuotas de los muebles "El Canario". Y de pronto dijeron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como primer número se transmitirá el tango...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperado, me metí debajo de una cobija gruesa; entonces oí todo con más claridad, pues la cobija atenuaba los ruidos de la calle y yo sentía mejor lo que ocurría dentro de mi cabeza. En seguida me saqué la cobija y empecé a caminar por la habitación; esto me aliviaba un poco pero yo tenía como un secreto empecinamiento en oír y en quejarme de mi desgracia. Me acosté de nuevo y al agarrarme de los barrotes de la cama volví a oír el tango con más nitidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato me encontraba en la calle: buscaba otros ruidos que atenuaran el que sentía en la cabeza. Pensé comprar un diario, informarme de la dirección de la radio y preguntar qué habría que hacer para anular el efecto de la inyección. Pero vino un tranvía y lo tomé. A los pocos instantes el tranvía pasó por un lugar donde las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que tocaban ahora; pero de pronto miré para dentro del tranvía y vi otro hombre con otra jeringa; le estaba dando inyecciones a unos niños que iban sentados en asientos transversales. Fui hasta allí y le pregunté qué había que hacer para anular el efecto de una inyección que me habían dado hacía una hora. Él me miró asombrado y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No le agrada la transmisión?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Absolutamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espere unos momentos y empezará una novela en episodios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Horrible -le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él siguió con las inyecciones y sacudía la cabeza haciendo una sonrisa. Yo no oía más el tango. Ahora volvían a hablar de los muebles. Por fin el hombre de la inyección me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señor, en todos los diarios ha salido el aviso de las tabletas "El Canario". Si a usted no le gusta la transmisión se toma una de ellas y pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Pero ahora todas las farmacias están cerradas y yo voy a volverme loco!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese instante oí anunciar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y ahora transmitiremos una poesía titulada "Mi sillón querido", soneto compuesto especialmente para los muebles "El Canario".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después el hombre de la inyección se acercó a mí para hablarme en secreto y me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo voy a arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara honrada. Si usted me descubre pierdo el empleo, pues a la compañía le conviene más que se vendan las tabletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le apuré para que me dijera el secreto. Entonces él abrió la mano y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Venga el peso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y después que se lo di agregó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dése un baño de pies bien caliente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115447926132735887?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115447926132735887/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115447926132735887&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115447926132735887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115447926132735887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/08/muebles-el-canario.html' title='Muebles &quot;El canario&quot;'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115430205301983104</id><published>2006-07-30T20:26:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:15:19.517-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Luis Borges'/><title type='text'>Fragmentos de un evangelio apócrifo</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Jorge Luis Borges&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;27. Yo no hablo de venganza ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y éste, de la tristeza y el tedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;32. Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;39. La puerta es la que elige, no el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;49.Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán a luz a sus días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;51. Felices los felices.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115430205301983104?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115430205301983104/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115430205301983104&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115430205301983104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115430205301983104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/07/fragmentos-de-un-evangelio-apcrifo.html' title='Fragmentos de un evangelio apócrifo'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115430166931849793</id><published>2006-07-30T20:19:00.000-03:00</published><updated>2006-07-30T20:21:09.336-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Onetti'/><title type='text'>La versión de Linacero</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Juan Carlos Onetti&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Encontré a Cordes casualmente y vinimos por la noche a mi pieza. Habíamos estado tomando unas cañas, él compró cigarrillos y yo, felizmente, tenía un poco de té. Estuvimos hablando durante horas, en ese estado de dicha exaltada, y suave no obstante, que sólo puede dar la amistad y hace que insensiblemente dos personas vayan apartando malezas y retorciendo caminos para poder coincidir y festejarlo con una sonrisa.&lt;br /&gt;Hacía tiempo que no me sentía tan feliz, libre, hablando lleno de ardor, tumultuosamente, sin vacilaciones, seguro de ser comprendido, escuchando también con la misma intensidad, tratando de adivinar los pensamientos de Cordes por las primeras palabras de sus frases. Estábamos tomando el té, serían las dos de la mañana, acaso más, cuando Cordes me leyó unos versos suyos. Era un poema extraño, publicado después en una revista de Buenos Aires. Debo tener el recorte en alguna de las valijas, pero no vale la pena de ponerse a buscarlo ahora. Se llamaba “El pescadito rojo”. El título es desconcertante y también a mí hizo sonreír. Pero hay que leer el poema. Cordes tiene mucho talento, es innegable. Me parecía fluctuante, indeciso, y acaso pudiera decirse de él que no había acabado de encontrarse. No sé qué hace ahora ni cómo es; he dejado de tener noticia suyas y desde aquella noche no volví a verlo, a pesar de que sabía dónde buscarme.&lt;br /&gt;Aquella noche dejé enfriar el té en mi vaso para escucharlo. Era un verso largo, como cuatro carillas escritas a máquina. Yo fumaba en silencio, con los ojos bajos, sin ver nada. Sus versos lograron borrar la habitación, la noche y al mismo Cordes. Cosa sin nombre, cosas que andaban por el mundo buscando un nombre, saltaban sin descanso de su boca, o iban frotando porque sí; en cualquier parte remota y palpable. Era -pensé después- un universo saliendo del fondo negro de un sombrero de copa. Todo lo que pueda decir es pobre y miserable comparado con lo que dijo él aquella noche. Todo había desaparecido desde los primeros versos y yo estaba en el mundo perfecto donde el pescadito rojo disparaba en rápidas curvas por el agua verdosa del estanque, meciendo suavemente las algas y haciéndose como un músculo largo y sonrosado cuando llegaba a tocarlo el rayo de luna. A veces varía un viento fresco y alegre que me tocaba el pelo. Entonces las aguas temblaban y el pescadito rojo dibujaba figuras frenéticas, buscando librarse de la estocada del rayo de luna que entraba y salía del estanque, persiguiendo el corazón verde de las aguas. Un rumor de coro distante surgía de las conchas huecas, semihundidas en la arena del fondo. Pasamos después mucho rato sin hablar. Me estuve quieto, mirando al suelo; cuando la sombra de la última imagen salió por la ventana, me pasé una mano por la cara y murmuré gracias.&lt;br /&gt;El hablaba ya de otra cosa, pero su voz había quedado empapada con aquello y me bastaba oírlo para continuar vibrando con la historia del pescadito rojo. Me mortificaba la idea de que era forzoso retribuir a Cordes sus versos. Pero ¿qué ofrecerle de toda aquella papelería que llenaba mis valijas? Nada más lejos de mí que la idea de mostrar a Cordes que yo también sabía escribir. Nunca lo supe y nunca me preocupó. Todo lo escrito no era más que un montón de fracasos. Recordé de pronto la aventura de la bahía de Arrak. Me acerqué a Cordes, sonriendo, y le puse las manos en los hombros. Y le conté, vacilando al principio como vacilaba el barco al partir, embriagándome en seguida con mis propios sueños.&lt;br /&gt;Las velas del Gaviota infladas por el viento, el sol en la cadena del ancla, las botas altas hasta las rodillas, los pies descalzos de los marineros, la marinería, las botellas de ginebra que sonaban casera los vasos en el camarote, la primera noche de tormenta, el motín en la hora de la siesta, el cuerpo alargado del ecuatoriano que ahorcamos al ponerse el sol. El barco sin nombre, el capitán Olaff, la brújula del náufrago, la llegada a ciegas a la bahía de arena blanca que no figuraba en ningún mapa. Y la medianoche en que, formada la tripulación en cubierta, el capitán Olaff hizo disparar veintiún cañonazos contra la luna que, justamente veinte años atrás, había frustrado su entrevista de amor con la mujer egipcia de los cuatro maridos.&lt;br /&gt;Hablaba rápidamente, queriendo contarlo todo, trasmitir a Cordes el mismo interés que yo sentía. Cada uno da lo que tiene. ¿Qué otra cosa podía ofrecerle? Hablé lleno de alegría y entusiasmo, paseándome a veces, sentándome encima de la mesa, tratando de ajustar mi mímica a lo que iba contando. Hablé hasta que una oscura intuición me hizo examinar el rostro de Cordes.&lt;br /&gt;Fue como si, corriendo en la noche, me diera de narices contra un muro. Quedé humillado, entontecido. No era la incomprensión lo que había en su cara, sino una expresión de lástima y distancia. No recuerdo qué broma cobarde empleé para burlarme de mí mismo y dejar de hablar. El dijo:&lt;br /&gt;-Es muy hermoso... Sí. Pero no entiendo bien si todo eso es un plan para un cuento o algo así.&lt;br /&gt;Yo estaba temblando de rabia por haberme lanzado a hablar, furioso contra mí mismo por haber mostrado mi secreto.&lt;br /&gt;-No, ningún plan. Tengo asco por todo, ¿me entiende? Por la gente, la vida, los versos con cuello almidonado. Me tiro en un rincón y me imagino todo eso. Cosas así y suciedades, todas las noches.&lt;br /&gt;Algo estaba muerto entre nosotros. Me puse el saco y lo acompañé unas cuadras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115430166931849793?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115430166931849793/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115430166931849793&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115430166931849793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115430166931849793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/07/la-versin-de-linacero.html' title='La versión de Linacero'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115411486616584431</id><published>2006-07-28T16:26:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:05:11.303-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='J. Rodolfo Wilcock'/><title type='text'>Los conejos</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Juan Rodolfo Wilcock&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La primera pareja de conejos parecía bastante inocente, mejor dicho, no se dejaban ver nunca juntos, y ocupado como estaba en trabajar el huerto en seguida me olvidé de su existencia. Habían excavado una galería bajo tierra, una arcilla dura que no se derrumba fácilmente. Pero un día ví entre mis repollos un grupo de conejitos blancos, de hocico rosado, ocupado en comerse las hojas más bajas. Rápidamente, no es el caso de contar la previsible historia: los conejos se multiplicaron como moscas, se comieron toda la verdura de mi huerto y también la de los huertos cercanos y continúan reproduciendose a una velocidad que me atrevería a calificar de extraordinaria. Lo que no era previsible, en cambio, es la inmensa felicidad, la paz deliciosa que después de esa invasión de conejos se apoderaron, ya sea de mi ánimo, ya sea del ánimo de los vecinos, ya resignados al sacrificio de sus cultivos; mejor, para decir la verdad, de cualquier espacio verde, seto o matorral que todavía se pudiese encontrar en los alrededores. Y también de los árboles, porque estos conejos voraces roen la corteza hasta que la planta se debilita, las hojas se marchitan y caen, y son inmediatamente devoradas por los calmos roedores. Ahora por estos lados se come solamente conejos, en el almuerzo y en la cena; costumbre nueva que no consigue todavía hacer mella en la notable capacidad reproductora de la especie. Sea como sea, no hace falta creer que nuestra felicidad y nuestra paz se deban solamente, o en importante medida , a esta circunstancia banal de tener que comer conejo a la mañana y a la noche. No, nuestra felicidad es casi exclusivamente debida al color blanco de los conejos. En efecto, en este país templado no nieva nunca, y las únicas manchas blancas que hasta ahora reavivaban el paisaje eran los muros de las casas pintados a cal, pero que a causa de la peculiar composición química de la cal local se vuelven en seguida amarillas. Esta alegría particular que en otros países más afortunados se experimenta a la mañana, cuando uno se levanta de la cama y asoma por la ventana el paisaje armonizado por una neveda nocturna, nosotros por primera vez en nuestra vida, la tenemos aquí, delante de nuestros ojos día y noche. Una llanura ondulada de pieles blancas se extiende hasta el horizonte y el paisaje conocido por nosotros, erizado de árboles desnudos, brilla bajo el sol como una Antártida de sueño. Ninguna mancha roja, verde o marrón turba este candor, y la paz, una paz jamás imaginada, nos penetra por los ojos y nos vuelve más buenos y más comprensivos. Los conejos no se mueven , están allí quietos esperando que la hierba roída deje salir algún nuevo brote para comérselo en seguida; y las noches de luna, aquí donde el aire es siempre dulce, ¿quién podría resistir al placer de contemplar por horas y horas, con las ventana abierta, este milagro de nieve, estriado de largas sombras azules?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115411486616584431?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115411486616584431/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115411486616584431&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115411486616584431'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115411486616584431'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/07/los-conejos.html' title='Los conejos'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115411402296727891</id><published>2006-07-28T16:11:00.000-03:00</published><updated>2006-07-28T16:13:42.980-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Onetti'/><title type='text'>Los besos</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Juan Carlos Onetti&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Los había conocido y extrañado de su madre. Besaba en las dos mejillas o en la mano a toda mujer indiferente que le presentaran, había respetado el rito prostibulario que prohibía unir las bocas; novias, mujeres le habían besado con lenguas en la garganta y se habían detenido sabias y escrupulosas para besarle el miembro. Saliva, calor y deslices, como debe ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después la sorpresiva entrada de la mujer, desconocida, atravesando la herradura de dolientes, esposa e hijos, amigos llorones suspirantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó, impávida, la muy puta, la muy atrevida, para besarle la frialdad de la frente, por encima del borde del ataúd, dejando entre la horizontalidad de las tres arrugas, una pequeña mancha carmín.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115411402296727891?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115411402296727891/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115411402296727891&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115411402296727891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115411402296727891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/07/los-besos.html' title='Los besos'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-115082708010960425</id><published>2006-06-20T15:09:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:13:13.665-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Arthur C. Clarke'/><title type='text'>El centinela</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;por Arthur C. Clarke&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Del libro "Vinieron del espacio exterior", recopilación de Jim Wynorski, editorial Martínez-Roca, 1980&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La próxima vez que vean ustedes la luna llena brillar alta en el sur, examinen atentamente el borde derecho y dejen resbalar la mirada a lo largo de la curva del disco. Allá donde serian las dos si nuestro satélite fuera un reloj, observaran un minúsculo óvalo oscuro: cualquiera que posea una vista normal puede descubrirlo. En una gran llanura rodeada de montañas, una de las más hermosas de la Luna, conocida con el nombre de Mare Crisium: el Mar de las Crisis. Casi quinientos kilómetros de diámetro, rodeada por un anillo de magníficas montañas, no había sido explorada nunca hasta que nosotros penetramos en ella a finales del verano de 1996.&lt;br /&gt;Nuestra expedición había sido cuidadosamente planeada. Dos grandes cargos habían transportado nuestras provisiones y nuestro equipo desde la base lunar del Mare Serenitatis, a ochocientos kilómetros. Disponíamos además de tres pequeños cohetes destinados al transporte a cortas distancias en regiones en las que era imposible servirse de los vehículos de superficie. Afortunadamente, la mayor parte del Mare Crisium es llana. No existen allí esas enormes grietas tan frecuentes y tan peligrosas en otras partes, y los cráteres o elevaciones de una cierta altura son bastante raros. A primera vista, nuestros potentes tractores oruga no tendrían la menor dificultad en conducirnos hasta donde quisiéramos ir.&lt;br /&gt;Yo era el geólogo, o selenólogo, si quieren ser ustedes pedantes, jefe del grupo destinado a la exploración de la zona sur del Mare. Habíamos recorrido un centenar y medio de kilómetros en una semana, bordeando los contrafuertes de las montañas que dominaban la playa de lo qué, muchos millones de años atrás, había sido un antiguo mar. Cuando la vida se había iniciado en la Tierra, aquel mar estaba ya moribundo. El agua retiraba de los flancos de aquellas maravillosas escolleras para fluir hacia el vacío corazón de la Luna. Sobre el suelo que estábamos recorriendo, el océano que no conocía mareas había alcanzado en su tiempo una profundidad de ochocientos metros, y ahora la única huella de humedad que podía hallarse era la escarcha que descubrimos a veces en las profundidades de las cavernas, donde jamás penetra la luz del sol.&lt;br /&gt;Habíamos comenzado nuestro viaje al despuntar el alba lunar, y nos quedaba aún casi una semana de tiempo terrestre antes de que la noche cayera de nuevo. Descendíamos de nuestros vehículos cinco o seis veces al día, vestidos con nuestros trajes espaciales, y nos dedicábamos a la búsqueda de minerales interesantes, o plantábamos señales indicadoras para guiar a futuros viajeros. Era una rutina monótona y carente de excitación. Podíamos vivir confortablemente al menos durante un mes en el interior de nuestros tractores presurizados, y si nos ocurría algún percance siempre nos quedaba la radio para pedir ayuda, tras lo cual no teníamos otra cosa que hacer más que aguardar la llegada de la nave que acudiría a rescatamos.&lt;br /&gt;Acabo de decir que la exploración lunar es una rutina carente de excitación, y no es cierto. Uno nunca se cansa de contemplar aquellas increíbles montañas, tan distintas de las suaves colinas de la Tierra. Al doblar un cabo o un promontorio, uno nunca sabía qué nuevos esplendores nos iban a ser revelados. Toda la parte meridional del Mare Crisium es un vasto delta donde, hace mucho tiempo, algunos desembarcaban en el océano, quizás alimentados por las torrenciales lluvias que habían erosionado las montañas durante el corto período de la era volcánica, cuando la Luna era aún joven. Cada uno de aquellos antiguos valles era una tentación, un desafío a trepar hasta las desconocidas mesetas que había más allá. Pero teníamos aún un centenar y medio de kilómetros que cubrir, y todo lo que podíamos hacer era contemplar con envidia aquellas cimas que otros escalarían.&lt;br /&gt;Abordo del tractor vivíamos según el tiempo terrestre, y a las 22 horas exactamente enviábamos el último mensaje por radio a la Base y terminábamos nuestro trabajo. Afuera, las rocas seguían ardiendo bajo un sol casi vertical; para nosotros era de noche hasta que nos despertábamos de nuevo, tras ocho horas de sueño. Entonces uno de nosotros preparaba el desayuno, se oía un gran zumbido de afeitadoras eléctricas, y alguien conectaba la radio que nos unía a la Tierra. Realmente, cuando el olor de las salchichas cociéndose comenzaba a llenar la cabina, a uno le resultaba difícil creer que no habíamos regresado a nuestro planeta: Todo era tan normal, tan familiar, excepto la disminución de nuestro peso y la lentitud con que caían todos los objetos.&lt;br /&gt;Era mi turno de preparar el desayuno en el ángulo de la cabina principal que servía como cocina. Pese a los años transcurridos, recuerdo con extrema claridad aquel momento, porque la radio acababa de transmitir una de mis canciones preferidas, la vieja tonada gala David de las Rocas Blancas. Nuestro conductor estaba ya fuera, embutido en su traje espacial, inspeccionando los vehículos oruga. Mi asistente, Louis Garnett, en la cabina de control, escribía algo relativo al trabajo del día anterior en el diario de a bordo.&lt;br /&gt;Como cualquier ama de casa terrestre mientras esperaba a que las salchichas se cocieran en la sartén dejé que mi mirada vagase sobre las montañosas paredes que cercaban el horizonte por la parte sur, prolongándose hasta perderse de vista por el este y por el oeste. Parecían no estar a más de tres kilómetros del tractor, pero sabía que la más próxima estaba a treinta kilómetros. En la Luna, por supuesto, las imágenes no pierden nitidez con la distancia, no hay ninguna atmósfera que atenúe, difumine o incluso transfigure los objetos lejanos, como ocurre en la Tierra.&lt;br /&gt;Aquellas montañas se elevaban hasta tres mil metros, surgiendo abruptas de la llanura como si alguna erupción subterránea las hubiera hecho emerger a través de la corteza en fusión. No se podía ver la base ni siquiera de la más próxima, debido a la acusada curvatura de la superficie, ya que la Luna es un mundo muy pequeño y el horizonte no estaba a más de tres kilómetros del lugar donde yo me hallaba.&lt;br /&gt;Levanté los ojos hacia los picos que ningún hombre había escalado nunca, aquellos picos que, antes del nacimiento de la vida sobre la Tierra, habían contemplado cómo se retiraba el océano, llevándose hacia su tumba la esperanza y las promesas de un mundo. El sol golpeaba los farallones con un resplandor que cegaba los ojos, mientras que, un poco más arriba, las estrellas brillaban fijas en un cielo más negro que la más oscura medianoche de invierno en la Tierra.&lt;br /&gt;Iba a girarme, cuando mi mirada fue atraída por un destello metálico casi en la cima de uno de los grandes promontorios que avanzaba hacia el mar, cincuenta kilómetros al oeste. Era un punto de luz pequeñísimo carente de dimensiones, como si una estrella hubiera sido arrancada del cielo por alguno de aquellos crueles picos, e imaginé que una roca excepcionalmente lisa captaba la luz del sol y me la reflejaba directamente a los ojos. Era algo que sucedía a menudo. Cuando la Luna entra en el segundo cuarto, los observadores de la Tierra pueden ver a veces las grandes cadenas montañosas del Oceanus Procellarum, el Océano de las Tormentas, arder con una iridiscencia blancoazulada debida al reflejo del sol en sus laderas. Pero sentía la curiosidad de saber qué tipo de roca podía brillar allá arriba con tanta intensidad, de modo que subí a la torreta de observación y orienté nuestro telescopio hacia el oeste.&lt;br /&gt;Lo que vi fue suficiente para despertar mi interés. Los picos montañosos, claros y nítidos en mi campo de visión, parecían no estar a más de ochocientos metros de distancia, pero el objeto que reflejaba la luz del sol era aún demasiado pequeño para poder ser identificado. Sin embargo, aunque no pudiera distinguirlo claramente, sí podía darme cuenta de que estaba provisto de una cierta simetría, y la base sobre la que se hallaba parecía extrañamente plana. Estuve observando durante un buen rato aquel brillante enigma, aguzando mi vista en el espacio, hasta que un olor a quemado proveniente de la cocina me informó que las salchichas del desayuno habían hecho un viaje de casi cuatrocientos mil kilómetros para nada.&lt;br /&gt;Mientras avanzábamos a través del Mare Crisium, aquella mañana, con las montañas irguiéndose a occidente, discutimos sobre el caso, y continuamos discutiendo a través de la radio cuando salimos a realizar nuestras prospecciones. Mis compañeros sostenían que había sido probado sin la menor sombra de duda que jamás había existido ninguna forma de vida inteligente en la Luna. Las únicas cosas vivas que habían llegado a existir eran algunas plantas primitivas, y sus antecesoras, tan sólo un poco menos degeneradas. Esto lo sabía yo tan bien como todos, pero hay ocasiones en las que un científico no debe temer al ridículo.&lt;br /&gt;-Escuchad -dije firmemente-, quiero subir hasta allí arriba, aunque sólo sea para tranquilizar mi conciencia. Esta montaña tiene menos de cuatro mil metros, lo que equivale a setecientos con gravedad terrestre, y puedo hacérmela en una veintena de horas. Siempre he deseado escalar una de esas colinas, y aquí tengo un buen pretexto para hacerlo.&lt;br /&gt;-Si no te partes el cuello -dijo Garnett-, vas a ser el hazmerreír de la expedición cuando regresemos a la Base. De ahora en adelante, esta montaña se llamará seguramente la Locura de Wilson.&lt;br /&gt;-No me partiré el cuello -dije con firmeza-. ¿Quién fue el primero que escaló Pico y Helicon?&lt;br /&gt;-¿Pero no eras un poco más joven por aquel entonces? -preguntó suavemente Louis.&lt;br /&gt;-Una razón de más para ir -dije muy dignamente.&lt;br /&gt;Aquella noche nos acostamos pronto, tras conducir el tractor hasta unos quinientos metros del promontorio. Garnett vendría conmigo al día siguiente; era un buen escalador y había participado conmigo en otras expediciones semejantes. Nuestro conductor se sintió muy feliz de quedarse guardando el vehículo.&lt;br /&gt;A primera vista, aquellas paredes parecían prácticamente inescalables, pero cualquiera que tuviera un poco de experiencia sabía que la escalada no presenta serias dificultades en un mundo donde el peso queda reducido a una sexta parte. El auténtico peligro del alpinismo lunar reside en el exceso de confianza: una caída desde cien metros en la Luna es tan mortal como una caída desde quince metros en la Tierra.&lt;br /&gt;Hicimos nuestro primer alto en una cornisa a unos mil quinientos metros de la llanura. La escalada no había sido difícil, pero el esfuerzo al que no estaba acostumbrado había envarado mis miembros, y me sentía feliz de poder descansar un poco. Visto desde allí, el tractor parecía un minúsculo insecto metálico al pie de la pared. Por radio comunicamos nuestro avance al conductor antes de proseguir la escalada.&lt;br /&gt;Dentro de nuestros trajes la temperatura era agradablemente fresca, puesto que el sistema de refrigeración anulaba los efectos del ardiente sol y eliminaba al exterior los desechos de nuestra transpiración. Hablábamos raramente, salvo que debiéramos intercambiar instrucciones o discutir acerca del mejor camino a seguir. No sabía lo que estaría pensando Garnett, seguramente que era la empresa más absurda en la que se había embarcado. Yo no podía dejar de darle la razón, al menos en parte, pero el placer de la escalada, la seguridad de que nunca ningún hombre había llegado antes hasta allí, y la exaltante visión del paisaje, eran para mí una recompensa suficiente.&lt;br /&gt;No recuerdo haber experimentado ninguna excitación especial al hallarnos ante la pared rocosa que había examinado a través del telescopio el día antes, desde una distancia de cincuenta kilómetros. Se extendía hasta una veintena de metros por encima de nosotros y allá, en aquella explanada, se hallaba el objeto que me había atraído a través de toda aquella extensión desértica. Casi con toda seguridad no era más que un bloque de roca nacido en alguna época pasada a consecuencia del impacto de un meteorito, con los planos de estratificación pulidos y brillantes aún en la inmovilidad eterna e inmutable.&lt;br /&gt;La roca no tenía apoyos, de modo que tuvimos que usar un garfio. Mis cansados brazos parecieron recuperar una nueva fuerza cuando lancé el anda de tres puntas haciéndola girar sobre mi cabeza. La primera vez falló su presa, y cayó lentamente cuando tironeamos de ella para comprobar su solidez. Al tercer intento las púas se sujetaron sólidamente, y ni siquiera el peso combinado de nuestros dos cuerpos consiguió moverla.&lt;br /&gt;Garnett me lanzó una ansiosa mirada. Hubiera podido decirle que deseaba subir yo primero, pero me limité a sonreír a través del cristal del casco y agité la cabeza. Luego, lentamente, sin prisas, inicié el último tramo de la ascensión.&lt;br /&gt;Aún enfundado en el traje espacial, pesaba tan sólo veinte kilos, por lo que subí a pulso, sin enroscar la cuerda entre mis piernas ni ayudarme con los pies contra la pared. Cuando alcancé el borde me detuve un instante para saludar con la mano a mi compañero, luego di el último tirón, me icé de pie sobre la plataforma, y contemplé lo que había ante mí.&lt;br /&gt;Hasta aquel momento estaba casi convencido de que no iba a descubrir nada extraño o insólito allí. Casi, pero no completamente, y era esa torturante duda la que me había empujado hasta allí. Bueno, la duda había sido disipada, pero la tortura apenas acababa de empezar.&lt;br /&gt;Me encontraba en una explanada de unos treinta metros de profundidad. En alguna ocasión había sido lisa, demasiado lisa para ser natural, pero los impactos de los meteoritos habían mordido y cribado su superficie a través de incontables eones. Y había sido nivelada para poder sostener una estructura translúcida, burdamente piramidal, de dos veces la altura de un hombre, encajada en la roca como una gigantesca gema facetada.&lt;br /&gt;Probablemente no experimenté ninguna sensación durante los primeros segundos. Luego, inexplicablemente, sentí una extraña alegría. Porque yo amaba la Luna, y ahora sabía que el musgo que trepaba en Aristarco y Eratóstenes no era la única forma de vida que había producido cuando era joven. Los antiguos y desacreditados sueños de los primeros exploradores eran ciertos. Después de todo había existido una civilización lunar, y yo había sido el primero en descubrirla. El hecho de haber llegado con un millón de años de retraso no me preocupaba; tenía bastante con haber llegado.&lt;br /&gt;Mi cerebro comenzaba a funcionar de nuevo normalmente, analizando, planteando preguntas. ¿Qué era aquella construcción? ¿Un santuario... o alguna otra cosa que en mi lengua no tenía nombre? Si era una construcción habitable, ¿por qué la habían edificado en aquel lugar casi inaccesible? Me pregunté si se trataría de un templo, e imaginé ver a los adeptos de alguna extraña región invocando a sus divinidades para que les salvaran la vida mientras la Luna declinaba con la muerte de sus océanos.&lt;br /&gt;Avancé unos pasos para examinar más de cerca el objeto, pero la cautela me impidió acercarme demasiado. Entendía un poco de arqueología, e intenté establecer el nivel de la civilización que había aplanado aquella montaña y erigido aquellas superficies resplandecientes que me cegaban aún.&lt;br /&gt;Pensé que los egipcios hubieran estado en condiciones de erigir una construcción como aquélla, siempre que sus operarios dispusieran del extraño material que aquellos arquitectos aún más antiguos habían utilizado. Debido a que el objeto era relativamente pequeño, no se me ocurrió pensar que probablemente estaba examinando el producto de una raza más avanzada que la nuestra. La idea de que en la Luna hubieran existido seres inteligentes era ya bastante difícil de asimilar, y mi orgullo se negaba a dar el último y más humillante paso.&lt;br /&gt;Y luego observé algo que hizo que los cabellos se me erizaran en la nuca, algo tan trivial e inocuo que quizá cualquier otro nunca lo hubiera visto. Ya he dicho que la explanada había sido torturada por la caída de los meteoritos, de tal modo que estaba recubierta de una espesa capa de polvo cósmico, ese polvo que se extiende como un manto por la superficie de todos los mundos en los que no existen vientos que puedan turbarlo. Sin embargo, tanto el polvo como las señales dejadas por los meteoritos terminaban bruscamente en el borde de un amplio círculo en el centro del cual se hallaba la pirámide, como si un muro invisible la protegiera de las inclemencias del tiempo y del lento pero incesante bombardeo del espacio.&lt;br /&gt;Sentí que alguien estaba gritando en mis auriculares, y finalmente me di cuenta de que Garnett me estaba llamando desde hacía rato. Avancé con paso vacilante hacia el borde de la explanada y le hice señas de que subiera, porque no me sentía muy seguro de ser capaz de hablar. Luego me giré de nuevo hacia el círculo en el polvo. Me incliné y tomé un fragmento de roca, y lo lancé, sin excesiva fuerza, hacia el brillante enigma. Si la piedra hubiera desaparecido al chocar contra aquella invisible barrera no me hubiera sorprendido, pero se limitó a caer al suelo, como si hubiera chocado contra una superficie curva.&lt;br /&gt;Ahora sabía que el objeto que tenía ante mí no podía ser comparado con ninguna obra de mis antepasados. No era una construcción sino una máquina, que se protegía a sí misma a través de unas fuerzas que habían desafiado la eternidad. Aquellas fuerzas, cualesquiera que fuesen, seguían funcionando aún, y quizás yo me había acercado demasiado a ellas. Pensé en todas las radiaciones que el hombre había capturado y dominado en el transcurso del último siglo. Por lo que sabía, podía hallarme incluso condenado para siempre, como si hubiera penetrado en la atmósfera silenciosa y letal de una pila atómica no aislada.&lt;br /&gt;Recuerdo que me giré hacia Garnett, que se había reunido conmigo y permanecía inmóvil a mi lado. Me pareció tan absorto que no quise molestarle, y me dirigí hacia el borde de la explanada esforzándome en ordenar de nuevo mis pensamientos. Allí, delante de mí, se extendía el Mare Crisium, extraño y fascinante para casi toda la humanidad, pero conocido y tranquilizador para mí. Levanté la mirada hacia la hoz de la Tierra que yacía en su cuna de estrellas, y me pregunté qué habían ocultado sus nubes cuando aquellos desconocidos constructores habían terminado su trabajo. ¿Era la humeante jungla del Carbonífero, la desierta orilla de los océanos sobre la que reptaban los primeros anfibios para conquistar la tierra firme..., o un período más anterior aún, el periodo de la soledad, antes de que la vida iniciara su desarrollo?&lt;br /&gt;No me pregunten por qué no intuí antes la verdad, que ahora parece tan obvia. En la excitación del descubrimiento, me había convencido a mí mismo de que la aparición cristalina debía de haber sido construida por una raza que había vivido en el remoto pasado lunar, pero de pronto, con una terrible fuerza, me traspasó la certeza de que aquella raza era tan extranjera a la Luna como lo era yo.&lt;br /&gt;En el transcurso de veinte años de exploraciones no habíamos hallado ningún otro rastro de vida a excepción de algunas plantas degeneradas. Ninguna civilización lunar, aún moribunda, podía dejar tan sólo una única prueba de su existencia.&lt;br /&gt;Volví a mirar la resplandeciente pirámide, y me pareció más extraña que nunca a cualquier cosa perteneciente a la Luna. Y entonces, de golpe fue sacudido por un estallido de risa histérica, provocado por la excitación y por la excesiva fatiga. Porque me había parecido que la pirámide me dirigía la palabra y me decía: “Lo siento, pero yo tampoco soy de aquí”.&lt;br /&gt;Hemos necesitado veinte años para conseguir romper aquel invisible escudo y alcanzar la máquina encerrada en aquellas paredes de cristal. Lo que no hemos podido comprender lo hemos destruido finalmente con la salvaje potencia de la energía atómica, y he podido ver los fragmentos de aquel hermoso y brillante objeto que descubriera allí, en la cima de la montaña.&lt;br /&gt;No significaban absolutamente nada. Los mecanismos de la pirámide, suponiendo que lo sean, son fruto de una tecnología que se halla mucho más allá de nuestro horizonte, quizás una tecnología de fuerzas parafísicas.&lt;br /&gt;El misterio continúa atormentándonos cada vez más, ahora que hemos alcanzado otros planetas y sabemos que sólo la Tierra ha sido cuna de vida inteligente en nuestro Sistema. Una civilización antiquísima y desconocida perteneciente a nuestro mundo no podría haberla construido, ya que el espesor del polvo meteórico en la explanada nos ha permitido calcular su edad. Aquel polvo comenzó a posarse antes de que la vida hiciera su aparición en la Tierra.&lt;br /&gt;Cuando nuestro mundo alcanzó la mitad de su edad actual, algo que venía de las estrellas pasó a través del Sistema Solar, dejó aquella huella de su paso, y prosiguió su camino. Hasta que nosotros la destruimos, aquella máquina cumplió su cometido. Y empiezo a intuir cuál era.&lt;br /&gt;Alrededor de cien mil millones de estrellas giran en el círculo de la Vía Láctea, y, hace mucho tiempo, otras razas de los mundos pertenecientes a otros soles deben de haber alcanzado y superado el estadio en el que ahora nos hallamos nosotros. Piensen en una tal civilización, muy lejana en el tiempo, cuando la Creación era aún tibia, dueña de un universo tan joven que la vida había surgido tan sólo en una infinitésima parte de mundos. La soledad de aquel mundo es algo imposible de imaginar, la soledad de los dioses que miran a través del infinito y no hallan a nadie con quien compartir sus pensamientos.&lt;br /&gt;Deben de haber explorado las galaxias como nosotros exploramos los mundos. Por todos lados había mundos, pero estaban vacíos, o a lo sumo poblados de cosas que se arrastraban y eran incapaces de pensar. Así debía de ser nuestra Tierra, con el humo de los volcanes ofuscando aún el cielo, cuando la primera nave de los pueblos del alba surgió de los abismos más allá de Plutón. Rebasó los planetas exteriores apresados por el hielo, sabiendo que la vida no podía formar parte de sus destinos. Alcanzó y se detuvo en los planetas interiores, que se calentaban al fuego del Sol, esperando a que comenzara su historia.&lt;br /&gt;Aquellos exploradores deben de haber observado la Tierra, sobrevolando la estrecha franja entre los hielos y el fuego, llegando a la conclusión de que aquél debía de ser el hijo predilecto del Sol. Allí, en un remoto futuro, surgiría la inteligencia; pero ante ellos quedaban aún innumerables estrellas, y nunca regresarían por aquel mismo camino.&lt;br /&gt;Así pues, dejaron un centinela, uno de los millones que deben de existir esparcidos por todo el universo, vigilando los mundos en los cuales vibra la promesa de la vida. Era un faro que, a través de todas las edades, señalaba pacientemente que aún nadie lo había descubierto.&lt;br /&gt;Quizás ahora comprendan por qué la pirámide de cristal fue instalada en la Luna y no en la Tierra. A sus creadores no les importaban las razas que luchaban aún por salir del salvajismo. Nuestra civilización les podía interesar tan sólo si dábamos prueba de nuestra capacidad de supervivencia, lanzándonos al espacio y escapando así de la Tierra, nuestra cuna. Este es el desafío que, antes o después, se plantea a todas las razas inteligentes. Es un desafío doble, porque depende de la conquista de la energía atómica y de la decisiva elección entre la vida y la muerte.&lt;br /&gt;Una vez superado este punto crítico, era tan sólo cuestión de tiempo que descubriéramos la pirámide, y la forzásemos para ver lo que había dentro. Ahora ya no emite ninguna señal, y aquellos encargados de su escucha deben de haber vuelto su atención hacia la Tierra. Quizás acudan a ayudar a nuestra civilización, aún en su infancia. Pero deben de ser viejos, muy viejos, y a menudo los viejos son morbosamente celosos de los jóvenes.&lt;br /&gt;Ahora ya no puedo mirar la Vía Láctea sin preguntarme de cuál de esas nebulosas estelares están acudiendo los emisarios. Si me permiten hacer una comparación bastante vulgar, hemos tirado del aparato de alarma, y ahora no podemos hacer otra cosa más que esperar.&lt;br /&gt;No creo que tengamos que esperar mucho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-115082708010960425?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/115082708010960425/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=115082708010960425&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115082708010960425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/115082708010960425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/06/el-centinela.html' title='El centinela'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114979502440477136</id><published>2006-06-08T16:29:00.000-03:00</published><updated>2006-06-08T16:32:12.606-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Adolfo Bioy Casares'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Scott Fitzgerald'/><title type='text'>Paradigma</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;por &lt;strong&gt;Adolfo Bioy&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;Casares&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;All for love, or The World well lost...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;John Dryden&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos retumbó un vals criollo cuando llegué a la placita que daba al río. La casa era vieja, de madera, alta, angosta, quizás un poco ladeada, con una cúpula cónica, puntiaguda, más ladeada aún, con una puerta de hierro, con vidrios de colores que reflejaban tristemente la luz de aquel interminable atardecer de octubre. Rodeaba la casa un breve jardín, desdibujado por la maleza y por la hiedra. En la verja, en una chapa, leí el nombre: Mon Souci. Más adentro, en un rectángulo de madera clavado en la pared, había un segundo letrero, con las enes al revés: taller de planchado. planta baja. Me pareció que desde la espesura del jardín alguien me vigilaba, pero se trataba tan sólo de uno de esos desagradables productos de la estatuaria italiana del siglo xix, un cupido que reía no sin malignidad, cubierto de racimos de lilas. Entré, subí al piso alto.&lt;br /&gt;La misma señorita Eguren -una anciana delgada y limpia, con un tul en el cuello- abrió la puerta. El cuarto... La verdad es que siempre ando distraído y tengo mala memoria, de modo que me limitaré a decir que el cuarto abarcaba todo el frente y que me dejó un agradable recuerdo de orden, de muebles de caoba, de olor a lilas. Arrimamos el sillón de hamaca y una silla al balcón. Bebimos refrescos; de tanto en tanto miramos la placita, rodeada de tres calles, con el embarcadero, los mástiles, alguna vela y el río al fondo.&lt;br /&gt;-¿El señor escribe? -preguntó la señorita Eguren-. Lo llamé para contarle una historia. Una historia real. Yo se la cuento y el señor en dos patadas la arregla para una revista o libro. Como quien dice, yo le doy la letra y el señor, que es poeta, le pone música. Eso sí, le ruego que no se permita el menor cambio, para que la historia no pierda consistencia ¿me explico? Tía Carmen, que leyó su libro, asegura que usted toma en serio el amor.&lt;br /&gt;-Ah -dije.&lt;br /&gt;-Los que hacen libros ¿por qué se avergüenzan del amor? O lo echan a la chacota o lo cubren de verdaderas obscenidades, que francamente no tienen mucho que ver.&lt;br /&gt;Protesté:&lt;br /&gt;-I promessi sposi, Pablo y Virginia.&lt;br /&gt;-¿Son autores de mérito? -su interés duró el tiempo de formular las palabras-. Pero no me niegue que para el hombre normal el amor no cuenta. La plata cuenta, el deporte. La mujer es otra cosa y, naturalmente, los sexos no concuerdan. ¿Para usted algún libro cuenta más que la vida?&lt;br /&gt;-No -dije.&lt;br /&gt;-Mi buen señor, únicamente la vida es mágica. En cualquier estrechez a que uno se vea reducido cabe la vida entera. A mí por este balcón me llega la vida entera. Los bobos creen que una vieja, arrumbada en un cuartucho, no disfruta. Se equivocan. Observo, soy testigo. Ah, quién pudiera serlo para siempre.&lt;br /&gt;Para probarme, quizá, que a ella nada se le escapaba, agregó:&lt;br /&gt;-Ahora cambian la guardia en la comisaría. Efectivamente, en la entrada de la comisaría, sobre la calle que por la derecha bordeaba la plaza, hubo un cambio de guardia.&lt;br /&gt;-Esos valses machacones vienen de la calesita -continuó-. Allá está, en el baldío; la gobierna el sin piernas Américo. A la derecha ¿ve la araucaria? la casa rodeada por el corredor es la quinta de los Varela. Al frente, en el centro de la plaza, tenemos el monumento a San Martín, rodeado por cuatro bancos verdes, concurridos por enamorados, y al fondo, si no le falla la vista, divisará la plataforma de donde arrancan los escalones de piedra ¡cuántos amigos los bajaron, parece ayer, para encontrar una lancha y huir al Uruguay!&lt;br /&gt;Aguardó en silencio hasta que volví a ella los ojos. Luego empezó:&lt;br /&gt;-En 1951 ocurrió el episodio: bien narrado logrará su página de bronce entre las leyendas de la patria. Los protagonistas descollaban como verdaderos héroes. Ambos eran bien parecidos, muy jóvenes, virtuosos y de condición humilde. En esto último, señor, ¿no ve la mano de la Providencia, que los modeló queribles para todo el mundo? Angélica trabajaba en el taller de abajo. Usted la tomaba por una reina entre esas chicas vulgares y alocadas. Yo se lo digo: la única seria, la única linda, la única silenciosa. ¡Y de qué hogar venía! No puedo menos que espantarme, pues los hechos son reales y confirman, señor, los cuentos de hadas, donde a la novia predestinada la descubría en la casa más miserable del pueblo el príncipe, en este caso un panadero.&lt;br /&gt;-¿Un panadero? -repetí estúpidamente.&lt;br /&gt;-Ya le explicaré. La madre de Angélica era la pobre Margarita, usted sabe, paralítica en los últimos años, tonta siempre, sin más conducta que una oveja. ¿Hace cuánto hubiera muerto, si no fuera por su Angélica, tan buena hija, tan abnegada, el báculo para cualquier necesidad? ¡Le daba de comer en la boca, note bien mis palabras, como a un pichón! De inanición hubiera muerto la pobre Margarita, sobre quien corren cuentos de una sordidez que pone los pelos de punta. ¡De mi boca no los oirá! Diré, en cambio, en su honor, cuatro palabras verdaderas: adoraba a su hija. Con el hombre de la casa, el padrastro de esta chica Angélica, entra el plato fuerte, el ogro de nuestro cuento, señor mío. Por todos conocido por Papy o el Negro Cafetón, tratábase de un paraguayo corpudo, oscuro como si en el infierno lo hubieran chamuscado, de una violencia y de una vivacidad admirables, que no dejaba títere con cabeza. Amén de regentear no sé qué stud de mujeres -no me pida aclaración, porque yo, de deportes, no pesco- el terrible padrastro surcaba los siete mares del orbe como fogonero a bordo del Río Diamante. La chica restañaba las heridas y secaba las lágrimas cuando el Negro Cafetón partía en el buque, pero el retorno era en fecha cierta. No sólo por las tundas lo aguardaba con pavor: bajo amenazas de malos tratos quería casarla con Luis Chico, pelele que el fogonero manejaba con mano de hierro.&lt;br /&gt;»Créame, el Papy era poderoso. Trifulcas tuvo miles, enemigos le sobraban, pues el crápula avivaba con agua fuerte su natural pendenciero. Engolosinada con tales antecedentes, la autoridad política lo apadrinaba y el negrote se abría paso en el sindicato local. ¿Cómo contrariar tamaño bravucón? Si descubría el idilio de los chicos, desollaba vivo a Ricardo, y ante la vista y paciencia de la pobre madre, postrada en el lecho, era muy capaz de vejar a la niña el infame.&lt;br /&gt;-¿Quién es Ricardo? -le pregunté.&lt;br /&gt;-Un panadero, ya se sabe, el amor de Angélica. Mozo gallardo, era un gusto el verlo con la canasta repleta, cumpliendo como un reloj el reparto alrededor de la plaza; no dejaba a nadie sin pan, no digamos a los Várela, buenos pagadores, pero tampoco a la comisaría, que nunca pagó un cobre, aunque reclamaban tortitas de azúcar quemada para el mate, ni al sin piernas Américo, cliente de cuatro felipes. Desde luego, no lo llevarían por delante. Ricardo era un panaderito de lealtad y de coraje probados (repito palabras pronunciadas bajo este mismo techo, en los esperanzados días de aquel septiembre, por sus compañeros de conjuración), pero ¿quién detiene con los puños a una locomotora? Y si enfrentaba con armas al paraguayo ¿en qué pararía el asunto? Angélica le recordaba: "Queremos casarnos, no separarnos. Te quiero conmigo, no entre rejas ni bajo tierra".&lt;br /&gt;»Antes de partir la última vez en el Río Diamante, el padrastro declaró: "A mi vuelta será tu boda". Puede usted imaginar cómo cayó el anuncio a los pobres chicos. Ricardo la esperaba todas las tardes y, cuando Angélica salía del taller, tomados del brazo, gravemente se encaminaban al centro de la plaza, a uno de los cuatro bancos que miran a San Martín. Por más que debatían el intríngulis, vea usted, no adelantaban. Poco faltaba para la fecha fatal: el padrastro regresaría en la noche del primero de octubre. No encontraban escapatoria, sólo una seguridad en el alma: día a día se querían más entrañablemente y de cualquier modo evitarían el matrimonio de ella con Luis Chico, pues tenían ahorros para comprar un revólver, si no preferían suicidarse con veneno.&lt;br /&gt;»La vida corre por tantas rueditas, que este idilio, rayano a su final trágico, no era el único suceso importante que ocupaba a los muchachos por aquel entonces. Como le dije, Ricardo intervenía en la conjuración contra la dictadura. Nadie sospechaba que el repartidor, con los panes de su canasta, repartía puntualmente partes y órdenes entre los confabulados. El comando local trabajaba oculto en la quinta de los Várela; los jefes reunidos allí eran notorios opositores del gobierno, conocidos por la policía, y para evitar detenciones que hubieran comprometido la suerte del golpe, en la etapa final ni asomaban la cabeza al jardín.&lt;br /&gt;»Había que mandar órdenes a los oficiales de enlace y por su lado éstos debían informar de las novedades a la quinta, amén de transmitirle despachos del comando, de Buenos Aires. Como los teléfonos no eran de fiar, el panadero anduvo atareado; pero luego vino una calma -los períodos de gran actividad, con el levantamiento anunciado para una o más fechas, inopinadamente seguidos de calmas, en las que todo parecía olvidado, eran el régimen habitual de aquellos tiempos de congoja- y aunque en la quinta de los Várela se mantenían reunidos los jefes, el mismo Ricardo perdió la esperanza en la revolución.&lt;br /&gt;»Una tarde, sentados allá en el banco, mirando vagamente hacia el embarcadero y el río, en una brusca iluminación los jóvenes habrán entrevisto el plan. Lo cierto es que hablaron con el patrón de La Liebre, un lanchero que pasó montones de fugitivos a la otra banda. Tenía fama de espía del gobierno, mas por aquella época nadie dudaba de que sus pasajeros llegaran a destino, o como se diga. Francamente, sin connivencia con los mandones, el hombre no hubiera cumplido por largo tiempo el tráfico salvador. Lo más probable es que comprara la impunidad, pagando parte de lo que cobraba; no olvidemos que por encima de las peores pasiones el espíritu comercial cuidaba del último detalle en tiempos de la dictadura. El patrón de La Liebre convino con Angélica y Ricardo que los cruzaría al Uruguay en la noche del primero de octubre.&lt;br /&gt;»Todo lo habían previsto nuestros enamorados. Margarita sólo pasaría un rato desamparada, pues el Negro Cafetón, aunque inferior a Angélica en fineza de atención y demás miramientos, no la dejaría morir de hambre ni de sed. Una ternura extraña profesaba el crápula por su compañera, simple reliquia de un ayer de loqueos. Generosamente los jóvenes cargaron con el riesgo del plan. "Sería más que mala suerte", habrán pensado, "que el padrastro llegue antes de nuestra partida; que llegue y nos busque inmediatamente; que nos busque y empiece por el embarcadero".&lt;br /&gt;»El plan estaba preparado, pero en un rato el azar lo echó por tierra. El 27 de septiembre, en un encuentro casual, el patrón de La Liebre informó a Ricardo de que no podría cruzarlos a la otra banda, porque iba a pintar la lancha, para dejarla nuevita. Con el ánimo por el suelo, el muchacho concluyó el reparto de la tarde en la jabonería de Veyga. Éste, uno de los oficiales de enlace de la conjuración, le dijo que habían adelantado la fecha; que de Buenos Aires llegaron órdenes de estar listos para ganar la calle en cualquier momento; que en el primer reparto del otro día alertara a los caballeros reunidos en la quinta, pero que no los visitara fuera de las horas habituales, para no llamar la atención de la comisaría, que sin duda vigilaba, ya sobre aviso; que viera al sin piernas Américo, para que en su repertorio repitiera, de tanto en tanto, la Marcha de San Lorenzo: musiquita que significaba, en la clave de los conspiradores, peligro y acción inminente.&lt;br /&gt;»El hecho es que Ricardo no encontró en su puesto al sin piernas. Como siempre, a la salida del taller esperó a Angélica. Yo los vi: se encaminaron con lentitud los pobres chicos al banco de sus coloquios. Eran patriotas, de modo que la inminencia de la rebelión -esté seguro, señor- los alegró; pero abandonar el proyecto de fuga, encarar otra vez al padrastro, ahora sin más escapatoria que un suicidio doble ¡en qué tribulaciones los habrá sumido! Un arrebato, un impulso momentáneo de la esperanza o de la desesperación, vaya a saber, los llevó al borde del agua. Ahí, junto a la escalera, encontraron al patrón de La Liebre. Recriminó con aspereza Angélica, Ricardo rogó y el hombre por fin los confundió con la propuesta de cruzarlos al Uruguay inmediatamente. Era entonces o nunca, pues a la otra mañana pondrían en dique seco a la lancha y antes de que navegara de nuevo, habría llegado el temido padrastro. Los jóvenes pidieron un instante para hablar entre ellos. Caminaron en dirección al banco y muy pronto se detuvieron. ¿Qué no daría usted, señor, por conocer las palabras cambiadas por la heroica pareja? Acaso no las conocerá nadie. En cuanto a la resolución fue evidente. Yo puedo hablar, pues ventilándome en este mismo balcón fui testigo de las consecuencias afrontadas por los chicos. ¡Las culpas que cargaron sobre la espalda!&lt;br /&gt;»A la tarde del otro día, los vigilantes rodearon la quinta de los Várela. La cara en alto, los conjurados pasaron entre dos hileras de facinerosos con uniforme, rumbo a la comisaría. El sin piernas Américo no incluyó en el repertorio la Marcha de San Lorenzo; pero por orden del comisario, que en la calesita destacó un hombre armado de mauser, a todas horas con música nos atronó. A la madrugada hubo una interrupción. No imagine que nos alivió la tregua. Fue algo horrible, porque oímos entonces los aullidos de los desventurados a quienes en la comisaría torturaban. ¡La mejor gente de la zona! Al pobre sin piernas también lo torturaron un rato, porque sospecharon que la interrupción fue adrede, para que nos enteráramos de lo que estaba ocurriendo. Aquí no acaban las calamidades. En la mañana del primero de octubre cruzó esta calle un entierro. ¡Tan debilitada estaba Margarita que le faltó aguante y, sin amparo, en pocos días murió de hambre y de sed! Me aseguraron que el fogonero, cuando llegó, gimió como un pobre negro sobre la tumba de su mujer y juró destripar con las manos a los chiquilines, aunque tuviera que buscarlos en la vecina orilla: amenazas de borracho, que valen como de quien vienen.&lt;br /&gt;»Ahora yo le encomiendo, señor mío, que medite un instante sobre el punto sublime de esta narración. Usted, que leyó tanto, ¿encontró una historia de amor más perfecta? Vea con la imaginación a esos dos jóvenes, unos niños todavía, no lejos de la estatua del prócer, resolviendo entre ellos un dilema que abruma el corazón. En un platillo de la balanza está la vida de una madre adorada, la lealtad o el perjurio a la patria y a los correligionarios; en el otro, el amor de sus corazones. Mi Ricardo y mi Angélica no vacilaron.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114979502440477136?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114979502440477136/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114979502440477136&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114979502440477136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114979502440477136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/06/paradigma.html' title='Paradigma'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114979484281415743</id><published>2006-06-08T16:23:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:25:38.330-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Allen Gingsberg'/><title type='text'>Aullido</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;de Allen Ginsberg&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;(traducción de Leonor Silvestri)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Estados Unidos te lo di todo y ahora no soy nada.&lt;br /&gt;Estados Unidos dos dólares con veintisiete centavos 17 de Enero de 1956. No puedo soportar mi propia cabeza.&lt;br /&gt;¿Estados Unidos cuándo vamos a terminar con la guerra humana?Andate a cagar con la bomba atómica&lt;br /&gt;No me siento bien, no me molestes.No voy a escribir mi poema hasta que este bien de la cabeza.¿Estados Unidos cuándo vas a ser angelical?¿Cuándo vas a sacarte la ropa?&lt;br /&gt;¿Cuándo te vas a mirar a través de la tumba?&lt;br /&gt;¿Cuándo vas a ser merecedor de tu millón de Trosquistas?&lt;br /&gt;¿Estados Unidos por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas?&lt;br /&gt;¿Estados Unidos cuándo vas a mandar tus huevos a la India?Estoy harto de tus locas demandas.&lt;br /&gt;¿Cuándo voy a poder ir al supermercado y comprar lo que me haga falta de la manera en la que me veo?&lt;br /&gt;Estados Unidos después de todo, somos vos y yo los perfectos no el mundo de al lado.&lt;br /&gt;Tu maquinaria es demasiado para mí.Me has hecho desear ser un santo.&lt;br /&gt;Tiene que haber alguna otra manera de terminar con esta discusión.&lt;br /&gt;Burroughs está en Tanger es siniestro pero no creo que vuelva.¿Estás siendo siniestro es una joda?&lt;br /&gt;Estoy tratando de dar en la tecla.Me niego a abandonar mi obsesión.Estados Unidos dejá de presionarme sé lo que hago.Estados Unidos los frutos del ciruelo maduro están cayéndose.&lt;br /&gt;Hace meses que no leo el diario, todos los días alguien es llevado a juicio por asesinato.&lt;br /&gt;Estados Unidos tengo nostalgia del Proletariado.&lt;br /&gt;Estados Unidos yo solía ser un comunista cuando era un pibe y no me arrepiento.Siempre que puedo fumo porro.Me siento en mi casa días enteros y miró las rosas en mi armario.&lt;br /&gt;Cuando voy al barrio chino me emborracho y no logro encamarme.&lt;br /&gt;Ya me decidí, va a haber kilombo.&lt;br /&gt;Deberías haberme visto leer a Marx.Mi psicoanalista cree que estoy perfectamente bien.&lt;br /&gt;No voy a elevar una plegaria el Señor.Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.&lt;br /&gt;Estados Unidos todavía no te dije lo que le hiciste a mi tío Max desde que vino de Rusia.&lt;br /&gt;A vos te hablo.&lt;br /&gt;¿Vas a dejar que tu vida emocional este regida por la Revista Time?Me obsesiona la revista Time.La leo cada semana.&lt;br /&gt;Su portada se me queda mirando fijamente cada vez que me deslizo por la esquina del kiosko.&lt;br /&gt;La leo en el subsuelo de la Biblioteca Pública Berkeley.Siempre me está hablando de responsabilidades. Los hombres de negociosos son serios. Los productores de películas son serios. Todos son serios excepto yo.&lt;br /&gt;Lo que ocurre es que yo soy Estados Unidos.Otra vez me estoy hablando a mi mismo.&lt;br /&gt;Asia se está revelando contra mi.No tengo ni la oportunidad de un chino.&lt;br /&gt;Mejor que considere mis recursos nacionales.&lt;br /&gt;Mis recursos nacionales consisten de dos porros millones de genitalesliteratura privada impublicable que va a 1400 millas por hora y25.000 clínicas neuropsiquiátricas.&lt;br /&gt;No digo nada de mis prisiones ni de los millones que no tienen privilegios que vivenen los canteros bajo la luz de quinientos soles.Abolí los burdeles franceses, ahora voy a por Tanger.Ambiciono ser Presidente aunque soy Católico.&lt;br /&gt;¿Estados Unidos cómo puedo escribir una letanía sagrada con este estúpido humor?&lt;br /&gt;Voy a seguir como Henry Ford mis estrofas son tan individuales como susAutomóviles más aun son de sexos diferentes.&lt;br /&gt;Estados Unidos te voy a mandar estrofas por $2500 cada una y $500 menos por tu vieja estrofa.&lt;br /&gt;Estados Unidos liberá a Tom MooneyEstados Unidos salvá a los españoles antifranquistas republicanos.Estados Unidos Sacco Vanzetti no tienen que morir&lt;br /&gt;Estados Unidos soy los muchachos escoceses.Estados Unidos cuando tenía siete mamá me llevó a las reuniones de la Célula Comunista&lt;br /&gt;Nos vendían garbanzos a montones por entrada, una entrada costaba 5 centavos y los discursos eran gratis todos eran angelicales y sentimentales acerca de los trabajadores.&lt;br /&gt;Todo era tan sincero no tenés idea que bueno qué era el partido&lt;br /&gt;en 1935 Scott Nearing era un gran hombre realmente un hombre de bien&lt;br /&gt;Bloor me hacía llorar una vez vi a Israel Amter. Todos debieron haber sido espías.&lt;br /&gt;Estados Unidos no querés ir a la guerra realmente.Estados Unidos son ellos los rusos malos.&lt;br /&gt;Ellos los rusos ellos los rusos y los chinos.&lt;br /&gt;Y ellos los rusos&lt;br /&gt;Rusia que nos quiere comer vivos. El loco poder ruso. Rusia quiere sacar nuestros coches de sus garajes.&lt;br /&gt;Quiere quedarse con Chicago. Quiere quedarse con la Red Reader's Digest. Quiere nuestras plantas automotrices en Siberia. Su gran burocracia en nuestras estaciones de servicio.&lt;br /&gt;No está bien. Eh. Su deseo de hacer que los indios aprendan a leer.&lt;br /&gt;Su necesidad de grandes negros de mierda.&lt;br /&gt;Eh. Nos va a hacer trabajar a todos 16 horas por día. Ayuda.&lt;br /&gt;Estados Unidos esto es serio.Estados Unidos ésta es la impresión que obtengo de la televisión.&lt;br /&gt;¿Está bien esto Estados Unidos?Mejor pongo manos a la obra.&lt;br /&gt;Es verdad no quiere unirme a la armada o tornear madera en las fábricas de partes militares, soy chicato y sicopático de todas formas.Estados Unidos pongo mi hombro de puto en la rueda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114979484281415743?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114979484281415743/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114979484281415743&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114979484281415743'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114979484281415743'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/06/aullido.html' title='Aullido'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114592539685594256</id><published>2006-04-24T21:35:00.000-03:00</published><updated>2006-04-24T21:40:34.216-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Barbra Streisand'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Clarice Lispector'/><title type='text'>Memoria</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Barbra Streisand&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;table&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;b&gt;Memory&lt;/b&gt; &lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;b&gt;Memoria&lt;/b&gt; &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;small&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Midnight, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Media noche &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Not a sound from the pavement &lt;/td&gt;&lt;td&gt;No hay ningún sonido en el pavimento &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Has the moon lost her memory? &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Ha la luna perdido su memoria &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;She is smiling alone. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Ella está sonriendo sola &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;In the lamplight, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;En el farol &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;The withered leaves collect at my feet, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Las hojas marchitas juntas a mis pies &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;And the wind begins to moan. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Y el viento empieza a correr &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Memory, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Memoria, &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;All alone in the moonlight, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Sola a la luz de la luna &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;I can dream of the old days &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Puedo soñar con lis viejos tiempos &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Life was beautiful then &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Antes la vida era hermosa &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;I remember the time &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Recuerdo el tiempo cuando sabía &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;I knew what happiness was. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Lo que era la felicidad &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Let the memory live again. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Deja que mi memoria viva un a vez más &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Every street lamp seems to beat &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Cada farol de la calle pareciera &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;A fatalistic warning. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Dar una advertencia fatídica &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Someone mutters and the street lamp gutters &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Alguien murmulla y la lámpara de la calle relampaguea &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;And soon it will be morning. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Luego será de mañana &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Daylight, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Luz de día &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;I must wait for the sunrise, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Tengo que esperar el amanecer &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;I must think of a new life &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Tengo que pensar en una nueva vida y &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;And I musn't give in. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;No tengo que rendirme &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;When the dawn comes, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Cuando la madrugada se acerca &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Tonight will be a memory too &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Esta noche será un recuerdo también &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;And a new day will begin. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Y un nuevo día comenzará &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Burnt out ends of smoky days, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Se acabaron los días de fumar &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;The stale cold smell of morning. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;El cortejo de trasnoche huele a mañana &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;A street lamp dies, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Los faroles mueren &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Another night is over, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Otra noche se acaba &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Another day is dawning. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Otro día amanece &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Touch me, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Tócame &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;It's so easy to leave me &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Es tan fácil dejarme &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;All alone with the memory &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Sola con mis recuerdos &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Of my days in the sun. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;De mis días de sol &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;If you touch me, &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Si tu me tocaras &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;You'll understand what happiness is. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Entenderías lo que es la felicidad &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Look, a new day has begun. &lt;/td&gt;&lt;td&gt;Mira , un nuevo día ha empezado. &lt;/small&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114592539685594256?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114592539685594256/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114592539685594256&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114592539685594256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114592539685594256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/04/memoria.html' title='Memoria'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114592526296471414</id><published>2006-04-24T21:26:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:29:51.025-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Joaquín Sabina'/><title type='text'>Antes</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Joaquín Sabina&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Antes de ti&lt;br /&gt;yo ya existía&lt;br /&gt;antes de ti&lt;br /&gt;no lo sabías?&lt;br /&gt;yo ya cantaba&lt;br /&gt;yo ya mentía&lt;br /&gt;yo ya soñaba&lt;br /&gt;antes de ti&lt;br /&gt;yo ya jugaba&lt;br /&gt;yo ya reía&lt;br /&gt;ya suspiraba&lt;br /&gt;si me quitaban&lt;br /&gt;la ilusión&lt;br /&gt;claro que sí&lt;br /&gt;quién lo diría?&lt;br /&gt;antes de ti&lt;br /&gt;ya estaba yo&lt;br /&gt;Antes de mí&lt;br /&gt;tú ya vivías&lt;br /&gt;antes de mí&lt;br /&gt;no lo sabías?&lt;br /&gt;tú ya besabas&lt;br /&gt;tú ya crecías&lt;br /&gt;tú ya apostabas&lt;br /&gt;antes de mí&lt;br /&gt;tú ya ganabas&lt;br /&gt;tú ya perdías&lt;br /&gt;tú ya pensabas&lt;br /&gt;que te estorbaba&lt;br /&gt;la virtud&lt;br /&gt;claro que sí&lt;br /&gt;quién lo diría?&lt;br /&gt;Antes de mí&lt;br /&gt;ya estabas tú&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;invierno/04&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114592526296471414?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114592526296471414/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114592526296471414&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114592526296471414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114592526296471414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/04/antes.html' title='Antes'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114462095866492008</id><published>2006-04-09T19:10:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:28:45.822-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gioconda Belli'/><title type='text'>Reglas de juego para hombres que quieran amar mujeres mujeres</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Gioconda Belli&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre que me ame&lt;br /&gt;deberá saber descorrer las cortinas de la piel,&lt;br /&gt;encontrar la profundidad de mis ojos&lt;br /&gt;y conocer lo que anida en mí,&lt;br /&gt;la golondrina transparente de la ternura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre que me ame&lt;br /&gt;no querrá poseerme como una mercancía,&lt;br /&gt;ni exhibirme como un trofeo de caza,&lt;br /&gt;sabrá estar a mi lado&lt;br /&gt;con el mismo amor&lt;br /&gt;conque yo estaré al lado suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;III&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El amor del hombre que me ame&lt;br /&gt;será fuerte como los árboles de ceibo,&lt;br /&gt;protector y seguro como ellos,&lt;br /&gt;limpio como una mañana de diciembre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;IV&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre que me ame&lt;br /&gt;no dudará de mi sonrisa&lt;br /&gt;ni temerá la abundancia de mi pelo,&lt;br /&gt;respetará la tristeza, el silencio&lt;br /&gt;y con caricias tocará mi vientre como guitarra&lt;br /&gt;para que brote música y alegría&lt;br /&gt;desde el fondo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;V&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre que me ame&lt;br /&gt;podrá encontrar en mí&lt;br /&gt;la hamaca donde descansar&lt;br /&gt;el pesado fardo de sus preocupaciones,&lt;br /&gt;la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,&lt;br /&gt;el lago donde flotar&lt;br /&gt;sin miedo de que el ancla del compromiso&lt;br /&gt;le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VI&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El hombre que me ame&lt;br /&gt;hará poesía con su vida,&lt;br /&gt;construyendo cada día&lt;br /&gt;con la mirada puesta en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VII&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por sobre todas las cosas,&lt;br /&gt;el hombre que me ame&lt;br /&gt;deberá amar al pueblo&lt;br /&gt;no como una abstracta palabra&lt;br /&gt;sacada de la manga,&lt;br /&gt;sino como algo real, concreto,&lt;br /&gt;ante quien rendir homenaje con acciones&lt;br /&gt;y dar la vida si es necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VIII&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre que me ame&lt;br /&gt;reconocerá mi rostro en la trinchera&lt;br /&gt;rodilla en tierra me amará&lt;br /&gt;mientras los dos disparamos juntos&lt;br /&gt;contra el enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;IX&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El amor de mi hombre&lt;br /&gt;no conocerá el miedo a la entrega,&lt;br /&gt;ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento&lt;br /&gt;en una plaza llena de multitudes.&lt;br /&gt;Podrá gritar -te quiero-&lt;br /&gt;o hacer rótulos en lo alto de los edificios&lt;br /&gt;proclamando su derecho a sentir&lt;br /&gt;el más hermoso y humano de los sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;X&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El amor de mi hombre&lt;br /&gt;no le huirá a las cocinas,&lt;br /&gt;ni a los pañales del hijo,&lt;br /&gt;será como un viento fresco&lt;br /&gt;llevándose entre nubes de sueño y de pasado,&lt;br /&gt;las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados&lt;br /&gt;como seres de distinta estatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;XI&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El amor de mi hombre&lt;br /&gt;no querrá rotularme y etiquetarme,&lt;br /&gt;me dará aire, espacio,&lt;br /&gt;alimento para crecer y ser mejor,&lt;br /&gt;como una Revolución&lt;br /&gt;que hace de cada día&lt;br /&gt;el comienzo de una nueva victoria.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114462095866492008?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114462095866492008/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114462095866492008&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114462095866492008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114462095866492008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/04/reglas-de-juego-para-hombres-que.html' title='Reglas de juego para hombres que quieran amar mujeres mujeres'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114462024447021646</id><published>2006-04-09T18:58:00.000-03:00</published><updated>2007-02-06T09:28:17.300-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicolás Guillén'/><title type='text'>Prólogo</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Nicolás Guillén&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;Prólogo? Sí. Prólogo...&lt;br /&gt;Pero nada grave, porque estas primeras páginas deben ser frescas y verdes, como ramas jóvenes.&lt;br /&gt;Realmente, yo soy partidario de colocar los prólogos al final, como si fueran epílogos. Y en todo caso, dejar los epílogos para los libros que no tengan prólogo.&lt;br /&gt;Por otra parte, un prólogo ajeno tiene cierta intención provisional de cosa prestada. Después de impreso el libro, el autor que le puso al comienzo unas líneas del amigo debe vivir con el sobresalto de que éste se las pida:&lt;br /&gt;-Dice Menéndez que cuando usted termine con el prólogo, se lo mande...&lt;br /&gt;Y a lo mejor, es para emplearlo en otra obra. Para prestárselo a otro amigo.&lt;br /&gt;Mi prólogo es mío. Puedo decir, pues -aclarado lo anterior- que me decido a publicar una colección de poemas en virtud de tenerlos ya escritos. En esto soy un poco más honrado que ciertos autores cuando anuncian sus obras sin haber redactado una sola línea de ellas. Casi siempre, dicho anuncio aparece en el primer libro, con un título lleno de goma: «Obras en preparación». Y en seguida, una lista que comprende varios tomos de poesía, crítica, teatro, novela... Todo un mundo de aspiraciones, pero con muy cortas alas para el vuelo.&lt;br /&gt;No ignoro, desde luego, que estos versos les repugnan a muchas personas, porque ellos tratan asuntos de los negros del pueblo. No me importa. O mejor dicho: me alegra. Eso quiere decir que espíritus tan puntiagudos no están incluidos en mi temario lírico. Son gentes buenas, además. Han arribado penosamente a la aristocracia desde la cocina, y tiemblan en cuanto ven un caldero.&lt;br /&gt;Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco níspero. ¿Duele? No lo creo. En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos a olvidar. La inyección africana en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en nuestra bien regada hidrografía social tantas corrientes capilares, que sería trabajo de miniaturista desenredar el jeroglífico.&lt;br /&gt;Opino por tanto que una poesía criolla entre nosotros no lo será de un modo cabal con olvido del negro. El negro -a mi juicio- aporta esencias muy firmes a nuestro cóctel. Y las dos razas que en la Isla salen a flor de agua, distantes en lo que se ve, se tienden un garfio submarino, como esos puentes hondos que unen en secreto dos continentes. Por lo pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá: «color cubano».&lt;br /&gt;Estos poemas quieren adelantar ese día.&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;N. G.&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;La Habana, 1931.&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;Sóngoro Cosongo&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114462024447021646?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114462024447021646/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114462024447021646&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114462024447021646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114462024447021646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/04/prlogo.html' title='Prólogo'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114437741014582822</id><published>2006-04-06T23:35:00.000-03:00</published><updated>2006-04-06T23:36:50.146-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='J. Rodolfo Wilcock'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='C. E. Feiling'/><title type='text'>La Atlántida</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;J.R.Wilcock&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;Cuando aquella vasta isla que los antiguos llamaban Atlántida comenzó a hundirse en el océano, los más sagaces de sus habitantes decidieron embarcarse y mudarse a otro continente. Lamentablemente sus barcos eran pequeños y bastó una sola tempestad para tragarse a todos los emigrantes. Pero la gran mayoría de los atlánticos se habían quedado en la isla; de hecho, todas las profecías preveían un gradual reelevamiento del nivel de las tierras, y los isleños, como sucede a menudo, creían más en las profecías que en la realidad de lo que veían con los ojos y tocaban con la mano. Por eso, inundadas las llanuras costeras y amenazadas por las olas las primeras colinas, los periódicos atlánticos continuaban alentando a la población: "Hemos tenido una nueva confirmación, venida de las más altas esferas científicas de la isla, de que está prevista la progresiva elevación de la plataforma continental atlántica, cuyo movimiento parece haber sido tan repentino que ha arrastrado consigo las aguas del océano; esto explica el hecho de que éstas hayan alcanzado en algunas localidades un nivel falsamente preocupante. En la espera del retorno, sin duda inminente de las aguas geológicamente impelidas, los habitantes y animales sobrevivientes se han refugiado en las montañas que rodean a la capital. El gobierno ha tomado las medidas apropiadas para evitar este temporario peligro, mediante oportunos diques y barreras, mientras los sacerdotes amorosamente se ocupan de bendecir los restos flotantes".&lt;br /&gt;Más subían las aguas, más optimistas se volvían los comunicados distribuidos por las agencias de noticias, más inminente era declarado el reflujo de la marea, con la consiguiente adquisición por parte del patrimonio nacional de nuevas e ilimitadas extensiones de tierra enriquecida por el fértil humus de milenios de vida submarina. Por eso nadie hizo nada, y cuando el último habitante, que era justamente el presidente del consejo, se encontró en la cima de la más alta montaña del país, con el agua al pecho, se oyó decir a los ministros que flotaban en torno suyo, cada uno aferrado a su propio escritorio: "Valor, excelencia, lo peor ya pasó".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114437741014582822?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114437741014582822/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114437741014582822&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114437741014582822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114437741014582822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/04/la-atlntida.html' title='La Atlántida'/><author><name>Jorge_Mayer</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00430025412141661522</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16111224.post-114437727155340536</id><published>2006-04-06T23:33:00.000-03:00</published><updated>2006-04-06T23:34:31.646-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Edgar Allan Poe'/><title type='text'>El corazón delator</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Edgar Allan Poe&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.&lt;br /&gt;Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.&lt;br /&gt;Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.&lt;br /&gt;Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.&lt;br /&gt;Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:&lt;br /&gt;-¿Quién está ahí?&lt;br /&gt;Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.&lt;br /&gt;Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.&lt;br /&gt;Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.&lt;br /&gt;Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.&lt;br /&gt;Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.&lt;br /&gt;¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.&lt;br /&gt;Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.&lt;br /&gt;Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.&lt;br /&gt;Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!&lt;br /&gt;Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?&lt;br /&gt;Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.&lt;br /&gt;Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.&lt;br /&gt;Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.&lt;br /&gt;Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!&lt;br /&gt;-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16111224-114437727155340536?l=librosintapa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://librosintapa.blogspot.com/feeds/114437727155340536/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16111224&amp;postID=114437727155340536&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114437727155340536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16111224/posts/default/114437727155340536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://librosintapa.blogspot.com/2006/04/el-corazn-delator.html' title='El corazón delator'/><author><name>Jor
